Señor Jesús, las multitudes te seguían, y tú te volviste para decirles la verdad: que seguirte cuesta, y que no basta con caminar a tu lado, hay que decidirse.
Hoy te pido que no sea yo uno más entre la multitud. Ordena mi corazón para que te ame por encima de todo, incluso de lo que más quiero: mi familia, mis planes, mi comodidad. Enséñame a amar a los míos desde ti y no en lugar de ti.
Ayúdame a cargar mi cruz de cada día sin quejarme y sin huir, sabiendo que tú la cargaste primero. Dame la sabiduría del que calcula antes de construir y la humildad del rey que reconoce sus fuerzas; que no te siga por impulso ni por costumbre, sino con una decisión consciente.
Libérame de lo que me ata: bienes, miedos, apegos que ocupan el lugar que te corresponde. Quiero poner todo en tus manos, porque contigo lo poco alcanza y lo dejado nunca se pierde.
Hazme tu discípulo, Señor, no a medias, sino con todo el corazón. Amén.











