Señor Jesús, pasaste por el mundo haciendo el bien, y fuiste incomprendido por los más cercanos y rechazado por los fariseos, los escribas, los jefes… Fuiste incomprendido y rechazado y comprendiste a quienes no te comprendían.
Sabías que tu vida no cabe en nuestras pequeñas cabezas. A pesar de todo, seguiste amando y haciendo el bien, porque fuiste fiel a la voluntad del Padre, para enseñarnos el camino de la felicidad más grande.
Señor Jesús, yo también me siento incomprendido, a veces por las personas que más quiero. Ayúdame a comprender a quienes no me comprenden. También a mí me cuesta comprenderme y comprender.
Enséñame a tener paciencia conmigo y con los otros, a seguir amando a quienes no entiendo. A veces tampoco comprendo tu Evangelio y tu voluntad. Ayúdame a aceptar que no puedo entenderlo todo, a seguir tus pasos con fidelidad y confianza. Amén.






