Señor, ayúdame a reconocer mi propia ceguera: las veces que juzgo rápido y me examino poco, las veces que veo con lupa el defecto ajeno y paso por alto la viga que cargo yo mismo.
Dame ojos limpios, Señor, para mirar a los demás con misericordia antes que con crítica.
Enséñame a corregir primero mi propio corazón, para que mi vida pueda de verdad guiar a otros hacia ti.
Que no me conforme con ser discípulo a medias, sino que, poco a poco, me vaya pareciendo a mi Maestro: manso, honesto conmigo mismo y lleno de compasión hacia los demás. Amén.






