29 de abril de 2017

LA HUMILDAD DE LA VIRGEN MARÍA

Hoy, el Evangelio, nos habla de la humildad. Y es bueno y necesario mirar para la Madre de Dios, donde destaca esa gran virtud de la humildad. Ella es ejemplo y figura de sencillez y humildad. Y no la proclama, sino que la vive, y al hacerla vida ilumina y testimonia con sus actos y obras. Nada heroico, sino sencillo, humilde y lleno de amor. Una vida autentica, sincera, con buenas intenciones y llena de amor.

María, la Madre de Dios, es icono de sencillez y humildad. Su vida es un regalo, por la Gracia de Dios, que nos acompaña y nos lleva a su Hijo, meta y referencia de humildad y compromiso por amor, que entrega voluntariamete su Vida a una muerte de Cruz, liberándonos así de nuestros pecados y salvándonos. 

Ella canta su propia humillación proclamando la grandeza del Señor, porque, dice, el Señor ha mirado la humillación de su esclava. Y se alegra su espíritu en Dios, su Salvador. Vivamos también nosotros, junto a María, nuestro esfuerzo sincero en humillarnos como esclavos y siervos ante el Señor y proclamemos la grandeza del Señor, nuestro Dios.

María siempre sostuvo su mirada hacia lo alto. Ella entregada en cuerpo y alma a la Voluntad de Dios, dedicó toda su vida a cumplirla, y a ser la Madre del Hijo, sirviéndole y acompañándole hasta el pie de la Cruz. María con su humildad se abre a la Gracia de Dios, y se llena de Gracia. Porque, Dios se resiste a los soberbios y da a los humildes.

Pidamos a María que nos enseñe a ser humildes. Una humildad que pasa por ser obedientes, a levantar la mirada de las cosas de este mundo, a buscar la alegría y el gozo en servir por amor y a esperar una vida en plenitud junto al Padre Dios, que nos colmará de gozo y eternidad. Amén.

26 de abril de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Precisamente, nuestro Dios se diferencia de todos los demás en eso que hoy nuestro Papa Francisco nos dice y nos recuerda. Es un Dios que no nos deja solos, sino que nos acompaña y se pone el primero en el camino. Él, precisamente, es el Camino -Jn 14, 6-. Nos alumbra el camino y nos toma de la mano para que vayamos con Él.

Nuestra vida es un camino, nos dice el Papa, pero un camino lleno de dificultades y peligros, y que recorrerlo solo desde nuestra limitada y herida condición humana es una temeridad y fracaso seguro. Es de sentido común que nuestro Dios no nos deje solo y se preocupe por nosotros, y nos acompañe, y nos asista. Pues sabe quiénes somos y lo que somos: débiles criaturas tocadas por el pecado.

Gracias santo Padre por sus alentadoras y tonificantes palabras que nos fortalecen en el Espíritu Santo y renuevan nuestra esperanza, apoyada en la promesa de nuestro Padre Dios, en y por los méritos de nuestro Señor Jesús.




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 26 de abril de 2017




Queridos hermanos y hermanas:

Las palabras del Evangelio de san Mateo que acabamos de escuchar nos aseguran que nuestro Dios es un Dios cercano, que camina a nuestro lado. No es un Dios lejano e indiferente, sino lleno de amor y de ternura por cada hombre y mujer. A diferencia de nosotros, hábiles en arruinar vínculos y derribar puentes, Dios permanece fiel, nunca nos deja solos, sino que camina siempre a nuestro lado, aun cuando nos olvidáramos de él.

La existencia de todo ser humano es un camino, una peregrinación. La Sagrada Escritura está llena de historias de peregrinos y viajeros, como la de Abrahán que, siguiendo la voz del Señor, abandonó su tierra para ir al encuentro de Dios. En el camino de la vida nadie está solo, y para nosotros los cristianos, esta certeza es aún más fuerte, pues las palabras de Jesús: «Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo», nos aseguran que él nos cuida y nos acompaña siempre.

Entre los símbolos cristianos de la esperanza está el ancla, que evidencia cómo la esperanza cristiana no es un sentimiento indefinido que quisiera mejorar el mundo con la propia fuerza de voluntad, sino la seguridad en lo que Dios nos ha prometido y realizado en Jesús.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que en este tiempo pascual la contemplación de Jesús resucitado, que ha vencido a la muerte y vive para siempre, nos ayude a sentirnos acompañados por su amor y por su presencia vivificante, aún en los momentos más difíciles de nuestra vida. Que Dios los bendiga.

22 de abril de 2017

¡MARÍA, TAMBIÉN ERES MI MADRE!

La noticia se confirmó al pie de la Cruz. Allí, Jesús, el Hijo, nos la dio como Madre - Jn 19, 26-27 - , y desde ese momento, María, es también Madre nuestra. Y todos sabemos lo que es y significa una Madre, más siendo la Virgen, Madre de Dios y también Madre nuestra. 

Una madre es un pozo de sabiduría para un hijo y un espacio donde descargar todas nuestras inquietudes, desesperanzas y preocupaciones. ¿Por qué no suponer esos hermosos diálogos que tendría que tener Jesús con su Madre? ¿Por qué no suponer ese intercambio de sabiduría Humana y Divina de Jesús con María, en quien había caído esa responsabilidad de cuidarlo y protegerlo, sin dejar al margen a su padre adoptivo José? ¿Por qué no suponer los hermosos intercambios de esa Familia Sagrada y consagrada a la luz del Espíritu Santo? ¡Cuánta hermosura y sabiduría podríamos aprender mirándoles personalmente a cada uno!

