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23 de junio de 2017

PARÁBOLAS DE MISERICORDIA


De entrada hay que decir que el hecho de que Jesús hable en parábolas ya denota por sí la misericordia de Dios hecho hombre, que se abaja a nuestra condición, y nos habla tal como nosotros hablamos, se explica para que le entendamos. Y se le entiende. 


La Parábola del Hijo Pródigo debiera ser llamada con mucha más frecuencia La Parábola del Padre que ama y perdona. Porque lo que muestra de manera excelsa, a modo de cuadro escénico, es la Misericordia del Padre, siempre dispuesto a perdonar todo. 

“Siempre” y “todo” los podemos considerar sinónimos. Si se perdona todo, se perdona siempre y si se perdona siempre, se perdona todo.

La Parábola también nos muestra la falta de misericordia de los hijos. Del pequeño cuando “decide” que su padre está muerto (las herencias solo se reciben de los muertos). Del mayor porque no quiere perdonar a su hermano, rechaza la invitación a ser misericordioso como el Padre.

La Parábola del Buen Samaritano nos muestra como hacer efectiva esa misericordia. No basta con tener buenas intenciones que se quedan en eso, ni basta con lamentarse de lo mal que está todo y sentir lástima por aquellos a los que les va mal… esas actitudes no son cristianas.

Jesús no formuló un “Tuve hambre y te dio lastima de mí”, “Tuve sed y apagaste la televisión porque no resistías ver mi sufrimiento”, “Fui forastero y me dijiste que una lógica prudencia no te permitía abrirme la frontera y darme acogida”… 

Jesús, qué es el Buen Samaritano, mira con ojos de misericordia y esa mirada la hace efectiva: se acerca, baja de la seguridad de su cabalgadura y se entrega al necesitado. ¿Acaso no es lo que hizo por cada uno de nosotros haciéndose hombre y aceptando por nosotros la Cruz?

La Parábola del Rico Epulón y el Pobre Lázaro nos quiere hacer pensar sibre las consecuencias de nuestra falta de misericordia. Si se nos ha advertido que el Juicio será sobre nuestro amor, bondad y misericordia (Mateo 25), no nos ha de extrañar que el Evangelio muestre una enorme gravedad en nuestras graves omisiones. 

La Parábola de la Oveja Perdida, o quizá de la oveja descarriada, presenta el amor (y perdón) del Buen Pastor que no se conforma con ninguna perdida disimulada en una fría estadística favorable. Como decía el Cardenal Van Thuan, “Dios no sabe de matemáticas”, Él ama y ama.

QUIQUE FERNÁNDEZ

23 de noviembre de 2016

DOS FRAGMENTOS DEL LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS


En el libro del profeta Isaías encontramos, en su inicio y casi al final, dos textos que nos iluminan de una manera concreta y práctica, de cual es la Misericordia que Dios quiere.
El primero de ellos está en el primer capítulo. Dios, por medio de Isaías, sorprende diciendo “estoy harto de holocaustos… no quiero más sangre”.
Pero… ¿qué no era eso lo que Dios quería? 
Y Dios sigue “no me traigáis vanas ofrendas”.
Entonces… ¿Qué es lo que Dios quiere?
Él mismo responde:
“¡aprended a hacer el bien… socorred al oprimido!
Como si de un texto paralelo se tratara, aquello que en el cap. 1 ocurre con el culto en el cap. 58 sucede con el ayuno.
Dios lanza una grave acusación respecto de un ayuno revestido de religiosidad y respetabilidad pero que es falso: “el mismo día en que ayunáis, maltratáis a vuestros criados”.
Y pregunta: “¿Es este acaso el ayuno que yo amo?”.
Y nos podemos volver a preguntar: ¿Cómo es que Dios no está contento? ¿Qué quiere Dios?
Y Él vuelve a contestar:
“Este es el ayuno que yo amo: soltar las cadenas injustas, dejar en libertad a los oprimidos, compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo” .
¡Vaya, si está hablando de las obras de Misericordia!
Bien concreto y bien práctico, sin quedarse en simples teorías, en falsos cultos y ayunos.
Con esta entrada acaba la serie de artículos sobre la Misericordia en el Antiguo Testamento. Pero seguimos... A partir de la próxima entrada de este curso trataremos de la Misericordia en los Evangelios
Y muy pronto la primera entrada del curso sobre el Ministerio Petrino que ya anunciamos en una entrada anterior
QUIQUE FERNÁNDEZ

1 de noviembre de 2016

JONÁS SE RESISTE A LA MISERICORDIA (CURSO DE LA MISERICORDIA 012)


Como ocurre en el pasaje bíblico del “casi” sacrificio de Isaac, en el que el cuchillo, a veces, tapa y no permite ver el brazo del ángel de Dios deteniendo a Abraham, también en el caso de Jonás y su libro, la ballena es tan acaparadora que parece que todo el libro sea eso y solo eso.

Jonás es llamado por Dios a predicar la conversión de los habitantes de Nínive. Y él, considerándolo “misión imposible”, se embarca en dirección contraria. Es decir, no cree que las fuerzas de Dios, su gracia, sea suficiente para obrar. O peor aún, ha contado solo con sus fuerzas y no con las de Dios. Algo similar a lo que aconteció con los discípulos ante la multitud hambrienta. No veían posible alimentar a todos. También ellos hicieron cálculos matemáticos al margen de la gracia multiplicadora de Dios.

Ya sabemos que el viaje de Jonás será tortuoso. Él es un profeta que huye de su vocación. Le depara el trayecto tormenta, incomprensiones, ser lanzado al mar, la enorme ballena que se lo traga y lo devuelve al tercer día (prefiguración de la Resurreción de Jesús)…

La historia nos narra que Jonás fue finalmente a Nínive, que predicó y que su predicación en nombre de Dios movió los corazones de los ninivitas hasta la conversión.

Pero… a Jonás todavía le quedaba por hacer trayecto en su conversión personal: se queja ante Dios de que este perdone fácilmente a los ninivitas. Hay en este cuadro mucho que nos recuerda al hijo mayor de la Parábola del Padre que ama y perdona (Parábola del Hijo Pródigo) o también a los diálogos entre Jesús y los fariseos. 

Todos ellos -Jonás, el hijo mayor, los fariseos– se resisten a la misericordia de Dios hacia los demás. Se olvidan de todas las veces en que han sido ellos los perdonados. En el caso de Jonás se nos presenta tan evidente: recibe de Dios una nueva oportunidad (tras su huida) y, en cambio, no acepta que Dios se la conceda a los ninivitas.

