31 de marzo de 2024

ORACIÓN DOMINGO DE PASCUA

La resurrección comienza ya. Gracias, Jesús Resucitado, porque tu vida nueva nos envuelve, nos arrastra.

Gracias por resucitarnos de la tristeza a una alegría que nadie nos puede quitar.

Gracias por resucitarnos del egoísmo a la generosidad de quien entrega la vida.

Gracias por resucitarnos de la búsqueda de placer y conducirnos a la búsqueda del amor más grande.

Gracias por resucitarnos del aislamiento, para abrirnos a la relación con los hermanos.

Gracias por resucitarnos del yo, de "los míos" para que nos ocupemos de los más necesitados.

Gracias por resucitarnos de la desilusión a una esperanza más grande que la muerte. 

Gracias por resucitarnos del sin-sentido a la alegría de saber que Tú eres el camino y la meta.

Sigue envolviéndonos, sigue arrastrándonos, Todavía nos falta tanto... Sigue resucitándonos. AMÉN.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

30 de marzo de 2024

ORACIÓN: MARÍA DEL SÁBADO SANTO

María, ha pasado el Viernes Santo. Tus ojos ya no tienen más lágrimas para la cruz, para el dolor por el Hijo muerto, para el silencio, para el frío de la losa, para la piedad y la soledad.

No sabías cómo aparecería, ni cuándo, ni dónde. Pero estabas segura. Pronto Jesús te besaría de nuevo. Y Tú lo tomarías en tus brazos, como en Belén, como al pie de la cruz. Pero ahora más vivo que nunca. Tu esperanza anticipó la alegría de la resurrección.

María, acompáñanos en nuestra espera. Queremos estar seguros, como Tú, de que podemos resucitar, en esta tierra, a una vida nueva, a una vida más entregada y alegre. Queremos estar seguros de que el bien de este mundo vencerá al mal. Queremos estar seguros de que tu Hijo Jesús nos resucitará a una vida más grande y bella que todos nuestros mejores sueños juntos. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

29 de marzo de 2024

ORACIÓN: Bienaventuranzas del Viernes Santo

Felices quienes ven en Jesús crucificado un ejemplo, una pasión, un compromiso, un desafío.

Felices quienes en la cruz descubren un camino, una búsqueda, un encuentro.

Felices quienes saben que el sacrificio personal es el sendero ineludible hacia la plenitud de su existencia.

Felices quienes han sido deslumbrados por la vida de Jesús y han decidido seguirle, cueste lo que cueste.

Felices quienes ayudan a quienes caen, quienes no les preguntan y les ayudan a levantarse.

Felices quienes acarician y secan el sudor y el dolor de los demás en el camino de su existencia.

Felices a quienes se les quedan marcadas en sus corazones las llagas, los rostros, las palabras, las estrellas de los crucificados. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

28 de marzo de 2024

ORACIÓN JUEVES SANTO

Jesús...

Naciste por mí, porque me amas.
Me miras con ternura, porque me amas.
Me llamas para ser más feliz, porque me amas.
Me das compañeros de camino, porque me amas.
Me perdonas y me ayudas a perdonarme, porque me amas.
Me revelas tus secretos porque me amas.

Levantas mi esperanza derrumbada, porque me amas.
Tu grandeza se muestra en mi debilidad, porque me amas.
Me alimentas con tu cuerpo hecho pan, porque me amas.
Te arrodillas ante mí y me lavas los pies y el alma, porque me amas.
Llamas y envías sacerdotes, para ayudarme a sentir tu amor, tu perdón, tu fuerza y tu alegría, porque me amas. Compartes conmigo tu angustia y tu tristeza en Getsemaní, porque me amas. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

27 de marzo de 2024

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

El Papa Francisco nos habla hoy de la Pasión de nuestro Señor, y resalta su paciencia en esos momentos de dolor y sufrimiento que nos interpela a configurarnos con Xto. Jesús en esos momentos de nuestra vida donde el dolor y el sufrimiento se hacen presente, sobre todo ante los defectos del prójimo .

 

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 27 de marzo de 2024

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Catequesis. Vicios y virtudes. 13. La paciencia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy la audiencia estaba prevista en la Plaza, pero debido a la lluvia se ha trasladado al interior. Es cierto que estarán un poco apretados, ¡pero al menos no estaremos mojados! Gracias por su paciencia.

El domingo pasado escuchamos el relato de la Pasión del Señor. A los sufrimientos que padece, Jesús responde con una virtud que, aunque no se contemple entre las tradicionales, es muy importante: la paciencia. Esta se refiere a soportar lo que se padece: no es casualidad que paciencia tenga la misma raíz que pasión. Y precisamente en la Pasión se manifiesta la paciencia de Cristo, que con docilidad y mansedumbre acepta ser abofeteado y condenado injustamente; ante Pilato no recrimina; soporta los insultos, los salivazos y la flagelación a manos de los soldados; carga con el peso de la cruz; perdona a quienes lo clavan al madero; y en la cruz no responde a las provocaciones, sino que ofrece misericordia. Esta es la paciencia de Jesús. Todo esto nos dice que la paciencia de Jesús no consiste en una resistencia estoica al sufrimiento, sino que es fruto de un amor más grande.

El apóstol Pablo, en el llamado "Himno a la caridad" (cf. 1 Co 13,4-7), une estrechamente amor y paciencia. En efecto, al describir la primera cualidad de la caridad, utiliza una palabra que se traduce por "magnánima" o "paciente". La caridad es magnánima, es paciente. Ella expresa un concepto sorprendente, que reaparece a menudo en la Biblia: Dios, ante nuestra infidelidad, se muestra "lento a la cólera" (cfr. Ex 34,6; cfr. Nm 14,18): en lugar de desatar su cólera ante el mal y el pecado del hombre, se revela más grande, dispuesto cada vez a recomenzar con infinita paciencia. Este es para Pablo el primer rasgo del amor de Dios, que ante el pecado propone el perdón. Pero no sólo eso: es el primer rasgo de todo gran amor, que sabe responder al mal con el bien, que no se encierra en la rabia y el desaliento, sino que persevera y se relanza. La paciencia que recomienza. Así que, en la raíz de la paciencia está el amor, como dice San Agustín: «El justo es tanto más fuerte para tolerar cualquier aspereza cuanto mayor es, en él, el amor de Dios» (De patientia, XVII).

Se podría decir entonces que no hay mejor testimonio del amor de Cristo que encontrarse con un cristiano paciente. ¡Pensemos también en cuantas madres y padres, trabajadores, médicos y enfermeras, enfermos, cada día, en secreto, embellecen el mundo con santa paciencia! Como dice la Escritura, «la paciencia es mejor que la fuerza de un héroe" (Pr 16,32). Sin embargo, debemos ser honestos: a menudo carecemos de paciencia. En lo cotidiano somos impacientes, todos. Necesitamos la paciencia como la "vitamina esencial" para salir adelante, pero instintivamente nos impacientamos y respondemos al mal con el mal: es difícil mantener la calma, controlar nuestros instintos, refrenar las malas respuestas, aplacar las peleas y los conflictos en la familia, en el trabajo, en la comunidad cristiana. Inmediatamente viene la respuesta, no somos capaces de ser pacientes.

Recordemos, sin embargo, que la paciencia no es sólo una necesidad, sino una llamada: si Cristo es paciente, el cristiano está llamado a ser paciente. Y esto exige ir a contracorriente respecto a la mentalidad generalizada de hoy, en la que dominan la prisa y el "todo ahora"; en la que, en lugar de esperar a que las situaciones maduren, se se fuerza a las personas, esperando que cambien al instante. No olvidemos que la prisa y la impaciencia son enemigas de la vida espiritual. ¿Por qué?  Dios es amor, y quien ama no se cansa, no se irrita, no da ultimátums, sino que sabe esperar. Pensemos en la historia del Padre misericordioso, que espera a su hijo que se ha ido de casa: sufre con paciencia, impaciente solamente de abrazarlo apenas lo ve volver (cf. Lc 15, 21); o en la parábola del trigo y la cizaña, con el Señor que no tiene prisa en erradicar el mal antes de tiempo, para que nada se pierda (cf. Mt 13, 29-30). La paciencia nos lo salva todo.

Pero, hermanos y hermanas, ¿cómo se hace para acrecentar la paciencia? Al ser, como enseña san Pablo, un fruto del Espíritu Santo (cfr. Ga 5, 22), hay que pedírsela al Espíritu de Cristo. Él nos da la fuerza mansa de la paciencia – la paciencia es una fuerza mansa-, porque "es propio de la virtud cristiana no sólo hacer el bien, sino también saber soportar los males" (San Agustín, Discursos, 46, 13). Especialmente en estos días, nos hará bien contemplar al Crucificado para asimilar su paciencia. Un buen ejercicio es también llevarle las personas más molestas, pidiéndole la gracia de poner en práctica con ellas esa obra de misericordia tan conocida como desatendida: soportar pacientemente a las personas molestas. Y no es fácil. Pensemos si hacemos esto: soportar con paciencia a las personas molestas. Se empieza por pedir que podamos mirarlas con compasión, con la mirada de Dios, sabiendo distinguir sus rostros de sus defectos. Tenemos la costumbre de clasificar a las personas por los errores que cometen. No, esto no es bueno. ¡Busquemos a las personas por su rostro, por su corazón y no por sus errores!

Por último, para cultivar la paciencia, virtud que da aliento a la vida, conviene ampliar la mirada. Por ejemplo, no hay que limitar el mundo a nuestros problemas; la Imitación de Cristo nos invita: «Es preciso, por tanto, que te acuerdes de los sufrimientos más graves de los demás, para que aprendas a soportar los tuyos, pequeños». Recuerda también que «no hay cosa, por pequeña que sea, que se soporte por amor de Dios, que pase sin recompensa delante de Dios» (III, 19). Y, además, cuando nos sentimos prisioneros en la prueba, como nos enseña Job, es bueno abrirnos con esperanza a la novedad de Dios, en la firme confianza de que Él no deja defraudadas nuestras expectativas. La paciencia es saber soportar los males.

Y hoy aquí, en esta audiencia, hay dos personas, dos padres: uno israelí y uno árabe. Ambos han perdido a sus hijas en esta guerra y ambos son amigos. No miran la enemistad de la guerra, sino la amistad de dos hombres que se quieren y que han pasado por la misma crucifixión. Pensemos en este testimonio tan hermoso de estas dos personas que sufrieron en sus hijas la guerra en Tierra Santa. ¡Queridos hermanos, gracias por su testimonio!
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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, de manera especial a los participantes en el Encuentro UNIV 2024. Los invito a vivir estos días santos contemplando a Cristo crucificado, que con su ejemplo nos enseña a amar y a ser pacientes, en la espera gozosa de la Resurrección. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.

Resumen leido en español

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre la virtud de la paciencia. En el relato de la Pasión —como escuchábamos el domingo pasado— la imagen de Cristo paciente nos interpela. Esta virtud se manifiesta como fortaleza y mansedumbre en el sufrimiento —las dos cosas—, y es una de las características del amor, como afirma san Pablo en el Himno a la caridad. Un ejemplo de paciencia lo vemos también en la parábola del Padre misericordioso, que no se cansa de esperar y siempre está dispuesto a perdonar.

En el mundo de hoy, donde se prioriza la inmediatez y predominan los apuros, ser pacientes es el mejor testimonio que podemos dar los cristianos. No es fácil vivir esta virtud, pero tengamos presente que es una llamada a configurarnos con Cristo. Y, ¿cómo se cultiva? Practicando en nuestra vida la obra de misericordia espiritual que nos invita a “sufrir con paciencia los defectos del prójimo”. No es fácil, pero se puede hacer. Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude.

ORACIÓN MIÉRCOLES SANTO

Señor, nos duele que la dignidad humana sea pisoteada, a través del engaño, la amenaza y el uso de la fuerza.

Ilumina a quienes compran y venden a otras personas; a las que con sus decisiones provocan graves sufrimientos. Ayúdales a darse cuenta de la gravedad de sus injustas acciones. Haz que vean y respeten el valor y la dignidad de todo ser humano.

Señor de la Vida, ayuda, sobre todo, a todas las víctimas; cura sus heridas con el aciete del consuelo y la esperanza. Dales fuerza para que puedan rehacer sus vidas.

