5 de julio de 2022

FORTALECE Y AUMENTA MI FE, SEÑOR

*ORACION: FORTALECE MI FE, SEÑOR*

Yo creo en Ti, Señor, y te doy gracias de corazón, pero aumenta mi fe, porque a veces me envuelven las dudas.

Señor, haz que mi fe sea plena, que sepa abrirte mis pensamientos y sentimientos y acciones, mi pasado, mi presente y mi futuro, sin reservas.

Señor, haz que mi fe sea coherente, que acepte las renuncias y los deberes que comporta y sepa hacerla vida en cada momento de mi vida.

Señor, haz que mi fe sea fuerte, que madure ante la contradicción de los problemas, que encuentre cimiento más firme ante quienes la rechazan.

Señor, haz que mi fe sea alegre, al saber y sentir que tu amor me envuelve, al descubrir en cada persona la huella de tu gloria.

Señor, haz que mi fe sea activa que sepa verte en los pobres y en cuantos me necesitan y sepa avanzar por el camino de servicio y la entrega.

Señor, haz que mi fe sea contagiosa, a través de mis palabras, mi sonrisa y mi vida entera. Que sepa transmitir, Señor, que Tú eres lo mejor que me ha pasado. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

4 de julio de 2022

DESDE MI PEQUEÑEZ BUSCO LA GRANDEZA DE TU MISERICORDIOSO AMOR

*ORACION: Desde mi pequeñez*

Ven Espíritu Santo. Sin ti no hay vida que valga la pena. Por eso, desde mis dudas, temores, cansancios y debilidades quiero invocarte.

Ven, Espíritu Santo, a regar lo que está seco, ven a fortalecer lo que está débil, ven a sanar lo que está enfermo. Transfórmame, restáurame, renuévame con tu acción íntima y fecunda.

Desde mi pequeñez me convierto en mendigo confiado de tu auxilio. Te suplico que vengas a sanarme del egoísmo, de la comodidad, del individualismo.

Libérame de las esclavitudes que enfrían el entusiasmo misionero, para que pueda evangelizar con alegría y coraje inagotable. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

3 de julio de 2022

ACOGER LO NUEVO, SEÑOR

*ORACION: ACOGER LO NUEVO*

Señor, decimos que nos gustan las novedades, pero nos gusta pensar, decir y hacer siempre lo mismo.

Nos cuesta dejar nuestras rutinas y prejuicios. Nos cuesta cambiar nuestra forma de vernos, de verte, de ver el mundo.

Nos cuesta aceptar la novedad, sobre todo si esa novedad exige un cambio por nuestra parte. Nos cuesta aceptar la novedad del Evangelio, la novedad de tu Palabra, la novedad de tu vida.

Haznos odres nuevos, para acoger el vino nuevo de tu amor y tu perdón sin merecerlo, porque a nosotros nos cuesta amar y perdonar a quien no lo merece.

Haznos odres nuevos, para dejarnos encontrar por ti. Haznos odres nuevos, para seguir el camino que nos señalas, porque no estamos convencidos de que tú nos conduces a la felicidad y a la libertad más grandes. Haznos odres nuevos, Señor. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

2 de julio de 2022

GRACIAS POR TU INFINITA MISERICORDIA, SEÑOR.

*ORACION: GRACIAS POR TU MISERICORDIA*

Te doy gracias, Jesús, por tu misericordia. Porque nos miras desde la congoja y nos sonríes desde la inocencia.

Porque nos ruegas desde la angustia de tus hijos golpeados, nos abrazas en el abrazo que damos y en la vida que compartimos.

Te doy gracias, Jesús, por tu misericordia. Porque me perdonas más que yo mismo, porque me llamas, con grito y susurro y me envías, nunca solo. Porque confías en mí, tú que conoces mi debilidad.

Te doy gracias, Jesús, por tu misericordia. Porque me colmas y me inquietas. Porque me abres los ojos y en mi horizonte pones tu evangelio. Porque cuando entras en ella, mi vida es plena.

Te doy gracias, Jesús, por tu misericordia. y te pido que me ayudes a ser misericordioso. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

1 de julio de 2022

DAME, SEÑOR, FORTALEZA EN MI DEBILIDAD

*ORACION: Fuertes y débiles*

Señor, enséñanos a ver la realidad, sin dejarnos engañar por las apariencias; enséñanos a ser verdaderamente humanos.

Fuerte es el que dice la verdad, incluso si no le conviene. Débil es el que no reconoce la verdad o dice mentiras para lograr sus propios propósitos.

Fuerte es quien es capaz de superar el miedo y actuar de acuerdo a su conciencia. Débil es el que se deja arrastrar por el miedo y el egoísmo.

Fuerte es quien sabe perder en paz, conservando su dignidad frente al ganador. Débil es el que gana con trucos, humillando a los perdedores.

Fuerte es quien es capaz de amar, incluso a los que le hacen daño. Débil es el que ama sólo cuando le apetece y sólo a quien le gusta.

Tú eres fuerte, Señor, el más fuerte, porque no dejaste de amar nunca.

Tu amor fue mucho más grande que el sufrimiento y la muerte. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

30 de junio de 2022

AYÚDAME, SEÑOR, A RESPONDER A TU LLAMADA

*ORACION FIESTA SAN PEDRO Y PABLO*

Te doy gracias, Señor, porque cuentas conmigo, a pesar de mi pequeñez y mi pecado. Cuentas conmigo y me llamas, como llamaste a Pedro, un pescador sencillo, apasionado, que se creía más fuerte que sus compañeros.

Cuentas conmigo y me llamas, como llamaste a Pablo, un fariseo inteligente, fanático, que quería acabar con los que no pensaban como él.

Te doy gracias por Pedro y por todas las personas que son piedra en la que se apoya nuestra vida y nuestra fe.

Te doy gracias por Pablo y por todas las personas que comparten la alegría y la novedad de la fe cristiana.

Te doy gracias porque cambiaste el corazón de Pedro. Gracias a tu perdón, Pedro lloró sus pecados se hizo más humilde y se dejó guiar por ti.

Gracias a tu cercanía, Pablo se cayó del caballo de sus prejuicios y descubrió que tu grandeza se muestra en nuestra debilidad.

También a mí me has cambiado, Señor. Gracias. Que sepa acercarme cada día a Ti, para que puedas acabar la obra que has comenzado en mí y sepa contagiar la alegría de sentirme amado por Ti. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

29 de junio de 2022

PEDRO Y PABLO


 *ORACION FIESTA SAN PEDRO Y PABLO*

Te doy gracias, Señor, porque cuentas conmigo, a pesar de mi pequeñez y mi pecado. Cuentas conmigo y me llamas, como llamaste a Pedro, un pescador sencillo, apasionado, que se creía más fuerte que sus compañeros.

Cuentas conmigo y me llamas, como llamaste a Pablo, un fariseo inteligente, fanático, que quería acabar con los que no pensaban como él.

Te doy gracias por Pedro y por todas las personas que son piedra en la que se apoya nuestra vida y nuestra fe.

Te doy gracias por Pablo y por todas las personas que comparten la alegría y la novedad de la fe cristiana.

Te doy gracias porque cambiaste el corazón de Pedro. Gracias a tu perdón, Pedro lloró sus pecados se hizo más humilde y se dejó guiar por ti.

Gracias a tu cercanía, Pablo se cayó del caballo de sus prejuicios y descubrió que tu grandeza se muestra en nuestra debilidad.

También a mí me has cambiado, Señor. Gracias. Que sepa acercarme cada día a Ti, para que puedas acabar la obra que has comenzado en mí y sepa contagiar la alegría de sentirme amado por Ti. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

FORTALECE Y AUMENTA MI CONFIANZA EN TI, SEÑOR

*ORACION: CONFIANZA*

¿Te cansas en la oración y crees que en vez de caminar hacia Dios estás retrocediendo? Si es así es que vas en la barca con Jesús. Da gracias porque viene en la tempestad y de la noche._

Señor, tanto si me respondes como si no, quiero seguir invocándote, sin cesar, bajo las bóvedas de la asidua oración.

Tanto si vienes como si no vienes, quiero seguir confiando en Ti: sabiendo que entras en mi interior a poco que abra el corazón a ti y al hermano.

Tanto si me hablas como si no, no permitas que me canse de invocarte.

Aunque no me des la respuesta que espero, que no dude de que te dirigirás a mí.

En la oscuridad de mis oraciones más profundas, sé que estás cerca, aunque no te sienta.

En medio de la enfermedad y de la muerte, ayúdame a invocarte sin descanso, sin caer en la desconfianza por tu aparente silencio.

Dame una fe recia para esperar tu palabra, tu presencia, tu paz. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

28 de junio de 2022

AYÚDAME, SEÑOR A VIVIR MI BAUTISMO

*ORACION: esta semana, Señor, ayúdame a vivir mi bautismo.*

Jesús, ayúdame a vivir mi bautismo, contigo: sumergido entre la gente, en medio de los pecadores que quieren convertirse; haciendo mías las miserias y el dolor de las personas, compartiendo las alegrías y esperanzas del pueblo.

Jesús, ayúdame a vivir mi bautismo, contigo: sumergido en el agua del Espíritu, dejándome lavar y purificar por Él, llenándome de su vida y de su amor, guiado por su luz e impulsado por su fuerza.

Jesús, ayúdame a vivir mi bautismo, contigo: sumergido en el encuentro con el Padre, sintiendo cómo su amor me rodea y me inunda, escuchando su voz: Tú eres mi hijo amado, Tú eres mi hijo predilecto.

Ayúdame a vivir mi bautismo, contigo: sumergido en la misión que me has confiado, haciendo el bien, aliviando a los oprimidos, curando cegueras y liberando opresiones, lavando los pies, sirviendo a todos, fortaleciendo el pábilo de los que están a punto de apagarse.

Ayúdame a vivir mi bautismo, contigo. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

27 de junio de 2022

QUIERO SEGUIRTE, SEÑOR, A DÓNDE QUIERAS QUE VAYAS

*ORACION: A donde quiera que vayas.*

Maestro, te seguiré adonde vayas; Maestro, dedicaré un tiempo cada día a estar contigo; Maestro, me gustaría comprometerme con una buena causa; Maestro, voy a compartir una parte de mi dinero; Maestro, quiero seguir el camino que Tú me señalas.

Pero, Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre; déjame terminar primero la carrera o la oposición; déjame criar primero a mis hijos; déjame que antes resuelva todas mis dudas.

Señor, Tú me llamas y yo pongo excusas; y tú vuelves a decirme: "Tú, sígueme". 

Acompáñame, Señor, en esta jornada, para que sepa aprovechar cada momento, para seguirte, escucharte y hablarte, para comprometerme y compartir; para disfrutar la vida y entregarla del todo. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

26 de junio de 2022

CORAZÓN DE MARÍA

*ORACION: CORAZÓN DE MARIA*

Gracias, María, por tu corazón bueno y disponible. Gracias, María, por tu corazón de ojos limpios y puros. Gracias, María, por tu corazón sincero y transparente. Gracias, María, por tu corazón claro y luminoso. Gracias, María, por tu corazón sencillo y humilde. Gracias, María, por tu corazón lleno de luz y de amor. Gracias, María, por tu corazón abierto al infinito. Gracias, María, por tu corazón joven, sencillamente, joven.

Aquí me tienes, en busca de un camino de libertad y fe. Aquí me tienes, en busca de un proyecto de vida. Aquí me tienes, en busca de Alguien en quien dejar mi amor. Aquí me tienes, en busca de semillas de alegría. Aquí me tienes, en busca de paz y de bien. Aquí me tienes, en busca de un sendero de justicia. Aquí me tienes, en busca del rostro del Dios vivo. Aquí me tienes, en busca de la libertad perdida.

¡Gloria a ti, María, Casa donde Dios mora! ¡Gloria a ti, María, Madre de Cristo y Madre mía! Amén.

25 de junio de 2022

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

*ORACIÓN SAGRADO CORAZÓN*
Cuando estamos perdidos, Tú sales a nuestro encuentro.
Cuando estamos cansados, Tú nos llevas al pozo de tu Eucaristía
Cuando estamos desilusionados, Tú nos llevas al pozo de tu alegría.
Cuando nos perdemos en nuestros pecados, Tú nos conduces a tu perdón.
Cuando nos fijamos en lo exterior, Tú nos indicas el camino hacia el corazón.
Cuando nos alejamos de Dios, Tú nos hablas con tu presencia.
Cuando nos sentimos débiles, Tú nos das vida con tu Espíritu Santo. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

24 de junio de 2022

EN EL SILENCIO DE ESTE DÍA QUE EMPIEZA...

*ORACION: EN EL SILENCIO*

Señor, en el silencio de este día que nace, vengo a pedirte paz, sabiduría y fuerza.

Hoy quiero mirar al mundo con ojos llenos de amor.

Ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno.

Ver a tus hijos detrás de las apariencias, como los ves tú mismo, para así poder apreciar la bondad de cada uno.

Cierra mis oídos a toda murmuración. Guarda mi lengua de toda maledicencia.

Que sólo los pensamientos que bendigan permanezcan en mí.

Quiero ser tan bien intencionado y bueno que todos los que se acerquen a mí sientan tu presencia.

Revísteme de tu bondad Señor y haz que en este día yo te agrade en todo.
Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

23 de junio de 2022

ORACIÓN DE STO. TOMÁS DE AQUINO

*ORACION DE STO. TOMAS DE AQUINO*

Dame inteligencia para comprender,  memoria para retener, facilidad para aprender, sutileza para interpretar y abundante gracia para hablar.

Dios mío, siembra en mí la semilla de Tu bondad.

Hazme pobre sin miseria, humilde sin falsedad, alegre sin superficialidad, sincero sin hipocresía. Que haga el bien sin presumir, que corrija al prójimo sin arrogancia, que admita su corrección sin soberbia; que mi palabra y mi vida sean coherentes.

Concédeme, verdad de las verdades, inteligencia para conocerte, diligencia para buscarte, sabiduría para encontrarte, una buena conducta para agradarte, confianza para esperar por ti y constancia para hacer tu voluntad.

Orienta, Dios mío, mi vida; concédeme saber lo que me pides y ayúdame a realizarlo para mi propio bien y el de todos mis hermanos. 

Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

22 de junio de 2022

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Es el momento, nuestra ancianidad nos limita y nos muestra nuestra pequeñez, nuestra simpleza y criatura de Dios. Él, el Señor, sigue estando ahí y siempre eterno y poderoso. Nosotros a sus pies, postrados ante su Poder y Amor Misericordioso.

Hoy el Papa Francisco nos habla del momento de la vejez reflexionando sobre esa conversación de Jesús con Pedro. Nuestra vida pasa por etapas y cada etapa condiciona nuestra manera de actuar, pero, a pesar de eso, Dios, nuestro Padre, se mantiene firme e inmutable. Y eso debemos tenerlo muy presente.




PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 22 de junio de 2022

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Catequesis sobre la vejez 15. Pedro y Juan

Queridos hermanos y hermanas, ¡bienvenidos y buenos días!

En nuestro recorrido de catequesis sobre la vejez, hoy meditamos sobre el diálogo entre Jesús resucitado y Pedro al final del Evangelio de Juan (21,15-23). Es un diálogo conmovedor, en el que se refleja todo el amor de Jesús por sus discípulos, y también la sublime humanidad de su relación con ellos, en particular con Pedro: una relación tierna, pero no empalagosa, directa, fuerte, libre, abierta. Una relación de hombres y en la verdad. Así, el Evangelio de Juan, tan espiritual, tan elevado, se cierra con una vehemente petición y ofrenda de amor entre Jesús y Pedro, que se entrelaza, con toda naturalidad, con una discusión entre ambos. El evangelista nos advierte: da testimonio de la verdad de los hechos (cf. Jn 21, 24). Y es en ellos donde hay que buscar la verdad.

Podemos preguntarnos: ¿somos capaces nosotros de custodiar el tenor de esta relación de Jesús con los discípulos, según su estilo tan abierto, tan franco, tan directo, tan humanamente real? ¿Cómo es nuestra relación con Jesús? ¿Es así, como la de los apóstoles con Él? ¿No estamos, sin embargo, muy a menudo tentados a encerrar el testimonio del Evangelio en la crisálida de una revelación “azucarada”, a la que añadimos nuestra veneración de circunstancia? Esta actitud, que parece de respeto, en realidad nos aleja del verdadero Jesús, e incluso se convierte en ocasión para un camino de fe muy abstracto, muy autorreferencial, muy mundano, que no es el camino de Jesús. Jesús es el Verbo de Dios hecho hombre, y Él se comporta como hombre, Él nos habla como hombre, Dios-hombre. Con esta ternura, con esta amistad, con esta cercanía. Jesús no es como esa imagen azucarada de las estampitas, no: Jesús está a la mano, está cerca de nosotros.

En el transcurso de la discusión de Jesús con Pedro, encontramos dos pasajes que se refieren precisamente a la vejez y a la duración del tiempo: el tiempo del testimonio, el tiempo de la vida. El primer paso es la advertencia de Jesús a Pedro: cuando eras joven eras autosuficiente, cuando seas viejo ya no serás tan dueño de ti y de tu vida. Dímelo a mí que tengo que ir en silla de ruedas, ¡eh! Pero es así, la vida es así: con la vejez te vienen todas estas enfermedades y debemos aceptarlas como vienen, ¿no? ¡No tenemos la fuerza de los jóvenes! Y también tu testimonio —dice Jesús— irá acompañado de esta debilidad. Tú debes ser testigo de Jesús también en la debilidad, en la enfermedad y en la muerte. Hay un pasaje hermoso de san Ignacio de Loyola que dice: “Así como en la vida, también en la muerte debemos dar testimonio de discípulos de Jesús”. El final de la vida debe ser un final de vida de discípulos: de discípulos de Jesús, porque el Señor nos habla siempre según la edad que tenemos. El Evangelista añade su comentario, explicando que Jesús aludía al testimonio extremo, el del martirio y de la muerte. Pero podemos comprender bien el sentido de esta advertencia de forma más general: tu seguimiento deberá aprender a dejarse instruir y plasmar por tu fragilidad, tu impotencia, tu dependencia de los demás, incluso en el vestirse, en el caminar. Pero tú «sígueme» (v. 19). El seguimiento de Jesús sigue adelante, con buena salud, con no buena salud, con autosuficiencia y con no autosuficiencia física, pero el seguimiento de Jesús es importante: seguir a Jesús siempre, a pie, corriendo, lentamente, en silla de ruedas, pero seguirle siempre. La sabiduría del seguimiento debe encontrar el camino para permanecer en su profesión de fe —así responde Pedro: «Señor, tú sabes que te quiero» (vv. 15.16.17)—, también en las condiciones limitadas de la debilidad y de la vejez.  A mí me gusta hablar con los ancianos mirándolos a los ojos: tienen esos ojos brillantes, esos ojos que te hablan más que las palabras, el testimonio de una vida. Y esto es hermoso, debemos conservarlo hasta el final. Seguir a Jesús así, llenos de vida.

Este coloquio entre Jesús y Pedro contiene una enseñanza valiosa para todos los discípulos, para todos nosotros creyentes. Y también para todos los ancianos. Aprender de nuestra fragilidad y expresar la coherencia de nuestro testimonio de vida en las condiciones de una vida ampliamente confiada a otros, ampliamente dependiente de la iniciativa de otros. Con la enfermedad, con la vejez la dependencia crece y ya no somos autosuficientes como antes; crece la dependencia de los otros y también ahí madura la fe, también ahí está Jesús con nosotros, también ahí brota esa riqueza de la fe bien vivida durante el camino de la vida.

Pero de nuevo debemos preguntarnos: ¿disponemos de una espiritualidad realmente capaz de interpretar el período—ahora largo y extendido—de este tiempo de nuestra debilidad confiada a los demás, más que al poder de nuestra autonomía? ¿Cómo permanecer fieles al seguimiento vivido, al amor prometido, a la justicia buscada cuando éramos capaces de tomar iniciativas, en el tiempo de la fragilidad, en el tiempo de la dependencia, de la despedida, en el tiempo de alejarse del protagonismo de nuestra vida? No es fácil alejarse del ser protagonista, no es fácil.

Este nuevo tiempo es también un tiempo de prueba, ciertamente. Empezando por la tentación —muy humana, sin duda, pero también muy insidiosa— de conservar nuestro protagonismo. Y a veces el protagonismo debe disminuir, debe abajarse, aceptar que la vejez te disminuye como protagonista. Pero tendrás otra forma de expresarte, otra forma de participar en la familia, en la sociedad, en el grupo de los amigos. Y es la curiosidad que le viene a Pedro: “¿Y él?”, dice Pedro, viendo al discípulo amado que los seguía (cf. vv. 20-21). Meter la nariz en la vida de los otros. Pues, no. Jesús le dice: “¡Cállate!”. ¿Realmente tiene que estar en “mi” seguimiento? ¿Acaso debe ocupar “mi” espacio? ¿Será mi sucesor? Son preguntas que no sirven, que no ayudan. ¿Debe durar más que yo y tomar mi lugar? Y la respuesta de Jesús es franca e incluso áspera: «¿Qué te importa? Tú, sígueme» (v. 22). Como diciendo: cuida de tu vida, de tu situación actual y no metas la nariz en la vida de los otros. Tú sígueme. Esto sí, es importante: el seguimiento de Jesús, seguir a Jesús en la vida y en la muerte, en la salud y en la enfermedad, en la vida cuando es próspera con muchos éxitos y también en la vida difícil con tantos momentos duros de caída. Y cuando queremos meternos en la vida de los otros, Jesús responde: “¿A ti qué te importa? Tú sígueme”. Hermoso. Nosotros ancianos no deberíamos tener envidia de los jóvenes que toman su camino, que ocupan nuestro lugar, que duran más que nosotros. El honor de nuestra fidelidad al amor jurado, la fidelidad al seguimiento de la fe que hemos creído, incluso en las condiciones que nos acercan a la despedida de la vida, son nuestro título de admiración para las generaciones venideras y de reconocimiento agradecido por parte del Señor. Aprender a despedirse: esta es la sabiduría de los ancianos. Pero despedirse bien, con la sonrisa; aprender a despedirse en sociedad, a despedirse con los otros. La vida del anciano es una despedida, lenta, lenta, pero una despedida alegre: he vivido la vida, he conservado mi fe. Esto es hermoso, cuando un anciano puede decir esto: “He vivido la vida, esta es mi familia; he vivido la vida, he sido un pecador, pero también he hecho el bien”. Y esta paz que viene, esta es la despedida del anciano.