Nos podemos y debemos preguntar sobre nuestra resistencia respecto de la misericordia de Dios con los demás: la famosa frase “eso no tiene perdón de Dios” no tiene nada de cristiana. Que no nos pase como a Jonás , que huía de ser profeta de Dios y en cambio usurpaba el lugar de juez de Dios. El perdón de Dios al hermano siempre ha de causarnos alegría.

QUIQUE FERNÁNDEZ

13 de septiembre de 2016

DAR DE BEBER AL SEDIENTO

“Pidamos al Señor hoy la gracia de conocer bien qué cosa sucede en nuestro corazón, qué cosa nos gusta hacer, es decir, lo que a mí me toca más: si el espíritu de Dios, que me lleva al servicio de los demás, o el espíritu del mundo que gira en torno a mí mismo, a mis cerrazones, a mis egoísmos, a tantas otras cosas… Pidamos la gracia de conocer qué cosa sucede en nuestro corazón”.Papa Francisco.

23 de agosto de 2016

AMORIS LAETITIA: ACUSE DE RECIBO

Cuando se envía una carta y se desea tener constancia de que ha sido recibida se contrata un sencillo servicio adicional llamado “acuse de recibo”. Pero para que realmente esa comunicación epistolar llegue a ser eficaz se han de cumplir premisas tan básicas como el que la compañía postal cree los cauces necesarios que garanticen que la misiva llegará a su destinatario, que el destinatario esté dispuesto a quedarse con la carta y firmar conforme la recibió y, por último, muy obvio pero no por ello menos importante, que abra y lea la carta.
¿A qué viene esta breve y, en apariencia, innecesaria introducción? Los que nos dedicamos a la difusión de la Biblia, a la animación pastoral con la Palabra de Dios, solemos repetir no sé si demasiadas veces que la Biblia es un conjunto de cartas que Dios nos ha escrito pero que requiere que la abramos y leamos. Esta nueva obviedad (que no lo debe ser tanto si tenemos en cuenta lo poco que se abre y lee) también se puede aplicar, por ejemplo, a las cartas que en forma de encíclica o exhortación nos escribe el Papa.
La última de ellas, una exhortación apóstolica postsinodal del Papa Francisco, lleva el título de Amoris Laetitia (La Alegría del Amor) y trata sobre la familia. De alguna manera podemos decir que esta propuesta toma el testigo que dejó Juan Pablo II con Familiaris Consortio. También aquella exhortación fue fruto de la reflexión postsinodal. Pero es evidente, y no podía ser de otra manera, que la diferencia de treintaycinco años nos deje como resultado que la realidad familiar de entonces y de ahora no sea la misma. Mucho, muchísimo ha cambiado desde entonces.
Pues bien, de primeras hemos de decir que no vale desdeñar la reflexión del Papa Francisco aduciendo que sobre ello ya escribió Juan Pablo II. Desde esa perspectiva reduccionista, ningún papa podría tratar un tema anteriormente tratado por otro papa. Simplemente es ridículo no aceptar, abrir y leer la carta Amoris Laetitia porque ya exista Familiaris Consortio.
Pero a lo que vamos… Para que la comunicación sea realmente efectiva se ha de evitar la confusión sobre a quién va dirigida la carta. Sí, ya sé que es evidente que una exhortación apostólica está escrita para todos. Pero también me doy cuenta que ha existido una cierta distorsión sobre los singulares destinatarios del famoso capítulo 8.
Muchos han pensado y opinado que el Papa pretendía tratar sobre las hasta ahora llamadas “familias irregulares”: Sobre quienes hacen mal, sobre qué es lo que hacen mal, sobre si porque hacen mal no pueden comulgar…

Eso es confundir el destinatario y hacer imposible la comunicación. Porque si leemos bien (incluso podríamos decir que bastaría simplemente con leer, ya que muchas opiniones se hacen a partir de rumores y titulares de prensa), pus bien si leemos ese capítulo 8 nos daremos cuenta que de lo que trata es de cómo ha de reaccionar la comunidad eclesial ante lo que el Papa, en lugar de “en situación irregular”, llama “fragilidad”.
Es decir, que ese “acompañar, discernir e integrar” del título del capítulo va por nosotros. Dejemos de fijarnos en cómo se comportan los que están sumidos en situación de fragilidad, muchas veces sobrevenida sin necesidad de que existan culpables, y pasemos a examinar cómo acompañamos e integramos a nuestros hermanos.

En fin, se trata de que hemos recibido una carta, una comunicación, que requiere aceptarla, leerla y, sobre todo, darle “acuse de recibo”. Reconocer que todo esto también va conmigo. Y el que esté de pie, mire no caiga. O mejor dicho, el que crea estar de pie mire si no está pisando a su hermano necesitado de comprensión, misericordia y perdón. 
Si hacemos memoria podremos recordar al típico niño repelente, sabelotodo, de la clase que no solo quería tener la mejor nota, sino que además necesitaba que a los demás no le diesen esas buenas notas. Vendría a ser como el famoso hijo mayor de la parábola, que más que muy bueno, pretendía parecerlo en el contraste con su hermano pequeño. O Jonás, que no aceptaba que Dios fuese compasivo con los habitantes arrepentidos de Nínive.

El Papa nos está llamando a no ser repelentes y darnos por enterados que mi falta de misericordia es peor que la fragilidad de mis hermanos. A buen entendedor…

