Jesús, tú dices que estemos listos, con la lámpara encendida. Despiértame. Que no me dé igual todo, ni me conforme con ir tirando.
Que mi vida tenga luz: en mi casa, en mi clase, con mis amigos, también cuando nadie me ve.
Ayúdame a estar atento a ti en lo de cada día: en el que está solo, en el que lo está pasando mal, en el que necesita que alguien le escuche. Dame valor para ser el que da el primer paso.
Gracias porque no eres un jefe que vigila, sino un amigo que llega y se pone a servirnos.
Quiero esperarte así: con ganas, sin miedo y con el corazón abierto. Cuando llames, que me encuentres despierto. Amén.