Señor, Dios de la misericordia, danos valentía para denunciar y protestar contra la práctica humillante de la trata de los seres humanos y contra todo atropello de la dignidad humana. Llénanos de la sabiduría y del valor necesarios para ser solidarios con las víctimas. Danos la gracia de trabajar contigo en la construcción de un mundo más fraterno. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Median.

26 de marzo de 2024

ORACIÓN MARTES SANTO

Señor, amas mi debilidad, me pides que te ofrezca mi debilidad. Me llamas a mí, con mi amor propio, mi orgullo, mi ímpetu dominador, mi corazón dividido, mi ansiedad, mi necesidad de relación, mi sensibilidad que me produce tantos rompimientos de cabeza, mi cansancio, mi perfeccionismo, mi coraje... Me quieres como soy.

Ayúdame a comprender que en mi herida está mi don; en mi pecado, tu misericordia; en mi pobreza, tu riqueza; en mi tentación, tu Espíritu; en mi sufrimiento, la fuente de la sabiduría; en mi dolor, la capacidad de comprender a los demás. Amen.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

24 de marzo de 2024

XIV Estación: Jesús colocado en el sepulcro

Señor, tú lo habías repetido muchas veces: "El grano de trigo muere para dar a millares, el fruto que da la vida". Tú Señor, has muerto para vivir. La muerte no es el final del camino sino que es el inicio de una nueva vida que tú, Señor, inauguras con la resurrección. 

Gracias, Señor, por amar hasta el final, porque nos has amado de verdad y porque el sepulcro no es el fin de la historia sino el triunfo de Jesús resucitado, el triunfo del amor. No busquéis entre los muertos al que vive resucitado. El Señor es la vida, es la alegría de la vida.  

Gracias porque vives para siempre. Amén.

Desde mi parroquia, por el párrcoo
D. Juan Carlos Medina Medina.

23 de marzo de 2024

XIII Estación: María junto a la cruz

Señora de la soledad, madre del silencio, mujer fuerte en la debilidad, capaz por tu amor de estar junto a las cruces de todos tus hijos. Acogiste entre tus brazos a la vida inmolada y la ofreciste al Padre, a él, que un día te pidió permiso  para que su Hijo se hiciese carne en tus entrañas.  

Lloras, Dolorosa, con todas las madres del mundo que trajeron y traen a sus hijos entre los brazos, muertos. Y tú acoges y abres tu corazón con una espada de dolor, para ser madre entrañable a todos nuestros dramas y disputas, sembrando amor en tantas guerras, alegría de esperanza en todos los calvarios de la humanidad, donde con tu presencia alienta a los hombres en este valle de lágrimas. Señor del dolor junto a la cruz, mujer de vida hasta el final, acógenos en tu seno maternal y haznos ser amigos-hermanos de Jesús.  

Señor del dolor, acéptanos, vivimos salpicados de dolor.  Enséñanos el gozo con la cruz, amor que se hace entrega con Jesús. Mujer que aceptas ser madre,  mujer que amas siempre hasta el final. Señora, madre nuestra, acógenos, pues estamos necesitados de tu amor. María, madre buena, en sencillez tu seno se dilata y das a luz a todos los que queremos hoy seguir  a Jesús en el camino de la cruz. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

22 de marzo de 2024

XII Estación: Jesús muere en la cruz

Señor y Dios nuestro, cerrado los ojos y muerto me impresiona tu figura. Has muerto. El redentor está clavado en la cruz. La Palabra se hace silencio. El camino es pisoteado. La verdad se ha mandado callar. Muerto, Señor, con los ojos cerrados para no ver la maldad, con el corazón traspasado como refugio de pecadores, con la cabeza hacia adelante para escucharnos siempre, con los pies atravesados para esperarnos sin cansarte. Gracias, Señor, por tu muerte en cruz, por ser tan igual a nosotros, por ser un Dios tan humano, tan nuestro, tan crucificado. Amén. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

21 de marzo de 2024

XI Estación: Jesús es crucificado

Señor y Dios nuestro crucificado, te entregas en amor y das la vida queriendo a todos sin medida, buscando en todo amar, quieres con humildad. Gracias porque tú sigues ofreciendo  ese amor que yo no entiendo, porque sigues dando a todos libertad.  

