¡María, Madre mía, permíteme que ponga en tu regazo las confidencias y los secretos de mi pobre alma! ¡No dejes que mi oración sea monótona y mecánica, sino que se convierta en una verdadera intimidad con tu Hijo! ¡Enséñame a contemplar, en el silencio de la oración, esos secretos del Padre que sólo un alma sencilla es capaz de acoger con humildad y entrega! ¡Y dame confianza, Madre, para afrontar los desafíos de mi vida!
¡Por eso, en las dificultades, ayúdame, María!
¡En los desaciertos, ilumíname, María!
¡En mis dudas y penas, confórtame, María! ¡En mis soledades, acompáñame, María! ¡En mis enfermedades, fortaléceme, María! ¡Cuando me desprecien, anímame, María! ¡En las tentaciones, defiéndeme, María!
¡En las horas difíciles! ¡Consuélame, María! ¡Con tu corazón maternal: ámame; y con tu inmenso poder: protégeme! Amén.






