14 de octubre de 2010

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13 de octubre de 2010

Un mundo cansado y hambriento te está esperando

Como últimamente, he dejado de escribir en mi blog, por razones que ahora no vienen al caso. He considerado, que hay otros recursos en la web, que pueden ser útiles para nosotros, y que mientras reflexiono puedo ir poniéndolos aquí.

De momento os pongo esta versión del vídeo "The Way" que interpretan varios jóvenes seminaristas, con la finalidad de dar a conocer que el mejor camino es seguir a Cristo. El vídeo lo encontré en el blog "abrazados a la VERDAD". Hace tiempo que lo encontré, y me encanta escucharlo siempre que puedo.

P.D.: Está subtitulado. La letra es preciosa.

¡Un abrazo a todos!

Podéis ver el vídeo en este enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=Lftd27HH2Zc

12 de octubre de 2010

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA JORNADA DE LAS MISIONES 2010


La construcción de la comunión eclesial es la clave de la misión
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Misiones 2010
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Misiones 2010
Queridos hermanos y hermanas:

El mes de octubre, con la celebración de la Jornada mundial de las misiones, ofrece a las comunidades diocesanas y parroquiales, a los institutos de vida consagrada, a los movimientos eclesiales y a todo el pueblo de Dios, la ocasión para renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y dar a las actividades pastorales una dimensión misionera más amplia. Esta cita anual nos invita a vivir intensamente los itinerarios litúrgicos y catequéticos, caritativos y culturales, mediante los cuales Jesucristo nos convoca a la mesa de su Palabra y de la Eucaristía, para gustar el don de su presencia, formarnos en su escuela y vivir cada vez más conscientemente unidos a él, Maestro y Señor. Él mismo nos dice: "El que me ame, será amado de mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él" (Jn 14, 21). Sólo a partir de este encuentro con el Amor de Dios, que cambia la existencia, podemos vivir en comunión con él y entre nosotros, y ofrecer a los hermanos un testimonio creíble, dando razón de nuestra esperanza (cf. 1 P 3, 15). Una fe adulta, capaz de abandonarse totalmente a Dios con actitud filial, alimentada por la oración, por la meditación de la Palabra de Dios y por el estudio de las verdades de fe, es condición para poder promover un humanismo nuevo, fundado en el Evangelio de Jesús.

En octubre, además, en muchos países se reanudan las diversas actividades eclesiales tras la pausa del verano, y la Iglesia nos invita a aprender de María, mediante el rezo del santo rosario, a contemplar el proyecto de amor del Padre sobre la humanidad, para amarla como él la ama. ¿No es este también el sentido de la misión?

El Padre, en efecto, nos llama a ser hijos amados en su Hijo, el Amado, y a reconocernos todos hermanos en él, don de salvación para la humanidad dividida por la discordia y por el pecado, y revelador del verdadero rostro del Dios que "tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16).

"Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21) es la petición que, en el Evangelio de san Juan, algunos griegos, llegados a Jerusalén para la peregrinación pascual, presentan al apóstol Felipe. Esa misma petición resuena también en nuestro corazón durante este mes de octubre, que nos recuerda cómo el compromiso y la tarea del anuncio evangélico compete a toda la Iglesia, "misionera por naturaleza" (Ad gentes, 2), y nos invita a hacernos promotores de la novedad de vida, hecha de relaciones auténticas, en comunidades fundadas en el Evangelio. En una sociedad multiétnica que experimenta cada vez más formas de soledad y de indiferencia preocupantes, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a ser hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia y, sin falsas ilusiones o miedos inútiles, comprometerse a hacer del planeta la casa de todos los pueblos.

Como los peregrinos griegos de hace dos mil años, también los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre de modo consciente, piden a los creyentes no sólo que "hablen" de Jesús, sino que también "hagan ver" a Jesús, que hagan resplandecer el rostro del Redentor en todos los rincones de la tierra ante las generaciones del nuevo milenio y, especialmente, ante los jóvenes de todos los continentes, destinatarios privilegiados y sujetos del anuncio evangélico. Estos deben percibir que los cristianos llevan la palabra de Cristo porque él es la Verdad, porque han encontrado en él el sentido, la verdad para su vida.

