27 de agosto de 2016

LA VIDA ESTÁ LLENA DE PROBLEMAS




La vida no es un camino llano, tiene muchas curvas, pendientes, socavones y depresiones profundas que nos causan muchos problemas difíciles de salvar. Eso genera momentos de dudas, de incertidumbre y de conflictos dentro de uno mismo. Y también con todos aquellos que te rodean.

La vida de María, la Madre de Dios, no estuvo exenta de todo eso. Es más su “Sí”, respuesta a la llamada de Dios, le supuso muchos problemas como a ti te puede estar sucediendo ahora. Posiblemente más difíciles de resolver y extremos, que ponían su vida hasta en peligro. Por eso, mirar cómo se enfrentó María a esos problemas que les causaron responderle afirmativamente al Señor, puede convertirse en una ayuda y camino para nosotros encontrar también respuestas y camino en nuestra afirmativa respuesta a Jesús, su Hijo e Hijo de Dios Vivo.

María —hija de un israelita llamado Helí— pertenecía a la tribu de Judá. La primera ocasión en que se habla de ella en la Biblia fue con motivo de un suceso extraordinario. Estando en Nazaret, se le apareció un ángel y le dijo: “Buenos días, altamente favorecida, Jehová está contigo”. Las Escrituras explican que María, totalmente desconcertada, no podía dejar de preguntarse “qué suerte de saludo sería este”. Entonces, el ángel le anunció que había sido elegida para una misión única y trascendental: concebir, dar a luz y criar al mismísimo Hijo de Dios (Lucas 1:26-33).

¡¡Que contrariedad!! No era nada fácil responder al Ángel, ¿Cómo ignorar el compromiso con José? ¿Y cómo demostrarles a todos que era obra del Espíritu Santo? ¿Había alguna posibilidad de ser creída? ¿Y cuáles son tus problemas? ¿Mayores que los de María? 

María tomó la decisión de seguir la Voluntad de Dios porque tuvo fe en Él. Confió en que Dios le sacaría de todos esos peligros y problemas en los que se iba a meter. Posiblemente, es de sentido común y se supone  que confesó a José lo que le había sucedido, pues la evidencia no se podía ocultar. Y, también debemos suponer que tras dialogar decidió, José, repudiarla en secreto, pues no entendía nada. Pero la situación duró algunos días y tuvo que ser dolorosa, extraña y desconcertante. María tuvo que sufrir bastante, y también sus padres y familiares. ¿Dudarían de ella? Es lo más probable.

El momento de la revelación a José tuvo que saberle a ambos como la miel. Pero la respuesta de José fue ejemplar, con prontitud y alegría. Inmediatamente llevó a María a su casa para desposarse. Sin importar las posibles murmuraciones sino confiado en la revelación del Ángel de parte de Dios. Imaginarnos los problemas y dificultades que pasaron ambos nos fortalece y nos ayuda a hacer nosotros lo mismos con nuestros problemas y dificultades. Hay una actitud que debemos mirar con insistencia y confianza.

 El Señor no nos abandona. No sólo porque lo contemplamos en María y nos sirve de testimonio, sino porque nos lo revela y descubre su Hijo, el Señor. El Padre Dios es Infinitamente Misericordioso. Nuestro Papa Francisco ha proclamado este año el año de la Misericordia. Y es que Dios Padre nos quiere tanto que nunca nos va a dejar solos. Así lo hizo con María la elegida para ser la Madre de su Hijo, y también con José, el padre adoptivo. Y así lo hará también contigo y conmigo. Confiemos en el Señor y miremos a su Madre como creyó en su Palabra.

