8 de julio de 2026

ENVÍAME, SEÑOR

Señor Jesús, tú que miras a tu pueblo con compasión, mírame también a mí hoy. Cuando me sienta cansado o sin rumbo, recuérdame que no estoy solo, que tú eres mi pastor. Dame un corazón que se conmueva ante quienes sufren a mi alrededor, y hazme instrumento tuyo: sea con una palabra, una ayuda o simplemente mi presencia. 

Envía trabajadores a tu mies, y si es tu voluntad, que yo sea uno de ellos. Que hoy pueda sembrar un poco de tu paz en quien lo necesite. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Mednian

7 de julio de 2026

TUS PALABRAS SERÑOR DESCUBREN MI IMPOTENCIA

Mt 5,20-26

Me siento avergonzado e impotente al oír tus Palabras, Señor, que me dices: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. ¡Y yo que a veces me creo bueno y cumplidor y hasta satisfecho de mis buenos actos! Me derrumbo ante tu sentencia y me asalta la tentación de volverme del camino al mundanal ruido del mundo, indiferente a tu Palabra y sumergido en mi egoísmo.

¡Qué lejos estoy, Señor, de Ti! ¡Cuánto camino de conversión me queda por recorrer! Después de un trecho largo de camino y de esfuerzos por vivir en tu amor, experimento que apenas he avanzado y que continúo en el mismo sitio. ¡Qué decepción de mí mismo! ¡Qué sensación de fracaso, de impotencia y de pecado!

No merezco, Señor, tu Amor porque soy un fariseo más que se contenta con la mediocridad del cumplimiento y del mínimo esfuerzo. Sin embargo, el hecho de descubrirlo y aceptarlo me consuela y experimento en ese momento tu comprensión y tu Misericordia. No soy digno de Ti, Señor, y me siento fatigado y sin ánimo para seguir adelante. Pero continúo en el camino. A pesar de mis pecados, no me voy a volver atrás. 

Confío en tu Amor y tu Poder Misericordioso de que convertirás mi corazón cómodo y egoísta en un corazón según tu Voluntad. Yo, aunque callado, humilde, pobre y avergonzado, no me atreveré a levantar mi cabeza; estaré perseverante y atento a que, por tu amor y Misericordia, me permitas levantarme y acogerme en tu Casa.

Antes sé que tendré que lavar mis culpas y ofensas con el agua del perdón que te ruego inundes mi corazón, para derramarlos en los que he ofendido como los que me han ofendido. Amén.

ENTRA EN MÍ

Ven a nosotros, Espíritu Santo, quédate con nosotros. 

Entra en nuestros corazones.

 Haznos ver lo que debemos hacer.
 
Muéstranos hacia dónde debemos caminar.

Lleva a su plenitud lo que debemos realizar.

Tú solo, sé nuestro inspirador. Solo tú, el autor de nuestros juicios.

Únenos eficazmente a Ti por el único don de tu gracia para que seamos uno en Ti y en nada nos apartemos de la verdad. Amén.
Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

5 de julio de 2026

Escuchar como María

Señor Jesús, como a María, enséñame a sentarme a tus pies para escuchar tu palabra. Dame aquella auténtica sabiduría que busca tu voluntad mediante la plegaria y la meditación, a través del contacto directo contigo, más que por razonamientos mentales o por la lectura de muchos libros.

Concédeme la gracia de distinguir tu voz de la de los extraños; concédeme la gracia de dejarme guiar por ella y de buscarla ante todo como una realidad superior a mí mismo.

Respóndeme mediante la conciencia cuando te adoro y confío en tu grandeza, que llega mucho más allá de lo que yo puedo entender. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

4 de julio de 2026

Gratitud

Gracias, Señor, por la paz, la alegría y por la unión que tantos me han brindado. Por los ojos que con ternura y comprensión me miraron. Por las manos que me levantan en mis caídas.

Gracias, Señor, por los labios cuyas palabras y sonrisas me alientan. Por los oídos que me escuchan. Por el corazón de amistad que me da cariño y amor.

Gracias, Señor, por la fe que me has dado en Ti y en la humanidad; por la fe que a veces se tambalea, pero que Tú nunca dejas de fortalecer.

Gracias, Señor, por el perdón que recibo y regalo, pero que otras veces he callado.

Gracias, Señor, por perdonar mis descuidos y olvidos, mis caprichos y silencios cuando debería haber hablado.

Gracias, Señor, por disculpar mis labios que no sonrieron, la palabra que callé, la mano que no tendí y el corazón con el que no amé.

Gracias, Señor, por estar cuidando de nosotros. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina