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24 de diciembre de 2025

ORACIÓN ADVIENTO

Y Dios viene a nosotros. Él viene y abraza.  Abraza mi pobreza, mi falta de perdón, mis incertidumbres, mis debilidades, mi soledad. Abraza y ese abrazo se hace calma. Él me conoce, sabe todo, sin que pueda decirlo. Y Él se queda, cada día, disfrazado de muchas maneras: cada día, en cada detalle. Él me ama, por eso vino por mí. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco,
D. Juan Carlos Medina Medina

5 de diciembre de 2025

MEDITACIÓN ADVIENTO

"El Adviento me habla de alguien que ha de venir y tengo que esperar. De alguien que puede cambiar mi vida para siempre. El Adviento me invita a desear lo que aún no tengo. Un amor que abrace mi vida. Una resurrección desde la muerte en la que a veces me encuentro. El Adviento es una oportunidad que se me brinda para experimentar un cambio que todavía no llega.

Me gusta pensar en ese Dios oculto en los cielos que desciende a mi vida para cambiar los corazones. Él baja a mí en medio de mis cruces y dolores. Viene a mí cuando me siento perdido en mi noche. Cuando no invoco su nombre. Cuando no salgo de mi sueño. Cuando parece no haber esperanza. Entonces viene para abrazar mi cuerpo herido. Viene a mí." 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

3 de diciembre de 2025

ADVIENTO

Mi espíritu y mi corazón están alerta como los ojos del centinela. Estoy esperando. Te busco, Señor. Estoy en vela. ¡Es Adviento! Te busco en la oración y Tú me abres, Señor, como un amigo siempre presente, cuando se llama a la puerta. Te busco en el Evangelio y Tú te acercas, Señor, como un amigo siempre presente, cuando se le pide luz para atravesar la noche.

Te busco en la Eucaristía, con los otros cristianos, y por tu Palabra y tu Pan vienes a mí, Señor, como un amigo siempre dispuesto a ofrecer lo mejor que tiene. Te buscamos cada día y te vemos, Señor, donde se siembra la alegría, donde se elimina la mentira, donde se suprime la injusticia. Para encontrarte, Señor, ¡hay que estar en vela! Tú estás a la puerta y llamas. Llamas al espíritu y al corazón. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

2 de diciembre de 2025

ADVIENTO

¿Qué me dices, Dios mío, en Adviento? Me dices que me visitas. Tú viniste a habitar entre nosotros y vendrás de nuevo al final de los tiempos. Pero ahora, ahora mismo, estás viniendo. El Adviento es para que aprenda a captar tu presencia en todo, a contemplarte cerca en cualquier situación, a celebrar un Amor que me ama sin medida, a recordar que no puedo salvarme por mí mismo. 

En Adviento me pides posada, mendigas acogidas. Aquí tienes tu casa, Señor; en este tiempo quiero escuchar y meditar a diario tu Palabra, recibir con más frecuencia la Eucaristía, abrazarte en el hermano más necesitado. Y así aprender lo que debe ser toda la vida. ¡Ven, Señor; ven, Salvador! Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Mdedina Medina

14 de diciembre de 2024

ORACIÓN DE ADVIENTO

Que este nacimiento tuyo, Niño Dios, me sirva para enderezar aquello que está torcido, a limpiar lo que debe ser barrido, a transformar aquello que debe ser transformado! ¡Vienes para nacer en el pesebre de mi corazón, Señor, y yo te pido que tomes las riendas de mi vida y me ayudes a caminar de tu lado, de la mano de Madre y con la fuerza de tu Santo Espíritu por la senda de la santidad! ¡Espíritu Santo, llévame a la tierra de paz donde more tu gracia y la serenidad que tanto deseo! ¡Para esta Navidad que se acerca deja que mis ojos se vuelvan hacia Jesús deseando nada más que su presencia sanadora! ¡Ven Espíritu Santo, arde en lo más profundo de mi corazón, abre mis ojos para que pueda captar tu plan perfecto en mi vida! Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

7 de diciembre de 2024

ORACIÓN ADVIENTO

Señor, te doy gracias, por todas las personas que han preparado el camino para que Tú te encontrarás conmigo y yo contigo.

Queremos preparar el camino en este adviento nuevo, para seguir a tu lado. Contigo se elevan los valles de la felicidad, la esperanza y la alegría. Contigo descienden las colinas del orgullo, el egoísmo y la violencia. Contigo se enderezarán los pensamientos y sentimientos torcidos y escabrosos.

Queremos preparar el camino, para que nuestros amigos y familias, y los que más necesiten tu consuelo, también se encuentren contigo. A tu lado, nuestro mundo crecerá en fraternidad, justicia y paz. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

6 de diciembre de 2024

MEDITACIÓN ADVIENTO

"El Adviento me habla de alguien que ha de venir y tengo que esperar. De alguien que puede cambiar mi vida para siempre. El Adviento me invita a desear lo que aún no tengo. Un amor que abrace mi vida. Una resurrección desde la muerte en la que a veces me encuentro. El Adviento es una oportunidad que se me brinda para experimentar un cambio que todavía no llega.

Me gusta pensar en ese Dios oculto en los cielos que desciende a mi vida para cambiar los corazones. Él baja a mí en medio de mis cruces y dolores. Viene a mí cuando me siento perdido en mi noche. Cuando no invoco su nombre. Cuando no salgo de mi sueño. Cuando parece no haber esperanza. Entonces viene para abrazar mi cuerpo herido. Viene a mí."

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

5 de diciembre de 2024

ORACIÓN ADVIENTO: CONVIÉRTEME

Señor, en este Adviento, quiero ponerme en pie y seguir caminando hacia tu encuentro! ¡Quiero, Señor, con alegría mirarte y tratar de convertirme en un signo de esperanza! ¡Quiero acogerte en mi corazón, mi Dios, para tener más intimidad, amistad y familiaridad contigo!

¡Señor, soy consciente de que quieres hacerme partícipe de tus designios, de tu vida y de tu misma felicidad! ¡Lo acepto y te doy gracias y le pido al Espíritu Santo que sea Él el que me guíe para reconocer Tu voz en mi interior! ¡En este camino hacia la Navidad, hacia la verdadera certeza de que Cristo anida en mi alma, quiero seguir la guía del Espíritu Santo para llenarme de certezas, de profunda serenidad y de una gran paz interior!¡Ven, Señor, no tardes, ven pronto! Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

4 de diciembre de 2024

ORACIÓN ADVIENTO

Mi espíritu y mi corazón están alerta como los ojos del centinela. Estoy esperando. Te busco, Señor. Estoy en vela. ¡Es adviento! Te busco en la oración y Tú me abres, Señor, como un amigo siempre presente, cuando se llama a la puerta. Te busco en el Evangelio y Tú te acercas, Señor, como un amigo siempre presente, cuando se le pide luz para atravesar la noche.

Te busco en la Eucaristía, con los otros cristianos, y por tu Palabra y tu Pan vienes a mí, Señor, como un amigo siempre dispuesto a ofrecer lo mejor que tiene. Te buscamos cada día y te vemos, Señor, donde se siembra la alegría, donde se elimina la mentira, donde se suprime la injusticia. Para encontrarte, Señor, ¡hay que estar en vela! Tú estás a la puerta y llamas. Llamas al espíritu y al corazón. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

3 de diciembre de 2024

ORACIÓN ADVIENTO

¿Qué me dices, Dios mío, en Adviento? Me dices que me visitas. Tú viniste a habitar entre nosotros y vendrás de nuevo al final de los tiempos. Pero ahora, ahora mismo, estás viniendo. El Adviento es para que aprenda a captar tu presencia en todo, a contemplarte cerca en cualquier situación, a celebrar un Amor que me ama sin medida, a recordar que no puedo salvarme por mí mismo. 

En Adviento me pides posada, mendigas acogidas. Aquí tienes tu casa, Señor; en este tiempo quiero escuchar y meditar a diario tu Palabra, recibir con más frecuencia la Eucaristía, abrazarte en el hermano más necesitado. Y así aprender lo que debe ser toda la vida. ¡Ven, Señor; ven Salvador! Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

1 de diciembre de 2024

ADVIENTO:

Nada mejor que empezar este nuevo camino de Adviento al lado de María. Porque, ella ya tiene experiencia de haberlo recorrido y nos puede indicar como hacerlo. Si nos fijamos en su manera de hacerlo y afrontarlo podemos advertir esto:

a)     Ante lo incomprendido y sorprendente mantuvo una actitud de fe.

b)     En el transcurso de los acontecimientos no desesperó, al contrario confió y creyó.

c)     Tuvo siempre una actitud de acogida, paciente y confiada.

d)     Mantuvo siempre la esperanza en la venida. Y esperó confiada en el cumplimiento de la promesa.

e)     Acepto el Plan de Dios y los acontecimientos vividos por su Hijo.

f)      Creyó siempre en su Palabra y, confiada, aceptó los sufrimientos y dolores que el Amor Misericordioso de su Hijo le ocasionó por amor y para salvación de todos los hombres.

Madre de Dolores, enséñanos el camino para también nosotros llegar a encontrarnos con tu Hijo y aceptar la cruz.

12 de diciembre de 2023

ORACIÓN: ADVIENTO LUNES

Señor, yo quiero acogerte en este adviento, en esta navidad, quiero abrirte las puertas de mi corazón de par en par.

Sabes que mi mayor deseo es trabajar en tu viña, para que la esperanza y el amor de la Navidad lleguen a todos.

Señor, quiero acogerte, pero pocas veces encuentro tiempo. Deseo trabajar en tu viña, pero me dedico a otras cosas.

Ayúdame, Señor, a no dejarme llevar por el orgullo, la pereza, el miedo, la prisa, el qué dirán, los compromisos que me fabrico para sentirme importante.

Líbrame de todo lo que me aleja de lo que más quiero y deseo: vivir contigo, acoger tu amor, trabajar a tu lado, en favor de los más débiles, para construir juntos tu Reino.

Señor, que no sea de los primeros en querer y desear y de los últimos en ponerme manos a la obra. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

8 de diciembre de 2023

MEDITACIÓN ADVIENTO

"El Adviento me habla de alguien que ha de venir y tengo que esperar. De alguien que puede cambiar mi vida para siempre. El Adviento me invita a desear lo que aún no tengo. Un amor que abrace mi vida. Una resurrección desde la muerte en la que a veces me encuentro. El Adviento es una oportunidad que se me brinda para experimentar un cambio que todavía no llega.

Me gusta pensar en ese Dios oculto en los cielos que desciende a mi vida para cambiar los corazones. Él baja a mí en medio de mis cruces y dolores. Viene a mí cuando me siento perdido en mi noche. Cuando no invoco su nombre. Cuando no salgo de mi sueño. Cuando parece no haber esperanza. Entonces viene para abrazar mi cuerpo herido. Viene a mí."

(sermonje.eu)

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

7 de diciembre de 2023

ORACIÓN ADVIENTO

Prepara mi corazón, Señor, para que te reciba en Navidad. Ayúdame a mejorar, a cambiar mis actitudes, a pedir perdón por las cosas que no hago bien. Quiero prepararme con alegría para encontrarte. Quiero ofrecerte un corazón sencillo, bueno, generoso para que Tú vivas siempre en él. Quiero que crezcas en mi interior y me enseñes cada día a amar más a Dios y a los demás. Querido Jesús, acepta lo que te ofrezco, mi persona y mi corazón para que siempre estés a mi lado. ¡Que así sea, Señor!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juna Carlos Medina Medina.

6 de diciembre de 2023

ORACIÓN ADVIENTO

Mi espíritu y mi corazón están alerta como los ojos del centinela. Estoy esperando. Te busco, Señor. Estoy en vela. ¡Es adviento! Te busco en la oración y Tú me abres, Señor, como un amigo siempre presente, cuando se llama a la puerta. Te busco en el Evangelio y Tú te acercas, Señor, como un amigo siempre presente, cuando se le pide luz para atravesar la noche.

Te busco en la Eucaristía, con los otros cristianos, y por tu Palabra y tu Pan vienes a mí, Señor, como un amigo siempre dispuesto a ofrecer lo mejor que tiene. Te buscamos cada día y te vemos, Señor, donde se siembra la alegría, donde se elimina la mentira, donde se suprime la injusticia. Para encontrarte, Señor, ¡hay que estar en vela! Tú estás a la puerta y llamas. Llamas al espíritu y al corazón. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

5 de diciembre de 2023

ORACIÓN ADVIENTO

¿Qué me dices, Dios mío, en Adviento? Me dices que me visitas. Tú viniste a habitar entre nosotros y vendrás de nuevo al final de los tiempos. Pero ahora, ahora mismo, estás viniendo. El Adviento es para que aprenda a captar tu presencia en todo, a contemplarte cerca en cualquier situación, a celebrar un Amor que me ama sin medida, a recordar que no puedo salvarme por mí mismo. En Adviento me pides posada, mendigas acogidas. Aquí tienes tu casa, Señor; en este tiempo quiero escuchar y meditar a diario tu Palabra, recibir con más frecuencia la Eucaristía, abrazarte en el hermano más necesitado. Y así aprender lo que debe ser toda la vida. ¡Ven, Señor; ven Salvador!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

14 de diciembre de 2022

DAME, SEÑOR, LA CAPACIDAD DE ABRIRME AL ADVIENTO

*ORACION: ADVIENTO*

Señor, yo quiero acogerte en este adviento, en esa navidad, quiero abrirte las puertas de mi corazón de par en par.

Sabes que mi mayor deseo es trabajar en tu viña, para que la esperanza y el amor de la Navidad lleguen a todos.

Señor, quiero acogerte, pero pocas veces encuentro tiempo, deseo trabajar en tu viña, pero me dedico a otras cosas.

Ayúdame, Señor, a no dejarme llevar por el orgullo, la pereza, el miedo, la prisa, el qué dirán, los compromisos que me fabrico para sentirme importante...

Líbrame de todo lo que me aleja de lo que más quiero y deseo: vivir contigo, acoger tu amor, trabajar a tu lado, en favor de los más débiles, para construir juntos tu Reino.

Señor, que no sea de los primeros en querer y desear y de los últimos en ponerme manos a la obra. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D, Juan Carlos Medina Medina.

28 de noviembre de 2022

¡SEÑOR, DAME LA SABIDURÍA DE DEJARME ENCONTRAR CONTIGO!

*ORACION ADVIENTO*

Tú nos llamas en medio de la vida, nos llamas en cada circunstancia, nos invitas a construir el Arca, como a Noé, ese espacio donde Tú vuelves a iniciarlo todo, vuelves a rehacer la vida con nosotros. Y nos cuesta creerte.

Vivimos superficialmente y deprisa, sometidos por el egoísmo, ese ladrón que nos roba la alegría y nos deja sin ánimo para seguir adelante. No distinguimos al ladrón y para cuando nos damos cuenta ya nos lo ha robado todo.

Tú nos hablas de estar atentos a la vida, donde Tú te haces presente, para mostrarnos el camino de la felicidad.

Tú estás en medio de la vida, como Señor de la Historia, y vienes en cada acontecimiento. Ayúdanos a estar despiertos para reconocerte y recibirte.

Enséñanos a orar, a mantener nuestro espíritu firme en Ti, que eres nuestra Roca firme, que permaneces fiel en medio de los avatares de la vida, que nos salvas en toda situación que nos afecta.

Que nos encontremos contigo en toda circunstancia y en todo momento y sepamos disfrutar de tu presencia y señalarla a cuantos no te encuentran.

Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

11 de diciembre de 2011

ADVIENTO


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Audacia y delicadeza: dos claves para el Adviento



Benedicto XVI - Card. Joseph Ratzinger


El siguiente texto corresponde a una homilía del todavía Cardenal Ratzinger, en la que el actual Papa ensaya una reflexión sobre el Adviento, como espera, que golpea al hombre y le exige a éste audacia: la audacia de ir al encuentro de la misteriosa presencia de Dios.


