11 de junio de 2016

MARÍA, EJEMPLO Y CAMINO DE PERFECCIÓN



Madre, que bueno es tenerte, porque una Madre siempre hace falta. Y contar contigo es un privilegio y una suerte enorme. Porque, con tu "Sí" has posibilitado la Redención de tu Hijo, ofreciendo tu vientre inmaculado para su gestación y nacimiento. Madre, ¿cómo no tenerte presente en todos los días de mi vida? Madre, eres siempre la última solución a mis problemas, porque Tú, y en nombre de tu Hijo, siempre estás esperándome, y nunca te cansas de esperar.

Madre, enséñame el camino de perfección. Tu Hijo nos lo ha pedido, y todo lo que Él nos pida es posible, porque con, en y por Él todo se puede. Tú lo has experimentado cuando por medio del Ángel Gabriel te lo pidió,  y tú supiste responder. Tú has sabido cumplir esa Voluntad que Él, en Mt 5, 48 nos ha pedido. Tú, Madre, has cumplido esa petición que tu Hijo nos ha pedido.

Tú, Madre, has llegado a la perfección, y el Padre te ha llenado de Gracia, y está contigo. Tú, Madre, eres bendita entre todas las mujeres y Bendito es el Fruto de tu Vientre: Nuestro Señor Jesús. Tu Hijo, el Mesías prometido y enviado por el Padre para salvación de todos los hombres. ¡¡Qué Honor, Madre!!

Madre, Madre de Dios y madre nuestra también, ruega por todos nosotros y enséñanos a ser perfectos como el Padre celestial es perfecto. Es nuestra máxima preocupación. Todos los blogueros, junto a nuestro Papa Francisco, queremos cumplir esa petición que tu Hijo nos ha lanzado. Sí, Madre, queremos ser perfecto como el Padre, para poder amar como Él y como nos ama tu Hijo.

Tú, Madre, tienes experiencia de ello. Has sabido ser una verdadera Madre con tu Hijo, y una esposa modelo con José, tu castísimo esposo. Eres un modelo de perfección y una Madre para enseñarnos el Camino de Perfección. Madre se nuestra Madre de viaje, y junto a José, tu esposo, intercedan por nosotros para que, cada día, seamos un poquito más perfecto como el Padre. Tener una Madre como Tú nos da mucha confianza y esperanza. Gracias, Madre.

10 de junio de 2016

¡Sean jóvenes alegres! JMJ Cracovia 2016



Algunas frases de José Prado Flores durante la 6ª Conferencia Espiritual como preparación a la JMJ Cracovia 2016 el 21 de Mayo de 2016 en el Santuario de la Divina Misericordia.

¡Sean misioneros alegres!

“¡Ese es nuestro llamado! Esta es una misión linda que se nos confía: ser discípulos, misioneros alegres de la misericordia”,

“Ser misericordioso no significa darle algo a alguien. Misericordia es saber lo que la otra persona necesita. No, lo que yo quiero darle al otro; sino darle lo que la otra persona necesita de mí”.

“Para mí, un lindo ejemplo de un buen samaritano son los burros, que llevan a las personas en su lomo. Esta es una forma de ser misericordioso como el samaritano: cargar a alguien que no puede caminar más. [...] Nuestro llamado es ser buenos burros para llevar a aquellos que no pueden más. Podemos encontrar, también, este tipo de ejemplo en el Evangelio cuando cuatro amigos llevan al paralítico ante Jesús. Son cuatro burros que cargan al paralítico; para mí, esta es la primera y más importante obra de misericordia: los que lo llevan hasta Jesús, que es el mismo rostro de la Divina Misericordia.”

“Lo mejor que podemos darle al otro es el Evangelio”, enfatizó. Al mismo tiempo, observó que para ser un evangelizador efectivo, debemos empezar por nosotros mismos.

“El primer paso para la evangelización es ser misericordioso con uno mismo, lo que significa experimentar la Divina Misericordia. No es posible mostrar misericordia hacia los otros si uno mismo no experimenta antes la misericordia de Dios.”

“No es suficiente hacer, simplemente, un maquillaje exterior; sino que el punto es conducir verdaderamente a las personas hasta Jesús, de modo que puedan experimentar un encuentro personal con Él, para poder recibir nuevamente los dones del Espíritu Santo.”

“¿cuál es nuestro llamado?”. El evangelizador mexicano resaltó que el llamado está íntimamente relacionado con la misión. “El llamado es elegir convertirse en misionero de la misericordia, anunciar el Evangelio de la gracia, lo que significa anunciar que la salvación es gratuita y es para todos.”

“Cuando Jesús elige a sus discípulos, siempre hace referencia a cuál es la misión de ellos. [...] Él los llamó para que estuvieran con Él, para que permanecieran a su lado, para que pararan y experimentaran lo que era vivir a Su lado. Este es el llamado de un cristiano: ¡estar con Jesús! [...] ¿Cuánto tiempo pasas con Jesús? ¿Cuánto tiempo pasas delante de tu computadora y cuánto con la Palabra de Dios? ¿Cuánto tiempo pasas escuchando, acompañando a Jesús? No, que Él te acompañe, sino tú acompañarlo a Él; vivir con nuestro Maestro es nuestro llamado.”

“Un alumno es como su profesor. Este es el perfil de tu vocación: volverte como tu Maestro, es medular. ¿Qué significa esto? Pensar, sentir, hablar, orar, perdonar, vivir y morir como Jesús. Ser como Cristo. Este es nuestro llamado.”

“Un discípulo alegre, un misionero alegre. La alegría es una característica del cristiano. El cristianismo no es la religión de la cruz, sino del poder de la cruz. Es por eso que esa cruz realmente me fascina”, dijo José Prado señalando la Cruz de la JMJ. “Porque Jesús no está en la cruz. Él resucitó, Él vive y esta es mi alegría. Por eso un cristiano es alegre, feliz. Un católico que no sonríe no da testimonio de la marca de un católico verdadero, quien está feliz de haber encontrado un tesoro que estaba escondido.”

“Aquello que más necesita la Iglesia hoy es la alegría de ser discípulo, misionero. Esto es lo más importante. Para esto fuimos llamados y enviados. ¿Y por qué misericordia? ¡Porque Jesús nos dio el Espíritu Santo y es la marca de que lo tienes a Él y de que eres feliz!”

“Llamado, misión, discípulos alegres, misioneros de la misericordia. ¡Este es nuestro llamado! Esta es una linda misión que nos fue confiada: ser discípulos alegres, misioneros de la misericordia. De esa manera, el mundo creerá en nosotros.”

El encuentro concluyó con una oración de alabanza.

José Prado Flores es un evangelizador mexicano.

Autoras: Zofia Świerczyńska y Paulina Małota Trad. al español: Clara Retta.

FUENTE: AQUÍ.

Video completo de la Conferencia Espiritual.

9 de junio de 2016

Recordando: Mi historia de la JMJ


A raíz de un comentario que hice en la entrada “Historia de las JMJ”, narrando una anécdota personal, un bloguero sugirió que sería bueno contarla en una entrada propia y, como me quedan 2 días de estar de Rodríguez, lo voy a hacer.

No es fácil remontarse 26 (Roma), 21 (Santiago de Compostela), 19 años atrás (Częstochowa) y recordar lo que viví en las Jornadas Mundiales de la Juventud en las cuales participé. Pero si bien he olvidado muchos detalles, ha quedado lo esencial, finalmente lo que importa.

La primera vez que un Papa, Juan Pablo II, convocó a jóvenes de todo el mundo fue en 1984 y se llamó a aquello Jubileo Internacional de la Juventud. Este fue el germen de lo que luego se han denominado JMJ, jornadas mundiales de la juventud.