Estas consideraciones remiten al mandato misionero que han recibido todos los bautizados y la Iglesia entera, pero que no puede realizarse de manera creíble sin una profunda conversión personal, comunitaria y pastoral. De hecho, la conciencia de la llamada a anunciar el Evangelio estimula no sólo a cada uno de los fieles, sino también a todas las comunidades diocesanas y parroquiales a una renovación integral y a abrirse cada vez más a la cooperación misionera entre las Iglesias, para promover el anuncio del Evangelio en el corazón de toda persona, de todos los pueblos, culturas, razas, nacionalidades, en todas las latitudes. Esta conciencia se alimenta a través de la obra de sacerdotes fidei donum, de consagrados, catequistas, laicos misioneros, en una búsqueda constante de promover la comunión eclesial, de modo que también el fenómeno de la "interculturalidad" pueda integrarse en un modelo de unidad en el que el Evangelio sea fermento de libertad y de progreso, fuente de fraternidad, de humildad y de paz (cf. Ad gentes, 8). La Iglesia, de hecho, "es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen gentium, 1).

La comunión eclesial nace del encuentro con el Hijo de Dios, Jesucristo, que en el anuncio de la Iglesia llega a los hombres y crea la comunión con él mismo y, por tanto, con el Padre y el Espíritu Santo (cf. 1 Jn 1, 3). Cristo establece la nueva relación entre Dios y el hombre. "Él mismo nos revela que "Dios es amor" (1 Jn 4, 8) y al mismo tiempo nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana, y por ello de la transformación del mundo, es el mandamiento nuevo del amor. Así pues, a los que creen en la caridad divina, les da la certeza de que el camino del amor está abierto a todos los hombres y de que no es inútil el esfuerzo por instaurar la fraternidad universal" (Gaudium et spes, 38).

La Iglesia se convierte en "comunión" a partir de la Eucaristía, en la que Cristo, presente en el pan y en el vino, con su sacrificio de amor edifica a la Iglesia como su cuerpo, uniéndonos al Dios uno y trino y entre nosotros (cf. 1 Co 10, 16 ss). En la exhortación apostólica Sacramentum caritatis escribí: "No podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. Este amor exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en él" (n. 84). Por esta razón la Eucaristía no sólo es fuente y culmen de la vida de la Iglesia, sino también de su misión: "Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera" (ib.), capaz de llevar a todos a la comunión con Dios, anunciando con convicción: "Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros" (1 Jn 1, 3).

Queridos hermanos, en esta Jornada mundial de las misiones, en la que la mirada del corazón se dilata por los inmensos ámbitos de la misión, sintámonos todos protagonistas del compromiso de la Iglesia de anunciar el Evangelio. El impulso misionero siempre ha sido signo de vitalidad para nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2) y su cooperación es testimonio singular de unidad, de fraternidad y de solidaridad, que hace creíbles anunciadores del Amor que salva.

Renuevo a todos, por tanto, la invitación a la oración y, a pesar de las dificultades económicas, al compromiso de ayuda fraterna y concreta para sostener a las Iglesias jóvenes. Este gesto de amor y de compartir, que el valioso servicio de las Obras misionales pontificias, a las que expreso mi gratitud, proveerá a distribuir, sostendrá la formación de sacerdotes, seminaristas y catequistas en las tierras de misión más lejanas y animará a las comunidades eclesiales jóvenes.

Al concluir el mensaje anual para la Jornada mundial de las misiones, deseo expresar con particular afecto mi agradecimiento a los misioneros y a las misioneras, que dan testimonio en los lugares más lejanos y difíciles, a menudo también con la vida, de la llegada del reino de Dios. A ellos, que representan las vanguardias del anuncio del Evangelio, se dirige la amistad, la cercanía y el apoyo de todos los creyentes. "Dios, (que) ama a quien da con alegría" (2 Co 9, 7), los colme de fervor espiritual y de profunda alegría.

Como el "sí" de María, toda respuesta generosa de la comunidad eclesial a la invitación divina al amor a los hermanos suscitará una nueva maternidad apostólica y eclesial (cf. Ga 4, 4. 19.26), que dejándose sorprender por el misterio de Dios amor, el cual "al llegar la plenitud de los tiempos, envió (...) a su Hijo, nacido de mujer" (Ga 4, 4), dará confianza y audacia a nuevos apóstoles. Esta respuesta hará a todos los creyentes capaces de estar "alegres en la esperanza" (Rm 12, 12) al realizar el proyecto de Dios, que quiere "que todo el género humano forme un único pueblo de Dios, se una en un único cuerpo de Cristo, se coedifique en un único templo del Espíritu Santo" (Ad gentes, 7).

Vaticano, 6 de febrero de 2010

BENEDICTUS PP. XVI

11 de octubre de 2010

Anecdotario de un amigo (10)


El Papa hacia dentro es un hombre complicado, de muchas facetas, pero hacia fuera es un Papa sencillo, comparable en sencillez a Juan XXIII, por ejemplo. Por eso puede ser amigo nuestro y de todos los cristianos, sean de la edad que sean.

Si hubiera que definir el rasgo de su pontificado, quizás fuera este, la sencillez personal y la sencillez doctrinal.