En este contexto, podemos apreciar la sincronización y estrecha relación del Espíritu Santo con María. Ella, su esposa, concibió por su Gracia de forma inmaculada al Hijo hecho Hombre. Ella, fue asistida y acompañada por el Espíritu de Dios en todo ese camino de acompañamiento, valga la redundancia, al Hijo encarnado, y junto a su esposo José, fueron los encargados en velar, proteger y orientar los primeros pasos de ese Hijo concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de María.

¡Madre, acompañanos también a nosotros con esa Sabiduría y Gracia que te asiste en el Espíritu Santo! ¡Madre, contagianos de esa humildad, entrega, servicio, silencio, sencillez, fortaleza, obediencia y disponibilidad que Tú, la Madre elegida, dispusiste sin condiciones a la Voluntad del Padre Dios! 

¡Madre, tomanos como hijos y aconsejanos, orientanos, educanos, fortalecenos y llevanos de tu mano a tu Hijo, para que también nosotros, como Él, sepamos escucharte, obedecerte y amarte y seguir los mismos pasos tras Él. Amén.

19 de abril de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Sin la Resurrección, nos dice el Papa Francisco, Xto. Jesús sería sólo un buen ejemplo y una buena persona. Pero nada más. Su ejemplo quedaría en la historia como testimonio a imitar y a resaltar, pero nada más. Su buena conducta ejemplar no sería suficiente, continúa diciendo el Papa, para apoyar nuestra fe y nuestra esperanza.

Todo cambia con la Resurrección, porque con ella Xto. Jesús nos revela el Poder del Padre sobre la muerte y la exaltación de su Gloria con la Resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesús. Una Resurrección que se revela y se demuestra en los encuentros del Resucitado con Cefas, con los doce, luego con más de quinientas personas, con Santiago y por último, dice San Pablo, a mí mismo.

También, hoy, el Señor quiere presentase ante ti, pero antes quiere descubrir que tú le esperas, que tú le buscas y que crees en Él. Porque quiere ofrecerte su Amor y su salvación venciendo al pecado y a la muerte. Y eso significa que resucitaremos como, por y en Él.


Ver aquí texto audiencia completa




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 19 de abril de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

Nos encontramos hoy, en el contexto de la Pascua, que hemos celebrado y seguimos celebrándola en la liturgia. Cristo resucitado es nuestra esperanza. El cristianismo es un camino de fe que nace de un evento, testimoniado por los discípulos de Jesús. Como nos dice San Pablo: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó al tercer día y se apareció a Pedro y a los Doce. Si todo hubiera terminado con la muerte de Jesús, sólo tendríamos en él un ejemplo de entrega y generosidad, pero no sería suficiente para generar nuestra fe, porque la fe nace en la mañana de Pascua.

San Pablo, al relatarnos la experiencia de las personas que han entrado en contacto con el Resucitado, hace referencia primero a Cefas, luego a los Doce, después a más de quinientas personas, a Santiago y por último se cita a sí mismo. Jesús quiso salir al encuentro de Pablo, perseguidor de la Iglesia, cuando iba camino de Damasco, y para el Apóstol ese fue un acontecimiento que cambió su vida.

También el Señor quiere hacerse presente en nuestras vidas para conquistarnos y no abandonarnos jamás. Ser cristianos significa reconocer y abrazar el amor que Dios tiene por nosotros, que vence el pecado y la muerte.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Los invito a llevar a todos el gozo de la resurrección del Señor. Que podamos comunicar con nuestra vida que él está aquí y vive en medio de nosotros. Muchas gracias.

15 de abril de 2017

LA SOLEDAD DE MARÍA

María está al pie de la Cruz. Su dolor es inaguantable y no hay consuelo que la pueda consolar. María, que estaba advertida de lo que su Hijo iba a sufrir, no soporta, llegado el momento, su dolor traspasado por ese puñal que le profetizara Simeón -Lc 2, 33-35- el día de la presentación en el templo.

Es de sentido común suponer aquellos innumerables ratos que pasaste con tu Hijo, Madre, y cuantos intercambios y conversaciones tuvieron. Es lógico pensar que un Hijo le cuenta a su Madre muchas cosas y, ¡cómo no!, a ti Madre, Jesús te tendría al corriente. Supongo que te diría, como dijo a los apóstoles, lo que iba a suceder. Y también lo de la Cruz. 

También es lógico pensar que tú, Madre, suponías muchas cosas que guardabas en el corazón humildemente y silenciosamente. Tú veías los caminos de tu Hijo, y sabías de su compromiso y misión. Tú, María, anunciada, por el Ángel Gabriel, de la concepción por el Espíritu Santo y tu estrecha colaboración incondicional con Él, sabías el camino a recorrer y el compromiso de la Cruz. ¡Y como lo soportaste! 

Madre de dolor y de angustia; Madre de fortaleza y esperanza; Madre llena de Gracia y de humildad; Madre de obediencia y fidelidad. ¡Madre, enséñanos a permanecer, a pesar del dolor y la cruz que la vida nos presenta en el camino de tu Hijo! ¡Madre, tómanos de tu mano y llévanos hacia tu Hijo!

¡Madre, en este sábado de soledad y de silencio, queremos permanecer a tu lado! También callados, en silencio y obedientes. Firmes y esperanzados, expectantes a la Resurrección, porque, ¡Madre!, sabemos de tu dolor, pero también de tu fidelidad y de tu fe, y como Tú, queremos mantenernos fieles a tu Hijo. Para ello pedimos tu intercesión de Madre, para que fortalecidos en Ti encontremos la fortaleza de no desfallecer y abrazar nuestra propia cruz ofrecida a tu Hijo.