Parece ser que, a priori, según muchos entendidos de dentro y de fuera de la Iglesia, aquello iba a ser un fracaso. Esta es la diferencia entre los santos y los entendidos; los entendidos intentan explicar la realidad y anticiparla; los santos la cambian. Esto es lo que sucedió el Domingo de Ramos de 1984 en la Plaza de San Pedro; un santo a la antigua, es decir, por aclamación popular, como es Juan Pablo II, llamó y acudimos 300.000 jóvenes, cosa inaudita para la época.

Tenía yo entonces solo 16 años y era un converso reciente, desde un cristianismo sociológico a un cristianismo personificado en Cristo real y resucitado. Por tanto, estaba lleno de entusiasmo por el mundo nuevo que estaba descubriendo y aquel Jubileo significó un refrendo, un sello de autenticidad, de que el encuentro con Cristo que yo estaba viviendo era real y operaba en otros jóvenes como yo.

Como dije en el comentario antes citado, de lo que dijo el Papa en aquella ocasión, no recuerdo nada; costaba seguirle el discurso, pues entonces no teníamos traductores y además había demasiados estímulos a mi alrededor, chicas incluidas, y demasiadas hormonas dentro como para ser consciente de lo que nos decía Juan Pablo II.


Anécdotas de aquel encuentro, muchas, pero sobre todo recuerdo el regalazo, soy un mimado de Dios, que me esperaba el Domingo de Ramos y que consistió en lo siguiente:

Entre los jóvenes peregrinos del Camino Neocatecumenal, al que pertenezco, se sorteó dos invitaciones por autocar para ayudar a los sacerdotes a distribuir la comunión el Domingo de Ramos. A mí me tocó una de las invitaciones de mi autocar; la otra le tocó a un hermano de mi Comunidad. Era un chollo, pues estaríamos en primera fila, debajo del altar. La invitación ponía textualmente “Servizio Comunione” y era un a tarjetita de color amarillo, pero la de mi compañero, aunque ponía lo mismo era de color azul. Total que cuando nos presentamos a la mañana del domingo en la puerta del Vaticano, empezamos a pasar controles vaticanos y en el último, el de la Guardia Suiza, pasó algo extraordinario. Delante de mí, había una chica con una invitación del mismo color que la mía pero que ponía “Comunione Santa” y el guardia pensó que ella y yo veníamos juntos y nos mandaron a la izquierda. A mi compañero, como tenía la tarjeta de color azul, lo mandaron a la derecha y le perdí de vista. Me hicieron sentar en un lateral y maldije mi suerte pues veía al Papa de espaldas y no sabía que tipo de invitación era aquella con la que habían confundido la mía. Total que cuando llega la hora de comulgar veo que tres filas más adelante se levantan, que los de la segunda fila se levantan también y que yo también estoy levantado dirigiéndome tras los demás directamente hacia el Papa. Yo alucinaba; estaba tan nervioso que cuando llegué ante Juan Pablo abrí la boca y cerré los ojos. Cuánto me arrepiento ahora de no haberle mirado fijamente a esos ojos santos.

Después de la ceremonia, nos volvíamos inmediatamente a Madrid y no tuve tiempo de pedir la foto. Y cuando contaba lo sucedido en el autocar mis compañeros pensaban que estaba vacilándoles.

Muchos años más tarde, como 15 años después, mi hermano, seminarista entonces, fue a Roma y tuvo el detalle de ir al archivo fotográfico del Vaticano y preguntar por las fotos de los comulgantes del Domingo de Ramos de 1984. Recuperó mi foto con el Papa y con ella y un bonito marco me hizo uno de los mejores regalos de cumpleaños que he tenido nunca.

En la foto se me ve con una chaqueta blanca de franjas rojas y azules horterísima, prueba de que estaba allí por error humano y gracia divina, pues la gente solicita comulgar con el Papa con años de antelación y cuando les toca se presentan de tiros largos.