Cuando se habla de los intelectuales alemanes se piensa en enormes volúmenes escritos y en grandes cantidades de café para no dormirse leyéndolos; se piensa en Hegel, en Kant, en Heidegger...., en razones puras, imperativos categóricos, en ser-ahí...

Y Benedicto podría ser como ellos; se ha leído todos esos libros, los ha asimilado completamente y podría mostrarse a los demás tan ininteligible como ellos, pero no ha querido ser complicado sino sencillo.

La misma férrea voluntad que ha puesto en sus estudios, la ha puesto luego en hacer accesible al pensamiento común ese saber que atesora, en hacer comprensible a todos el deposito de la fe que custodia.

Sencillez no quiere decir, falta de profundidad, al contrario, sino ir a lo esencial, al núcleo.

Recientemente, con motivo de la publicación de su biografía de Cristo, “Jesús de Nazaret”, el Papa citaba en el prefacio a un autor desconocido, olvidado por los estudiosos, Franz Michel Willam, sacerdote y teólogo autor de una vida de Cristo allá por los años 30. Los especialistas se extrañaron de que Benedicto citara a tal autor, pero uno de ellos, fue más allá e investigó la relación de Ratzinger con Franz Michel Wilam y descubrió algo sorprendente: ambos, aunque se llevaban 30 años de diferencia, tuvieron amistad y se habían carteado y de la correspondencia se deducía una sintonía espiritual que consistía en que los dos tenían en común la convicción de que el secreto de la gran teología cristiana – la que sabe hablar no sólo a los doctos – es “la simplicidad”, y “la mirada clara de lo esencial”. Dicho en palabras de Ratzinger: “existe la simplicidad de la comodidad, que es la simplicidad de la imprecisión, una falta de riqueza, de vida y de plenitud. Y existe la simplicidad del origen, que es la verdadera riqueza. Renovación es simplicidad, no en el sentido de una selección o reducción, sino de una simplificación en el sentido de un hacerse-simple, del moverse hacia la verdadera simplicidad que es el misterio de lo existente”.

Ambos, Wiliam y Ratzinger, en sus libros y en sus vidas, eran ejemplo de esta simplicidad que es capaz de renovar la Iglesia.

William no era un mero teórico que elabora su pensamiento independientemente de los acontecimientos concretos alejándose por ello progresivamente de la realidad. No escribe sólo para un círculo de especialistas. Su urgencia es la formación religiosa del pueblo. Esta urgencia deriva de su particular amor y de su particular cercanía al hombre simple; le resultó unir un espíritu lúcido a un lenguaje lineal y comprensible.

Un biógrafo del Papa Benedicto XVI ha escrito: “La simplicidad le pertenece. Una indiferencia altiva no ha sido jamás su característica, por más que los problemas teológicos afrontados fueran complejos”.

El fruto de la simplicidad es la mirada clara sobre lo esencial. Y precisamente William compartía esto con Ratzinger, quien citándolo en el prefacio de “Jesús de Nazaret” con justicia lo salva del olvido. Porque la sencillez puede ser ocultada por espesas capas de complejidad, pero al final siempre sale a la luz.

Gracias Santo Padre por acercarte cada vez más a nosotros con tu doctrina y con tu persona. Ojalá sepamos ser, como tú, simples de espíritu para ser siempre bienaventurados entre nuestros hermanos.

10 de octubre de 2010

El escarnio es un delito

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El Papa Benedicto XVI ha señalado la importancia de las nuevas tecnologías en el mundo de la comunicación. Junto a sus aspectos positivos, ha puesto de relieve también el riesgo de que la imagen sustituya a la palabra. La palabra es fundamental por muchas razones, entre las que destaca la siguiente: “la Palabra de Dios ha llegado a los hombres y nos ha sido entregada también a través de un libro, la Biblia”, por tanto, “La palabra sigue siendo el instrumento fundamental y, en un cierto sentido, constitutivo de la comunicación”. 


http://revistaecclesia.com/content/view/20731/61/



Quizá una confirmación de las palabras del Papa podemos encontrarla en esta entrevista a unos estudiantes de Valladolid que han presentado una demanda judicial al Rector de la Universidad por haber acogido en sus aulas un acto en el que se ha producido el delito de escarnio de nuestra fe católica. La imagen del Papa ha sido ridiculizada en público y en un lugar que debería ser vocacionalmente respetuoso con todas las creencias. 


Una vez más el colectivo ateo militante hace gala de su absoluta falta de respeto hacia la libertad religiosa. Espero que la demanda prospere y que se condene a quienes han cometido este delito y a sus cómplices. El comentario del experto jurista al final del vídeo es muy bueno.


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