El amor te hizo libre pues tú siembras claridades, estas crucificado, pero no dejas de amar.  Te clavamos pies y manos al madero, y tensamos tus manos como cuerdas de guitarra, pues tú eres la armonía más acabada, el cantar más hermoso de la vida, la alegría en el amar hasta el final.  

Gracias porque estás crucificado para hacernos libertad.  

Señor, amigo de los hombres crucificado por un amor que se entrega sin condiciones.  

Ayúdanos a llevar la cruz aceptando la debilidad, como tú la aceptaste para amar siempre desde el último lugar, desde los pobres y pequeños.  

Ayúdanos a ver en la cruz un árbol de primavera donde renace la vida y la muerte es vencida por el Señor, que nos ama hasta el fin. Amén. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

20 de marzo de 2024

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Es prudente aquel que analiza y prevé de forma astuta los pros y contra que puede tener cualquier acción que suponga una responsabilidad, siempre dirigida en busca del bien. Hoy el Papa Francisco nos habla de esta virtud, la prudencia, y nos anima a ser prudentes como aquel hombre sensato, del que nos habla Jesús, que construyó su casa sobre roca.


 PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 20 de marzo de 2024


Catequesis. Vicios y virtudes. 12. La prudencia

Queridos hermanos y hermanas:

Dedicamos nuestra catequesis de hoy a reflexionar sobre la virtud de la prudencia. La prudencia forma parte de las virtudes cardinales, junto con la justicia, la fortaleza y la templanza. Esta virtud dispone la inteligencia y la libertad a discernir y a obrar nuestro verdadero bien. Antes de tomar decisiones, la persona prudente pondera las situaciones, pide consejo, intenta comprender la complejidad de la realidad y no se deja llevar por las emociones, las presiones o la superficialidad.

En varios pasajes del Evangelio encontramos enseñanzas de Jesús que nos ayudan a crecer en el conocimiento de esta virtud. Por ejemplo, cuando describe la acción del hombre sensato que construyó su casa sobre roca, y la del insensato, que la edificó sobre arena. Estas imágenes evangélicas, que ilustran cómo actúa la persona prudente, nos muestran que la vida cristiana requiere sencillez y, al mismo tiempo, astucia, para saber elegir el camino que conduce al bien y a la vida verdadera.

***

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Señor que nos ayude a crecer en la virtud de la prudencia para que, en medio de las tormentas y los vientos que pueden sacudir nuestra vida, permanezcamos cimentados en Cristo, la piedra angular. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.

X Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Señor, te quitamos la vida, te quitamos y despojamos de todo, hasta despojado de nuestro cariño nos da a tu Madre junto a la cruz.  

Te damos gracias por tu coherencia, por ser pobre con la vida, por reclinar tu cabeza sobre el Padre. Pues te has quedado sin nada, a golpe de entrega y despojo. Gracias por abrazar la cruz de una vida sin nada más que tu amor ofrecido incansablemente.  

Gracias por darte en pobreza, por amar el no tener nada, por tu entrega sin condiciones; por tu búsqueda de amor te dejaste, Señor, por nosotros hasta el último gesto de pobreza. Te quitamos la túnica, para construir nuestra riqueza. Amén.  

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

19 de marzo de 2024

IX Estación: Jesús cae por tercera vez

Señor, caído por tercera vez  me recuerdas a tu esposa -mi madre- la Iglesia. A lo largo de los siglos, ha sentido todas las estaciones, ha caído muchas veces y, sin embargo, siempre se ha levantado.  

Su amor resurgía en las caídas, se levantaba una y otra vez para ser limpiada por ti y aparecer ante el mundo como una novia embellecida. Señor, perdona a tu pueblo, perdona nuestras caídas numerosas. Nosotros hemos afeado a nuestra Iglesia con nuestros pecados y caídas y ella siempre nos recoge como madre buena, capaz de albergar en su seno a santos y pecadores, como madre que acoge entre sus brazos a los caídos. Te sientes más débil que la misma debilidad, más pobre que la pobreza. Y caes por tercera vez en el camino de la vida. Tú, Señor, elegiste el último lugar, más bajo que nadie, para enseñar que a ti se te encuentra cuando se te llama y acoge, en cualquier situación concreta. Nada es ajeno a tu amor, tú estás en todas mis caídas, en todas mis debilidades, para hacerme de verdad una persona transformada en tu amor.  

