Señor Jesús, Tú subiste al monte y pasaste la noche entera en oración con el Padre.
Antes de elegir, antes de actuar, quisiste escuchar. Enséñanos a hacer lo mismo: a buscar el silencio, a detenernos y a poner en tus manos nuestras decisiones.
Gracias porque llamaste a los Doce tal como eran, sencillos, limitados y distintos entre sí. No los elegiste por sus méritos, sino por amor.
Gracias porque también a mí me has llamado por mi nombre, con mis dones y con mis fragilidades.
Después bajaste del monte y te encontraste con la multitud que venía a escucharte y a tocarte, porque de ti salía una fuerza que sanaba a todos.
Tócanos hoy a nosotros. Sana lo que está herido en mi cuerpo, en mi corazón y en mi familia. Libéranos de lo que nos oprime.
Haz que sepamos subir al monte para orar contigo y bajar a la llanura para servir a los demás. Que nuestra oración no sea una huida, sino la fuente de nuestro compromiso. Amén.









