Señor Jesús, tú que prometiste estar presente donde dos o tres se reúnen en tu nombre, te pedimos que hoy nos enseñes a amarnos como hermanos.
Danos la valentía de corregir con humildad a quien se equivoca, sin juzgar ni condenar, sino buscando siempre su bien y su regreso al camino.
Danos también un corazón humilde para aceptar cuando otros nos corrigen a nosotros, sabiendo que la fraternidad se construye en la verdad dicha con amor.
Que nuestra comunidad sea signo de tu presencia: unida en la oración, dispuesta al perdón y comprometida con la reconciliación.
Recuérdanos que no debemos nada a nadie, sino amarnos los unos a los otros, porque quien ama ha cumplido la ley entera.
Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Iglesia, y en el nombre de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.