Gracias por tu vida, gracias por tu tercera caída; me ayuda hasta pisando el barro, tragando el polvo en la arena y llegando hasta el final,  sin quedarme en la cuneta. Amén. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

18 de marzo de 2024

VIII Estación: Jesús encuentra a las mujeres

Nos habías dicho, Señor, que tú ibas a pasar por todas las calles de la amargura de la vida.  

Nos compadecimos al verte, tu presencia parecía ausencia, todo parecía que había terminado y sentimos el deseo de llorar.  

¿Cómo no llorar cuando tú nos dabas lástima y compasión?  

Pero tú nos dijiste que es mejor la solidaridad, el acompañar que lamentarse. Aprendamos tu lección: querías más amor, más generosidad en la entrega, más vida que palabras, más gestos que lamentos. Entonces caímos en la cuenta de lo que es el verdadero amor. Amén. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

17 de marzo de 2024

VII Estación: Jesús cae por segunda vez

Señor, desde nuestra debilidad gritamos a ti, caído, para ser fuertes en nuestra debilidad, amigo nuestro de todas nuestras horas bajas  

Tú, que eres amor, te entregas amando y caes por amor, haciéndote debilidad y pobreza.  

Tú caíste, Señor, en Belén, en nuestra tierra pobre, y caes siempre identificado con el que no puede más.  

Gracias, Señor por tu primera caída el hombre que ama hasta el final y se entrega pequeño y frágil como la eucaristía de cada día.  

Tan pocas fuerzas tienes, Señor, es tanto el peso que te abruma, pues no eres capaz de soportar el peso desgarrado de la cruz.  

Y caes una y mil veces por la vida en todos los que lloran en la noche,   en todos los que buscan un consuelo y no encuentran más que mil reproches.  

Tú eres el Señor de nuestra historia tejida de debilidades, hambrienta de un amor que nunca llega. Y tú sigues cayendo cada tarde. Tú eres la esperanza que tenemos los que caemos con facilidad, a veces no podemos más que decirte: perdona, Señor, nuestra iniquidad. Caer en la segunda y levantarse es querer amar hasta el final. Amén. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

16 de marzo de 2024

VI Estación: Jesús encuentra a la Verónica

Nos acercamos a ti con la fuerza esperanzadora de aquella mujer que salió, Señor, a tu encuentro. Te miró y se fascinó de ti.  

Ayúdanos a nosotros a dejarnos mirar, a sentir que tú sigues destrozado caminando por la vida. ¡Qué regalo de amor el tuyo, Señor!  

Tú, que hiciste imagen para ella grabada en un lienzo. Hoy sigues dejándonos tu imagen en aquellos que pasan por la vida como pobres sedientos y marginados.  

Que descubramos tu presencia en todos los hombres que se acercan  a nuestra vida, en la eucaristía, tu presencia en persona, donde te sigues dando tú mismo como amor.  

Queremos, Señor, ser Verónica, mujer fuerte capaz de acercarse a ti, y, conmovidos, perder el miedo, lanzándonos a enjugar tu rostro.  

Tú le regalaste tu figura; a nosotros, Señor, nos regalas tu cuerpo y sangre y, sin embargo, no acabamos de creer en tu amor.  

No acabamos de vencer nuestro miedo de siempre, cuando tú eres certeza de amor.  

En el camino de la cruz, Señor, mándanos verónicas, capaces de estar cerca de aquellos que sufren por la vida.  

Verónicas de cuerpo entero, que deseen amar hasta el extremo y hacer el ridículo, si es necesario, para seguir llevando un poco de amor. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

15 de marzo de 2024

V Estación: El cireneo ayuda a llevar a Jesús la cruz.

Te damos gracias, Señor, porque, dejándote ayudar, es como nos ayudas a nosotros en el camino de nuestra existencia. Te pedimos que todos los cireneos, que no se cansen nunca de arrimar el hombro, de echar una mano, de socorrer en el camino.  

Gracias por todos los cireneos que has puesto en el camino.