Desde tiempos remotos la liturgia de la Iglesia ha encabezado el Adviento con un salmo en que el Adviento de Israel, la inconmensurable espera de ese pueblo, halla una expresión condensada: «Hacia ti, Señor, elevo el alma mía, en ti, mi Dios, confío» (Sal 25 [24], 1). Tal vez esta frase nos resulte trillada y gastada, puesto que ya estamos desacostumbrados a las aventuras que llevan a los hombres hacia su propia interioridad. Mientras que nuestros mapas se han hecho cada vez más completos, el interior del hombre se ha convertido cada vez más en terra incógnita, a pesar de que en él habría que hacer descubrimientos aún mayores que en el universo visible.

«Hacia ti, Señor, elevo el alma mía»: el sentido dramático que subyace en este versículo se me ha hecho consciente de manera renovada en estos días al leer el relato que publicara el escritor francés Julien Creen sobre el camino de su conversión a la Iglesia católica. Creen narra que en su juventud se hallaba atrapado por los «placeres de la carne». No tenía convicción religiosa alguna que pudiese haberle servido de contención. Y sin embargo, hay en su experiencia algo notable: de cuando en cuando entraba en una iglesia, impulsado por el anhelo -que él no se admitía a sí mismo- de verse súbitamente liberado. «No hubo milagro alguno», continúa Green, «pero sí, desde la lejanía, el sentimiento de una presencia.» Esa presencia tenía algo cálido y prometedor para él, pero todavía le molestaba la idea de que para su salvación tuviese que pertenecer, por ejemplo, a la Iglesia.

Quería la presencia de lo nuevo, pero la quería sin renuncias, casi como por autodeterminación y sin ninguna imposición. Es así como se encontró con la religiosidad india y esperó encontrar a través de ella un camino mejor. No obstante, no faltó la decepción, e inició su búsqueda en la Biblia. Y con tanta intensidad la llevó a cabo que comenzó a aprender hebreo tutelado por un rabino. Un día le dijo el rabino: «El próximo jueves no vendré, pues es feriado». «¿Feriado?», preguntó Green sorprendido. «Es la fiesta de la Ascensión -¿Tendré que decírselo yo a usted?-», fue la respuesta del rabbi. En ese momento, el joven buscador se sintió alcanzado como por un rayo: era como si sobre él llovieran fragorosas las palabras del profeta. «Yo era Israel», dice Green, «a quien Dios clamaba, suplicante, que regresara a El. Sentía que para mí regía la frase: "Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo,- Israel no conoce, mi pueblo no entiende"» (Is 1,3).

Una experiencia tal de la verdad de la Escritura en nosotros mismos sería el Adviento. Esto es lo que quiere significar el versículo del salmo que nos habla de elevar el corazón, un versículo que puede pasar de moneda desgastada a algo novedoso y grande, en una aventura, si uno comienza a adentrarse en su verdad.

Lo que Julien Green cuenta de su agitada juventud reproduce de una forma asombrosamente precisa la lucha a la que también se ve expuesto nuestro tiempo. Es la obviedad del tráfago de la vida moderna, que por un lado nos parece la forma imprescindible de nuestra libertad, pero que al mismo tiempo sentimos como una esclavitud de la que lo mejor sería que nos librara un milagro -pero ciertamente no el camino de la Iglesia, que ha pasado de moda y no nos parece digno de consideración alguna como alternativa: antes que él cuenta en todo caso el extraño atractivo de religiones exóticas-, Y sin embargo, algo decisivo acontece ya en el hecho de no pisotear el anhelo de liberación y que, de cuando en cuando, ese anhelo pueda ejercer su acción en momentos de silencio vividos en la iglesia. Tal disposición a exponerse a una presencia misteriosa, a aceptar lentamente esa presencia, a dejarla entrar en uno mismo, es lo que hace que se dé el Adviento: una primera luz en medio de la noche, por oscura que sea.

