19 de septiembre de 2018

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Estás en el mundo y eso significa que vives y que has recibido cuidados, aunque en algunos casos no nos parezca los adecuados. Pero, tu vida sigue latiendo. Reconocer que esa vida, regalada por Dios, ha pasado a través del cuidado de tus padres es reconocer la importancia y el respeto que tus padres, por ser mediadores de Dios en darte la vida, merecen todo el respeto de tu parte.

Hermosa reflexión que el Papa Francisco nos ofrece hoy y nos alumbra, en el Espíritu Santo, a reconocer la gran importancia que tienen nuestros padres en nuestra formación y la presencia del Señor que nos descubre la gran importancia de la familia como escuela de aprendizaje y de amor.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles, 19 de septiembre de 2018


Queridos hermanos:

Reflexionamos hoy sobre el cuarto mandamiento de la ley de Dios: «Honra a tu padre y a tu madre, […] para que se prolonguen tus días y seas feliz en el país que Dios te da».

Honrar significa reconocer y dar importancia a los padres a través de acciones concretas, que manifiestan afecto y cuidado; y esto tiene como efecto una vida larga y feliz. La felicidad que promete el mandamiento no se encuentra vinculada a los méritos de los padres, sino en el reconocimiento y el respeto hacia quienes nos han traído al mundo.

Esta sabiduría milenaria evidencia la importancia del ambiente familiar en los primeros años de vida, que repercute en la posterior forma de ser y comportarnos. Podemos pensar en tantos jóvenes que, después de haber vivido una infancia difícil y dolorosa, se han reconciliado, a través de Cristo, con la vida y han sido un ejemplo luminoso para muchos otros. Los enigmas y los porqués de nuestra vida se iluminan descubriendo la presencia del Señor a nuestro lado. En Él, honramos a nuestros padres con la libertad de hijos adultos y los acogemos con misericordia y amor.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica; en particular saludo a los participantes en el curso de rectores de Seminarios Mayores diocesanos, al grupo de la Pastoral de la Carretera de la Conferencia Episcopal Española, y a los catequistas de la Diócesis de Nogales, en México.
Los animo a reavivar en ustedes la gracia del bautismo que nos hace renacer de lo alto y ser hijos de Dios. Con esta consciencia, los invito a mostrar su cariño a sus padres, a través de signos concretos de ternura y afecto, y también con la oración.
Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

12 de septiembre de 2018

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

La vida es una amenaza que puede esclavizarte. Quizás te creas libre, pero debes pararte y pensar si realmente haces lo que quieres o estás guiado por unas apetencias que te esclavizan. Muchas veces te molestas contigo mismo porque no has hecho lo que querías y porque te sientes manejado por ti mismo. Quizás esas ansias, nos dice hoy el Papa Francisco, de ser primero, de tener más, de mandar, de satisfacerte, de poseer riquezas y poder...etc., hacen de ti un esclavo sin tiempo para descansar.

Es momento, siguiendo la reflexión del Papa Francisco, para pararte y meditar que haces de tu vida y donde apoyas tu descanso y tu paz. Leamos con serenidad, paciencia y paz las palabras que el Papa hoy nos ofrece en su audiencia de los miércoles.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles, 12 de septiembre de 2018


Queridos hermanos:

En el tercer mandamiento del Decálogo se pide observar el día de reposo. A diferencia del Éxodo, el libro del Deuteronomio establece este mandamiento para que el esclavo también pueda descansar y celebrar así el recuerdo de la Pascua de liberación; es decir, conmemora el final de la esclavitud ya que los esclavos por definición no podían descansar.

Hay muchos tipos de esclavitud, fruto de opresiones, violencias e injusticias; y también prisiones interiores, como los tormentos, los complejos o los obstáculos psicológicos. Pero hay una esclavitud que es más fuerte que cualquier otra: la esclavitud del propio yo. El “ego”, el yo, puede convertirse en un verdugo que tortura constantemente al hombre, procurándole la más profunda de las opresiones que es el “pecado”. No hay descanso para quien vive en la gula y en la lujuria; el ansia de poseer destruye al avaro, el fuego de la ira y la carcoma de la envidia corroen las relaciones; y el egocentrismo del soberbio lo aísla y aleja de los demás. La verdadera esclavitud es no saber amar.

El tercer mandamiento es una profecía de Nuestro Señor Jesucristo, que rompe las cadenas interiores del pecado y hace al hombre capaz de amar. En Cristo, el hombre encuentra el descanso de la misericordia y de la verdad que lo hace libre.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española provenientes de España y América Latina, y en particular al grupo de sacerdotes venezolanos, acompañados por el Cardenal Baltazar Porras. Y aprovecho para agradecer a quienes, en Venezuela, sean sacerdotes, religiosos o laicos, se dedican al trabajo de la educación, a los educadores venezolanos. Hoy celebramos la fiesta del Santísimo Nombre de María. Pidámosle a nuestra Madre del Cielo que nos ayude a vivir el descanso dominical como un tiempo privilegiado de encuentro con el Señor y con los demás, dejando que el amor de Jesús nos libere de todas nuestras esclavitudes. Que el Señor los bendiga a todos. Muchas gracias.


5 de septiembre de 2018

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hoy el Papa nos habla del descanso, del verdadero descanso como recompensa al trabajo. El descanso es consecuencia del trabajo y es momento de dar gracias por, primero poder trabajar, y, segundo, por todo lo que se tiene, incluso, como nos dice el Papa, en las dificultades y sacrificios.

No se descansa sin estar previamente cansado y hoy, muchos consideran el descanso como una actividad de desenfrenos, pasiones y diversión, cuando eso cansa más, pues al día siguiente estamos, si no enfermos, si con la cabeza algo traspuesta.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles, 5 de septiembre de 2018


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre el tercer mandamiento: «Fíjate en el sábado para santificarlo». Se debe distinguir entre el verdadero descanso y la evasión, tan común en nuestros días. Hoy se intenta evadir la realidad buscando una diversión que oculte nuestro descontento.

El sentido del auténtico reposo lo encontramos en las palabras del Éxodo: «Dios hizo el mundo en seis días, y el séptimo descansó». Ese descanso es la alegría de Dios por su creación, que era muy buena.

Para nosotros cristianos, el día del Señor es el domingo, y en la eucaristía, que significa “dar gracias”, se encuentra el culmen de esa jornada de contemplación y bendición, en la que acogemos la realidad y alabamos al Señor por el don de la vida, dándole gracias por su misericordia y por todos los bienes que nos concede.

El reposo es también un momento propicio para la reconciliación, para confrontarnos con las dificultades sin escapar de ellas, para encontrar la paz y la serenidad de quien sabe valorizar lo bueno que tiene, incluso en el lecho del dolor o en la pobreza.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina.
Los animo a abrir el corazón a la Providencia divina y a descubrir la profunda verdad del Salmo: «Solo en Dios descansa mi alma»; y que, junto con la Virgen María, acojamos al Espíritu Santo para seguir las huellas de Cristo en el camino de la vida. Muchas gracias.


29 de agosto de 2018

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hoy, el Papa, nos habla de la familia. La importancia de la familia en la sociedad como don de Dios que, cada día, debe abordarse en unión íntima con Dios. El nexo de unión en las familias debe alimentarse en la unidad matrimonial con Dios apoyado en la oración común y el servicio mutuo y la caridad.

