29 de julio de 2021

EN ORACIÓN JUNTO AL SANTO PADRE

Ante las tormentas y tempestades que se levantan nos sostenemos firmes y fieles al Santo Padre Papa Francisco. Son momentos de pruebas, no solo ante la amenaza de la pandemia originada por el Covid-19, sino también por las tempestades de las dudas, de las críticas y de todo aquello que impulsa a que la Nave de Pedro zozobre. Es el momento de probar y medir tu fe, tu perseverancia en la oración, tu confianza en la Providencia y tu fidelidad a la Iglesia.

Hemos nacidos - blogueros con el Papa - para caminar junto al Papa, y junto al Papa debemos permanecer unidos en oración. Una oración apoyada en el Señor, que instituyó la Iglesia y puso al frente de la misma a Pedro, Roca sobre la que apoyó y constituyó su Iglesia, prometiéndole que el poder del infierno no la derrotará. 

Y hoy continúa el camino su sucesor Francisco junto a todos los que seguimos en ella. Nosotros - blogueros con el Papa - caminamos también unidos a él. Recemos, pues, para que el Espíritu Santo, que nos guía y auxilia, nos fortalezca, nos ilumine - de manera especial a nuestro Papa Francisco - y derrame la Gracia que nos una como el Padre y el Hijo son uno. Amén.


21 de julio de 2021

ACOMPAÑANDO AL SANTO PADRE

Las aguas corren revueltas. Se oyen voces clamando que la Iglesia se defina y sitúe ante las amenazas de la vida y de lugares sagrados. Parece que nada, o muy pocas voces se levantan en defensa de lo que sucede en torno a la vida de los pueblos. ¿Qué sucede? ¿Nos experimentamos como el Evangelio de hace pocos días, ovejas sin pastor? ¿O tenemos que permanecer callados ante tantas amenazas de cercenar nuestras libertades, nuestros derechos fundamentales y derecho a la vida?

Estamos con el Papa y defendemos al Papa. Y rezamos por el Papa. Precisamente, esta asociación nació con esta idea, la de defender y estar con y al lado de nuestro Papa. No sabemos por dónde ir, somos simples ovejas, pero pedimos, junto al Papa, que el Espíritu Santo nos ilumine, nos fortalezca y nos dé sabiduría para caminar juntos y unidos según la Palabra y Voluntad de Dios nuestro Padre.

Hoy, queremos reiterar nuestro apoyo al Papa y pedirle que nos apaciente, nos conforte y nos guie por el buen camino hacia el buen redil asistido por la Gracia del Espíritu Santo. Amén.

14 de julio de 2021

ACOMPAÑANDO AL SANTO PADRE

Damos gracias a nuestro Padre Dios por la mejoría y los satisfactorios resultados del posoperatorio del Papa Francisco. Y, por supuesto, le pedimos que pronto el Papa Francisco pueda reanudar sus audiencias y catequesis de los miércoles. Sin embargo, nos resistimos a perder este acostumbrado momento de Gracia para compartir con todos los que nos sentimos unidos al Papa y, como no puede ser de otra manera, sentirnos Iglesia junto al primado de Pedro, hoy representado en nuestro Papa Francisco.

Porque, cada vez, al menos yo lo siento así, que compartimos nuestra fe nos ponemos y sentimos al lado de nuestro Papa. Porque, él ha sido el designado por el Señor a dirigirnos, a pilotar la nave de la Iglesia que el Señor apoyó y dejó en sus manos. Y, desde entonces, la Iglesia, bajo el fundamento de Pedro - hoy Francisco - y el colegio apostólico sigue la huella que Jesús les trazó con su Palabra y su Vida.

Por eso, cada instante en el que compartimos nuestra fe reflexionando la Palabra, animando nuestro camino, tratando de amarnos en la alegría y también en los dolores, estamos unido al primado de Pedro y al colegio apostólico que, en nombre y por la Gracia de nuestro Señor, nos transmiten su Palabra y la Gracia de los Sacramentos que el mismo Jesús ha instituidos. Gracias Papa Francisco.

8 de julio de 2021

ORACIÓN POR EL PAPA FRANCISCO

Hoy, que no hay audiencia por el posoperatorio del Papa, pedimos por su pronta mejoría y ánimo para que pronto vuelva a pastorearnos en y con sus hermosas y profundas catequesis de las audiencias de los miércoles. Porque, las ovejas, como nos enseña la Palabra en estos días, necesitan Pastor para que no se dispersen y caigan a merced del lobo - mundo, demonio y carne -.

