14 de enero de 2017

MARÍA, TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO



María fue elegida morada del Hijo de Dios. Ella es la Fuente de donde emana la Gracia, porque Dios está con ella y en ella, encarnándose, se hace Hombre. Ella confía, se fía, y, a pesar de su inocencia, se pone en Manos del Dios. Así nos habla María, nos señala el camino y se pone como ejemplo. Nos invita a confiar también nosotros, porque la fe no es una palabra, sino un camino. Quien tiene fe camina.

Dios confía en María, está con ella, y le da su Hijo para que lo cuide en los primeros años de su vida. José y María son elegidos para custodiar la infancia de Jesús. Hermosa responsabilidad, pero no exenta de peligros, amenazas y dificultades, que tanto José como María ponen en Manos del Señor. Su fe queda probada peligro tras peligro; camino tras camino; obstáculo tras obstáculo.

María no se queda mirando al Cielo. Está en el mundo y camina por el mundo confiando en la Gracia de Dios. José y María cumplen con sus responsabilidades. Acuden al templo a presentar al Niño y toman la responsabilidad de su educación y protección. María trabaja, atiende su casa, sus labores, las necesidades de José y Jesús. María está llena de Gracia, pero también realiza sus deberes para con su familia. Porque el primer deber religioso de una persona es cumplir con su deber, con sus responsabilidades familiares y laborales.

María escucha y sabe elegir. Elige, como Leví, seguir al Señor. Ella fue la primera llamada, la anunciada, la elegida para dar cobijo al nacimiento del Redentor. Intercede por todos nosotros, María, y ayúdanos a saber elegir también. A elegir como Mateo en el Evangelio de hoy sábado, a saber interpretar la Palabra de Dios y a ir detrás de sus pasos. 

A pesar de nuestra ignorancia, a pesar de nuestra inocencia, como María, nuestra Madre, y, como ella, fiarnos de la Palabra de nuestro Padre Dios. Sólo Él tiene Palabra de Vida Eterna.

11 de enero de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

El mundo nos tienta, pero su tentación, reflexionada y meditada, queda sin sentido, vacía y hueca. Porque la felicidad ofrecida por él es caduca, finita y sin esperanza. Todo lo que muere pierde su valor, porque la felicidad que el hombre busca es la eterna. Algo que se consuma es puro consumo y nada queda después.

Hoy, el Papa Francisco, pone el dedo en la llaga. Nuestra vida es vida cuando se llena de esperanza. Una esperanza puesta en Aquel en quien se puede esperar, porque su Palabra es Palabra de Vida Eterna. El Papa alude al salmo 115 y nos sugiere que lo leamos y meditemos. Una esperanza puesta en este mundo es una esperanza muerta. Leamos y reflexionemos lo que nos dice el Papa.





Queridos hermanos y hermanas:

La esperanza, esperar en el futuro, creer en la vida, es una necesidad primaria del hombre. Pero es importante que pongamos nuestra confianza en lo que verdaderamente pueda ayudar a vivir y dar sentido a la existencia.

La Sagrada Escritura nos advierte contra las falsas esperanzas que el mundo presenta, denunciando la paradoja de sus ídolos. El hombre, al buscar seguridades tangibles y concretas, cae en la tentación de las consolaciones efímeras —dinero, alianza con los potentes, mundanidad, falsas ideologías— que parecen colmar el vacío de soledad y mitigan el cansancio de creer.

El salmo 115 describe de modo sugestivo la realidad absolutamente fugaz de estos ídolos. Advierte que quien pone la esperanza en ellos termina siendo como ellos: imágenes vacías con manos que no tocan, pies que no caminan, boca que no puede hablar. No se tiene nada que decir, se es incapaz de ayudar, cambiar las cosas, sonreír, donarse, amar. El hombre en cambio ha de ser imagen de Dios, confiando y esperando en su gracia y bendición.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Los invito a poner plenamente su confianza en el Señor para que de su vida brote la alabanza al Dios vivo y verdadero, que por nosotros nació de María, murió sobre la cruz y ha resucitado en la gloria. Muchas gracias.

10 de enero de 2017

RECORDANDO LA IMPORTANCIA DE LA UNIDAD

Ante la oleada de ataques que se dirigen directamente al Papa Francisco, a la Iglesia, y las agresiones sin ningún respeto a las iglesias que buscan la unidad, recordamos las palabras de San Juan XXIII en la apertura del Concilio Vaticano II.

Y también para prepararnos para la Semana de Oración por la unidad de los Cristianos que se lleva a cabo del 18 al 25 de enero.