16 de agosto de 2016

MISERICORDIA Y PERDÓN: SEGUNDAS OPORTUNIDADES


Moisés, el patriarca y liberador, no fue profeta en su tierra, o mejor dicho entre su pueblo. Acaba de liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto y el pueblo le echa en cara una y otra vez las dificultades del camino, un camino que es desierto. Tanto es el desagradecimiento del pueblo a Dios y a Moisés que llegan a decir:
"¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahveh en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta hartarnos! Vosotros nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea." (Ex 16, 13)
Aún peor será la rebeldía e infidelidad a Dios ante la impaciencia por la tardanza de Moisés en el Sinaí. Se harán su propio “dios”, el becerro de oro, y darán vía libre a sus apetencias más egoístas.
Pero tanto en el desierto como en el Sinaí Dios va a mostrar que cuando dijo que liberaría a su pueblo, se refería tanto a la liberación del opresor externo como a la esclavitud del egoísmo. Y Dios va a tener mucha, mucha, mucha paciencia con un pueblo “quejica”, desagradecido, rebelde, infiel. Lo va a hacer con mucha paciencia y con mucha misericordia, otorgándoles una oportunidad detrás de otra.
Quizá el culmen de esta misericordia se visualiza en perdonar la idolatría del becerro de oro y volver a conceder por segunda vez sus “Diez palabras” de felicidad y salvación. Pensemos que el pecado del becerro de oro es mucho más de lo que se ve. El gran pecado no es otorgarle una importancia cultual desmedida al becerro. No, el pecado más grande no está en el becerro mismo. El pecado más grave es el abandono que se hace de Dios, el empujón que se le da para que salga de sus vidas. Así, lo más grave no será el desenfreno sino la desesperanza que lleva a la traición y la traición que lleva a la desesperanza. Y por tanto, el pecado más grave que Dios perdonará generoso desde su misericordia es un pecado contra el mismo Dios.
Este capítulo de la historia de la salvación me recuerda a otro muy conocido y proclamado hace bien poco. Al igual que con la liberación de Egipto, también en la entrada de Jesús a Jerusalén se desbordó la alegría. Una multitud clamando “Hosanna”. Pero de esa alegría, en pocos días, pasamos a momentos tristes y difíciles. Han prendido a Jesús, Pilato pregunta y muchos gritan “crucifícale”.
En algunas meditaciones se cuestiona como los que decían “Hosanna” pueden al poco decir “crucifícale”. Yo nunca he pensado que fuesen los mismos. En Jerusalén, en Pascua, había gente suficiente para lo uno y para lo otro. Lo que yo sí me pregunto es dónde estaban los primeros, los del “Hosanna” cuando los segundos gritaban “crucifícale”. ¿Dónde estaban? Seguramente les pasó lo mismo que en el desierto y el Sinaí. La desesperanza les llevó a la traición del abandono.
Y también en esta ocasión Dios va a perdonar lleno de misericordia ese abandono. Lo va a hacer por todo lo grande. Si en Sinaí volvió a regalar sus “Diez palabras”, aquí la segunda oportunidad será su Palabra resucitada. Jesús, el Hijo de Dios, que ha sido abandonado en el pretorio, vuelve a la vida y da una segunda oportunidad. Este es el acto más misericorde de Dios hacia nosotros. 
Dios nos lo perdona todo. Estos días de violencia salvaje contra los cristianos nos podemos preguntar ¿vamos a perdonar?

9 de agosto de 2016

EL DIOS DE LA MISERICORDIA: "HE VISTO SUFRIR A MI PUEBLO. VOY A LIBERARLO"




     El Pueblo de Israel había encontrado en Egipto una tabla de salvación para la hambruna que padecía en su tierra. No tuvo que resultar fácil abandonar esa tierra que formaba parte profunda de su identidad, pero al final tuvo que aceptar lo inevitable.
     En Egipto tuvo años de prosperidad. Los hijos del Pueblo de Israel se multiplicaron de tal forma que el faraón se asustó porque le estaban “hebraizando” su país. Y, a partir de ahí, empezó a oprimir y esclavizar a los israelitas, incluso matando a los hijos varones al nacer.
     Dios Padre que ama a sus hijos y, de una manera más especial a los más débiles, se encuentra con Moisés y le dice: “He visto sufrir a mi pueblo”.
     Una vez más, como también lo fue al evitar el sacrificio de Isaac, Dios en el Antiguo Testamento se presenta como el Dios de la Vida, de la Misericordia, cercano y preocupado por sus hijos.
     Y remata la frase con la clara y contundente expresión “voy a liberarlo”. Dios no se conforma con la lástima. En más de una ocasión he oído a personas decir, ante reportajes televisivos de niños muriendo de hambre, “pobrecitos estos niños, pero estos programas no deberían darlos a la hora de la comida (o cena)”. Dios no se queda en la lástima, Dios se compromete. Su misericordia no es tan solo un sustantivo, es un verbo que surge de un Amor que se dona a sí mismo.
     De este capítulo de la historia del Pueblo de Israel, prefiguración de lo que hoy es la Iglesia, el Pueblo de Dios que camina en la historia, debemos aprender.
     Si nos repele esa malévola actitud del faraón ante su miedo a la “hebraización” de Egipto, nos deberá repulsar igualmente cualquier comentario del tipo “nos están islamizando” o “primero para los de aquí” para excusar nuestra falta de misericordia.
     Como entonces, hay pueblos que han de abandonar su tierra, con el profundo dolor de quien lo deja todo, buscando una manera de sobrevivir. Lo que hicieron los israelitas y lo que haríamos cualquiera de nosotros para dar de comer a nuestros hijos.
     No cabe pues, ni elevar muros (o rejas) en lugar de tender puentes (tal como ha dicho el Papa Francisco) ni pretender que el origen de las personas les pueda convertir en ciudadanos de segunda.
     El “voy a liberarlo” está en la misma dinámica que las palabras de Jesús de Nazaret: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

