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19 de noviembre de 2010

NUNCA HAY QUE RESIGNARSE A LA FALTA DE PAZ, A PESAR DE LAS DIFICULTADES

La Asamblea sinodal “ha tenido presente siempre la imagen de la primera comunidad cristiana”

 

En la clausura del Sínodo de los obispos para Oriente Medio.

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 24 de octubre de 2010 (ZENIT.org).-
 
Nunca hay que resignarse a la falta de paz, a pesar de las dificultades, es el mensaje que Benedicto XVI lanzó hoy durante la clausura del Sínodo de los obispos para Oriente Medio.
Esta Asamblea culminó hoy con la celebración de una Misa solemne en la Basílica de San Pedro, ante el Altar de la Confesión. El Papa concelebró con 177 Padres sinodales y 69 colaboradores.
Durante la homilía, el Pontífice quiso lanzar un ulterior mensaje de apoyo a los cristianos de Oriente Medio, “que se encuentran en situaciones difíciles, a veces muy duras, tanto por los problemas materiales como por el desánimo, el estado de tensión y, a veces, el miedo”.
Sin embargo, Benedicto XVI subrayó la importancia de que los cristianos de esta región asuman un papel protagonista en la búsqueda de la paz, superando el miedo y las dificultades.
Estos cristianos, subrayó, “aunque poco numerosos, ellos son portadores de la Buena Nueva del amor de Dios por el hombre, amor que se reveló precisamente en Tierra Santa en la persona de Jesucristo”.
“Esta Palabra de salvación, reforzada con la gracia de los Sacramentos, resuena con particular eficacia en los lugares en los que, por la divina Providencia, fue escrita, y es la única Palabra capaz de romper el círculo vicioso de la venganza, del odio, de la violencia”.
El Papa exhortó a los cristianos de Oriente Medio a “purificar el corazón”, en paz “con Dios y con el prójimo”, para que puedan “nacer propósitos e iniciativas de paz a nivel local, nacional e internacional”.
“A esta obra, a cuya realización está llamada toda la comunidad internacional, los cristianos, ciudadanos de pleno derecho, pueden y deben dar su contribución con el espíritu de las bienaventuranzas, convirtiéndose así en constructores de paz y en apóstoles de reconciliación para el beneficio de toda la sociedad”.
El Papa subrayó la importancia de tener esperanza en que el conflicto que afecta la región podrá resolverse, a pesar de que “desde hace demasiado tiempo en Oriente Medio perduran los conflictos, las guerras, la violencia, el terrorismo”.
“La paz, que es don de Dios, también es el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales, y en particular de los Estados más implicados en la búsqueda de la solución de los conflictos”.
 
“Nunca debemos resignarnos a la falta de paz”, exclamó el Papa.
  “La paz es posible. La paz es urgente. La paz es la condición indispensable para una vida digna de la persona humana y de la sociedad. La paz es también el mejor remedio para evitar la emigración de Oriente Medio”, insistió.
Otra contribución que los cristianos pueden aportar a la sociedad “es la promoción de una auténtica libertad religiosa y de conciencia, uno de los derechos fundamentales de la persona humana que cada Estado debería respetar siempre”.
Actualmente, subrayó el Papa, “en numeroso países de Oriente Medio existe la libertad de culto, pero no pocas veces el espacio de la libertad religiosa es muy limitado”.
“Ampliar este espacio de libertad es una exigencia para garantizar a todos los que pertenecen a las distintas comunidades religiosas la verdadera libertad de vivir y profesar su fe”.
Ante esto, insistió en la importancia del diálogo con los musulmanes, diálogo “cuya urgencia y utilidad ha sido ratificada por los Padres sinodales”.
En este sentido, insistió en la importancia de rezar por la paz en Tierra Santa y en Oriente Medio, “esforzándonos para que este don de Dios ofrecido a los hombres de buena voluntad se difunda por el mundo entero”.
“La Palabra de Dios hoy nos ofrece también una luz de esperanza consoladora, allí donde presenta la oración, personificada, que no desiste hasta que el Altísimo le atiende, juzga a los justos y les hace justicia”.
El grito del pobre y del oprimido “encuentra inmediato eco en Dios, que quiere intervenir para abrir una vía de salida, para restituir un futuro de liberad, un horizonte de esperanza”, concluyó.

16 de octubre de 2010

Benedicto XVI advierte que los nuevos dioses e ideologías caerán como en el Apocalipsis






Benedicto XVI comparó este lunes la escalofriante lucha
 de la "Mujer revestida del sol", contra 

el "enorme Dragón rojo como el fuego",
narrada por el Apocalipsis, a la batalla que hoy se libra
contra las ideologías y poderes, incluso contra
los "capitales anónimos que esclavizan al hombre".




El pontífice intervino en la primera sesión de trabajo 
del Sínodo de los Obispos de Oriente Medio ofreciendo 
una impresionante meditación sobre la historia, 
a la luz del capítulo 12 del último libro de la Biblia cristiana.

En la visión bíblica, "el Dragón se puso delante
de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo
en cuanto naciera", explica el versículo 4.
"La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir
a todas las naciones con un cetro de hierro.
Pero el hijo fue elevado hasta Dios
y hasta su trono", dice la Escritura.

"Aquí el misterio mariano es el misterio de Belén 
extendido al misterio cósmico --explicó el Papa 
a los patriarcas, cardenales y obispos 
congregados de todos los países de Oriente Medio--. 
Cristo nace siempre de nuevo en todas las generaciones 
y así asume, reúne a la humanidad en sí mismo. 
Y este nacimiento cósmico se realiza en el grito de la Cruz, 
en el dolor de la Pasión. Y a este grito de la Cruz 
 pertenece la sangre de los mártires". La caída de los dioses

El pasaje bíblico continúa en el versículo 9 
con la famosa "caída de los dioses". Como dice la escritura, 
"el enorme Dragón, la antigua Serpiente, 
llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero 
fue arrojado sobre la tierra".

"Este proceso que se realiza en el largo camino
de la fe de Israel, y que se resume aquí en una visión única,
es un verdadero proceso de la historia de las religiones:
la caída de los dioses", añadió, hablando en el Aula del Sínodo,
en la primera congregación de la asamblea especial
para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos.

"Y así la transformación del mundo,
el conocimiento del verdadero Dios,
la pérdida de poder de las fuerzas que dominan la tierra,
es un proceso de dolor", añadió.
"Esta caída no es sólo el conocimiento
de que éstas no son Dios; es el proceso de transformación
del mundo, que cuesta sangre, cuesta el sufrimiento
de los testigos de Cristo. Y, si miramos bien,
vemos que este proceso nunca ha terminado".

"Se realiza en los diversos periodos de la historia
de formas siempre nuevas; también hoy, en este momento,
en el que Cristo, el único Hijo de Dios, debe nacer
para el mundo con la caída de los dioses,
con el dolor, el martirio de los testigos".

El pontífice hizo referencia a " las grandes potencias
de la historia de hoy", y más en concreto,
a "los capitales anónimos que esclavizan al hombre,
que ya no son cosa del hombre, sino un poder anónimo
al que sirven los hombres, por el que los hombres
son atormentados e incluso asesinados.
Son un poder destructivo, que amenaza al mundo".
Luego mencionó " el poder de las ideologías terroristas.
Aparentemente en nombre de Dios
se hace violencia, pero no es Dios: son divinidades falsas
que deben ser desenmascaradas, que no son Dios.".
Entre los dioses caídos denunció también "la droga",
"este poder que como una bestia voraz extiende las manos
sobre todos los lugares de la tierra y destruye:
es una divinidad, pero una divinidad falsa, que debe caer".

Por último denunció también " la forma de vivir
propagada por la opinión pública: hoy se hace así,
el matrimonio ya no cuenta, la castidad ya no es una virtud, etc.".
"Estas ideologías que dominan, que se imponen con fuerza, 
son divinidades --aseguró el obispo de Roma--. 
Y en el dolor de los santos, en el dolor de los creyentes, 
de la Madre Iglesia de la cual somos parte, 
deben caer estas divinidades". La fe de los sencillos

En el versículo 15 de ese capítulo del Apocalipsis 
puede leerse que el dragón vomita detrás de la Mujer 
como un río de agua, para que la arrastrara. 
"Pero la tierra vino en ayuda de la Mujer: 
abrió su boca y se tragó el río que el Dragón había vomitado".

El Papa interpretó este río como
las "corrientes que dominan a todos
y que quieren hacer desaparecer la fe de la Iglesia,
la cual ya no parece tener sitio ante la fuerza de estas
corrientes que se imponen como la única racionalidad,
como la única forma de vivir".

"Y la tierra que absorbe estas corrientes
es la fe de los sencillos, que no se deja arrastrar
por estos ríos y salva a la Madre y al Hijo", añadió.
"Esta auténtica sabiduría de la fe sencilla,
que no se deja devorar por las aguas, es la fuerza de la Iglesia.
Y volvemos otra vez al misterio mariano.".

"Vacilan los fundamentos externos
porque vacilan los fundamentos interiores,
los fundamentos morales y religiosos,
la fe de la que sigue el modo recto de vivir.
Y sabemos que la fe es el fundamento,
y, en definitiva, los fundamentos de la tierra no pueden vacilar
si permanece firme la fe,
la verdadera sabiduría", dijo al concluir su meditación.