Esta foto es que la aparece en mi perfil y esta es su historia, una de tantas entre los millones de historias de Gracia que han vivido y vivirán los jóvenes en las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Yo he abierto el fuego. Ahora os toca a vosotros contar vuestra experiencia.

PD. No os podré agradecer ni contestar a ningún comentario pues tengo vacas pastando en el Campo de Montiel «Y comencé a caminar por él, antiguo y conocido, y era verdad que por él camino.». A buen entendedor...





Autor: José María A.V.

Esta historia fue contada en este mismo blog en 2010 Aquí.

8 de junio de 2016

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO



Sin lugar a duda que aquella situación de la falta del vino era delicada e importante. Un despiste o descuido de esa importancia comportaba fastidiar el banquete. Como dice el Papa, el vino simboliza la abundancia del banquete y la alegría de la fiesta. ¿Qué hacer entonces?

Qué gran valor el de una Madre como María. Ella está pendiente de todo y mediadora, por la Gracia de Dios, interviene siempre para señalar a su Hijo el momento, y quizás su hora, y proteger la unidad de la familia. Ella señala y descubre nuestro camino para que, como miembros de la Iglesia, sigamos la Palabra de Señor alimentados de su Espíritu y del vino nuevo, como nos dice el Papa Francisco, que renueva constantemente nuestras vidas.

Salvador Pérez Alayón



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 8 de junio de 2016


Queridos hermanos y hermanas:

En las bodas de Caná, Jesús comienza sus signos, revelando el amor del Padre y la profundidad de su relación con los hombres. Se manifiesta como esposo del Pueblo de Dios, y nos une a él con una nueva alianza de amor, que nosotros, su familia, tenemos que custodiar y extender a todos.

En este contexto de la alianza, es importante la observación que María hace a Jesús de que falta el vino, este es un elemento típico del banquete mesiánico y simboliza la abundancia del banquete y la alegría de la fiesta. Por eso Jesús, al convertir el agua de las purificaciones rituales en vino nuevo, realiza un gesto elocuente: transforma la ley de Moisés en Evangelio portador de alegría.

Por otra parte, las palabras de María: “hagan todo lo que él les diga”, confían una nueva misión a la Iglesia, y configuran el programa de vida cristiano, que se concreta en servir al Señor, escuchando su Palabra y poniéndola en práctica, acercándose siempre a tomar de esta fuente el vino bueno de la salvación, que nunca deja de brotar del costado traspasado de Cristo.

Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que recibiendo del corazón de Jesús la gracia que nos salva, hagamos de nuestra vida cristiana una continua respuesta de amor a Dios, nutriéndonos de su palabra de vida y compartiendo con todos el vino nuevo de la nueva alianza. Muchas gracias.

EL MATRIMONIO DE SAN JOSÉ EN EL DECRETO ETERNO DE LA ENCARNACIÓN-REDENCIÓN



En el misterio de la Encarnación-Redención el matrimonio de José y María juega un papel esencial. Sin él no habría habido Encarnación ni Redención. Por eso san Juan Pablo II en su Redemptoris Custos escribió: “Y también para la Iglesia si es importante profesar la concepción virginal de Jesús, no lo es menos defender el matrimonio de María con José, porque jurídicamente depende de este matrimonio la paternidad de Jesús”  (RC 7).

     Y por este matrimonio, revelado en los evangelios de Mateo y de Lucas y predestinado desde la eternidad en los planes salvadores de Dios de la humanidad caída, san José pertenece al llamado orden hipostático de las gracias. Es el orden de la salvación y redención llevadas a cabo por Jesucristo que viene para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Jn 10,10).