QUIQUE FERNÁNDEZ

2 de agosto de 2016

CUATRO LIBROS SOBRE LA MISERICORDIA


Como complemento al esquema de Retiro sobre la Misericordia os ofrezco una bibliografía básica para preparar algunos contenidos de las meditaciones y pláticas.
1) Título: EL NOMBRE DE DIOS ES MISERICORDIA
Autor: Papa Francisco
Editorial (en España): Planeta
El primer libro del Papa Francisco. La Iglesia no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios. Para que eso suceda, es necesario salir. Salir de las iglesias y de las parroquias, salir e ir a buscar a las personas allí donde viven, donde sufren, donde esperan. 
«La misericordia es el primer atributo de Dios. Es el nombre de Dios. No hay situaciones de las que no podamos salir, no estamos condenados a hundirnos en arenas movedizas.» 
Con palabras sencillas y directas, el Papa Francisco se dirige a cada hombre y mujer del planeta entablando un diálogo íntimo y personal. En el centro, se halla el tema que más le interesa–la misericordia–, desde siempre eje fundamental de su testimonio y ahora de su pontificado. En cada página vibra el deseo de llegar a todas aquellas almas–dentro y fuera de la Iglesia–que buscan darle un sentido a la vida, un camino de paz y de reconciliación, una cura a las heridas físicas y espirituales. En primer lugar está esa humanidad inquieta y doliente que pide ser acogida y no rechazada: los pobres y los marginados, los presos y las prostitutas, pero también los desorientados y los que viven alejados de la fe.
2)Título: LA MISERICORDIA. Clave del Evangelio y de la vida cristiana
Autor: Walter Kasper
Editorial (en España): Sal Terrae
La reflexión teológica sobre la misericordia lleva a las preguntas fundamentales de la doctrina sobre Dios. La misericordia divina constituye el núcleo y la suma de la revelación bíblica de Dios. La presente obra anuda la reflexión teológica con las consideraciones espirituales, pastorales y sociales, pues el tema de la misericordia nos introduce en numerosos interrogantes de la praxis cristiana, eclesial y social. Anima también a examinar a fondo la doctrina cristiana de Dios y las consecuencias prácticas que de ella se derivan, a fin de perfilar con claridad a qué se alude cuando se habla del hoy absolutamente necesario giro teocéntrico en la teología y en la vida de la Iglesia. «El evangelio de la misericordia divina en Jesucristo es lo mejor que se nos puede decir y lo mejor que podemos escuchar y, al mismo tiempo, lo más bello que puede existir, porque es capaz de transformarnos a nosotros y transformar nuestro mundo a través de la gloria de Dios en su graciosa misericordia. Esta misericordia, en cuanto don divino, es simultáneamente tarea de todos los cristianos. Debemos practicar la misericordia. Debemos vivirla y atestiguarla de palabra y de obra. Así, por medio de un rayo de la misericordia, nuestro mundo, a menudo oscuro y frío, puede tornarse algo más cálido, algo más luminoso, algo más digno de ser vivido y amado. La misericordia es reflejo de la gloria de Dios en este mundo y quintaesencia del mensaje de Jesucristo que nos ha sido regalado y que nosotros, por nuestra parte, debemos regalar a otros. [...] Este mensaje de la misericordia divina tiene consecuencias para la vida de todo cristiano, para la praxis pastoral de la Iglesia y para la contribución que los cristianos deben realizar a la configuración de un orden social digno, justo y misericordioso»
3) Título: EL ROSTRO DE LA MISERICORDIA. Pequeño tratado sobre la misericordia divina y humana
Autor: Raniero Cantalamessa
Editorial (en España): Edicep
En la Biblia, el término "misericordia" aparece en dos contextos y con dos significados diferentes, aunque sean interdependientes. En su primera y original acepción, indica el sentimiento que Dios alberga por sus criaturas; en la segunda, muestra el sentimiento que las criaturas deben experimentar las unas para con las otras. Trataremos, por tanto, de la misericordia como don y de la misericordia como deber; más aún, como deuda.
Por consiguiente, la primera parte del libro reflexionará sobre la misericordia de Dios: sobre sus manifestaciones en la historia de la salvación y en Cristo; y sobre cómo recibimos el don de la misericordia mediante los sacramentos de la Iglesia. La segunda parte se centrará en el deber de ser misericordiosos y en las "obras" de misericordia y, de un modo particular, reflexionará sobre el deber de la Iglesia y de sus ministros de ser misericordiosos con los pecadores, como lo era Jesús.
La conclusión del autor es que la misericordia -de Dios hacia los hombres y de los hombres entre sí- es lo único que puede salvar al mundo. Lo importante, sin embargo, no es limitarse a hacer muchos discursos que giran en torno al misterio, razonando sobre él, sino ser capaz de penetrar en su interior, como aquellos que se lanzaban a la piscina de Betesda cuando sus aguas eran agitadas por un ángel y salían sanados del agua.
4)Título: ENTRAÑAS DE MISERICORDIA. Jesús, la ternura de Dios
Autor: Fraile Yécora, Pedro
Editorial (en España): PPC
Estas páginas tratan de indagar en la afirmación bíblica sobre la misericordia de Dios. La Biblia, leída como Escritura tanto por el pueblo judío en su primera parte como por el pueblo cristiano en su totalidad, afirma sin rubor y sin titubeos que la misericordia no es un atributo más de Dios, sino su fundamento, su forma de expresarse y de actuar en el mundo y con los hombres. ¿Cómo compaginar esta afirmación con el hecho de que en la Biblia también leemos cómo Dios manda castigar a pueblos enteros? Este libro está dirigido a aquellas personas que piensan que la teología no es «terreno particular» de nadie. Los que están buscando una imagen y una experiencia de Dios que sintonice con lo más profundo de ellos mismos, con la gran tradición de la Iglesia y con los retos que nos presenta el mundo moderno.

Quique Fernández

26 de julio de 2016

¿PUEDE EL DIOS DE LA VIDA, EL AMOR Y LA MISERICORDIA JUSTIFICAR LA VIOLENCIA?


Hemos visto en las anteriores entradas que va a resultar decisiva la imagen que tengamos de Dios para configurar nuestra religiosidad y espiritualidad. Solo si creo en Dios Misericordia voy a vivir mi fe desde esa perspectiva.
También vimos en los dos artículos anteriores, titulados “Todos somos hijos de Dios”, que dependiendo del tratamiento que otorguemos a los demás seres humanos estaremos en la línea de Jesús de Nazaret. Solo si les miro y trato como hermanos, les estoy concediendo la misma dignidad que concibo para mí, ser hijos del mismo Padre.
Pero si esto es así, y si además Dios lo es de la Vida, el Amor y la Misericordia, ¿cómo podemos explicar tanta violencia en nombre de Dios en varios libros del Antiguo Testamento?
Es inevitable que al pasear nuestra lectura por varios de los libros llamados históricos del Antiguo Testamento nos preguntemos: ¿hacía falta que camino hacia la tierra prometida el pueblo hebreo fuese batallando con cada uno de los pueblos con los que se encontraba? ¿Puede ser que el Dios Vida, Amor y Misericordia solo lo sea para un pueblo y no para todas las personas? ¿Cómo explicar, pues, la violencia en la Biblia y, especialmente, la violencia en nombre de Dios?
Empecemos por explicar algo previo pero esencial. El pueblo hebreo no era monoteísta ¿cómo? Es decir, sí que es verdad que creían en un solo Dios, pero no creían que hubiese un solo Dios. Lo que creían es que su Dios, el Dios de Israel, era mejor que los dioses de los otros pueblos. 
Pero si mi Dios es más fuerte que los otros dioses, mi Dios me va a hacer ganar todas las batallas. Esto, en principio, puede tener una lectura positiva: ellos creen que todo lo bueno les llega de Dios. Pero, enseguida podemos percibir una doble distorsión. Por un lado, del Dios Vida, Amor y Misericordia solo puede salir Vida, Amor y Misericordia, y por tanto nunca odio, venganza y violencia. Y, por otra parte, esa verdad es universal, es decir que es para todos los seres humanos.
Digamos bien claro: el Pueblo de Israel es un pueblo escogido, pero equivocó para qué había sido escogido. Ellos pensaron que era para una dignidad cuando en realidad lo era para un servicio. Así, se creyeron más que los demás y, por tanto, pecaron de soberbia. Es algo que Dios les va a repetir una y otra vez por medio de los profetas.
Pues bien, volviendo a esa necesidad que mi Dios sea más fuerte que los otros dioses. Esto va a llevar a escribir la historia del Pueblo de Israel muchas veces desde el género épico. Se trata de que una verdad se maximiza, en palabras llanas, se exagera. Para que nos entendamos, es el precedente bíblico de Indiana Jones.
Así pues, nos encontramos ante una violencia que responde a una idea distorsionada de Dios y, por otra parte, a una violencia exagerada épicamente para ensalzar a Dios y, a la vez, sentirse como el pueblo amado y escogido.
No quisiera acabar sin que quedase bien claro que el que la violencia pueda tener explicación no quiere decir que tenga justificación. A veces se confunde el explicar con el justificar. No es esta, para nada, mi intención. La violencia nunca está justificada. Ni en el Antiguo Testamento, ni en la Historia de la Iglesia: sea en las Cruzadas, sea en la Inquisición, sea en la colonización de América. 
Dios es Amor, es Misericordia, lo es siempre, lo es para todos. Cuando mostramos a Dios justificando o, incluso, generando la violencia... deformamos la imagen de Dios de tal manera que aquel “nuestro dios” del que hablamos y el Dios verdadero no se parecen en nada

