Padre santo, gracias porque en la cruz de Jesús nos revelas la hondura de tu amor. Sostennos en el dolor y abre nuestros ojos a la esperanza.
Señor Jesús, recibe nuestras heridas y enséñanos a unirlas a tu entrega, confiando en que tu amor transforma toda noche en camino de vida. Haznos cercanos a quienes sufren y servidores de la paz.
Espíritu Santo, enséñanos a responder al mal con el bien.
Virgen María, Madre dolorosa y de esperanza, permanece junto a nosotros y llévanos siempre hacia tu Hijo. Amén.