También, el Papa Francisco, experimentó el sufrimiento por los acontecimientos de abusos sexuales por miembros de la Iglesia y, pidió perdón repetidas veces al Señor por no haberse afrontado debidamente, solicitando la intercesión de la Virgen para que dé fortaleza y la Gracia de la sanación a las víctimas. También nosotros, unidos al Papa, recemos para que se haga justicia y se encuentren caminos de misericordia, de justicia y paz. Amén.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Aula Pablo VI
Miércoles, 29 de agosto de 2018




Queridos hermanos y hermanas:

El fin de semana pasado estuve en Irlanda para participar en el Encuentro Mundial de las Familias, que tenía como lema: «El Evangelio de la familia, alegría para el mundo». Deseaba animar a las familias cristianas en su vocación para ser transmisoras de la alegría y de la fecundidad del amor de Dios en medio de la sociedad y del mundo.

Pude encontrar a muchas personas y familias en Dublín y en el Santuario mariano de Knock. Las experiencias que ellas compartieron fueron enriquecedoras y luminosas. Manifestaron que el amor vivido en el matrimonio es un don de Dios, que debe cultivarse cada día con el diálogo, con el tiempo que pasan juntos, con la ternura. Es importante también la comunicación entre las generaciones y el rol de los abuelos en consolidar los lazos familiares y en la transmisión de la fe.

Por otra parte, experimenté el sufrimiento de tantas personas por los abusos a menores perpetrados por miembros de la Iglesia y por no haber sido  afrontados debidamente. Varias veces, y especialmente en Knock, pedí perdón al Señor por esas acciones, y pedí la intercesión de la Virgen para que conceda la gracia de la sanación a las víctimas y nos dé la fuerza para perseguir con firmeza la verdad y la justicia, pudiendo así renovar la Iglesia en Irlanda y en todo el mundo.


Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica.
Los animo a que sigan adelante en su compromiso cristiano, sin desfallecer, sosteniéndose unos a otros. Y les pido que recen por las familias, y también por los sacerdotes, para que cada uno en su estado de vida sea, en medio de la sociedad, un testigo valiente de la alegría del evangelio y fermento de bondad y de santidad.

Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

23 de agosto de 2018

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hoy el Papa nos habla del segundo mandamiento y nos recuerda que pronunciar el nombre de Dios es asumir su presencia en nosotros y hacerle realidad en nuestra vida. Con frecuencia pronunciamos el nombre de Dios de manera indiferente, sin tomar conciencia de su presencia y como si fuera una costumbre más que la realidad central de nuestra vida. Leamos con serenidad y actitud reflexiva lo que el Papa nos dice hoy sobre el segundo mandamiento.




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Aula Pablo VI
Miércoles, 22 de agosto de 2018


Queridos hermanos:

El segundo mandamiento del Decálogo dice: «No tomarás el nombre de Dios en vano». En la Biblia el nombre señala la verdad íntima de las cosas y la verdad de las personas. Con frecuencia indica la misión, así Abrahán y Simón Pedro cambian su nombre cuando reciben su nueva misión. En los ritos hebreos, el nombre de Dios solo es proclamado solemnemente en el Día del Gran Perdón. El pueblo es perdonado, porque a través del nombre entra en contacto con la vida de Dios mismo que es misericordia.

Pronunciar el nombre de Dios quiere decir asumir la realidad de él, entrar en íntima relación con él. A nosotros cristianos, este mandamiento nos recuerda que hemos sido bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y que debemos vivir nuestra vida cotidiana en comunión real con Dios, sin hipocresía; vivir como los santos, cuyo ejemplo de vida toca el corazón de todos y hace más creíble el anuncio de la Iglesia.

En la cruz, Cristo ha llevado sobre sus espaldas nuestros nombres, también todo el mal que hay en nosotros, para poner su amor en nuestro corazón. Así en este mandamiento descubrimos que vale la pena tomar con nosotros el nombre de Dios porque él nos ha llevado consigo hasta el final.
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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española  provenientes de España y América Latina. En la fiesta de la Coronación de la Virgen María, pidámosle a nuestra Madre del Cielo que nos ayude a invocar el nombre de Dios en todo momento, sabiendo que Dios nunca dejará de escuchar a quien acude a él con fe y esperanza. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.