Quique Fernández

19 de julio de 2016

TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS (Ampliación)


He dejado pasar queriendo más días de los habituales para incorporar una nueva entrada de formación ya que la anterior entrada ha tenido tan buena aceptación y me consta que ha servido, tanto aquí como fuera de esta página, de diálogo y debate.
Tanto es así que me he decidido por hacer una ampliación dado que se quedaron algunos aspectos en el tintero y, por otra parte, ese diálogo y debate que he citado, ha suscitado nuevas aportaciones que merecen ser señaladas.
Además, tal como el Papa Francisco está señalando en sus catequesis de las audiencias de los miércoles, todos estos aspectos son importantísimos a la hora de abordar qué es la misericordia.
- Palabra de Dios
Empecemos por la Sagrada Escritura, que es fundamento de toda doctrina católica. Así lo atestigua el que el Catecismo de la Iglesia Católica esté plagado de citas bíblicas.
En un diálogo de facebook un comentarista pedía, parecía que gritando, citas bíblicas que sirvieran de fundamento para lo que para él era una traición a la doctrina de siempre. Las aporté y me las borraron. Aquí van:
“¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato?
¿Acaso él no es tu Padre y tu Creador, el que te hizo y te afianzó?” (Deuteronomio 32,6)

“¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos ha creado un solo Dios?” (Malaquías 2,10)
Es decir, que en estos libros aparece, de forma bien explicita y sin lugar a dudas, la afirmación de que Dios es Padre. Lo podemos ver por medio del trato dado: Padre.
Pues bien, eso ocurrió y se escribió mucho, muchísimo, antes de que Jesús enviase a sus apóstoles a bautizar. Así, a los que iban dirigidas las palabras del Deuteronomio y del Libro de Malaquías, ¡sorpresa!, no estaban bautizados.
O sea, concretando, se afirmaba que los creyentes en Yahvé, hombres del Antiguo Testamento, anteriores a Jesús de Nazaret, que no habían recibido el Bautismo… eran hijos del Padre Dios.
Por tanto, no puede ser condición para llamar hijos de Dios a las personas el que hayan recibido el Bautismo.
- Los dos planos
Decíamos en la anterior entrada que podemos decir que todos somos hijos de Dios porque hemos recibido en nuestra concepción el alma, regalo de Dios a sus hijos.
También decíamos que podemos afirmarlo porque las personas reciben la gracia incluso antes de recibir el bautismo, como puede ser el caso de la gracia de la conversión de un catecúmeno.
Pues bien, sin duda es evidente que estamos ante una realidad que, como tantas otras, puede ser abordada desde más de un plano: todos somos hijos de Dios por naturaleza pero solo vivimos como hijos adoptivos de Dios, incorporados a la Iglesia de Cristo, por el Bautismo, por la gracia bautismal.
De estos dos planos ha hablado con acierto el obispo de San Sebastián Monseñor Munilla: “La afirmación todos somos hijos de Dios es perfectamente compatible con que nos hacemos hijos de Dios por el bautismo.”
- En la red
En cierto portal, entre medio de algunos comentaristas contrarios a las palabras del Papa Francisco, otro comentarista pese a estar en clara minoría hacía oir la voz de la cordura, el sosiego, el sentido común y, sobre todo, la verdad sin maquillajes barrocos. Decía Esteban:
“Ya Pío XII en su Encíclica Mystici Corporis Christi decía que: «…sino que aun en los demás hombres, que todavía no están unidos con nosotros en el Cuerpo de la Iglesia, reconozcamos hermanos de Cristo según la carne, llamados juntamente con nosotros a la misma salvación eterna». Así que polémica no existe, más que en una especie de ultraintegrismo ignorante que sostiene tesis similares a la del sacerdote Leonard Feeney excomulgado por Pío XII”
¿Y qué era lo que defendía Leonard Feeney para que le valiese la excomunión? Pues defendía que todos los seres humanos no bautizados quedaban excluidos de la salvación y, por tanto, iban al infierno.
Pues así, como quien no quiere la cosa, condenaba a la mayoría de los seres humanos que han vivido en este nuestro querido Planeta Tierra a lo largo de toda la historia.
Anda por ahí un sacerdote, éste de este siglo, que va criticando día sí día también al Papa Francisco. Lo hace desde los primeros días del pontificado del actual Papa. Y lo hace a golpe de vídeos, como si fueran cachiporrazos.
A él, y de paso a algunos directores de portales y redactores de blogs que se denominan católicos, habrá que decirles que se acaba de entender su poco cariño al ecumenismo cuando ellos se están “protestantizando”, alejados de la comunión con el Papa.
Merece la pena resaltar que la obediencia a la autoridad no necesita ser obediencia cuando se comparte la opinión, el punto de vista. Cuando de verdad es obediencia y reviste valor es cuando se hacen esfuerzos por entender y compartir, y se hacen desde la misericordia.
Es hora de mucha oración y mucho testimonio de fidelidad al Papa.