"Cómo reprimir los errores
Siempre la Iglesia se opuso a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas. No es que falten doctrinas falaces, opiniones y conceptos peligrosos, que precisa prevenir y disipar; pero se hallan tan en evidente contradicción con la recta norma de la honestidad, y han dado frutos tan perniciosos, que ya los hombres, aun por sí solos, están propensos a condenarlos, singularmente aquellas costumbres de vida que desprecian a Dios y a su ley, la excesiva confianza en los progresos de la técnica, el bienestar fundado exclusivamente sobre las comodidades de la vida. Cada día se convencen más de que la dignidad de la persona humana, así como su perfección y las consiguientes obligaciones, es asunto de suma importancia. Lo que mayor importancia tiene es la experiencia, que les ha enseñado cómo la violencia causada a otros, el poder de las armas y el predominio político de nada sirven para una feliz solución de los graves problemas que les afligen.
En tal estado de cosas, la Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad religiosa, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella. Así como Pedro un día, al pobre que le pedía limosna, dice ahora ella al género humano oprimido por tantas dificultades: "No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo. En nombre de Jesús de Nazaret, levántate y anda"[viii]. La Iglesia, pues, no ofrece riquezas caducas a los hombres de hoy, ni les promete una felicidad sólo terrenal; los hace participantes de la gracia divina que, elevando a los hombres a la dignidad de hijos de Dios, se convierte en poderosísima tutela y ayuda para una vida más humana; abre la fuente de su doctrina vivificadora que permite a los hombres, iluminados por la luz de Cristo, comprender bien lo que son realmente, su excelsa dignidad, su fin. Además de que ella, valiéndose de sus hijos, extiende por doquier la amplitud de la caridad cristiana, que más que ninguna otra cosa contribuye a arrancar los gérmenes de la discordia y, con mayor eficacia que otro medio alguno, fomenta la concordia, la justa paz y la unión fraternal de todos."

7 de enero de 2017

MARÍA, MADRE DE SALVACIÓN.

María, maestra de contemplación, guardaba todas esas cosas que decían de su Hijo, y las meditaba en su corazón, nos da Jesús, cuyo nombre significa Dios – salva. María, Madre que trae la salvación.

Todo empieza por María, que responde a la llamada de Dios. María disponible y entregada a seguir el camino que Dios, en el Espíritu Santo, le señala. ¿Aprendemos nosotros de María? ¿Nos fijamos y miramos nosotros a María como Madre corredentora con su Hijo Jesús? ¿Caminamos nosotros, junto y con el Papa Francisco, conformando una Iglesia a imagen de María, José y el Niño y los pastores que le glorifican y alaban, como una Iglesia contemplativa y en adoración?.

Indudablemente, la salvación nos viene de María, que ofrece su maternidad, concebida por obra y Gracia del Espíritu Santo, como entrega de Dios, en su Hijo Jesús, para la salvación de todos los hombres.

Una entrega incondicional, que le exige renuncias, desprendimientos, generosidad, humildad, pobreza y mucho amor. María, no sólo es Madre, sino, unida a su Hijo, y por los méritos y Gracia de Él, corredentora en la salvación de todos sus hijos.

Unámonos a María, que nos reúne, nos cobija y nos lleva de su mano a la presencia de su Hijo. Amén.

5 de enero de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Qué podemos decir ante esta hermosa y profunda reflexión del Papa Francisco. Simplemente estar a su lado y darle gracias a Dios por su presencia y sus hermosas y edificantes catequesis. Hoy, nos dice el Papa, ocurre que mueren muchos niños y muchas personas. Por muchos motivos, guerras, enfrentamientos, hambre, buscando un lugar para vivir en paz...etc. Pero también en el vientre de sus madres. Y, el Papa, nos da motivo de esperanza, apoyandonos en María y sus lágrimas de compasión.

Diríamos que hay más Herodes hoy o tantos como ayer. O que Herodes sigue presente en tantos hombres de este mundo. Sin embargo, nuestra esperanza, apoyada en María, por su compasión y lágrimas, no sostienen y nos empujan a esperar en esa nueva vida que Jesús, el Hijo de Dios, nos ha prometido con su segunda venida.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 4 de enero de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy nos fijamos en Raquel, una figura que nos habla de la esperanza en medio del llanto. El profeta Jeremías habla de Raquel que llora en Ramá porque sus hijos, que han salido para el destierro, ya no están. Raquel representa el dolor de tantas madres que también hoy lloran la pérdida de un hijo o de un ser querido y no encuentran consuelo. Ante el dolor de los demás debemos mostrar una gran delicadeza, y compartir su sufrimiento y su llanto si queremos que nuestras palabras puedan dar un poco de esperanza. Dios responde al llanto de Raquel con una promesa: el pueblo volverá del exilio y vivirá libre en la fe. Las lágrimas de Raquel han engendrado la esperanza. El evangelio de Mateo retoma este texto de Jeremías y lo aplica a la matanza de los niños en Belén, por parte de Herodes. El Hijo de Dios ha entrado en el dolor de los hombres y lo ha compartido hasta el final. En la cruz, Jesús nos entrega a su madre, convirtiéndola en madre del pueblo creyente. Allí, la muerte es vencida y se cumple de modo pleno la profecía de Jeremías. Las lágrimas de María, como las de Raquel, han engendrado la esperanza y una nueva vida.


Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a la Virgen María que nos ayude a tener siempre viva nuestra esperanza en medio del dolor, y que con nuestra delicadeza y ternura sepamos ser instrumentos de la presencia y cercanía de Dios para el que sufre. Les deseo un feliz año. Muchas gracias.