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21 de agosto de 2014

Porqué la Virgen María continúa siendo el Modelo del Discípulo Cristiano de Hoy.


Recientemente, el día de la Solemnidad de la Asunción de María, durante una reunión amistosa, algunos nos comentaban que les parecía irrelevante esta fiesta, que no tenía ningún sentido para los cristianos de hoy. Al continuar escuchando los comentarios, me di cuenta que no sólo cuestionaban el valor y la relevancia de esta solemnidad, sino que también el rol de María en la Historia de la Salvación. Entre los presentes, había graduados de colegios católicos, pero sus testimonios constataban que su fe estaba más bien ligada a recuerdos de la devoción mariana de sus padres, abuelos y personas de antaño, citando actos de religiosidad popular y tradiciones familiares. María no se veía presente en la realidad de sus vidas.

                Es paradógico, que María es, por una parte, una invitación al Catolicismo, mientras que por otra, es un obstáculo, principalmente para los protestantes y para muchos Católicos alejados, pero hay testimonios que nos pueden alentar. Curiosamente, María fue también en cierto momento de su vida un obstáculo en el viaje espiritual de un joven polaco, Karol Wojtyla, que creció en un país de profunda tradición mariana y más tarde llegó a ser el Papa Juan Pablo II, el primer papa que, en su Obra Don y Misterio, hizo público un relato de su esfuerzo por discernir su vocación cristiana. Como él mismo dice, cuando abandonó su natal  Wadowice para ir a la universidad «Jagiellonian» de Cracovia, se sintió abrumado por la  devoción de su patria hacia María: «Empecé a cuestionar mi devoción a María, convencido de que, si llegaba a ser demasiado intensa, podría acabar por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo».

                Escasamente reconoceríamos estas últimas palabras que emanaron del mismo santo que dedicó su pontificado a María. La figura de María, más que un obstáculo para encontrar a Cristo vivo, fue para él el camino privilegiado para acceder a Cristo. Durante la brutal ocupación nazi de Polonia,  en la Segunda Guerra Mundial, Karol Wojtyla empezó a leer al teólogo francés San Luis Grignion de Montfort (1673-1716). La obra más importante de Montfort, ‘Verdadera Devoción a María’, enseñó a Wojtyla que la auténtica devoción mariana es, en realidad, cristocéntrica, porque «nos conduce necesariamente a Cristo, y por medio de Cristo, que es hijo de María e Hijo de Dios, nos introduce en el misterio mismo de Dios, en la Santísima Trinidad.

                Podemos confirmar lo que escribe Montfort en la fuente original, el Nuevo Testamento. La última palabra que pronuncia María en el Evangelio es: “Haced lo que Él os diga”, dirigida a los sirvientes de la boda de Caná (Jn 2, 5). Este breve pasaje resume la función específica de María en la Historia de la Salvación.  Desde el momento de la Encarnación, María manifiesta desde lo más profundo de su corazón que está dispuesta a conducir su vida, no en torno así misma, sino hacia su Hijo, que también en la carne es Hijo de Dios. María nos introduce en el corazón de la Santísima Trinidad. Al definir Montfort toda verdadera devoción a María esencialmente cristocéntrica y trinitaria, nos muestra que es una invitación a un encuentro más íntimo con el misterio de la Encarnación y el de la Trinidad, para reflexionar más profundamente sobre quiénes somos y quién es realmente Dios. Sólo así podemos ser fieles a nosotros mismos, como lo fue María.

                San Juan Pablo Magno, frente al santuario mariano de Czestochowa en 1979, en su primera visita papal a Polonia, fue contundente en su testimonio: «Soy un hombre de profunda confianza; y aquí es donde aprendí a serlo. Aquí aprendí a confiar, en oración ante esta imagen de María que nos introduce en el misterio de la función especial que ella desempeña en la historia de salvación que, a su vez, es la historia humana leída en profundidad. Aprendí a confiar no en «opciones» o «estrategias de éxito», sino en la madre que siempre termina llevándonos a su Hijo, Cristo, y que nunca es infiel a sus promesas».

                Aprovechemos la gran riqueza que nos ofrece la Teología Católica sobre María. El teólogo suizo Hans Urs von Balthasar sugiere que la Iglesia, en todas sus etapas, está configurada a imagen de las grandes figuras del Nuevo Testamento: la Iglesia que proclama y evangeliza reproduce la imagen de Pablo, apóstol de los gentiles; la Iglesia que contempla y cultiva el misticismo se configura a imagen del apóstol Juan, el discípulo preferido de Jesús, que se reclinó sobre el pecho del Maestro en la Ultima Cena; la Iglesia que ejerce su autoridad actualiza la imagen de Pedro, al que Cristo confió el poder de las llaves, es decir, el poder de atar y desatar, y al que mandó que «fortaleciera la fe de sus hermanos» (Lc 22,3), y la iglesia que vive como «discípulo», que es la base de todo lo demás, tiene su imagen en una mujer, María, la primera de todos los discípulos y, por tanto, madre de la Iglesia….Este es el fiat de María en su totalidad. De María podemos aprender una sola lección cuyo aprendizaje transcurrirá a lo largo de nuestra vida y que tanto trabajo nos cuesta aprender, ya que estamos condicionados por la cultura contemporánea a la falta de confianza.

                María comprende gracias a su humildad, que sólo Dios proveerá, mientras que en nuestra cultura, se habla de «Dejar abiertas las opciones» que no es ciertamente, el mejor camino hacia la felicidad o la santidad, sino una trampa que acaba por destruirnos. Con frecuencia escuchamos que esta generación ‘no está abierta al compromiso’. La razón: es una generación que ha perdido la confianza en Dios y en sí misma, no obstante la exaltación de la auto-estima en nuestra cultura.  Por eso, no debe de extrañarnos escuchar todas esas noticias y comentarios sobre lo que regularmente charlamos: infidelidad, adulterio, destrucción de la familia; políticos y servidores públicos que traicionan su compromiso de servir al pueblo; sacerdotes y religiosos que traicionan sus votos de fidelidad a Cristo y a la Iglesia; las vidas de las estrellas de cine, como si fueran ejemplares;  maestros universitarios que prefieren el lenguaje ‘políticamente correcto’ a enseñar la verdad; la injerencia del narco en el poder político; el lavado de dinero; y el aborto, que se ha convertido en el holocausto moderno, que ha cobrado más vidas que todas las guerras combinadas, partiendo de la Guerra de Corea (1952), hasta nuestros días.  Esto es comprensible, hablamos mucho, pero la puerta de nuestro corazón sólo está abierta a ‘opciones personales’, es decir, puro egoísmo disfrazado con el eufemismo de ‘superación personal’. El éxito lo justifica todo.

                Más allá de la frivolidad que nos ofrecen los medios, debiéramos ver hacia el interior. Esa falta de confianza que enferma a esta sociedad que ha optado por el relativismo moral, hincándose ante el ídolo moderno de la tolerancia, ha creado un vacío en las almas de los jóvenes, principalmente, que nos bloquea el acceso a la misma gracia de Dios. Por eso, tampoco debiera extrañarnos que tantos jóvenes se identificaran con San Juan Pablo II, que era el compromiso encarnado, aún en sus últimos años. Prueba de esta identificación fueron las Jornadas Mundiales de la Juventud, que han continuado. La próxima será  Cracovia 2016, en su tierra. En una cultura popular en que los padres son distantes para sus hijos, que escasamente dialogan, juegan y comparten su vida, muchas veces separados por divorcios, paternidad a proxi y heridos por conflictos, estos jóvenes encontraron irresistible al santo que platicaba, jugaba y reía con ellos. Al mismo tiempo, demostró coherencia en sus compromisos y jamás exigió compromisos que él no hubiera aceptado.


                                 Reflexionemos sobre nuestra vocación en la vida. Por eso, él no dudó en incluir el episodio de Caná en los Misterios Luminosos del rosario. Todos tenemos una vocación, que es algo único que podemos realizar sólo con la providencia de Dios. María nos invita a vivir en una profunda y gozosa confianza en Cristo, sin reservas. No nos conformemos con meras especulaciones y cálculos. Es el camino a la felicidad, a la plenitud y a la santidad. Es un camino de comunión y liberación.

                En su fiat inicial, en la Anunciación, María pone de relieve que Ella es la primera entre los discípulos de Jesús y el modelo absoluto de la vocación cristiana. Después del saludo del ángel, llena de gracia, no entra en negociaciones ni en contratos pre-maternales, a la manera de los contratos pre-nupciales que se usan hoy en día. Para Ella no hay estrategias de éxito ni opciones que dejar abiertas. Ella sólo confía en el plan de Dios y emite su exquisita respuesta: “He aquí la esclava del señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38). Su perfecta  confianza se extiende más allá del tiempo, y entra en la eternidad.

En la doctrina católica, María es el primer discípulo en todos los sentidos. Ese es precisamente el significado de la «Asunción», que nos enseña que María, después de morir, en su «dormición», fue «elevada» al cielo en cuerpo y alma. La Iglesia ratificó esta enseñanza hasta 1950, con la Bula Munificentissimus Deus, del Papa Pío XII, pero la fe en el destino glorioso del alma y del cuerpo de la Madre del Señor después de su muerte ya existía; desde Oriente se difundió a Occidente con gran rapidez y se generalizó. Hay escritos de los historiadores eclesiásticos del siglo IV que se refieren a la Asunción de María como una tradición muy antigua. En el Siglo V se hablaba del Memorial de María y en el Siglo VI, los historiadores citan la Dormición. Debido a su unanimidad, la fuente no puede ser otra que los mismos apóstoles y por lo tanto, es  revelación divina, ya que la Revelación, según enseña la Iglesia, termina con la muerte de San Juan. A partir del Siglo VII, el Papa Sergio I promovió procesiones a la Basílica Santa María la Mayor el día de la Asunción, como expresión de la creencia popular en esta verdad tan gozosa. Por lo tanto, el dogma de la Asunción es liberador, ya que nos confirma la certeza de que tenemos a Nuestra Madre gloriosa en el cielo.

                San Juan Damasceno, el año 754 subraya la relación entre la participación en la Pasión y el destino glorioso: «Era necesario que aquélla que había visto a su Hijo en la Cruz y recibido en pleno corazón la espada del dolor... contemplara a ese Hijo suyo sentado a la diestra del Padre».

                En su Catequesis del 2 de Julio de 1997, el Papa Juan Pablo II nos dice: "El Nuevo Testamento, aun sin afirmar explícitamente la Asunción de María, ofrece su fundamento, porque pone muy bien de relieve la unión perfecta de la Santísima Virgen con el destino de Jesús. Esta unión, que se manifiesta ya desde la prodigiosa concepción del Salvador, en la participación de la Madre en la misión de su Hijo y, sobre todo, en su asociación al sacrificio redentor, no puede por menos de exigir una continuación después de la muerte. María, perfectamente unida a la vida y a la obra salvífica de Jesús, compartió su destino celeste en alma y cuerpo."

                Al entrar el fiat de María en la eternidad, también eleva a los humildes. La fiesta de la Asunción prueba literalmente que Dios eleva a los humildes. María es elevada a la vida eterna junto a su Hijo, mientras que nosotros seguimos atados a nuestro instinto de auto-preservación. Seguimos llenándonos de nosotros mismos con actitudes individualistas tales como: ‘Si yo no me ocupo de ser el primero, entonces ¿quién lo hará?’ Pidámosle a María que nos ayude a vivir más como Ella y a experimentar la verdadera alegría. Que nos ayude a cantar un Magnificat desde nuestras propias almas.

                Al reflexionar sobre el Magnificat, hagamos una pausa para asimilar qué significa la dispersión de los soberbios (Lc. 1, 51). Veamos qué sucede a los soberbios. Para saber quiénes son los soberbios, no hace falta mirar más allá de nosotros mismos, que tenemos que luchar constantemente con esta maliciosa raíz de todos nuestros pecados. María se pone feliz cuando la soberbia se dispersa y nuestra perspectiva se amplía. En vez de seguir viendo las cosas desde una perspectiva miope, nos abrimos a los pensamientos que guardamos en nuestros corazones para reconocer a nuestros hermanos y sus necesidades. Esa es el corazón de María.

                A las mujeres, María nos llama a no renunciar a nuestra naturaleza esencial ni a nuestra vocación. La cultura contemporánea nos quiere privar de los dones que Dios nos ha dado, reduciéndonos a objetos de una sociedad de consumo. Nos alimenta de las ‘bellotas de los puercos’, como lo deseaba el hijo pródigo, cuando no le daban nada en aquel país extraño (Lc 15, 16).  Esto se manifiesta en las modas, en la explotación sexual a la que muchas veces la mujer se somete por propio consentimiento; en el aborto, donde la mujer convierte su vientre en un sepulcro para su bebé, en vez de ser una fuente de vida; en la familia, donde también ha visto vulnerado su rol de madre y esposa; en el terreno político y social, donde ha ganado ciertos derechos que atentan contra su propia dignidad. Somos la generación que hemos obtenido más oportunidades de desarrollo humano y profesional, pero nos hemos ido alejando de Dios para ocuparnos de ‘las opciones’ de superación que nos ofrece el mundo, en vez de mirar hacia la verdad de Cristo y guardar ‘todas esas cosas en nuestro corazón’ como lo hacía María.  Desde las cenizas de los más brutales regímenes del siglo XX –entre Nazis y Comunistas- surgió la luz de santidad de Juan Pablo II, plenamente feliz y con un corazón que desbordaba de amor, como un hijo de María.  También nosotros estamos llamados a despojarnos de las cenizas de la dictadura del relativismo para vivir en la civilización del amor.

                Y nosotros…..¿Dónde estamos depositando nuestro fiat? María pronunció su fiat original al Padre, a través del ángel y el Padre lo depositó en el Hijo, para ser consumado en la Madre y el Hijo a través del Espíritu Santo. Cuando el Padre recibe todo este fiat trinitario, lo distribuye a la humanidad por medio de la Eucaristía y el Espíritu Santo. Fue una alianza sellada originalmente entre el Padre y la Madre por la mediación del Espíritu. Nosotros, al depositar nuestra confianza en las ‘opciones’ que nos presenta la sociedad moderna -que con frecuencia traiciona nuestra confianza y nos hace dudar, más que creer- nos dejamos seducir por el materialismo y nuestra cultura sólo ofrece terapias como compensación. Esta sociedad terapéutica nos ofrece un analgésico, un calmante o un soma, y nos desecha.

                Seamos discípulos de Cristo, como María, con una vocación de Madre universal. Nuestra vida está en manos de Dios y no podemos abandonarla en nuestras propias manos,  ya que no somos dioses. Hablemos de María a nuestros seres queridos y recemos el santo Rosario. Encomendémonos a Ella, en el mismo espíritu en que lo hacían San Luis Grignion de Montfort y San Juan Pablo Magno, con un gozoso ‘Totus Tuus’.  

                                                            -Yvette Camou-


                      Referencias Bibliográficas:

Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer. 2008. Bilbao, España.

Cardozo, Joaquín, SJ. ‘Estudios sobre la Asunción’/Documentos Históricos sobre la Asunción. Encuentra.com

Louth, Andrew. 'St John Damascene: Tradition and Originality in Byzantine Theology (Oxford Early Christian Studies). Oxford University Press. 2005.  Pág. 73.

Monfort, St. Louis-Marie Grignion. ‘True Devotion to Mary’. Págs. 77, 79 & 123-124.  Tan Books & Publishers. Rockford, Illinois. 1985.

Reilly, Steven, LC. ‘God lifts up the Lowly’. Catholic.net.

Von Speyr, Adrienne. ‘Handmaid of the Lord’.  Págs. 15-16. Ignatius Press. 1985.

Weigel, George. ‘Witness to Hope: The Biography of John Paul II’. Págs. 60, 61, 310. Harper-Collins/Cliff Street Books. 1999.
               

                

6 de junio de 2014

Desde el Umbral de ‘Santo Subito’ a San Juan Pablo Magno


“¡Juan Pablo II, Te quiere todo el mundo!” era el grito que se escuchaba en las calles de la Cd.  de México, cuando  Juan Pablo II fue recibido por una multitud estimada en  12 millones de personas que abarrotaban las principales avenidas para ver al inolvidable Papa que se había ganado el corazón de todo el pueblo.  Era el año 2002, su quinta visita. La Iglesia había librado algunas batallas ese año, incluyendo una controversia sobre la existencia del indio Juan Diego que cuestionaba también la veracidad de Nuestra Señora de Guadalupe, pero la presencia de 12 millones confirmaba el testimonio de fidelidad del pueblo. Su visita culminó con la misa de canonización de San Juan Diego. Ya no era el Papa físicamente vigoroso que había visitado el país por primera vez en 1979; se veía físicamente frágil y su estado de salud había reducido su vitalidad. Sin embargo,  Juan Pablo II probó al mundo que él seguía teniendo presencia, seguía siendo amado y seguía siendo el líder espiritual, cuyo mensaje no había perdido actualidad después de 23 años. Ningún escándalo, controversia o conflicto político había reducido su presencia. Más bien, él mismo había logrado cambiar la historia del mundo.

Desde que inició su pontificado, Juan Pablo II se convirtió en el Papa de las sorpresas. El testimonio de millones de Mexicanos que lloraban en las calles, es algo que aún conmueve. Juan Pablo II nos mostraba qué sucedía cuando la gente veía al Papa. Muchos esperaban una sorpresa conmovedora, pero resultó mucho más que eso. Se sentía una profunda alegría por su bondad y un encuentro de corazones.  Mucha gente sentía una infusión de humildad, atraída por una gravedad invisible, mientras que otros sentían cierta elevación atraída por una ligereza desconocida. Su sonrisa era luz de esperanza. No era una terapia, sino una liberación.

El legado del Papa Juan Pablo II continúa sorprendiendo al mundo y su santidad fue el hilo conductor de su intenso pontificado. Para comprender esto, consideremos que  su santidad no inició con el pontificado, sino muchos años antes. Tampoco se puede desvincular su experiencia vivida en Polonia, desde su juventud y niñez.


Juan Pablo II está destinado a ser San Juan Pablo Magno por haber confrontado los más grandes desafíos históricos del siglo XX, con la única respuesta efectiva, que no es otra que la santidad:

1.       Fue figura clave en el colapso del Comunismo Europeo. Por lo tanto, fue el gran testigo Cristiano de la segunda mitad del siglo XX y el inicio del siglo XXI.  Este testimonio explica su rol tan significativo en estos acontecimientos y nos permite comprender la dinámica cultural de la historia.

2.       Brindó una interpretación efectiva a los textos clave del Concilio Vaticano II. En otros concilios se había recurrido a credos, cánones, anatemas y otras claves para interpretar sus textos. Después del Concilio Vaticano II hubo un lapso de 15 años en que se expresaron libremente muchas opiniones para tratar de explicar el significado de los textos.  San Juan Pablo Magno nos brindó a lo largo de 26 años de ministerio, documentos que pusieron fin a ese lapso de inseguridad, proporcionando a la Iglesia las claves autorizadas para comprender el evento Católico más importante desde la Contra-Reforma del siglo XVI.

3.       Además de ser el primer Papa no italiano en 455 años y el primer Papa de un país de Europa Oriental, vivió la mayor parte de su vida adulta bajo un régimen totalitario y logró una profunda comprensión de la dinámica moral de la libertad y su repercusión en la ética de las relaciones interpersonales, el surgimiento de la libertad política y las economías. Había sido testigo de los horrores ocasionados por los dos grandes leviatanes del siglo XX: El Nazismo y el Comunismo, en sus horas más crueles.  Fue pastor de su pueblo en las horas más oscuras, acompañándolos también en su lucha por la libertad.

4.       Para quienes piensan que una combinación de política y economía es lo que conduce la historia, San Juan Pablo Magno demostró que la cultura, elevada a la conciencia puede doblegar la historia y hacerla más humana. Fue poeta y dramaturgo. Una de sus obras, ‘The Jeweler’s Shop’, publicada bajo un seudónimo, fue llevada al cine, estelarizada por Burt Lancaster y obtuvo el Oscar. Fue promotor del teatro, actor y fomentó la cultura y las artes para fortalecer la identidad del pueblo.  Para él, sin la libertad interior no puede haber una auténtica libertad.

5.       Fue el foco de atención en los medios durante décadas, en una época en que aún las figuras públicas más notables desgastaban su presencia en los medios después de 5 o 10 años.  Con su pontificado y sus múltiples viajes y peregrinaciones, surgió el advenimiento de la TV por satélite, CNN y otros,  para poder brindar cobertura. Fue un desafío para los medios tanto por su carisma, como por la dinámica de su pontificado, que logró muchas conversiones entre los corresponsales de prensa que cubrían el Vaticano.

6.       Vivió su enfermedad y su sufrimiento públicamente, de tal manera que se convirtió en un ícono del misterio central de la fe Cristiana para todo el mundo.  Su biógrafo, George Weigel escribió que tenía un alma carmelitana, ya que se identificaba plenamente con la tradición  del misticismo de San Juan de la Cruz, vivido día a día, en su camino, tal como lo expresara Santa Teresita de Lisieux: su sufrimiento podía ayudar a otros. Podía usar sus momentos de dolor y tristeza, ofrecérselos a Dios, uniéndolos a su gran amor con una fuerza infinitamente poderosa. Lo ofreció a Dios por los misioneros del mundo, de tal manera que su vida diaria fuera más dulce y sus esfuerzos más fructíferos. Dostoyevsky pensaba que el mundo estaba interconectado, en una red en la que todos estamos unidos en el sufrimiento y en el amor. Por lo tanto, cuando ofrecemos algo a Dios, ofrecemos lo que tenemos y lo conectamos al circuito del amor que lo transmite.

7.       Su asombrosa capacidad para expresar su paternidad en una variedad de circunstancias culturales, en un mundo que  parece haber sido despojado de  la paternidad en su esencia  de misericordia y fuerza.

8.       El sufrimiento como antídoto a la superficialidad. Nos conformamos con adorar cosas superficiales y efímeras como la belleza, la juventud, el vigor, la imagen y la moda.  San Juan Pablo Magno nos recuerda que es importante saber apreciar la belleza en la vejez, la salud quebrantada, los niños con Síndrome de Down, autistas, etc. También nos enseña a ver la verdad y el rostro de Cristo en los refugiados, los migrantes, los perseguidos, los prisioneros de conciencia y los que sufren. Nos enseña que ellos tienen un lugar legítimo en nuestras vidas. No sólo lo dijo, sino que lo vivió.

9.       El Gran Reformador del Sacerdocio CatólicoEste aspecto ha sido oscurecido por los medios de comunicación que prefieren enfocarse exclusivamente a los casos de abuso sexual cometidos por una minoría de sacerdotes. Cuando se le preguntó a su biógrafo, George Weigel sobre el sobregirado caso Maciel, comentó: “El sacerdocio Católico se encontraba en su peor condición desde el siglo XVI en 1978, cuando asumió el pontificado. Miles de sacerdotes habían dejado su ministerio activo y era evidente que una minoría había cometido crímenes horribles. La formación en los seminarios era débil y todo cambió después de 26 años. Por lo tanto, lo primero que podemos decir acerca de Juan Pablo II y la crisis de los abusos de menores es precisamente que fue el Gran Reformador del Sacerdocio”. 


San Juan Pablo Magno también fue tomado muy en serio por los enemigos de la Iglesia, como lo prueban los documentos desclasificados de la KGB, de la Stassi (la policía secreta de Alemania Oriental) y los propios archivos del régimen comunista polaco.  Los esfuerzos de estas agencias por sobornar, chantajear y destruir a la Iglesia Católica fueron incontenibles. Gastaron miles de horas-hombre laborales y millones de dólares para impedir su trabajo, intentando manchar su reputación en los países satélites de la Unión Soviética. El Papa se había convertido en su principal enemigo ideológico y el Vaticano no podía ejercer actividades de contra-inteligenciaPrueba de esto es el atentado que sufrió en 1981, en manos de Mehmet Ali Agca, terrorista musulmán turco que fue contratado por la policía secreta de Bulgaria, también país satélite de la Unión Soviética. El Papa lo perdonó y lo visitó en prisión. La imposición de la ley marcial en Polonia, en 1983, justo antes de la visita papal fue un evidente medio de presión política de los comunistas.

Para elevar su legitimidad proclamándolo San Juan Pablo Magno, podemos recurrir a otro papa magno, hay otra luz de santidad, nada menos que San Gregorio Magno, Doctor de la Iglesia, que vivió en la mitad del siglo VI. San Gregorio Magno restituyó la paz a toda Italia, redujo los cismáticos en Africa, destruyó las miserables reliquias del arrianismo en España y en toda Europa, superó las tribulaciones que tanto afligían a las Iglesias de Oriente que impedían la Evangelización, logró la conversión de los ingleses, llegando a ser conocido como el Apóstol de Inglaterra. No hubo nación en todo el mundo cristiano que no experimentase los efectos de la vigi­lancia, de la aplicación y de la caridad de este gran Pontífice.  Promovió las artes y el canto gregoriano es producto de la cultura cristiana que fomentó. Al igual que San Juan Pablo Magno, también padeció el dolor y quizás su milagro más grande haya sido, haberlo logrado casi  todo desde su cama.

San Juan Pablo Magno, Ruega por nosotros.

-Yvette Camou-

Referencias Bibliográficas:

·     Croisset, Jean, SJ. “San Gregorio Magno, Papa, Confesor y Doctor de la Iglesia”.  Págs. 3, 4.  Buena Prensa.  2008.

·      Noonan, Peggy. “John Paul the Great: Remembering a Spiritual Father”.  Págs.  92, 104. Penguin Books. 2006.

·     O’Connor, Patricia. “Thèrese of Lisieux, A Biography”.  Págs. 112-115,  124-126. Our Sunday Visitor Publishing Division. Huntington, Indiana. 1983.

·       Rodríguez F.J., “Bienvenido a México, Juan Pablo II”. Periódico  El Universal. 31 de Julio del 2002.

·      Weigel, George. “Witness to Hope, The Biography of Pope John Paul II”. Págs. 236-239, 437, 634-638, glosario. Harper-Collins/Cliff Street Books. 1999.

·       Weigel, George, “The End and the Beginning: The Victory of Freedom, the Last Years of the Legacy”. Págs. 37, 51, 58, 69. Publisher: Image. 2011/2014.

·     Weigel, George; Wooden, Cindy.  “Life and Petrine Ministry of John Paul II”. Vatican Press Office release.  April 25th, 2014.