Quique Fernández

12 de julio de 2016

TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS (EL VÍDEO DEL PAPA)


Andan las redes inundadas de polémica con el vídeo en el que el Papa Francisco nos ofrece su intención de oración para este mes de enero.
Si aún no lo has visto, aquí tienes el enlace: 
Se le acusa al Papa Francisco de sincretismo y, especialmente, de que afirme que “todos somos hijos de Dios”.
Hay que recordar que en esa afirmación no es pionero el papa Francisco ya que el Papa Juan Pablo II lo hizo en varias ocasiones. Veamos algún ejemplo de ello:
En la encíclica Sollicitudo rei socialis (1987), en el punto 47, dice: “A quienes comparten con nosotros la herencia de Abrahán, “nuestro padre en la fe” y la tradición del Antiguo Testamento, es decir, los Judíos; y a quienes, como nosotros, creen en Dios justo y misericordioso, es decir, los Musulmanes…”. También en la encíclica Redemptoris Missio (1990) precede los puntos del 55 al 57 con el enunciado “El diálogo con los hermanos de otras religiones”. Y en la homilía del 28 de enero de 1990 en Mali: “… nuestros hermanos y hermanas musulmanes (…) que adoran como nosotros al Dios único y misericordioso”.
Así pues, la doctrina y pastoral que emanan de este vídeo no son nuevas en la Iglesia, no es una ocurrencia del Papa Francisco.
Bien, es evidente que cuando llamamos hermanos a judíos o musulmanes es porque creemos que son hijos del mismo Padre que lo somos nosotros. Ello no solo no es una herejía sino que es consecuencia de nuestra fe y doctrina. Si nosotros creemos, y lo creemos, que hay un solo Dios que es nuestro Padre… ¿cómo podríamos sostener que los fieles de esas religiones tienen otro padre? Estaríamos alimentando algo tan grave como que hay varios padres y, por tanto, varios dioses. ¿Qué no nos damos cuenta que esa propuesta contraria a que todos somos hijos de Dios sí que es realmente contraria a la doctrina?
Imagino la objeción: pero no es el Bautismo el que nos hace hijos de Dios. Entonces, ¿cómo pueden serlo los no bautizados?
Ante todo hay que decir que no es en el Bautismo en el que recibimos el alma, el gran regalo de Dios para sus hijos. El alma la recibimos todos, reitero e insisto, ¡todos! en el momento de nuestra concepción. No podemos defender que el derecho a la vida se basa en que el feto es persona, y por tanto tiene alma, para luego hacer como los esclavistas que negaban que los indios o negros tuviesen alma. Todos tenemos alma porque todos somos hijos de Dios. Todos tenemos alma porque todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Ningún ser humano es una criatura sin alma.
¿Entonces el Bautismo? El Bautismo nos hace hijos de Dios no solo por naturaleza sino por la gracia. El Bautismo es la puerta abierta al cauce de la gracia. Tenemos un contenedor, que en potencia puede recibir gracia, que llamamos alma, pero es el Bautismo el que empieza a colmar esa vasija de gracia sacramental que precede a las gracias de los otros sacramentos.
Además, sabemos que un catecúmeno, que no ha recibido aún el Bautismo, es movido por una gracia, llamada gracia actual, para dar el paso de iniciar el camino de la fe hacia su incorporación plena por el Bautismo.
Por lo tanto, el Papa Francisco y su vídeo se encuentran dentro de la doctrina católica. La duda es si todos los que están criticando duramente al Papa siguen en comunión con la Iglesia. Háganselo mirar especialmente ciertos blogs, webs y portales, que nos tienen ya acostumbrados a que todo lo que hace o dice el Papa Francisco lo han de cuestionar y criticar.
Nosotros desde Blogueros con el Papa y Escuela de Blogueros seguimos viviendo nuestra fe en comunión con la Iglesia y con el Papa. A ello hemos sido llamados por el Dios único encarnado en su Hijo Jesucristo.

5 de julio de 2016

LA MISERICORDIA: EL DIOS DE LA VIDA DEL A.T. (2ª parte)


Para empezar esta nueva entrada de formación vamos a hacer un sencillo ejercicio. Todos conocemos el relato de cómo Abraham casi sacrifica a su hijo Isaac. Hacemos un poco de memoria de lo que recordamos y… ¿cuál es el ejercicio? Como ya he dicho, es bien sencillo. Toma una hoja de papel y un lápiz, y dibuja en una sola viñeta la imagen que te suscita ese relato.
Si lo deseas podéis hacerlo la familia o el grupo de catequesis. Por favor, hacedlo…
Me atrevo a predecir que mayoritariamente los dibujos nos van a mostrar a Abraham con el cuchillo en la mano levantada sobre Isaac. Especialmente niños y adolescentes van a destacar por su tamaño el cuchillo. El cuchillo, a veces incluso transformado en espada, se convierte en protagonista destacado.
Es posible que algunos de nosotros, menos peliculeros, remarquemos la cara de dolor de Abraham o la pequeñez e inocencia de Isaac.
Ahora, permitidme que recordemos el texto bíblico:

Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. Dijo Isaac a su padre Abraham: "¡Padre!" Respondió: "¿qué hay, hijo?" — "Aquí está el fuego y la leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?" Dijo Abraham: "Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío." Y siguieron andando los dos juntos. Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Entonces le llamó el Ángel del Señor desde los cielos diciendo: ¡Abraham, Abraham!" Él dijo: "Heme aquí." Dijo el Ángel: "No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único." Levantó Abraham los ojos, miró y vio un cordero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el cordero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. (Gn 22, 6-13)
En una segunda fase de este ejercicio nos fijamos más y mejor en el relato que, ahora sí, tenemos delante y podemos leer y releer. Incluso nos puede facilitar la labor de comprensión el que se nos desvele una clave: se trata de dejar de fijarse tanto, casi en exclusiva, en los detalles más tristes (el cuchillo, el sufrimiento de Abraham, el peligro sobre Isaac) para fijarnos en los aspectos más positivos. Entonces… se obra el milagro y junto a nuestra sonrisa aparece el Ángel del Señor defendiendo la vida de Isaac, aparece Dios mismo que es el Dios de la Vida y aparece el cordero que representa a Jesucristo que ocupa nuestro lugar en la Cruz para entregar su vida por nosotros.
Descubrimos que muchas veces nos quedamos solo con los aspectos negativos de las cuestiones. Esa parcialidad negativa nos impide ver los otros aspectos más positivos. Eso nos pasa como lectores y como autores (de comentarios, de entradas de blogs…). Y así se va creando una “marea negra” que lo invade todo: que si el Papa, mi obispo, mi párroco, aquel sacerdote… que si esto ya no se hace como antes… que si aquellos son muy malos… Cuantas veces al leer ciertos portales me viene al recuerdo aquel apelativo de Juan XXII, “Profetas de calamidades”.
No nos quedemos solo con mirar la espada, de la justicia o de la venganza, fijémonos en la voz de Dios, por medio del ángel, que es amor y misericordia.
Acabamos este ejercicio maravillándonos de cómo cambia nuestra lectura y comprensión de este relato (y de otros tantos en el Antiguo Testamento) cuando buscamos al Dios de la Vida, y preguntándonos: ¿Mi mirada se fija más en lo negativo y, así, me aleja de la misericordia?