Precisamente, el Evangelio de hoy nos narra como Jesús: (Mt 10,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en 

Y en el de ayer como elige personalmente a sus discípulos: (Mt 10,1-7): En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano...

Los llama por su nombre, de manera personal a cada uno y elige primero a Pedro, primado de su Iglesia que va a fundar apoyada en él. También hoy, su Iglesia está apoyada en el Papa Francisco, a quien ha llamado también personalmente. Y de la misma manera nos llama a cada uno. La reflexión y la respuesta dependerá de cada uno de nosotros, porque, la misión, tú misión empezó en la hora de tu bautismo. 

Dios, nuestro Padre nos quiere y no llama personalmente para que alcancemos su Infinita Misericordia y nos reunamos con Él para el gozo de la Vida Eterna. Tratemos de encontrar lo que Dios quiere de nosotros. Pidamos también por nuestra Papa Francisco, para que se recupere, tome fuerzas y, renovado y fortalecido, por la Gracia de Dios, continúe pastoreando su Iglesia.

30 de junio de 2021

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

El Papa Francisco continúa hoy su catequesis sobre la carta a los Gálatas de San Pablo. La clave está en no perder de vista que Dios está presente en nuestras vidas y que, por su Gracia, nos llama a esa salvación Eterna que solo Él nos puede prometer y dar. Y, en muchos momentos de nuestro camino, ponemos en tela de juicio esa verdad de Vida Eterna, simplemente por nuestras tradiciones y leyes, que no entroncan seriamente con lo fundamental, el amor fraterno al que Dios nos remite.

Porque, nos salvamos, no por la ley o tradición, sino por el Amor de Dios encarnado en su Hijo, nuestro Señor, que entrega su Vida para darnos esa Vida Eterna que anhelamos junto a Él. Reflexiónemos esta audiencia del Papa Francisco sobre la carta de Pablo a los Gálatas.




PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Patio de San Dámaso
Miércoles, 30 de junio de 2021

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Catequesis 2.  Pablo, verdadero apóstol

Hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nos adentramos poco a poco en la Carta a los Gálatas. Hemos visto que estos cristianos se encuentran en conflicto sobre cómo vivir la fe. El apóstol Pablo empieza a escribir su Carta recordándoles las relaciones pasadas, el malestar por la distancia y el amor inmutable que tiene por cada uno de ellos. Sin embargo, no deja de señalar su preocupación para que los gálatas sigan el camino correcto: es la preocupación de un padre, que generó las comunidades en la fe. Su intención es muy clara: es necesario reafirmar la novedad del Evangelio, que los gálatas han recibido de su predicación, para construir la verdadera identidad sobre la que fundar la propia existencia. Y este es el principio: reafirmar la novedad del Evangelio, lo que los gálatas han recibido del Apóstol.

Descubrimos en seguida que Pablo es un profundo conocedor del misterio del Cristo. Desde el principio de su Carta no sigue los bajos argumentos de sus detractores. El apóstol “vuela alto” y nos indica también a nosotros cómo comportarnos cuando se crean conflictos dentro de la comunidad. De hecho, solo hacia el final de Carta, se aclara que el núcleo de la controversia suscitada es el de la circuncisión, por tanto, de la principal tradición judía. Pablo elige el camino de ir más en profundidad, porque lo que está en juego es la verdad del Evangelio y la libertad de los cristianos, que es parte integrante del mismo. No se detiene en la superficie de los problemas, de los conflictos, como a menudo tenemos la tentación para encontrar en seguida una solución que ilusiona para poner a todos de acuerdo con un compromiso. Pablo ama a Jesús y sabe que Jesús no es un hombre-Dios de acuerdos. No funciona así con el Evangelio y el Apóstol ha elegido seguir el camino más arduo. Escribe así: «Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios?» Él no trata de hacer la paz con todos. Y continúa: «¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo» (Gal 1,10).

En primer lugar, Pablo se siente en el deber de recordar a los gálatas que es un verdadero apóstol no por mérito propio, sino por la llamada de Dios. Él mismo cuenta la historia de su vocación y conversión, que coincide con la aparición de Cristo Resucitado durante el viaje hacia Damasco (cfr. Hch 9,1-9). Es interesante observar lo que afirma de su vida precedente a ese suceso: «Encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres» (Gal 1,13-14). Pablo osa afirmar que él en el judaísmo superaba a todos, era un verdadero fariseo celante «en cuanto a la justicia de la Ley, intachable» (Fil 3,6). En dos ocasiones destaca que había sido un defensor de las «tradiciones de los padres» y un «convencido defensor de la ley». Esta es la historia de Pablo.

