Señor, hoy vengo a Ti con lo que soy, sin adornos.
Tú dijiste que el grano de trigo, si no muere, se queda solo. Y yo, muchas veces, quiero quedarme solo, guardarme, protegerme, no arriesgar nada. Tengo miedo de perder lo que tengo: mi tiempo, mi comodidad, mi manera de ver las cosas.
Ayúdame a soltar eso que en mí necesita morir para poder dar fruto de verdad. Tú sabes lo que es: quizás es el orgullo, quizás el rencor, quizás el cansancio de seguir intentando. Ponlo Tú en mis manos y ayúdame a entregarlo.
Enséñame a no aferrarme tanto a mi vida, a mis planes, a mi seguridad, que se me olvide vivir para algo más grande que yo mismo. Quiero seguirte, Señor, no solo cuando es fácil, sino también cuando cuesta.
Y si te sirvo, quédate cerca de mí, como lo prometiste. Que sienta que no camino solo.
Amén.






