Quiero, Señora, como hiciste Tú a lo largo de la vida, confiar ciegamente en el Dios que me quiere para Él y que se me presenta siempre de la manera más inesperada, como hizo contigo en la Anunciación.
Quiero sentir, como lo hiciste Tú, pensar que estoy en sus manos, fuertemente cogido, cuanto mayores son las dificultades y las tristezas.
Quiero como Tú, María, tener siempre un rostro que sonría, que conserve la serenidad y el amor en la mirada, y tratar de contagiarme del Amor de Cristo. Amén.