Quique Fernández

28 de junio de 2016

LA MISERICORDIA: EL DIOS DE LA VIDA DEL A.T. (1ª parte)


Suele ser mayoritario entre los cristianos, ante la lectura de textos del Antiguo Testamento, la idea que el Dios que allí aparece es un Dios duro, cruel, vengativo…
Es una idea equivocada, un error que, tristemente, precede como causa de otros errores más graves. Con ese concepto se nos ha ido sirviendo una versión que incluso puede parecer justa y razonable: si Dios es firme, esa firmeza se puede presentar convertida en dureza y, de ahí, un solo hay un pequeño paso hasta un Dios inamovible.
Ese concepto suele se desprende de una lectura equivocada de los textos del Antiguo Testamento. Lecturas literalistas y fundamentalistas, que hacen mucho daño. Dañan el verdadero sentido de la Palabra y, en consecuencia, dañan nuestra relación con Dios y con el hermano.
De este tipo de lecturas distorsionadas se han nutrido desde ciertos espiritualismos de perfil tradicionalista hasta, no es broma, grupos tan extremistas como los que sostienen teorías racistas.
Y sin embargo, si nos vamos a los primeros textos de la Escritura, ¿qué es lo que nos encontramos? ¿Cómo es el Dios que allí aparece? Demos una sencilla mirada.
Ya de entrada el Libro del Génesis se inicia con un Dios creador. Nos preguntamos ¿por qué crea? Dios no necesita crear ¿o sí? En la anterior entrada de esta formación veíamos como Dios ama y no puede dejar de amar. Pero… ¿cómo se puede amar si no hay nadie a quién amar? Un Dios sólo ¿podría ser un Dios Amor? Imposible! Dios, para ser Dios Amor, ha de crear. Y, por tanto, podemos decir, sin dudar, que la creación es una obra de amor.
El Dios del Antiguo Testamento, desde su inicio, desde el primer capítulo del primer libro bíblico, es el Dios de la Vida, el Dios que crea por amor. Esta verdad es importantísima para poder creer, y con coherencia también actuar, en el Dios rico en misericordia.
Es el mismo Dios de la Vida que vamos a encontrar en el relato de Caín y Abel (Génesis 4). Leemos que Caín mata a Abel, que Dios pregunta a Caín por su hermano y que Caín responde de manera muy poco misericorde: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”. Pero no en en esta parte del relato en la que deseo detenerme…
Ya casi al final de este relato Caín piensa y dice que Yahvé le envía a muerte segura: “cualquiera me encuentre me matará” (Gn 4, 14). Pero se va a llevar una sorpresa, una grata sorpresa. Dios, que ama y perdona siempre, le contesta: “Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces” (Gn 4, 15).
El Dios del Antiguo Testamento no se muestra como el Dios duro, cruel y vengativo que de tanto repetirse que lo es nos lo hemos creído a pies juntillas. Al contrario, se muestra como el Dios Amor y Perdón, misericordia infinita. Incluso se dice que podemos tomar esta respuesta de Dios a Caín como el primer alegato contra la pena de muerte. Estos días es un tema bien actual porque el Papa Francisco, en estos primeros días del Año de la Misericordia, ha demandado de los estados el abolir de sus legislaciones la pena de muerte.
Seguiremos en la próxima entrada de esta formación con el Dios de la Vida, y mientras nos podemos preguntar y, si queremos, comentar aquí, cuántas veces hemos oído e, incluso, hemos dicho nosotros que el Dios qua aparece en el Antiguo Testamento es muy duro, cruel y vengativo.

Quique Fernández

31 de mayo de 2016

LA MISERICORDIA: INTRODUCCIÓN.



LA MISERICORDIA: INTRODUCCIÓN
La fiesta de la Inmaculada Concepción de María ha empezado el Año Santo Jubilar de la Misericordia, que se clausurará el domingo de Jesucristo Rey del Universo. Así pues, del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016. Casi un año en el que Jesús y la Iglesia nos invitan a meditar y a practicar sobre la Misericordia.
Los que nos dedicamos, por llamada de Dios, a evangelizar de una manera sistemática, organizada, comunitaria, hemos tenido que programar este periodo. Seguramente en todas esas programaciones habrá conferencias, encuentros, retiros, ejercicios espirituales, etc. Sobre la Misericordia. Lógicamente ocurre lo mismo en las comunidades de redes sociales.
Aquellos de nosotros que compartimos la fe sirviéndonos, no solo pero también, de los blogs, facebook, twitter o, simplemente, comentando en cualquiera de estas u otras plataformas, vamos a escuchar y vamos a escribir mucho sobre el tema de la misericordia.
De entrada hay que decir que un bloguero católico, que pretende evangelizar desde su blog, no puede obviar o silenciar el Año de la Misericordia. No vale el decir “es que no me va el tema” o “es que hay otros temas”. Por supuesto que el año da para hablar de muchos temas pero sin olvidarnos que éste es el que nos propone la Iglesia. Tan solo por poner un ejemplo, a mí no se me ocurre empezar este curso de formación con otro tema. Y es que como católico mi deseo es estar en la máxima sintonía con la Iglesia de Jesucristo y con el Papa.
Pues bien, una vez decididos a escribir (y leer) sobre el tema de la misericordia hay que decir que necesitamos asegurar que estamos nombrando como misericordia aquello que Dios y la Iglesia nos la definen como tal y, a la vez, no señalar como misericordia lo que no lo es. En ello nos va no solo el rigor en la escritura sino también el acierto de ofrecer lo que Dios quiere.
Y digo esto porque nos encontramos muchas veces, en los portales y blogs, entradas y comentarios que no solo no son acertados respecto de la doctrina católica sino que incluso nos alejan de ella. Corremos el riesgo de que, una vez más, nos pase lo mismo.
Por eso, merece la pena preguntarse, qué es y qué no es la misericordia, Necesariamente hay que empezar por saber de qué hablamos (o sobre qué escuchamos) para así no confundir a nadie o que nadie nos pueda confundir a nosotros.
Fácilmente una confusión en los términos empleados nos puede llevar hacía un mayor error en los conceptos que esos términos designan. La palabra “misericordia” no es una palabra fácil, ni está muy “de moda”. Muchas veces se usa como sinónimo de “compasión”. ¿Eso está bien? Pues depende…
“Misericordia” y “compasión” tienen un punto de común intersección. Fijémonos en la palabra “compasión”. Veamos si la utilizamos como complementaria a “misericordia” o, por el contrario, como similar a “lástima”. La misericordia no es lástima. La lástima es una sensación, a lo sumo un sentimiento, que se queda en eso y no trasciende. La compasión verdadera, que es “padecer con”, que puede asimilarse a la misericordia, no es solo un sentimiento, ya que de ahí trasciende y se convierte en determinación. No basta con ver por televisión a los niños que se mueren de hambre y sentir una compasión-lástima. Hay que pasar al grado de compasión-misericordia que mueve corazones y mueve a toda la persona.
La mueve a imagen de Dios, que es rico en misericordia, tal como nos lo mostró Jesús en el Evangelio, nos lo recordó San Juan Pablo II en la carta-encíclica “Dives in Misericordia” (1980) y este año lo hace el Papa Francisco en la bula “Misericordiae Vultus” (2015). Ambas se encuentran en el sitio web del Vaticano AQUÍ.
Acabamos esta introducción anunciando que la próxima entrada de esta formación tratará la Misericordia en el Antiguo Testamento , y que después seguiremos con entradas que nos hablen de la misericordia en el Evangelio, de las imágenes deformadas de Dios , de las obras de misericordia, etc…
Mientras tanto, lanzo una pregunta para qué podamos comentar entre todos:
¿Se te ocurre alguna noticia de actualidad en la que creas que puede jugar un papel decisivo el que le demos o no su verdadero significado as la misericordia?
QUIQUE FERNÁNDEZ