Incluso el seguimiento forzosamente inactivo, hecho de contemplación emocionada y de escucha extasiada de la palabra del Señor —como la de María, hermana de Lázaro— se convertirá en la mejor parte de su vida, de la vida de nosotros los ancianos. Que nunca esta parte nos será quitada, nunca (cf. Lc 10,42). Miremos a los ancianos, mirémoslos, y ayudémosles para que puedan vivir y expresar su sabiduría de vida, que puedan darnos lo que tienen de hermoso y de bueno. Mirémoslos, escuchémoslos. Y nosotros ancianos, miremos a los jóvenes siempre con una sonrisa: ellos seguirán el camino, ellos llevarán adelante lo que hemos sembrado, también lo que nosotros no hemos sembrado porque no hemos tenido la valentía o la oportunidad: ellos lo llevarán adelante. Pero siempre con esta relación de reciprocidad: un anciano no puede ser feliz sin mirar a los jóvenes y los jóvenes no pueden ir adelante en la vida sin mirar a los ancianos. Gracias.


Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María que asemejen nuestros corazones a los suyos, y que, palpitando al mismo ritmo, sepamos vivir con fe y serena alegría cada etapa de nuestra vida. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


 

LLAMAMIENTO

En las últimas horas, un terremoto ha causado muertes y enormes daños en Afganistán. Expreso mi cercanía a los heridos y a los afectados por el terremoto y rezo en particular por los que han perdido la vida y por sus familias. Espero que con la ayuda de todos se puedan aliviar los sufrimientos de la querida población afgana.

 

Expreso también mi dolor y consternación por el asesinato en México, anteayer, de dos religiosos jesuitas, mis hermanos, y de un laico. ¡Cuántos asesinatos en México! Estoy cercano con el afecto y la oración a la comunidad católica afectada por esta tragedia. Una vez más, repito que la violencia no resuelve los problemas, sino que aumenta los sufrimientos innecesarios.

Los niños que estaban conmigo en el papamóvil eran niños ucranianos: no nos olvidemos de Ucrania. No perdamos la memoria del sufrimiento de ese pueblo martirizado.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy reflexionamos sobre el diálogo de Jesús con Pedro, que está al final del Evangelio de Juan. Se trata de un coloquio directo y abierto entre el Maestro y el discípulo, basado en la libertad y en la verdad. En este pasaje encontramos también algunas referencias a la ancianidad. Jesús advierte a Pedro que, con el paso del tiempo, tendrá que aprender a seguirlo teniendo en cuenta la propia fragilidad, que lo limitará en su acción e, incluso, en ciertos aspectos, lo llevará a depender de los demás.     

Este diálogo nos brinda una gran enseñanza, y es que en cada etapa de la vida tenemos que conocernos y aprender a ser coherentes, contando con nuestras fragilidades, contando con nuestras limitaciones. Para ello necesitamos, sobre todo en la ancianidad, una espiritualidad que nos ayude a mantenernos fieles al seguimiento de Cristo hasta el final, sabiendo dar espacio a las jóvenes generaciones que vienen detrás de nosotros; y a agradecer al Señor todas las bendiciones que recibimos de su infinita bondad.

DIOS ESPERA TU BUENA RESPUESTA


*ORACION: Reaccionar bien*
Ven Espíritu Santo, ven a sanar mi manera de reaccionar.
Para que frente a las agresiones reaccione con amor.
Para que frente a las burlas reaccione con comprensión.
Para que frente a las preocupaciones reaccione con la súplica.
Para que frente a los imprevistos reaccione con creatividad.
Para que frente a los fracasos reaccione con la esperanza.
Para que frente a los errores reaccione con constancia.
Para que frente a las desilusiones reaccione con confianza.
Para que frente a los problemas reaccione con paz.
Para que frente a los desafíos reaccione con coraje.
Para que frente a tu amor reaccione con alegría.
Ven Espíritu Santo.
Amén

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

21 de junio de 2022

CORAZÓN ABIERTO

*ORACION: CORAZÓN ABIERTO*

Señor, dame un corazón abierto que sepa acoger tu amor, el amor gratuito e incondicional que sostiene mi vida.

Señor, dame un corazón humilde que sepa dejarse amar por las personas que me ayudan a crecen en humanidad.

Señor, dame un corazón generoso que sepa amarte en todo lo que haga y por encima de todo y de todos.

Señor, dame un corazón comprometido que sepa servir a todos, comenzando por los últimos, por los pobres.

Señor, dame un corazón agradecido que sepa valorarme, amarme y alegrarme con los dones que he recibido de Ti.

Señor, dame un corazón sabio, para comprender que sólo tu amor puede llenar del todo mi corazón, que sólo el que ama con grandeza puede recibir amor, que sólo el que se deja amar con humildad puede amar, que sólo el que ama y se dejar amar puede ser feliz. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

20 de junio de 2022

FORTALECIDOS EN Y CON EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR

*ORACIÓN CORPUS: ENSÉÑAME A AMAR*

Enséñame a amar, a amar como Tú amas.

Enséñame a reconocer en los demás, almas frágiles como la mía.

Enséñame a ver más allá de lo que sus palabras y acciones demuestran, para que mi corazón se acerque al suyo.

Enséñame a tener paciencia para comprender y -aún cuando no logre hacerlo- abrazar a mi prójimo.

Enséñame a tener paciencia conmigo mismo para no dejar de intentar si en algún momento fallo, y decaen mis ganas de seguir.

Enséñame a perdonar y olvidar, así como Tú perdonaste mis miserias, esas que tanto te han lastimado y sin embargo, me sigues amando.

Enséñame a ser humilde, atento, comprensivo, generoso.

Enséñame a sonreír y a mantener viva la esperanza.

Enséñame a Amar de verdad, cada día, un poco más. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

19 de junio de 2022

NUESTRO VERDADERO ALIMENTO ESPIRITUAL

No trates de seguir al Señor simplemente adecuando tu vida a su Voluntad. No es que sea malo, al contrario es bueno, pero no es el camino correcto. El Señor sabe de antemano tus fuerzas, tus cualidades y talentos, y no necesita de ellos. Solo quiere tu confianza y tu disponibilidad.

Mira en María, sencilla, pobre y humilde. Y el Padre hizo maravillas en ellas. Lo mismo hará en ti. ¿Qué tienes que hacer? Ponerte en sus manos y dejarte llevar por el Espíritu Santo. Para ello, lo mejor, acércate al Sacramento de la Eucaristía y Reconciliación y, humildemente, reconociendo que no somos dignos de que el Señor entre en nuestro corazón y que nos basta una Palabra suya, alimentémonos de su Cuerpo y Sangre. Amén.

ESPÍRITU SANTO

*ORACION AL ESPÍRITU SANTO*

Ven Espíritu Santo, limpia mi interior de todo residuo de resentimiento y de malos recuerdos. 
Concédeme recordar el pasado con serenidad, sin rencores ni tristezas, sin angustias ni temores.
Mi seguridad está en tu amor y en tu fuerza que me abraza.
No permitas que me debilite y me desgaste con faltas de perdón y resquemores. 
Arranca de mi interior todo deseo de venganza. 
Muéstrame, Espíritu Santo, que la venganza termina cayendo sobre mi propia vida y matando mi alegría y mi paz. 
Ayúdame a declarar libres a esas personas que de alguna manera me hicieron sufrir. 
Que yo no necesite hacerlos sufrir para sentirme bien.
Derrama en mi interior tu compasión, coloca en mis ojos tu mirada compasiva, para que pueda recordarlos sin rencor y sin angustia. 
Libérame Dios mío, para que pueda respirar feliz y caminar sin ataduras interiores. 
Muéstrame que hay más felicidad en dar que en recibir, y que siempre es mejor vencer el mal con el bien. 
Ven Espíritu Santo.
Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.


18 de junio de 2022

DENTRO, EN TU CORAZÓN, TE AGUARDA TU MEJOR TESORO

*ORACION: MI MEJOR TESORO*

Cuando te has olvidado de ti mismo, cuando te has agotado en el servicio a los últimos, cuando has vencido la tentación de cualquier apego, cuando has aceptado el sufrimiento como compañero, cuando has sabido perder, cuando ya no pretendes ganar, cuando has compartido lo que tú necesitabas, cuando te has arriesgado por el pobre, cuando has enjugado las lágrimas del inocente, cuando has rescatado a alguien de su infierno, cuando te has introducido en el corazón del mundo, cuando has puesto tu voluntad en las manos de Dios, cuando te has purificado de tu orgullo, cuando te sientes herido... brilla en ti, la luz de Dios, sientes su presencia irradiando frescura, y su perfume te envuelve y reanima.

Ya no necesitas otros tesoros. Dios te acompaña, te habla, te protege. Te sientes esponjado en un mar de dicha... Es el mejor tesoro que se te ofrece gratis, para que disfrutes ya lo presente, para que lo compartas con tus hermanos; y camines firme y sin temor. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

17 de junio de 2022

SIN TI, SEÑOR, MI VIDA SE ENTRISTECE

*ORACION: Te siento en mi tristeza.*

Señor, cuando te llamo, vienes a mi lado: Tú eres mi fortaleza, mi paz. En tu confianza me refugio en los momentos de desaliento. Cuando la soledad es grande, a pesar de todo lo que me rodea, Tú eres mi único consuelo: el amigo fiel que nunca abandona.

Te siento en mi tristeza y te siento en mi alegría.

Me enreda el ambiente, me arrastra con sus redes. Y me olvido de ti, y de nuevo me siento abatido y vacío. ¿Quién o qué cosa llenará mi vida? Y en este silencio me doy cuenta de que TU eres mi respuesta.

Gracias Señor, por esos brazos siempre abiertos que me tiendes  Gracias por tu perdón. Gracias por ese saber que siempre estás cerca. Sólo en ti encuentro sentido a la vida. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

16 de junio de 2022

QUÍTAME, SEÑOR, EL MIEDO A RESPONDER A TU LLAMADA

*ORACION: Envíame sin temor*

Envíame sin temor, que estoy dispuesto. No me dejes tiempo para inventar excusas, ni permitas que intente negociar contigo. Envíame, que estoy dispuesto. Pon en mi camino gentes, tierras, historias, vidas heridas y sedientas de ti. No admitas un no por respuesta

Envíame; a los míos y a los otros, a los cercanos y a los extraños a los que te conocen y a los que sólo te sueñan y pon en mis manos tu tacto que cura. En mis labios tu Palabra que seduce; en mis acciones tu humanidad que salva; en mi fe la certeza de tu evangelio.

Envíame, con tantos otros que, cada día, convierten el mundo en milagro. Amén.


Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

15 de junio de 2022

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

El tiempo es oro y lo que podías hacer hace unos años atrás, ahora, experimentas que no es lo mismo y que, como dice el Papa Francisco Cuando somos viejos no podemos hacer lo mismo que hacíamos cuando éramos jóvenes: el cuerpo tiene otro ritmo, y debemos escuchar el cuerpo y aceptar los límites. 

Todos buscamos la sanación, tanto del cuerpo como del alma, aunque, para muchos, pasa desapercibida esta última. Y Jesús, el Señor, ha venido a darnos la curación y salvación plena, cuerpo y alma. Abramos nuestro corazón a la Gracia y Misericordia de Dios.



APA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 15 de junio de 2022

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Catequesis sobre la vejez 14. El servicio gozoso de la fe que se aprende en la gratitud (cfr. Mc 1, 29-31)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hemos escuchado la sencilla y conmovedora historia de la sanación de la suegra de Simón —que todavía no era llamado Pedro— en la versión del evangelio de Marcos. El breve episodio es narrado con ligeras pero sugerentes variaciones también en los otros dos evangelios sinópticos. «La suegra de Simón estaba en la cama con fiebre», escribe Marcos. No sabemos si se trataba de una enfermedad leve, pero en la vejez también una simple fiebre puede ser peligrosa. Cuando eres anciano, ya no mandas sobre tu cuerpo. Es necesario aprender a elegir qué hacer y qué no hacer. El vigor del cuerpo falla y nos abandona, aunque nuestro corazón no deja de desear. Por eso es necesario aprender a purificar el deseo: tener paciencia, elegir qué pedir al cuerpo y a la vida. Cuando somos viejos no podemos hacer lo mismo que hacíamos cuando éramos jóvenes: el cuerpo tiene otro ritmo, y debemos escuchar el cuerpo y aceptar los límites. Todos los tenemos. También yo tengo que ir ahora con el bastón.

La enfermedad pesa sobre los ancianos de una manera diferente y nueva que cuando uno es joven o adulto. Es como un golpe duro que se abate en un momento ya difícil. La enfermedad del anciano parece acelerar la muerte y en todo caso disminuir ese tiempo de vida que ya consideramos breve. Se insinúa la duda de que no nos recuperaremos, de que “esta vez será la última que me enferme…”, y así: vienen estas ideas… No se logra soñar la esperanza en un futuro que aparece ya inexistente. Un famoso escritor italiano, Italo Calvino, notaba la amargura de los ancianos que sufren perder las cosas de antes, más de lo que disfrutan la llegada de las nuevas. Pero la escena evangélica que hemos escuchado nos ayuda a esperar y nos ofrece ya una primera enseñanza: Jesús no va solo a visitar a esa anciana mujer enferma, va con los discípulos. Y esto nos hace pensar un poco.