En algún momento se hará pasmosamente claro: sí, yo soy Israel. Yo soy el buey que no conoce a su dueño. Y cuando entonces descendemos, estremecidos, del pedestal de nuestra soberbia, sucede lo que dice el salmista: el corazón se eleva, gana altura, y la presencia oculta de Dios penetra más hondamente en nuestra enmarañada vida. Adviento no es ningún milagro súbito, como prometen los predicadores de la revolución y los mensajeros de nuevos caminos de salvación. Dios actúa para con nosotros de forma muy humana, nos conduce paso a paso y nos espera. Los días del Adviento son como una llamada silenciosa a la puerta de nuestra sepultada alma para que tengamos la audacia de ir al encuentro de la presencia misteriosa de Dios, lo único capaz de liberarnos. 

El texto está extraído de la obra reunida por la Editorial Herder, bajo el título: "El resplandor de Dios en nuestro tiempo. Meditaciones del año litúrgico"

29 de noviembre de 2011

San Gregorio Nacianceno: ¡Qué admirable intercambio!

Abramos nuestro corazón al Espíritu Santo. Las meditaciones de los Santos Padres deben ser nuestro alimento, nos ayuda a comprender los misterios de nuestra fe. Este tiempo de Adviento es tiempo de amor, para crecer en la caridad de Cristo. Hemos de perseverar atentamente a su venida.

Martes, I semana de Adviento;
San Gregorio Nacianceno. Sermón 5,9.22.26.28
¡Qué admirable intercambio!

El Hijo de Dios en persona, Aquel que existe desde toda la eternidad, aquel que es invisible, incomprensible, incorpóreo, principio de principio, Luz de luz, Fuente de vida e inmortalidad expresión del supremo arquetipo, sello inmutable, imagen fidelísima, palabra y pensamiento del Padre, Él mismo viene en ayuda de la criatura, que es su imagen: por amor del hombre se hace hombre, por amor a mi alma se une a un alma intelectual, para purificar a aquellos a quienes se ha hecho semejante, asumien­do todo lo humano, excepto el pecado. Fue concebido en el seno de la Virgen, previamente purificada en su cuerpo y en su alma por el Espíritu (ya que convenía hon­rar el hecho de la generación, destacando al mismo tiem­po la preeminencia de la virginidad); y así, siendo Dios, nació con la naturaleza humana que había asumido, y unió en su persona dos cosas entre sí contrarias, a saber, la carne y el espíritu, de las cuales una confirió la divi­nidad, otra la recibió.

Enriquece a los demás, haciéndose pobre él mismo, ya que acepta la pobreza de mi condición humana para que yo pueda conseguir las riquezas de su divinidad.

Él, que posee en todo la plenitud, se anonada a sí mismo, ya que, por un tiempo, se priva de su gloria, para que yo pueda ser partícipe de su plenitud.

¿Qué son estas riquezas de su bondad? ¿Qué es este misterio en favor mío? Yo recibí la imagen divina, mas no supe conservarla. Ahora él asume mi condición huma­na, para salvar aquella imagen y dar la inmortalidad a esta condición mía; establece con nosotros un segundo consorcio mucho más admirable que el primero.

Convenía que la naturaleza humana fuera santificada mediante la asunción de esta humanidad por Dios; así, superado el tirano por una fuerza superior, el mismo Dios nos concedería de nuevo la liberación y nos llamaría a sí por mediación del Hijo. Todo ello para gloria del Padre, a la cual vemos que subordina siempre el Hijo toda su actuación.
El buen Pastor que dio su vida por las ovejas salió en busca de la oveja descarriada, por los montes y collados donde sacrificábamos a los ídolos; halló a la oveja des­carriada y, una vez hallada, la tomó sobre sus hombros, los mismos que cargaron con la cruz, y la condujo así a la vida celestial.
A aquella primera lámpara, que fue el Precursor, si­gue esta luz clarísima; a la voz, sigue la Palabra; al amigo del esposo, el esposo mismo, que prepara para el Señor un pueblo bien dispuesto, predisponiéndolo para el Espí­ritu con la previa purificación del agua.

Fue necesario que Dios se hiciera hombre y muriera, para que nosotros tuviéramos vida. Hemos muerto con él, para ser purificados; hemos resucitado con él, porque con él hemos muerto; hemos sido glorificados con él, porque con él hemos resucitado.
(L.H. Tomo I, pág. 146-148. 1984)