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20 de septiembre de 2021

TE PIDO, SEÑOR, QUE MI VIDA SE UN HAZ LUMINOSO QUE ALUMBRE TU PALABRA


 

Toda vida transmitirá lo que realmente vive. Conocemos a las personas por sus formas de actuar y por sus actos. Decimos, éste es así por lo que transmite con sus obras y palabras, y...etc. 

Su forma de actuar nos descubre que tras sus actos se esconde su testimonio y, por tanto, su luz. Esa luz que cada uno dejamos al mostrarnos tal y como somos. Y, reconociendo que somos pecadores, sabemos que nuestra luz tiene mucho también de oscuridad y de sombra.

Por tanto, desde esta pobreza y humildad, Señor, queremos pedirte que ilumines nuestros oscuros corazones y nos des la fortaleza, la sabiduría y la paz para convertir nuestras sombras y oscuridades en luz que alumbre el camino, no solo el nuestro, sino también al que, junto a nosotros, camina a nuestro lado. Danos, Señor, la serenidad de perseverar, de esforzarnos y de ser pacientes para superar nuestras oscuridades y abrirnos, confiados, a la acción del Espíritu Santo.

Haz, Señor, que nuestras vidas sean haces de luz luminosos que alumbre y proclamen tu Palabra, para que los que, estén presentes en nuestras vidas reciban ese haz de luz luminoso que le lleve a un encuentro personal contigo y abran sus corazones a tu Palabra. Amén

31 de julio de 2010

Bolígrafos y milagros

Existen diversas clases de bolígrafos.
Los hay monocromáticos, de variados colores, metálicos, plásticos; algunos tienen un trazo agradable, la tinta puede ser diversa, la utilidad más o menos limitada.
Pero, obviamente, los bolígrafos no tienen sentido en sí mismos, sino que se justifican cuando cumplen con el objetivo para el cual han sido hechos, es decir, cuando a través de ellos se escribe.
De este modo, el acento y la importancia de un bolígrafo no radica en su formato, en su durabilidad ni en su tinta, sino más bien en el escritor y en lo que éste escribe...

No tienen estas líneas escasas la intención de hablar de espiritualidad; de un modo excelente, ya lo ha planteado mi amigo Don Joan aquí.
Se trata más bien de una pequeña invitación.

Una invitación a hacer un momento de silencio, un alto, un mirarse corazón adentro, y allí, en donde descubrimos qué somos y cómo somos, redescubrirnos. Y redescubrirnos bolígrafos.
Bolígrafos en manos de Dios.

Pues así como la primacía la tiene el escritor y el mensaje que éste compone, así cumplimos rotundamente con esta vocación y esta misión increíble cuando comenzamos a vislumbrar que hay algo más que bytes y ordenadores si el que escribe es el Espíritu.

Y allí, amigas y amigos, hermanas y hermanos, sucede el milagro.

Pues los milagros son fruto de la ternura del Dios de la Vida conjugada con la fé del hombre.

Puede suceder que haya bolígrafos que tengan mejores trazos que otros, algunos más rigurosos en ortografía y gramática, otros vacilantes en redacción, unos leídos por cientos y otros vistos sólo a veces, unos prolíficamente diarios y otros de frecuencias intermitentes o que se quedan sin tinta luego de un cierto tiempo.

Aún así, hay un mensaje extremadamente valioso que perdura y trasciende.
Y más todavía: ya sean miles o escasos clics, sólo basta que una hermana cercana o un hermano lejano e ignoto lea esas líneas escritas por el Escritor del Libro de la Vida, y acontezca la reflexión, y brote una oración.

Allí está la otra vertiente del mismo milagro.

El Reino está aquí, muy cerca, ahora mismo creciendo entre nosotros.
Y estamos invitados, junto a Pedro, a edificarlo.

Bolígrafos en manos de Dios: milagro, don y misterio, obras de la Gracia.

Paz y Bien

Ricardo