Es precisamente la comunidad cristiana que debe cuidar de los ancianos: parientes y amigos, pero la comunidad. La visita a los ancianos debe ser hecha por muchos, juntos y con frecuencia. Nunca debemos olvidar estas tres líneas del Evangelio. Sobre todo hoy que el número de los ancianos ha crecido considerablemente, también en proporción a los jóvenes, porque estamos en este invierno demográfico, se tienen menos hijos y hay muchos ancianos y pocos jóvenes. Debemos sentir la responsabilidad de visitar a los ancianos que a menudo están solos y presentarlos al Señor con nuestra oración. El mismo Jesús nos enseñará a amarlos. «Una sociedad es verdaderamente acogedora de la vida cuando reconoce que ella es valiosa también en la ancianidad, en la discapacidad, en la enfermedad grave e, incluso, cuando se está extinguiendo» (Mensaje a la Pontificia Academia por la Vida, 19 de febrero de 2014). La vida siempre es valiosa. Jesús, cuando ve a la anciana mujer enferma, la toma de la mano y la sana: el mismo gesto que hace para resucitar esa joven que había muerto, la toma de la mano y hace que se levante, la sana poniéndola de nuevo de pie. Jesús, con este gesto tierno de amor, da la primera lección a los discípulos: la salvación se anuncia o, mejor, se comunica a través de la atención a esa persona enferma; y la fe de esa mujer resplandece en la gratitud por la ternura de Dios que se inclinó hacia ella. Vuelvo a un tema que he repetido en estas catequesis: esta cultura del descarte parece cancelar a los ancianos. De acuerdo, no los mata, pero socialmente los cancela, como si fueran un peso que llevar adelante: es mejor esconderlos. Esto es una traición de la propia humanidad, esta es la cosa más fea, esto es seleccionar la vida según la utilidad, según la juventud y no con la vida como es, con la sabiduría de los viejos, con los límites de los viejos. Los viejos tienen mucho que darnos: está la sabiduría de la vida. Mucho que enseñarnos: por esto nosotros debemos enseñar también a los niños que cuiden a los abuelos y vayan donde ellos. El diálogo jóvenes-abuelos, niños-abuelos es fundamental para la sociedad, es fundamental para la Iglesia, es fundamental para la sanidad de la vida. Donde no hay diálogo entre jóvenes y viejos falta algo y crece una generación sin pasado, es decir sin raíces.

Si la primera lección la dio Jesús, la segunda nos la da la anciana mujer, que “se levantó y se puso a servirles”. También como ancianos se puede, es más, se debe servir a la comunidad. Está bien que los ancianos cultiven todavía la responsabilidad de servir, venciendo a la tentación de ponerse a un lado. El Señor no los descarta, al contrario, les dona de nuevo la fuerza para servir. Y me gusta señalar que no hay un énfasis especial en la historia por parte de los evangelistas: es la normalidad del seguimiento, que los discípulos aprenderán, en todo su significado, a lo largo del camino de formación que vivirán en la escuela de Jesús. Los ancianos que conservan la disposición para la sanación, el consuelo, la intercesión por sus hermanos y hermanas —sean discípulos, sean centuriones, personas molestadas por espíritus malignos, personas descartadas… —, son quizá el testimonio más elevado de pureza de esta gratitud que acompaña la fe. Si los ancianos, en vez de ser descartados y apartados de la escena de los eventos que marcan la vida de la comunidad, fueran puestos en el centro de la atención colectiva, se verían animados a ejercer el valioso ministerio de la gratitud hacia Dios, que no se olvida de nadie. La gratitud de las personas ancianas por los dones recibidos de Dios en su vida, así como nos enseña la suegra de Pedro, devuelve a la comunidad la alegría de la convivencia, y confiere a la fe de los discípulos el rasgo esencial de su destino.

Pero tenemos que entender bien que el espíritu de la intercesión y del servicio, que Jesús prescribe a todos sus discípulos, no es simplemente una cosa de mujeres: en las palabras y en los gestos de Jesús no hay ni rastro de esta limitación. El servicio evangélico de la gratitud por la ternura de Dios no se escribe de ninguna manera en la gramática del hombre amo y de la mujer sierva. Es más, las mujeres, sobre la gratitud y sobre la ternura de la fe, pueden enseñar a los hombres cosas que a ellos les cuesta más comprender. La suegra de Pedro, antes de que los apóstoles lo entendieran, a lo largo del camino del seguimiento de Jesús, les mostró el camino también a ellos. Y la delicadeza especial de Jesús, que le “tocó la mano” y se “inclinó delicadamente” hacia ella, dejó claro, desde el principio, su sensibilidad especial hacia los débiles y los enfermos, que el Hijo de Dios ciertamente había aprendido de su Madre. Por favor, hagamos que los viejos, que los abuelos, las abuelas estén cerca de los niños, de los jóvenes, para transmitir esta memoria de la vida, para transmitir esta experiencia de la vida, esta sabiduría de la vida. En la medida en que nosotros hacemos que los jóvenes y los viejos se conecten, en esta medida habrá más esperanza para el futuro de nuestra sociedad.


Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Cercanos a la celebración de la solemnidad del Corpus Christi, pidamos al Señor que nos conceda ser personas “eucarísticas”, que agradecen los dones recibidos y se entregan a los demás sirviendo con alegría, especialmente a quienes más lo necesitan. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy nos ayuda a reflexionar sobre la ancianidad el relato de la curación de la suegra de Simón, una mujer enferma que recibe la visita de Jesús, y su vida cambia. En este breve pasaje evangélico encontramos varias enseñanzas. Vemos, en primer lugar, que Jesús no va solo, sino acompañado de sus discípulos. Esto nos recuerda que son los miembros de la comunidad cristiana —familiares, amigos— quienes visitan, consuelan y ayudan a las personas mayores que atraviesan momentos de dificultad.

También son significativos los gestos que realiza Jesús y la actitud de esta mujer. Jesús se acerca a ella, la toma de la mano y hace que se levante, con delicadeza y ternura. Inclinándose ante quien lo necesita, Jesús revela su sensibilidad por los que sufren y anuncia la salvación. La suegra de Pedro, al verse curada, responde con gratitud y espíritu de servicio. Podemos decir que agradece los dones que ha recibido de Dios con fe y alegría, a través de obras concretas.

GRACIA, SEÑOR POR LOS PASOS Y AVANCE DE CADA DÍA

*ORACION: Avanzar*

Señor, tantas veces me dejo llevar por la pereza, por la rabia, por el egoísmo. Señor, ayúdame a dar un paso adelante.

Que no me conforme con no matar y cuide la vida de cuantos me rodean.

Que no me conforme con no hablar mal y sepa descubrir y ensalzar lo bueno de los demás.

Que no me conforme con no contaminar y trabaje para embellecer el planeta.

Que no me conforme con no mentir y busque y comunique la verdad.

Que no me conforme con no odiar y pueda buscar el bien de todos.

Que no me conforme con no ser infiel y ame con toda la fuerza del corazón.

Que no me conforme con no robar y comparta tiempo, dinero, conocimientos, afecto...

Que no me conforme con no defraudar y luche por construir una sociedad más justa.

Señor, que no me conforme con una vida mediocre. Ayúdame a avanzar por el camino de la santidad. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

14 de junio de 2022

LA OTRA MEJILLA

*ORACION: LA OTRA MEJILLA*

Señor, perdona y cura la violencia, el egoísmo y el odio de mi corazón. Gracias por presentarme tu otra mejilla, por sufrir por mí, por darme no sólo la túnica, sino tu propia vida, por acompañarme, aún cuando quiero caminar solo, por darme, por darte, aún antes de pedir o merecer algo, por no rehuirme y hacerte una y mil veces el encontradizo.           

Señor, cambia mi forma de pensar, de sentir, de actuar para que no trate a los demás como ellos me tratan, para que sepa tratar al prójimo, como tú me tratas a mi.

Que sepa poner la otra mejilla, amando ofreciendo amistad y paz a quien me odia. Que sepa estar cerca de los que necesitan tu compañía. Que sepa darme en cada detalle, en cada trabajo. Que sepa hacerme el encontradizo en los que buscan esperanza y paz. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina. 

13 de junio de 2022

SANTÍSIMA TRINIDAD

*ORACION SANTÍSIMA TRINIDAD*

Dios te contempla a ti en particular, quienquiera que seas. Te llama por tu nombre. Te ve, te entiende, te ha hecho de la nada. Sabe lo que hay en ti, conoce justamente todo eso que piensas y que sientes, tus disposiciones y tus gustos, tu fuerza y tu debilidad. 

Te ve en el día de alegría y en el dolor. Comprende tus esperanzas y tentaciones. Se preocupa personalmente por tus preocupaciones y tus recuerdos, las alzas y bajas de tu espíritu. … te abraza y te lleva en sus brazos, te toma y te deja.

Nota los cambios de tu semblante, si sonríes o lloras, si estás sano o enfermo. Mira con ternura tus manos y tus pies, oye tu voz, el latir de tu corazón y tu misma respiración. 

No te amas tú más de lo que Él te ama. Tu eres no solo criatura suya, eres un hombre redimido y santificado, su hijo adoptivo, favorecido con una participación de gloria…has sido elegido para ser suyo…” Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

12 de junio de 2022

SEÑOR, TÚ ME AMAS Y ME LLAMAS

*ORACION: Llamas a mi puerta.*

Tú, Señor, cada mañana llamas a mi puerta y me dices ven. Yo quiero seguirte con todas mis fuerzas, que se haga tu voluntad. Sabes que no tengo nada que soy muy débil y pecador, mi vida te ofrezco, mis planes, mis manos, te entrego mi corazón.

Tú, Señor, has tomado todo lo que soy, me seduce tu evangelio y tu verdad, tu amor y tu amistad. Tú, Señor, me has mostrado un modo de vivir, un camino de renuncia y caridad, contigo soy feliz.

Tú me has hecho un hombre nuevo un hombre libre, capaz de amar. María me enseña a ser sencillo, viviendo en fidelidad. Tú me has puesto entre los hombres como un testigo de tu verdad, ser sal de la  tierra, ser luz del mundo, tu fuerza me bastará. Amén.


Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

11 de junio de 2022

SEÑOR, TRANSFORMA MI CORAZÓN EN UN CORAZÓN SUAVE, TIERNO Y HUMILDE

*ORACION: CON TU TERNURA*

Señor Jesús, ¡qué feliz soy cuando tengo el corazón abierto, para recibir tu amor y el cariño de las personas que me quieren, para compartir las bendiciones que Tú me regalas!

Pero, a veces -demasiadas veces- me alejo de todos, me aíslo y me cierro; por miedo a fallar o por el temor a sentirme defraudado, porque no me siento digno o porque me considero superior a los demás.

Yo me cierro y no me dejo ayudar y, sin embargo, me cuesta aceptar que otras personas no se dejen cuidar por mí.

Señor, ayúdame a ser más humilde y más abierto. Ayúdame a salir de la cárcel en la que me encierro.

Que sepa afrontar con serenidad el rechazo que sufro cuando vivo tu Evangelio, cuando te anuncio, cuando procuro ayudar a determinadas personas, cuando trabajo por construir un mundo más justo y más fraterno. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

10 de junio de 2022

EL SEÑOR SABES QUIEN ERES

*ORACION: Cuentas con flaquezas y talentos.*

Desde el vientre materno, desde antes de mi tiempo y mi conciencia crees en mí. Mucho más que yo mismo. Crees que puedo. Que valgo.

Cuentas con mis manos y mis pasos, con mis flaquezas y mis talentos. Cuentas con mi amor, que es tu reflejo. Con mi fe, que es tu regalo.

Y me haces imprescindible para construir tu Reino. Eso me asusta y me ilusiona, me provoca y me invita.

Tú sabrás lo que haces, Señor, al confiar en alguien tan frágil. Pero por intentarlo no va a quedar. Aquí estoy. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

9 de junio de 2022

EL PECADO DEBILITA MI NATURALEZA

*ORACION: Ante nuestra debilidad.*

Señor, no me gusta ser débil. No me gusta tener una salud quebradiza. No me gusta equivocarme. No quiero depender de nada, de nadie. Tampoco me gusta depender de ti, Señor. Lo reconozco. Pienso que todo habría sido mejor sin los defectos y faltas que me avergüenzan.

Tú, sin embargo, Señor, amas mi debilidad, me pides que te ofrezca mi debilidad. Me llamas a mí, con mi amor propio, mi orgullo, mi ímpetu dominador, mi corazón dividido, mi ansiedad, mi necesidad de relación, mi sensibilidad que me produce tantos rompimientos de cabeza, mi cansancio, mi perfeccionismo, mi coraje... Me quieres como soy.

Ayúdame a comprender que en mi herida está mi don; en mi pecado, tu misericordia; en mi pobreza, tu riqueza; en mi tentación, tu Espíritu; en mi sufrimiento, la fuente de la sabiduría; en mi dolor, la capacidad de comprender a los demás.

Señor, aunque me cueste, quiero apoyar mi vida no en mi fuerza, sino en la tuya; y te ofrezco mi debilidad como mediación amorosa para que puedas hacerte presente en la vida de los que me rodean, de los que más me necesitan. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

8 de junio de 2022

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO


Es hermoso vivir el tiempo de la ancianidad desde una perspectiva de eternidad. No es lo mismo pensar que mi vida está en las puertas de su final que pensar que está en el inicio de una vida nueva, gozosa, plena y eterna. Un nuevo nacimiento eterno.

Hoy, el Papa Francisco no habla de Nicodemo, un anciano que, tras el encuentro con Jesús, no entendió que la vida en este mundo es el inicio, nunca el fin, para alcanzar la verdadera vida eterna. Y, para eso, hay que nacer de lo alto, del Espíritu de Dios. Hoy, el Papa Francisco nos explica muy bien esto de volver a nacer. Ver aquí



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 8 de junio de 2022

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Catequesis sobre la vejez 13. Nicodemo. «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo?» (Jn 3,4)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Entre las figuras de ancianos más relevantes en los Evangelios está Nicodemo —uno de los jefes de los Judíos— el cual, queriendo conocer a Jesús, pero a escondidas, fue donde él por la noche (cfr. Jn 3,1-21). En la conversación de Jesús con Nicodemo emerge el corazón de la revelación de Jesús y de su misión redentora, cuando dice: «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (v. 16).

Jesús dice a Nicodemo que para “ver el reino de Dios” es necesario “renacer de lo alto” (cfr. v. 3). No se trata de empezar de nuevo a nacer, de repetir nuestra venida al mundo, esperando que una nueva reencarnación abra de nuevo nuestra posibilidad de una vida mejor. Esta repetición no tiene sentido. Es más, vaciaría de todo significado la vida vivida, cancelándola como si fuera un experimento fallido, un valor caducado, un envase desechable. No, no es esto, este nacer de nuevo, del que habla Jesús, es otra cosa. Esta vida es valiosa a los ojos de Dios: nos identifica como criaturas amadas por Él con ternura. El “nacimiento de lo alto”, que nos consiente “entrar” en el reino de Dios, es una generación en el Espíritu, un paso entre las aguas hacia la tierra prometida de una creación reconciliada con el amor de Dios. Es un renacimiento de lo alto, con la gracia de Dios. No es un renacer físicamente otra vez.