25 de agosto de 2016

MEMORIA, CORAJE, FUTURO Y ESPERANZA

La Jornada Mundial de la Juventud 2016 se lanza a la aventura, empieza el reto de nuevo, y el Papa da las pistas para seguir. Y hasta un nuevo encuentro las energías juveniles se ponen al servicio de Cristo y de la Iglesia.
El Papa se despidió de los voluntarios muy espontáneamente. Como en muchas otras ocasiones, Francisco sorprendió a los jóvenes dejando los papeles de su discurso y haciendo lo que mejor sabe: hablar con el corazón. La marea de voluntarios que se congregó para decirle adiós no perdió en ningún momento la alegría ni las ganas de seguir adelante con la fiesta, tras la clausura de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia. En sus últimas palabras a los jóvenes les dio una tarea: “Memoria, coraje, futuro… esperanza”.
“Preparé un discurso un poco aburrido, cinco páginas, lo entrego”. A continuación, improvisando, en español, y en medio del aplauso general de los jóvenes, calificó la Jornada Mundial de la Juventud como una “aventura”, con “generosidad”, y agradeció a todos los que trabajaron para que fuera posible. 
El Papa animó de nuevo a los jóvenes a hablar con sus mayores y, emprendiendo un coloquio con los asistentes, los cuestionó: “¿Me prometen que para preparar Panamá van a hablar más con los abuelos? Y si los abuelos ya se fueron al cielo, ¿van a hablar con los mayores? Pregúntenles; son la sabiduría de un pueblo”. 
Además, les exigió para el presente: “¡Tener coraje, tener coraje, ser valiente! ¡no asustarse!”.
Concluyó: “Yo no sé si voy a estar en Panamá, pero les puedo asegurar una cosa: que Pedro va estar en Panamá”.  Y, a modo de propósito, tras bendecirlos, reiteró: “¡Ah! ¡Y me olvidaba! ¿Cómo era? ¡Memoria, coraje, futuro… esperanza!”.
Antes del encuentro en el Tauron Arena con miles de jóvenes, a las 4 de la tarde el Papa se había asomado a la tradicional Ventana Papal, como lo había hecho los días de su estancia en Cracovia, y, en un discurso muy breve, ante una pequeña multitud que aguardaba sin importarle lluvia que caía, dijo: "Gracias por la calurosa acogida estos días. Recen por mí. Do zobaczenia” (“hasta luego”, en polaco).
El Papa fue despedido en la escalerilla del avión por el presidente dela República de Polonia y su familia, y por diversas autoridades antes de emprender vuelo de regreso a Roma en un avión de Líneas Aéreas Polacas

Silvia Palomino Manzaneque
tomado de:
http://www.krakow2016.com/es/el-papa-improvisa-en-cracovia-y-les-pide-a-los-jovenes-memoria-coraje-futuro-esperanza

24 de agosto de 2016

DOLOR POR EL TERREMOTO

También nosotros, todos los blogueros, unidos al santo Padre Francisco, sufrimos esta terrible noticia que nos deja impotentes y apesadumbrados. Sin saber cómo responder y experimentando el sufrimientos de todas esas personas afectadas por la pérdida de familiares, amigos, hijos, hermanos, padres...etc. Por tanto niños que han visto sus vidas interrumpidas por la tragedia. ¿Qué decir y qué hacer?

Poner toda nuestra disponibilidad al servicio de ayudar y, sobre todo, unirnos en oración al santo Padre, para que el Señor nos consuele, sobre todo a los afectados personalmente y nos dé la fortaleza necesaria para soportar pacientemente esta tragedia que la vida nos ha presentado. 




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 24 de agosto de 2016


Había preparado la catequesis de hoy, como para todos los miércoles de este Año de la Misericordia, sobre el tema de la cercanía de Jesús, pero ante la noticia del terremoto que ha golpeado el centro de Italia, devastando zonas enteras y dejando muertos y heridos, no puedo dejar de manifestar mi gran dolor y mi cercanía a todas las personas presentes en los lugares azotados por los temblores, a todas las personas que han perdido sus seres queridos y a aquellas que todavía están afectadas por el miedo y el terror. Oír lo que el Alcalde de Amatrice ha dicho: «el pueblo ya no existe», y saber que entre los muertos hay también niños, me conmueve mucho.

A todas estas personas en Accumoli, Amatrice y en otras partes, en la Diócesis de Rieti y de Ascoli Piceno y todo el Lazio, en Umbría y en Las Marcas, quiero asegurarles nuestra oración y decirles que confíen en la caricia y en el abrazo de toda la Iglesia, que en este momento desea estrecharse a ellos con su amor materno, también en el abrazo de los que estamos aquí en la plaza.

Agradecemos a todos los voluntarios y personal de protección civil que están socorriendo a estas poblaciones, y os pido que nos unamos en oración, para que, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, el Señor Jesús, que siempre se ha conmovido ante el dolor humano, consuele a estos corazones afligidos y les dé la paz.

Dejémonos conmover con Jesús.

Por tanto, posponemos para la próxima semana la catequesis de este miércoles. Y los invito ahora a rezar conmigo una parte del Santo Rosario: “Los Misterios dolorosos”.
* * * * *

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Los invito a salir al encuentro de las necesidades del prójimo, para que cada uno de nosotros pueda experimentar en su vida la mirada misericordiosa de Dios, y ser curado en el cuerpo y en el espíritu, recuperando la dignidad de ser hijos de un mismo Padre. Muchas gracias.

