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9 de junio de 2016

Recordando: Mi historia de la JMJ


A raíz de un comentario que hice en la entrada “Historia de las JMJ”, narrando una anécdota personal, un bloguero sugirió que sería bueno contarla en una entrada propia y, como me quedan 2 días de estar de Rodríguez, lo voy a hacer.

No es fácil remontarse 26 (Roma), 21 (Santiago de Compostela), 19 años atrás (Częstochowa) y recordar lo que viví en las Jornadas Mundiales de la Juventud en las cuales participé. Pero si bien he olvidado muchos detalles, ha quedado lo esencial, finalmente lo que importa.

La primera vez que un Papa, Juan Pablo II, convocó a jóvenes de todo el mundo fue en 1984 y se llamó a aquello Jubileo Internacional de la Juventud. Este fue el germen de lo que luego se han denominado JMJ, jornadas mundiales de la juventud.

Parece ser que, a priori, según muchos entendidos de dentro y de fuera de la Iglesia, aquello iba a ser un fracaso. Esta es la diferencia entre los santos y los entendidos; los entendidos intentan explicar la realidad y anticiparla; los santos la cambian. Esto es lo que sucedió el Domingo de Ramos de 1984 en la Plaza de San Pedro; un santo a la antigua, es decir, por aclamación popular, como es Juan Pablo II, llamó y acudimos 300.000 jóvenes, cosa inaudita para la época.

Tenía yo entonces solo 16 años y era un converso reciente, desde un cristianismo sociológico a un cristianismo personificado en Cristo real y resucitado. Por tanto, estaba lleno de entusiasmo por el mundo nuevo que estaba descubriendo y aquel Jubileo significó un refrendo, un sello de autenticidad, de que el encuentro con Cristo que yo estaba viviendo era real y operaba en otros jóvenes como yo.

Como dije en el comentario antes citado, de lo que dijo el Papa en aquella ocasión, no recuerdo nada; costaba seguirle el discurso, pues entonces no teníamos traductores y además había demasiados estímulos a mi alrededor, chicas incluidas, y demasiadas hormonas dentro como para ser consciente de lo que nos decía Juan Pablo II.


Anécdotas de aquel encuentro, muchas, pero sobre todo recuerdo el regalazo, soy un mimado de Dios, que me esperaba el Domingo de Ramos y que consistió en lo siguiente:

Entre los jóvenes peregrinos del Camino Neocatecumenal, al que pertenezco, se sorteó dos invitaciones por autocar para ayudar a los sacerdotes a distribuir la comunión el Domingo de Ramos. A mí me tocó una de las invitaciones de mi autocar; la otra le tocó a un hermano de mi Comunidad. Era un chollo, pues estaríamos en primera fila, debajo del altar. La invitación ponía textualmente “Servizio Comunione” y era un a tarjetita de color amarillo, pero la de mi compañero, aunque ponía lo mismo era de color azul. Total que cuando nos presentamos a la mañana del domingo en la puerta del Vaticano, empezamos a pasar controles vaticanos y en el último, el de la Guardia Suiza, pasó algo extraordinario. Delante de mí, había una chica con una invitación del mismo color que la mía pero que ponía “Comunione Santa” y el guardia pensó que ella y yo veníamos juntos y nos mandaron a la izquierda. A mi compañero, como tenía la tarjeta de color azul, lo mandaron a la derecha y le perdí de vista. Me hicieron sentar en un lateral y maldije mi suerte pues veía al Papa de espaldas y no sabía que tipo de invitación era aquella con la que habían confundido la mía. Total que cuando llega la hora de comulgar veo que tres filas más adelante se levantan, que los de la segunda fila se levantan también y que yo también estoy levantado dirigiéndome tras los demás directamente hacia el Papa. Yo alucinaba; estaba tan nervioso que cuando llegué ante Juan Pablo abrí la boca y cerré los ojos. Cuánto me arrepiento ahora de no haberle mirado fijamente a esos ojos santos.

Después de la ceremonia, nos volvíamos inmediatamente a Madrid y no tuve tiempo de pedir la foto. Y cuando contaba lo sucedido en el autocar mis compañeros pensaban que estaba vacilándoles.

Muchos años más tarde, como 15 años después, mi hermano, seminarista entonces, fue a Roma y tuvo el detalle de ir al archivo fotográfico del Vaticano y preguntar por las fotos de los comulgantes del Domingo de Ramos de 1984. Recuperó mi foto con el Papa y con ella y un bonito marco me hizo uno de los mejores regalos de cumpleaños que he tenido nunca.

En la foto se me ve con una chaqueta blanca de franjas rojas y azules horterísima, prueba de que estaba allí por error humano y gracia divina, pues la gente solicita comulgar con el Papa con años de antelación y cuando les toca se presentan de tiros largos.

Esta foto es que la aparece en mi perfil y esta es su historia, una de tantas entre los millones de historias de Gracia que han vivido y vivirán los jóvenes en las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Yo he abierto el fuego. Ahora os toca a vosotros contar vuestra experiencia.

PD. No os podré agradecer ni contestar a ningún comentario pues tengo vacas pastando en el Campo de Montiel «Y comencé a caminar por él, antiguo y conocido, y era verdad que por él camino.». A buen entendedor...





Autor: José María A.V.

Esta historia fue contada en este mismo blog en 2010 Aquí.

2 de junio de 2016

SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS (JN 4,10)



Te envío un cordial saludo. En esta ocasión vengo a compartir contigo un texto de la palabra de Dios, que a mí como joven creyente, me ha ayudado, me ha consolado, me ha corregido; es un texto de la escritura que quizás ya conozcas y que está en Juan capítulo 4, versículo 10.

Jesús le respondió: —Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, sin duda que tú me pedirías a mí y yo te daría agua viva.

Conocer a Jesús no es igual que conocer a un personaje histórico como Sócrates, Alejandro Magno o Isaac Newton, no es lo mismo si te preguntarán: —¿Tú conoces a fulano? –es tu mejor amigo– y tu respondes: —Pero claro que lo conozco, si es mi amigo de toda la vida, hasta nos hemos ido de vacaciones juntos, de hecho come lo que sería la comida para cinco personas y ronca, si lo escucharas, por qué, qué quieres preguntarme de Él. Así deberíamos de conocer a Jesús.

No esperes a que un sacerdote o el pastor te dé a conocer a Jesús, no pueden, aun cuando sean buenos en teología y demás, no pueden, porque Jesús mismo dice en la Biblia: —Nadie viene a mí, si el Padre no lo atrae. Y después dice: —Nadie conoce al hijo, sino el Padre. Y si el Padre no envía al Espíritu Santo para que tú y yo lo conozcamos de verdad, entonces no lo vamos a conocer.
Es impórtate pedir al Señor que nos conceda conocerle, a María que nos presente a su hijo: ¡Yo quiero conocer a Jesús! En nuestra vida viven dos espíritus, el espíritu del hombre viejo que ya lo conocemos, con sus pensamientos egoístas y el  espíritu del hombre nuevo, que es el espíritu de Jesús, hay que pedir el Espíritu Santo. Jesús anhela ser conocido y quiere tener algo importante contigo y conmigo.

Dice Jesús: —Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber. «El don de Dios es el amor» y un don es un regalo que se da voluntariamente, Dios nos dio a su único hijo para salvarnos, por eso el amor no es un sentimiento, no es una hormona, ni tampoco una emoción, el amor es  una persona y se llama Jesús. Si conoces a Jesús podrás vivir el amor con tus amigos, con tu novia, con tu familia y no cualquier amor, porque solo el amor verdadero viene de Dios. Para un matrimonio el amor puede durar entre 8 y 9 meses, pero si quieren amarse para toda la vida, van a tener que vivir con Dios adentro. Si conociéramos el amor que Dios nos tiene, si conociéramos la misión que Él tiene reservada para nosotros, si conocieras lo que Dios nos quiere regalar.


Recibe un saludo en el Señor,
Tu amigo, Daniel Espinoza.



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