Nicodemo malinterpreta este nacimiento, y cuestiona la vejez como evidencia de su imposibilidad: el ser humano envejece inevitablemente, el sueño de una eterna juventud se aleja definitivamente, la consumación es el puerto de llegada de cualquier nacimiento en el tiempo. ¿Cómo puede imaginarse un destino que tiene forma de nacimiento? Nicodemo piensa así y no encuentra la forma de entender las palabras de Jesús. ¿Qué es este renacer?

La objeción de Nicodemo es muy instructiva para nosotros. En efecto, podemos invertirla, a la luz de la palabra de Jesús, en el descubrimiento de una misión propia de la vejez. De hecho, ser viejos no sólo no es un obstáculo para el nacimiento de lo alto del que habla Jesús, sino que se convierte en el tiempo oportuno para iluminarlo, deshaciendo el equívoco de una esperanza perdida. Nuestra época y nuestra cultura, que muestran una preocupante tendencia a considerar el nacimiento de un hijo como una simple cuestión de producción y de reproducción biológica del ser humano, cultivan el mito de la eterna juventud como la obsesión —desesperada— de una carne incorruptible. ¿Por qué la vejez es despreciada de tantas maneras? Porque lleva la evidencia irrefutable de la destitución de este mito, que quisiera hacernos volver al vientre de la madre, para volver siempre jóvenes en el cuerpo.

La técnica se deja atraer por este mito en todos los sentidos: esperando vencer a la muerte, podemos mantener vivo el cuerpo con la medicina y los cosméticos, que ralentizan, esconden, eliminan la vejez. Naturalmente, una cosa es el bienestar, otra cosa es la alimentación del mito. No se puede negar, sin embargo, que la confusión entre los dos aspectos nos está creando una cierta confusión mental. Confundir el bienestar con la alimentación del mito de la eterna juventud. Se hace mucho para tener de nuevo siempre esta juventud: muchos maquillajes, muchas operaciones quirúrgicas para parecer más jóvenes. Me vienen a la mente las palabras de una sabia actriz italiana, la Magnani, cuando le dijeron que tenía que quitarse las arrugas, y ella dijo: “¡No, no las toques! Han hecho falta muchos años para tenerlas: ¡no las toques!”. Es esto: las arrugas son un símbolo de la experiencia, un símbolo de la vida, un símbolo de la madurez, un símbolo de haber hecho un camino. No tocarlas para resultar jóvenes, pero jóvenes de cara: lo que interesa es toda la personalidad, lo que interesa es el corazón, y el corazón permanece con esa juventud del vino bueno, que cuanto más envejece mejor es.

La vida en la carne mortal es una bellísima “incompleta”: como ciertas obras de arte que precisamente en su ser incompletas tienen un encanto único. Porque la vida aquí abajo es “iniciación”, no cumplimiento: venimos al mundo así, como personas reales, como personas que progresan con la edad, pero son para siempre reales. Pero la vida en la carne mortal es un espacio y un tiempo demasiado pequeño para custodiar intacta y llevar a cumplimiento la parte más valiosa de nuestra existencia en el tiempo del mundo. La fe, que acoge el anuncio evangélico del reino de Dios al cual estamos destinados, tiene un primer efecto extraordinario, dice Jesús. Esta consiente “ver” el reino de Dios. Nosotros nos volvemos capaces de ver realmente las muchas señales de aproximación de nuestra esperanza de cumplimiento de lo que, en nuestra vida, lleva la señal del destino para la eternidad de Dios.

Las señales son las del amor evangélico, de muchas maneras iluminadas por Jesús. Y si las podemos “ver”, podemos también “entrar” en el reino, con el paso del Espíritu a través del agua que regenera.

La vejez es la condición, concedida a muchos de nosotros, en la cual el milagro de este nacimiento de lo alto puede ser asimilado íntimamente y hecho creíble para la comunidad humana: no comunica nostalgia del nacimiento en el tiempo, sino amor por el destino final. En esta perspectiva la vejez tiene una belleza única: caminamos hacia el Eterno. Nadie puede volver a entrar en el vientre de la madre, ni siquiera en su sustituto tecnológico y consumista. Esto no da sabiduría, esto no da camino cumplido, esto es artificial. Sería triste, incluso si fuera posible. El viejo camina hacia adelante, el viejo camina hacia el destino, hacia el cielo de Dios, el viejo camina con su sabiduría vivida durante la vida. La vejez por eso es un tiempo especial para disolver el futuro de la ilusión tecnocrática de una supervivencia biológica y robótica, pero sobre todo porque abre a la ternura del vientre creador y generador de Dios. Aquí, yo quisiera subrayar esta palabra: la ternura de los ancianos. Observad a un abuelo o una abuela como miran a los nietos, como acarician a los nietos: esa ternura, libera de toda prueba humana, que ha vencido las pruebas humanas y es capaz de dar gratuitamente el amor, la cercanía amorosa del uno por los otros. Esta ternura abre la puerta a entender la ternura de Dios. No olvidemos que el Espíritu de Dios es cercanía, compasión y ternura. Dios es así, sabe acariciar. Y la vejez nos ayuda a entender esta dimensión de Dios que es la ternura. La vejez es el tiempo especial para disolver el futuro de la ilusión tecnocrática, es el tiempo de la ternura de Dios que crea, crea un camino para todos nosotros. Que el Espíritu nos conceda la reapertura de esta misión espiritual —y cultural— de la vejez, que nos reconcilia con el nacimiento de lo alto. Cuando nosotros pensamos en la vejez así, después decimos: ¿por qué esta cultura del descarte decide descartar a los ancianos, considerándoles inútiles? Los ancianos son los mensajeros del futuro, los ancianos son los mensajeros de la ternura, los ancianos son los mensajeros de la sabiduría de una vida vivida. Vamos adelante y miremos a los ancianos.


Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a releer el diálogo de Jesús con Nicodemo y a preguntarnos cómo estamos viviendo la llamada a “nacer de nuevo”. Pidamos al Señor que el Espíritu Santo nos haga transmisores de amor y esperanza para quienes nos rodean. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy reflexionamos sobre la importante figura de un anciano del Nuevo Testamento: Nicodemo, a quien Jesús le dice que para “ver el Reino de Dios” hay que “renacer de lo alto”. Nicodemo no entiende sus palabras, y le plantea la imposibilidad de volver a nacer cuando uno ya es viejo. Pero Jesús se refiere a un nuevo nacimiento en el Espíritu, para el cual la ancianidad no es obstáculo, y a que nos dejemos abrazar por la ternura del amor creador de Dios.

En esta época que vivimos el mito de la eterna juventud es una obsesión. La vejez se desprecia, olvidando que la vida terrenal es un “inicio” y no una “conclusión”; caminamos hacia la eternidad. En este camino, la fe nos permite “ver” el Reino de Dios. En este sentido, quienes atraviesan la etapa de la ancianidad pueden descubrir, a la luz del Evangelio, una nueva misión: ser signos e instrumentos del amor de Dios que señalan cuál es la meta definitiva a la que estamos llamados.