20 de agosto de 2026

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

“Ven Espíritu Santo, para que pueda encontrar sabiduría en medio de mis límites, molestias y cansancios.

Ayúdame a valorar la hermosura de las cosas más allá de mis estados de ánimo, ayúdame a disfrutar de lo que me regalas en medio de mis problemas.

Porque mi vida no son solo las dificultades, mi vida es todo lo que pueda experimentar, y cada día tiene su secreta hermosura.

Ven Espíritu Santo, y enséñame a vivir, porque muchas veces solo puedo mirar lo que me preocupa, lo que me falta, lo que me desagrada, como si no existiera nada más que eso. 

Ven Espíritu Santo, para que ningún día se pierda en la negatividad y los lamentos. Ven a cambiar mi forma de vivir, para que pueda reconocer la parte buena de cada día. 

Amén.”

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

TRABAJADOR EN TU VIÑA

Señor y Dueño de la viña, gracias por llamarme a trabajar en tu Reino, sin importar a qué hora del día llegué a conocerte.

Enséñame a no comparar mi camino con el de los demás, ni a medir tu generosidad con mis propios criterios de justicia. Tú das a cada uno lo que necesita, no lo que yo creo que merece.

Líbrame de la envidia y del corazón calculador, y dame en cambio un corazón agradecido, que se alegre cuando otros reciben tu misericordia, tan grande como la que me has dado a mí.

Ayúdame a recordar que tus caminos son más altos que los míos, y que en tu viña siempre hay lugar para el que llega tarde, con tal de que quiera trabajar. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

19 de agosto de 2026

CORAZÓN LIBRE

Señor Jesús, Tú nos enseñaste que es difícil para el que tiene muchas riquezas entrar en el Reino de los cielos, y que solo con tu gracia lo imposible se hace posible. 

Ayúdame a examinar mi corazón: ¿qué es lo que poseo que en realidad me posee a mí? ¿A qué me aferro con más fuerza que a Ti?

Líbrame del apego desordenado a las cosas materiales, al estatus, a la seguridad que creo encontrar en lo que tengo.

Enséñame que todo lo que dejo por seguirte —comodidades, seguridades, incluso afectos— no se pierde, sino que se transforma en algo mucho mayor: tu presencia y tu promesa de vida eterna.

Recuérdame que en tu Reino los criterios humanos se invierten: los últimos serán primeros, y los primeros, últimos. Que no busque grandeza según el mundo, sino fidelidad según tu corazón.

Dame la valentía del que deja la red, la casa, la familia o la riqueza para seguirte sin mirar atrás, confiando en que nada de lo entregado por amor a Ti se pierde jamás.

Que mi tesoro esté donde está mi corazón: en Ti. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

18 de agosto de 2026

DEJARTO TODO POR TI, SEÑOR

Señor Jesús, tú que miraste con amor al joven rico y le invitaste a ir más allá del cumplimiento de la ley, mira también mi corazón.

Muéstrame aquello que me impide seguirte con libertad: los apegos, las seguridades falsas, que me atan y me impiden entregarme por completo a ti.

Dame la valentía que le faltó a aquel joven, para no marcharme triste ante tu llamada, sino para responder con generosidad cuando me pidas dejar algo para seguirte.

Ayúdame a entender que la verdadera riqueza no está en lo que poseo, sino en el tesoro que se guarda en el cielo: tu amistad, tu gracia, tu vida en mí.

Que mi corazón esté libre para amarte sin condiciones y para servir a los demás como tú nos enseñaste. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

17 de agosto de 2026

QUE GRANDE ES TU FE!

Señor Jesús, en este pasaje veo a una madre que no se rindió ante el silencio, que no se rindió ante el rechazo, que insistió con humildad y con fe hasta conseguir lo que pedía para su hija.

Enséñame a orar así: con la confianza de quien sabe que tú escuchas, aunque parezca que callas; con la perseverancia de quien no se ofende ante las pruebas del camino; con la humildad de reconocer que todo lo que tengo es gracia tuya.

Señor, tengo también mis propias súplicas, las cosas que llevo en el corazón y que a veces siento que no llegan a ti. Dame la fe de esta mujer: una fe que no se cansa, una fe que insiste, una fe que se humilla, pero no se rinde.

Tú le dijiste: “Grande es tu fe”. Quiero que un día me digas lo mismo.

Aumenta mi fe, Señor, para que en medio de mis pruebas sepa buscarte, insistir en la oración y confiar en que tu tiempo es siempre el mejor tiempo. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina