Señor Jesús, Tú eres el sembrador que sale a esparcir tu Palabra sin cansarte, aunque sepas que no toda semilla dará fruto. Hoy quiero examinar qué tipo de tierra soy.
Líbrame de ser camino endurecido, donde tu Palabra se pierde antes de tocarme el corazón. Líbrame de ser piedra, que recibe con alegría pero no deja raíces cuando llega la prueba.
Líbrame de ser espino, ahogado por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de este mundo.
Hazme, Señor, tierra buena: un corazón noble y generoso que escucha tu Palabra, la guarda y da fruto con constancia.
Abre mis oídos para oír de verdad, y mis ojos para ver con fe. Que tu semilla no caiga en vano en mí, sino que crezca treinta, sesenta, cien veces más, para tu gloria. Amén.






