12 de septiembre de 2026

MIRAR COMO TÚ, SEÑOR

Señor, ayúdame a reconocer mi propia ceguera: las veces que juzgo rápido y me examino poco, las veces que veo con lupa el defecto ajeno y paso por alto la viga que cargo yo mismo.

Dame ojos limpios, Señor, para mirar a los demás con misericordia antes que con crítica.

Enséñame a corregir primero mi propio corazón, para que mi vida pueda de verdad guiar a otros hacia ti.

Que no me conforme con ser discípulo a medias, sino que, poco a poco, me vaya pareciendo a mi Maestro: manso, honesto conmigo mismo y lleno de compasión hacia los demás. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

11 de septiembre de 2026

CORAZÓN MISERICORDIOSO

Señor Jesús, Tú nos pides algo que va contra nuestra naturaleza: amar a quienes nos hacen daño, bendecir a quienes nos maldicen, orar por quienes nos ofenden. Reconozco que esto es difícil, y que solo con tu gracia puedo intentarlo.

Ayúdame a soltar el rencor que cargo en el corazón. Dame la fuerza para responder al mal con bien, para no devolver ofensa por ofensa y para tratar a los demás como quisiera que me trataran a mí.

Enséñame a ser misericordioso, como tú eres misericordioso conmigo. Que no juzgue con dureza, que no condene con facilidad, sino que perdone con la misma generosidad con la que tú me perdonas cada día.

Que mi corazón sea generoso al dar, sin esperar nada a cambio. Transforma mi manera de amar, Señor, para que sea un reflejo de tu amor incondicional. Que hoy pueda ser instrumento de tu paz para alguien que lo necesita, incluso si esa persona no lo merece a mis ojos. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

10 de septiembre de 2026

BIENAVENTURANZAS

Señor Jesús, Tú que en el monte llamaste bienaventurados a los pobres, a los que tienen hambre, a los que lloran y a los que son rechazados por tu nombre, ayúdame a mirar la vida con tus ojos y no con los del mundo.

Enséñame a no poner mi seguridad en lo que tengo, ni mi alegría en lo que otros piensan de mí, ni mi paz en estar siempre satisfecho.

Recuérdame que tu Reino pertenece a los que se saben necesitados de ti, y que la verdadera dicha no está en la abundancia ni en el aplauso fácil, sino en un corazón confiado en tu providencia.

Dame fuerza para sostener a los que sufren, para acompañar a los que lloran y para no avergonzarme de seguirte aunque eso traiga incomprensión o rechazo. Que no busque las riquezas, los halagos o la comodidad como metas de mi vida, sino que ponga mi confianza solo en ti.

Convierte mi corazón, Señor, para que viva según tus bienaventuranzas y no según las promesas vacías de este mundo.

Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

9 de septiembre de 2026

ORACIÓN NTRA. SRA. DEL PINO

¡Felicidades, Madre! Felicidades por Ti, por tu nacimiento.

Felicidades, Madre, porque creciste en el oscuro camino de la fe.

Felicidades, Virgen peregrina, porque nos enseñas la ruta de la santidad.

Felicidades, Madre, porque un día naciste como cualquiera de nosotros y, sin embargo de Ti nacería el Salvador del mundo.

Felicidades por estar siempre atenta a la palabra del Señor.

Felicidades porque tu vida fue un Si a la voluntad de Dios.

Felicidades, María, porque eres la Madre de Dios.

Feliz soy yo también por tenerte como Madre. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

8 de septiembre de 2026

EXTIENDE TU MANO, SEÑOR

Señor Jesús, tú entraste en la sinagoga y no te detuviste ante la mirada acusadora de quienes buscaban condenarte; viste al hombre de la mano seca y no dudaste en llamarlo al centro, a la luz, a la vida.

Enséñame a reconocer las manos secas que hay en mí: las que se cierran por miedo, las que se paralizan por indiferencia, las que dejan de servir por comodidad o por costumbre.

Tú me preguntas hoy:

¿Es lícito hacer el bien o el mal, salvar la vida o dejarla perder? Que nunca calle ante esa pregunta como callaron los fariseos.

Dame un corazón que no se endurezca ante el sufrimiento del otro, que no convierta la fe en una jaula de normas sin amor, sino en un espacio donde el bien siempre tenga la última palabra.

Extiende tu mano sobre la mía, sana lo que en mí está seco o inmóvil, y hazme capaz de amar sin cálculo, sin miedo y sin condiciones, incluso cuando eso me cueste ser mal entendido.

Que mi vida, como la mano de aquel hombre, se abra por completo a hacer el bien. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina