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14 de abril de 2025

XIII ESTACIÓN. EL DESCENDIMIENTO

Vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana. (Marcos 15,43 y 46)

Yacías abandonado en los brazos de aquella que te había envuelto en pañales recién nacido, y te había custodiado en el silencio del corazón. Ahora te contemplaba para decirte todavía palabras de amor… En su corazón de Madre la espera lacerante era abandono y paz confiada en la fidelidad de la promesa divina. La Madre del sábado santo llenaba de fe la noche de la espera. Con ella cerca, nuestro dolor es alcanzado por la promesa de que la vida vencerá a la muerte y se convertirá en el misterioso amanecer del octavo día. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

23 de marzo de 2024

XIII Estación: María junto a la cruz

Señora de la soledad, madre del silencio, mujer fuerte en la debilidad, capaz por tu amor de estar junto a las cruces de todos tus hijos. Acogiste entre tus brazos a la vida inmolada y la ofreciste al Padre, a él, que un día te pidió permiso  para que su Hijo se hiciese carne en tus entrañas.  

Lloras, Dolorosa, con todas las madres del mundo que trajeron y traen a sus hijos entre los brazos, muertos. Y tú acoges y abres tu corazón con una espada de dolor, para ser madre entrañable a todos nuestros dramas y disputas, sembrando amor en tantas guerras, alegría de esperanza en todos los calvarios de la humanidad, donde con tu presencia alienta a los hombres en este valle de lágrimas. Señor del dolor junto a la cruz, mujer de vida hasta el final, acógenos en tu seno maternal y haznos ser amigos-hermanos de Jesús.  

Señor del dolor, acéptanos, vivimos salpicados de dolor.  Enséñanos el gozo con la cruz, amor que se hace entrega con Jesús. Mujer que aceptas ser madre,  mujer que amas siempre hasta el final. Señora, madre nuestra, acógenos, pues estamos necesitados de tu amor. María, madre buena, en sencillez tu seno se dilata y das a luz a todos los que queremos hoy seguir  a Jesús en el camino de la cruz. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.