24 de mayo de 2016

CURSO PARA BLOGUEROS CON EL PAPA

PRESENTACIÓN DEL CURSO DE FORMACIÓN PARA BLOGUEROS

Hola a todos los que formáis esta comunidad virtual de Escuela de Blogueros,
como ya sabéis este grupo Escuela de Blogueros es promovido por la Asociación Blogueros con el Papa y se ha creado para contribuir a la formación de los blogueros católicos:
- de los blogueros
- de aquellos que están pensando en crear un blog
- de los que escriben en twitter
- de los que simplemente comentan en alguno de esos medios
- o, incluso, de aquellos que quieren disponer de la formación adecuada para poder leer con cierta base cualquier blog o noticia en las redes sociales y en los diarios digitales.
Creo que es mi deber, si pretendo colarme en vuestros ordenadores, tablets o móviles (celulares), presentarme:
-Quique Fernández, 49 años, nací y vivo en Barcelona, casado (desde hace 25 años) y padre de dos hijas (24 y 17 años).
- Soy candidato al diaconado permanente
- Coordinador de la Escuela de Animación Bíblica (con presencia en Barcelona, Madrid y Sevilla)
- y catequista de adultos, jóvenes, adolescentes y niños desde hace más de 30 años.
Llevo, por tanto, más de 30 años dedicado a la formación: a formarme y a transmitir esa formación en los diversos ámbitos mencionados y en otros derivados de ellos. Tan solo algún ejemplo, como que he organizado ocho años la Semana Bíblica de Barcelona, también Jornadas Bíblicas en Madrid y en Sevilla, o que estoy dando la formación bíblica al cuerpo de lectores de la Catedral de Barcelona.
Pero dejemos de hablar de mí y pasemos al tema que nos ocupa: la formación.
La formación hoy es más indispensable que nunca:
- Para que mi fe, y las consecuencias que de ella se derivan, sea una fe adulta y responsable, he de ser capaz de discernir.
- Para discernir, y que de ello resulte lo que Dios quiere, he de tener un buen criterio.
- Y para tener ese buen criterio, que me ayude a encontrar respuesta a mis preguntas, a mis dudas, y a las de los demás, necesito las herramientas que me proporciona la formación.
Pero además, hay que tener en cuenta, para poder valorar en su justa medida lo importante y urgente que es la formación, el ambiente que nos rodea. Y no solo me refiero a aquello que llamamos “el mundo” sino también a la realidad de nuestras comunidades.
No podemos ser ajenos a las influencias que nos llegan desde posiciones poco constructivas pero muy “ruidosas”. Me refiero a ciertos apellidos del catolicismo que se alejan de él: catolicismo acomodado y superficial, sincretismo, tradicionalismo…
Nos vienen con “cuentos” revestidos de cierta credibilidad: “Esto siempre ha sido así” o “qué más da si se hace así o de otra forma”. Y, como no somos ni de piedra ni de plástico, nos asaltan las dudas que, si no obtienen una respuesta certera, nos acabarán inundando, el barco hace aguas y acaba hundiéndose.
¿Quién no ha oído decir alguna vez aquello de “es que he perdido la fe”? Pero la verdad es que la fe no se pierde, a la fe se la mata por falta de alimento. Un elemento indispensable de ese alimento, también indispensable, es la formación. No se trata pues de formarse para saber más sino de formarse para vivir más. Para que mi fe sea viva ha de recibir las vitaminas y proteínas necesarias.
Y si todo esto se valora desde el marco de las redes sociales, pues aún parece más necesario que nuestros blogs y demás formas de comunicación cibernéticas reciban una buena formación para, a su vez, ayudar a formar a todos los que se asomen a nuestras ventanas.
Es por ello que nuestra formación tendrá en cuenta lo que ocurre, lo que no debería ocurrir y aquello que sí queremos que ocurra en nuestros escritos y comentarios. Encontraremos formación bíblica, teológico-catequética y pastoral. También comentarios a deformaciones del mensaje católico que encontramos en la red. Todo ello siempre en comunión con la Iglesia de Cristo y con el Papa.
Vaya de antemano que nadie espere algo diferente de lo que la Iglesia y el papa enseñan. Somos Blogueros con el Papa. Ello significa que nuestro compromiso con el Papa, hoy con el Papa Francisco, es firme y no deseamos dejar ningún margen que permita dudar de ello.
La voluntad es que esta formación aparezca cada semana. Dependerá de la extensión de las entradas (aunque la idea es que mayoritariamente sean breves) el que haya una, dos o tres a la semana. También puede depender del tema tratado, de su actualidad, etc...
Por supuesto que se aceptarán sugerencias sobre temas, aunque no siempre será posible satisfacerlas inmediatamente. Pensemos que cada entrada de formación conlleva unas horas para prepararla.
Por último, no es casualidad que empecemos ahora esta formación. Comienza el Año Santo Jubilar de la Misericordia. Será bueno recibir la formación necesaria para comprender lo que hay que comprender y rechazar lo que hay que rechazar. Pero, por desgracia, sin el buen criterio que nos da la formación, podemos caer en el error de aceptar lo inaceptable y rechazar aquello que deberíamos acoger.
Imaginad lo grave que puede resultar si esto lo hacemos no solo con un tema, con una cuestión, sino con un hermano nuestro. ¡Cuántos errores inmisericordes nacidos de la ignorancia!
Solo queda poner esta iniciativa a los pies de Jesús y en los brazos de María, Madre Inmaculada, que dijo sí porque gracias al conocimiento de la Palabra sabía de los planes de Dios.