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14 de enero de 2018
19 de octubre de 2016
AUDIENCIA GENERAL DEL MIÉRCOLES (OBRAS DE MISERICORDIA)
CATEQUESIS DEL PAPA EN ESPAÑOL:
"Queridos hermanos y hermanas :
Como hemos escuchado en la Carta de Santiago, hay situaciones de necesidad entre nosotros que requieren una respuesta inmediata y urgente, como: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento; ambas son obras de misericordia corporales. Es muy dura la experiencia del hambre y la sed, y desgraciadamente es una realidad actual y cercana a nosotros. Cada día encontramos personas que sufren estos males y necesitan nuestra ayuda.
Jesús nos enseña a responder a estas necesidades con su ejemplo, y nos recuerda que «él es el pan de vida» y «quien tenga sed venga mí». Él mandó a sus discípulos que dieran de comer a la multitud, pero ellos sólo tenían cinco panes y dos peces. Jesús pronunció sobre estos la bendición y los partió, y al distribuirlos, todos quedaron saciados. Su ejemplo nos interpela y nos anima a reconocer que cuando damos nuestro poco al hermano necesitado se hace presente la ternura y la misericordia de Dios.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de
España y Latinoamérica. Los invito a salir al encuentro de las necesidades más básicas de los que encuentren a su camino, dando lo poco que tienen. Dios, a su vez, les corresponderá con su gracia y los colmará de una auténtica alegría. Muchas gracias”.
30 de mayo de 2016
AUDIENCIA JUBILAR DEL PAPA FRANCISCO
Si evangelizar es la misión del compromiso de nuestro Bautismo, el servicio es el estilo y la estrategia para cumplirla. No se evangeliza si no se sirve. Es lo que Pablo nos transmite de palabra y vida, y lo que el Santo Padre Francisco nos dice hoy en el jubileo de la Misericordia.
Proclamar la Palabra mi exige cada vez ser más manso y humilde, porque eso es lo que nos propone el Señor. Cada palabra escrita, que brota de mis dedos sobre el teclado, son impulsos al servicio, a la caridad, a la disponibilidad y a la humildad de saberme pobre, pequeño, sencillo, impotente, inocente, ingenuo, e incapaz de parecerme a Él sin su Gracia y acción del Espíritu Santo.
Ese es nuestro camino, nuestra meta, ser manso y humilde como el Señor (Mt 11, 28-30). Ser perfecto como el Padre celestial es perfecto, (Mt 5, 48). Y para vivir en esa actitud y disponibilidad necesitamos permanecer en el Señor, y permanecemos en y con la oración y alimentados del Cuerpo y la Sangre del Señor.
Permanecer para, por su Gracia, estar disponible y entregado a darnos, a olvidarnos de nosotros, como nos dice el Papa, para vivir para el servicio al otro. Saber y asumir que ese es nuestro camino y, en el Espíritu Santo, abandonarnos, para, en sus Manos, tratar de realizarlo. Qué duda cabe que experimentaremos muchos fracasos, muchos fallos y decepciones, pero también la Misericordia de Dios.
Permanecer para, por su Gracia, estar disponible y entregado a darnos, a olvidarnos de nosotros, como nos dice el Papa, para vivir para el servicio al otro. Saber y asumir que ese es nuestro camino y, en el Espíritu Santo, abandonarnos, para, en sus Manos, tratar de realizarlo. Qué duda cabe que experimentaremos muchos fracasos, muchos fallos y decepciones, pero también la Misericordia de Dios.
Gracias, querido Papa Francisco por esta hermosa homilía que nos reconforta, nos llena de esperanza y nos abre el corazón misericordioso de nuestro Padre Dios esperanzados en el esfuerzo de cada día, con y por la acción del Espíritu Santo, de aproximarnos a ser manso y humilde como nuestro Señor.
Salvador Pérez Alayón
JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Plaza de San Pedro
Domingo 29 de mayo de 2016
Domingo 29 de mayo de 2016
«Servidor de Cristo» (Ga 1,10). Hemos escuchado esta expresión, con la que el apóstol Pablo se define cuando escribe a los Gálatas. Al comienzo de la carta, se había presentado como «apóstol» por voluntad del Señor Jesús (cf. Ga 1,1). Ambos términos, apóstol y servidor, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús.
El Señor ha sido el primero que nos lo ha mostrado: él, la Palabra del Padre; él, que nos ha traído la buena noticia (Is 61,1); él, que es en sí mismo la buena noticia (cf. Lc 4,18), se ha hecho nuestro siervo (Flp 2,7), «no ha venido para ser servido, sino para servir» (Mc 10,45). «Se ha hecho diácono de todos», escribía un Padre de la Iglesia (San Policarpo, Ad Phil. V,2). Como ha hecho él, del mismo modo están llamados a actuar sus anunciadores, «llenos de misericordia, celantes, caminando según la caridad del Señor que se hizo siervo de todos» (ibíd.). El discípulo de Jesús no puede caminar por una vía diferente a la del Maestro, sino que, si quiere anunciar, debe imitarlo, como hizo Pablo: aspirar a ser un servidor. Dicho de otro modo, si evangelizar es la misión asignada a cada cristiano en el bautismo, servir es el estilo mediante el cual se vive la misión, el único modo de ser discípulo de Jesús. Su testigo es el que hace como él: el que sirve a los hermanos y a las hermanas, sin cansarse de Cristo humilde, sin cansarse de la vida cristiana que es vida de servicio.
21 de mayo de 2016
AUDIENCIA JUBILAR DEL PAPA FRANCISCO
No merecemos el perdón de Dios, y lo tenemos por su Infinita Misericordia. Si Dios fuera solamente Justo, tendría que condenarnos, porque todos, como el pródigo no merecemos perdón. El mismo hijo sabía que no merecía ser reconocido como hijo, si, acaso, como siervo. Pero la Misericordia de Dios es Infinita y nos perdona, nos sostiene y nos salva.
En esta ocasión, sábado pasado, el Papa Francisco nos ha hablado de la Piedad como una manifestación de la Misericordia de Dios. Y nos sugiere a ser también nosotros piadosos y no indiferentes a las situaciones de los demás, sobre todo la de aquellos que están necesitados de ella. Busquemos luz, en el Espíritu Santo, a través de las palabras que el Papa nos presenta como tema para reflexionar sobre nuestra piedad.
Salvador Pérez Alayón
PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA JUBILAR
Sábado 14 de mayo de 2016
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El día no parece muy bueno [llueve], pero vosotros sois valientes y habéis venido con la lluvia. ¡Gracias!
Esta audiencia se hace en dos lugares: los enfermos están en el aula Pablo VI, a causa de la lluvia, están más cómodos allí y nos siguen con la pantalla gigante; y nosotros, aquí.
Estamos unidos, nosotros y ellos, y os propongo que los saludemos con un aplauso. ¡No es fácil aplaudir con el paraguas en la mano!
Entre los muchos aspectos de la misericordia, hay uno que consiste en sentir piedad o apiadarse de los que necesitan amor. Lapietas —la piedad— es un concepto presente en el mundo greco-romano, donde sin embargo indicaba un acto de sumisión a los superiores: sobre todo la devoción debida a los dioses, después el respeto de los hijos hacia los padres, sobre todo ancianos. Hoy, por el contrario, debemos estar atentos a no identificar la piedad con el pietismo, considerablemente difundido, que es sólo una emoción superficial y ofende la dignidad del otro.








