Señor Jesús, Tú te levantaste en la sinagoga de Nazaret y proclamaste que el Espíritu del Señor estaba sobre ti, enviado para anunciar buenas noticias a los pobres, libertad a los cautivos, vista a los ciegos y libertad a los oprimidos.
Hoy, Señor, quiero escuchar esa misma Palabra dirigida a mí. Ayúdame a reconocer en qué áreas de mi vida soy pobre, cautivo, ciego u oprimido, y a dejar que tu gracia me libere.
Enséñame también a no cerrarme como los de Nazaret, que te conocían tan bien que ya no podían verte de verdad. Que la familiaridad no me vuelva indiferente a tu presencia. Dame ojos nuevos para reconocerte, aunque vengas de formas sencillas o inesperadas.
Dame la valentía de aceptar tu palabra aunque me incomode o me pida cambiar, y la humildad de no rechazarte cuando actúas de manera distinta a lo que yo esperaba. Que hoy sea, para mí, el día en que se cumple tu Escritura.