23 de agosto de 2016

AMORIS LAETITIA: ACUSE DE RECIBO

Cuando se envía una carta y se desea tener constancia de que ha sido recibida se contrata un sencillo servicio adicional llamado “acuse de recibo”. Pero para que realmente esa comunicación epistolar llegue a ser eficaz se han de cumplir premisas tan básicas como el que la compañía postal cree los cauces necesarios que garanticen que la misiva llegará a su destinatario, que el destinatario esté dispuesto a quedarse con la carta y firmar conforme la recibió y, por último, muy obvio pero no por ello menos importante, que abra y lea la carta.
¿A qué viene esta breve y, en apariencia, innecesaria introducción? Los que nos dedicamos a la difusión de la Biblia, a la animación pastoral con la Palabra de Dios, solemos repetir no sé si demasiadas veces que la Biblia es un conjunto de cartas que Dios nos ha escrito pero que requiere que la abramos y leamos. Esta nueva obviedad (que no lo debe ser tanto si tenemos en cuenta lo poco que se abre y lee) también se puede aplicar, por ejemplo, a las cartas que en forma de encíclica o exhortación nos escribe el Papa.
La última de ellas, una exhortación apóstolica postsinodal del Papa Francisco, lleva el título de Amoris Laetitia (La Alegría del Amor) y trata sobre la familia. De alguna manera podemos decir que esta propuesta toma el testigo que dejó Juan Pablo II con Familiaris Consortio. También aquella exhortación fue fruto de la reflexión postsinodal. Pero es evidente, y no podía ser de otra manera, que la diferencia de treintaycinco años nos deje como resultado que la realidad familiar de entonces y de ahora no sea la misma. Mucho, muchísimo ha cambiado desde entonces.
Pues bien, de primeras hemos de decir que no vale desdeñar la reflexión del Papa Francisco aduciendo que sobre ello ya escribió Juan Pablo II. Desde esa perspectiva reduccionista, ningún papa podría tratar un tema anteriormente tratado por otro papa. Simplemente es ridículo no aceptar, abrir y leer la carta Amoris Laetitia porque ya exista Familiaris Consortio.
Pero a lo que vamos… Para que la comunicación sea realmente efectiva se ha de evitar la confusión sobre a quién va dirigida la carta. Sí, ya sé que es evidente que una exhortación apostólica está escrita para todos. Pero también me doy cuenta que ha existido una cierta distorsión sobre los singulares destinatarios del famoso capítulo 8.
Muchos han pensado y opinado que el Papa pretendía tratar sobre las hasta ahora llamadas “familias irregulares”: Sobre quienes hacen mal, sobre qué es lo que hacen mal, sobre si porque hacen mal no pueden comulgar…

Eso es confundir el destinatario y hacer imposible la comunicación. Porque si leemos bien (incluso podríamos decir que bastaría simplemente con leer, ya que muchas opiniones se hacen a partir de rumores y titulares de prensa), pus bien si leemos ese capítulo 8 nos daremos cuenta que de lo que trata es de cómo ha de reaccionar la comunidad eclesial ante lo que el Papa, en lugar de “en situación irregular”, llama “fragilidad”.
Es decir, que ese “acompañar, discernir e integrar” del título del capítulo va por nosotros. Dejemos de fijarnos en cómo se comportan los que están sumidos en situación de fragilidad, muchas veces sobrevenida sin necesidad de que existan culpables, y pasemos a examinar cómo acompañamos e integramos a nuestros hermanos.

En fin, se trata de que hemos recibido una carta, una comunicación, que requiere aceptarla, leerla y, sobre todo, darle “acuse de recibo”. Reconocer que todo esto también va conmigo. Y el que esté de pie, mire no caiga. O mejor dicho, el que crea estar de pie mire si no está pisando a su hermano necesitado de comprensión, misericordia y perdón. 
Si hacemos memoria podremos recordar al típico niño repelente, sabelotodo, de la clase que no solo quería tener la mejor nota, sino que además necesitaba que a los demás no le diesen esas buenas notas. Vendría a ser como el famoso hijo mayor de la parábola, que más que muy bueno, pretendía parecerlo en el contraste con su hermano pequeño. O Jonás, que no aceptaba que Dios fuese compasivo con los habitantes arrepentidos de Nínive.

El Papa nos está llamando a no ser repelentes y darnos por enterados que mi falta de misericordia es peor que la fragilidad de mis hermanos. A buen entendedor…

22 de agosto de 2016

ABIERTA DE PAR EN PAR

El Papa Francisco en el Angelus del domingo nos invita a la reflexión, nos anima a seguir adelante, a no dejarnos vencer por las dificultades. A cruzar la puerta de la Misericordia para encontrarnos con Dios y para ser misericordiosos también nosotros.


«Queridos hermanos y hermanas, buenos días
La página del evangelio de hoy nos exhorta a meditar sobre el tema de la salvación. El evangelista Lucas cuenta que Jesús está en viaje hacia Jerusalén y durante el recorrido se le acerca un tal que le plantea esta pregunta: “¿Señor, son pocos los que se salvan?”.
Jesús no da una respuesta directa, pero desplaza el debate a otro plano, con un lenguaje sugestivo: “Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán”.
Con la imagen de la puerta, Èl quiere hacer entender a quienes le escuchan que no es cuestión de números, no importa saber cuantos se salvan. Lo importante es que todos sepan cuál es el camino que conduce a la salvación, a la puerta.
Y tal recorrido prevé que se cruce una puerta. ¿Pero dónde está la puerta, quién es la puerta? Jesús mismo es la puerta. Nos los dice Él en el evangelio de San Juan: ‘Yo soy la puerta’. Él nos conduce a la comunión con el Padre, donde encontramos amor, comprensión y protección. ¿Pero por qué esta puerta es angosta?, nos podemos preguntar.
Es una puerta angosta no porque sea opresora, sino porque pide restringir y contener nuestro orgullo y nuestro miedo, para abrirnos con corazón humilde y confiado a Él, reconociéndonos pecadores, necesitados de su perdón. Por esto es estrecha, para contener nuestro orgullo que nos hincha.

¡La puerta de la Misericordia es Dios, es estrecha pero está siempre y enteramente abierta para todos! Dios no tiene preferencias, sino que recibe siempre a todos sin distinciones. Una puerta estrecha para contener nuestro orgullo y nuestro miedo; una puerta amplia porque Dios recibe a todos sin distinción.

Y la salvación que Él nos da es un flujo incesante de misericordia que derrumba todas las barreras y abre sorprendentes perspectivas de luz y de paz. La puerta es estrecha pero siempre abierta, no se olviden de ésto.
Hoy Jesús nos dirige, una vez más, una invitación insistente para ir hacia Él, para atravesar la puerta de la vida plena, reconciliada y feliz. Él nos espera, a cada uno de nosotros, a pesar de cualquier pecado que hayamos cometido, para abrazarnos, para ofrecernos su perdón.
Solamente Él puede transformar mi corazón. Solamente Él puede dar sentido pleno a nuestra existencia, donándonos la verdadera alegría. Entrando por la puerta de Jesús, la puerta de la fe y del evangelio, nosotros podremos salir de las actitudes mundanas, de las malas costumbres, de los egoísmos y del cerrarnos en nosotros mismos.
Cuando hay un contacto con el amor y la misericordia de Dios hay un cambio auténtico. Y nuestra vida es iluminada por la luz del Espíritu Santo: ¡una luz inextinguible!
Quiero hacerles una propuesta: pensemos ahora en silencio y por algunos instantes en las cosas que tenemos dentro de nosotros y que nos impiden cruzar la puerta: mi orgullo, mi soberbia, mis pecados. Y después pensemos en otra puerta, esa abierta de la misericordia de Dios que del otro lado nos espera para darnos el perdón.
El Señor nos ofrece muchas ocasiones para salvarnos y entrar a través de la puerta de la salvación. Esta puerta es una ocasión que no debemos desperdiciar: no debemos hacer discursos académicos sobre la salvación, como el de aquel tal que se dirigió a Jesús, sino que debemos aferrar las ocasiones de salvación. Porque en un determinado momento “el patrón de la casa se levantará y cerrará la puerta”, como nos ha recordado el Evangelio.
Pero si Dios es bueno y nos ama, ¿por qué cierra la puerta? Porque nuestra vida no es un videojuego o una telenovela; nuestra vida es seria y el objetivo importante que debemos alcanzar es la salvación eterna.
A la Virgen María, Puerta del Cielo, le pedimos que nos ayude a no perder las ocasiones que el Señor nos ofrece para cruzar la puerta de la fe y así entrar en un camino ancho: es el camino de la salvación, capaz de recibir a todos quienes se dejan abrazar por el amor.
Es el amor que salva, el amor que ya en la tierra es fuente de la bienaventuranza de quienes, en la mansedumbre, en la paciencia y en la justicia se olvidan de sí mismos y se dan a los otros, especialmente a los más débiles.