Un orden muy superior al orden de la gracia ordinaria en la que se mueven todos los demás santos. Suarez lo dice así de san José: -“Y en este orden entiendo que fue instituido el ministerio de san José, estando como en el grado ínfimo y en este sentido excede a todos los demás, como existiendo en orden superior. El oficio del santo Patriarca no pertenece al Nuevo Testamento ni propiamente al Antiguo, sino al autor de ambos y Piedra angular que hizo de los dos uno” (In III P, q.29, a.2) Y, aunque dice por el profeta Isaías que “el lagar lo he pisado yo solo, de mi pueblo no hubo nadie conmigo” (Is 63,3), refiriéndose a su pasión y muerte redentoras, es lo cierto que asoció a esta su obra salvadora a María y a José. Para poder llegar a pisar en lagar tuvo que nacer de la Virgen María, tuvo que ser criado, alimentado, educado, enseñado, defendido, protegido. Es lo que hizo san José durante los largos años que convivió con Jesús y María. Y María no solo le ayudo durante la vida sino que en el momento supremo de entregar su alma al Padre para la salvación del mundo allí estaba ella de pie junto a él crucificado, asociándose plenamente a sus dolores y a su muerte redentores, convirtiéndose en Corredentora de la humanidad con él, y san José Corredentor porque “san José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de la paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la Redención y es verdaderamente ministro de la salvación” (RC 8). Porque todas las obras de Cristo a lo largo de la vida eran obras salvíficas y salvadoras, ya que todas estaban ordenadas a consumarse en la pasión y muerte en la cruz por amor, el mayor acto de amor que ha existido, porque como dice san Juan Pablo II: “La Encarnación y la Redención constituyen una unidad orgánica e indisoluble. Donde el plan de la revelación se realiza con palabras y gestos intrínsecamente conexos entre sí. Precisamente por esta unidad el Papa Juan XXIII, que tenía una gran devoción a san José, estableció que, en el canon romano de la Misa, memorial perpetuo de la Redención, se incluyera su nombre junto al de María, y antes del de los apóstoles, de los sumos Pontífices y de los mártires” (RC 6).

Y por este matrimonio santísimo resulta que María y José con Jesús, nacido en ese matrimonio, forman una familia singular y única, la familia de Dios, la Trinidad santísima de la tierra. Hablando de esta familia Gersón escribe: “Me gusta exclamar ahora: ¡Oh totalmente maravillosa, José, tu sublimidad! ¡Oh dignidad incomparable que la Madre de Dios Reina del cielo y señora del mundo no juzgase indigno llamarle señor! No sé, realmente, padres ortodoxos, qué sea aquí más admirable si la humildad de María o la sublimidad de José, aunque es incomparablemente superior a ambos el Niño Jesús, Dios bendito por los siglos, el que está escrito que les estaba sujeto; sujeto al carpintero el que fabricó la aurora y el sol, sujeto a una mujer costurera, ante quien se arrodillan los cielos, la tierra y los abismos. Desearía que me saliesen las palabras para explicar un misterio tan alto y escondido desde los siglos: La Trinidad de Jesús, José y María tan digna de admiración y de adoración. Tengo sí el querer, pero no encuentro el poder y en el intento abandono”. (Sermón de la Natividad de la B Virgen María, cuarta consideración).

Que por eso san José se mueve plenamente en la esfera de esta sacratísima familia, por encima de todos los demás santos. Pertenece de lleno a la familia de Dios. Santa Teresa intuyó esta fe en la experiencia de san José y lo expresó así de sencillamente: “Que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles por los muchos trabajos que pasó con el Niño Jesús que no den gracias a Dios por lo bien que les ayudó en ellos” (V 6,8), y también cuando dice “que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas y quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, que como tenía nombre de padre –siendo ayo- le podía mandar así en el cielo hace cuanto le pide” (V 6,6).

San José entra de lleno en el Decreto eterno de la Encarnación-Redención como padre de Jesús en la línea de María como Madre. Y todo por su matrimonio con María.

P. Román Llamas, ocd.
Centro Josefino Español