Por un lado, él insiste al subrayar que había perseguido ferozmente a la Iglesia y que había sido un «blasfemo, un perseguidor y un insolente» (1 Tm 1,13) no escatima en adjetivos: él mismo se califica así, por otro lado, evidencia la misericordia de Dios con él, que le lleva a vivir una transformación radical, bien conocida por todos. Escribe: «Pero personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo. Solamente habían oído decir: “El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir» (Gal 1,22-23). Se ha convertido, ha cambiado, ha cambiado el corazón. Pablo evidencia así la verdad de su vocación a través del impresionante contraste que se había creado en su vida: de perseguidor de los cristianos porque no observaban las tradiciones y la ley, había sido llamado a convertirse en apóstol para anunciar el Evangelio de Jesucristo. Pero vemos que Pablo es libre: es libre para anunciar el Evangelio y es también libre para confesar sus pecados. “Yo era así”: es la verdad que da la libertad del corazón, es la libertad de Dios.

Pensando en su historia, Pablo está lleno de maravilla y de reconocimiento. Es como si quisiera decir a los gálatas que él podría ser de todo menos un apóstol. Había sido educado desde niño para ser un irreprensible observador de la ley mosaica, y las circunstancias le habían llevado a combatir los discípulos de Cristo. Sin embargo, sucedió algo inesperado: Dios, con su gracia, le había revelado a su Hijo muerto y resucitado, para que él se convirtiera en anunciador en medio de los paganos (cfr. Gal 1,15-6).

¡Los caminos del Señor son inescrutables! Lo tocamos con la mano cada día, pero sobre todo si pensamos en los momentos en los que el Señor nos ha llamado. No debemos olvidar nunca el tiempo y la forma en la que Dios ha entrado en nuestra vida: tener fijo en el corazón y en la mente ese encuentro con la gracia, cuando Dios ha cambiado nuestra existencia. Cuántas veces, delante de las grandes obras del Señor, surge de forma espontánea la pregunta: pero ¿cómo es posible que Dios se sirva de un pecador, de una persona frágil y débil, para realizar su voluntad? Sin embargo, no hay nada casual, porque todo ha sido preparado en el diseño de Dios. Él teje nuestra historia, la historia de cada uno de nosotros: Él teje nuestra historia y, si nosotros correspondemos con confianza a su plan de salvación, nos damos cuenta. La llamada conlleva siempre una misión a la que estamos destinados; por esto se nos pide que nos preparemos con seriedad, sabiendo que es Dios mismo quien nos envía, Dios mismo que nos sostiene con su gracia. Hermanos y hermanas, dejémonos conducir por esta conciencia: el primado de la gracia transforma la existencia y la hace digna de ser puesta al servicio del Evangelio. El primado de la gracia cubre todos los pecados, cambia los corazones, cambia la vida, nos hace ver caminos nuevos. ¡No olvidemos esto!


Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española, son bastantes hoy aquí. Saludo al arzobispo de Oviedo con sus seminaristas. Pidamos al Señor que nos ayude a tener presente su paso en nuestra vida y a responder con disponibilidad y confianza a la vocación recibida, sabiendo que es Él mismo quien que nos llama, nos sostiene con su gracia y nos envía a los hermanos. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Seguimos nuestras consideraciones sobrela Carta a los Gálatas. San Pablo escribe a los cristianos de Galacia con la preocupación de un padre, consciente de que están en conflicto sobre el modo de vivir la fe. Para ayudarlos, el Apóstol, conocedor del misterio de Cristo, no se queda en la superficie sino que va a lo esencial: les recuerda sus orígenes, cuando recibieron el Evangelio por medio de su predicación y conocieron al Señor, el único que da la vida verdadera.

Pablo también les comparte su propio testimonio, recordando la historia de su vocación y de su conversión. Quiere dejar en claro que Dios no lo llamó porque él lo mereciera, sino por pura gratuidad y misericordia. El Apóstol también describe con elocuencia el contraste de su vida, en la que pasó de ser perseguidor de los cristianos a convertirse en discípulo de Jesucristo. Dios lo llamó por medio de su gracia y le reveló a su Hijo, dándole la misión de anunciarlo a todas las gentes. 

Y al final de la Carta se explica que el núcleo de la discusión entre los gálatas era el problema de la circuncisión, es decir, la principal tradición judía. Pero Pablo ahonda más en la cuestión, porque se da cuenta que lo que verdaderamente está en juego no es un asunto secundario, sino la verdad del Evangelio y, sobre todo, la libertad de los cristianos. El Apóstol nos enseña también a nosotros a “volar alto” y nos indica cómo comportarnos cuando surgen problemas en la comunidad eclesial.