Gracias por todos los cireneos, aquellos que nos hacen la vida un poco más agradable. Señor, ayúdanos y se nuestro Cireneo en el camino de la cruz, para soportar nuestras noches y caminar hacia ti. 

Gracias por aquella sonrisa, por aquel gesto de amor, por todos los que hacen el bien, por las  personas anónimas y sencillas que ayudan como cireneos a llevar el peso de la cruz.  

Sabemos Señor, que aquel que se acercó a ti   y te ayudó, fue él mismo ayudado por tu bondad y tu amor porque tú eres el gran cireneo de la historia. Amén.  

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

14 de marzo de 2024

IV Estación: Jesús encuentra a su madre

Señora y Madre buena, ¿Qué sentías en ti   cuando le mirabas a él? Te encontraste a tu Hijo, al doblar una esquina, y fue para ti como un terrible golpe que te dejó "sin aliento".  Pero seguías creyendo y afirmando:   "Todo lo puedo en aquel que me conforta".  Dos miradas, dos actitudes, dos vivencias profundas. Y tú, Madre, el ofrecimiento de tu vida. No te echaste atrás, no te escondiste como Eva en el paraíso, miraste de frente con humildad, mantuviste tu "sí" hasta el final.  

Con tu gesto tan materno como cierto hiciste e inauguraste en nuestra historia el camino de los que sufren con dignidad, de los que en medio del dolor siguen adelante caminando.  

De aquellos, Madre, que como tú, alientan a los que llevan la cruz como brisa y aliento de primavera. Amén.  

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

13 de marzo de 2024

Hoy, el Papa Francisco, nos habla de las virtudes como unas disposiciónes a la constancia y disponibilidad para hacer el bien. Y eso no es tanto innato cuanto sí una actitud de esfuerzo en procurar siempre hacer el bien. Un bien que nace desde una relación íntima con el Señor, porque solo en Él podemos alcanzar la verdad y el bien reflejado en el amor.

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza San Pedro
Miércoles, 13 de marzo de 2024

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Catequesis. Vicios y Virtudes. 11. El actuar virtuoso

Queridos hermanos y hermanas:

Avanzando en nuestro ciclo de catequesis, hoy iniciamos nuestra reflexión sobre las virtudes. El origen de la palabra “virtud” nos remite a la fuerza y a la valentía, y también a la capacidad de disciplina y de ascesis. Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica que «la virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien» (n. 1803).

La constancia y la disponibilidad para hacer el bien son propiedades del ser virtuoso, de modo que nuestros actos no sean casuales e improvisados, sino fruto de un ejercicio y entrenamiento que conlleva esfuerzo y sacrificio, para que esas disposiciones se conviertan en un hábito.

Podemos decir que la virtud es un bien que nace de una lenta maduración de la persona, hasta convertirse en una de sus características interiores. El primer auxilio que recibimos para que esto sea posible es la gracia de Dios, que trabaja en nuestro interior por medio del Espíritu Santo.

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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Espíritu Santo el don de sabiduría para que nos ayude a tomar decisiones y a ejercitar las virtudes, orientando nuestra vida por el camino del bien. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.

Miércoles 13 de marzo: III Estación: Jesús cae por primera vez

Señor, ¿cómo fue tu primera caída? Caíste por primera vez identificado, solidario, con cada uno de nosotros.  

Nos enseñaste que tu pasión era recorrido no por un "superhombre" que todo lo puede, sino por el amor que se hace debilidad. Nos enseñaste, Señor, que tu fuerza se realiza en la pequeñez; que son bienaventurados los que se levantan y no quedan derrotados por las dificultades del camino.  

Tu primera caída, Señor, es para nosotros  
comunidad, el reconocer que "cuando somos débiles entonces somos fuertes", porque confiamos, como tú, más en el amor del Padre que en nuestras propias fuerzas, que nos fallan tantas veces en el camino de la vida. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Mediba.

12 de marzo de 2024

Martes 12 de marzo: II Estación: Jesús carga con la cruz

Jesús el Nazareno, con la cruz a cuestas por las calles de la vida. Caminando sin fuerzas, abrazado a la cruz, como don del Padre a los hombres.  

Señor, ¿por qué cargaste con mi cruz? Tú, que eres amigo, acompaña nuestras cruces. Tú, que eres verdad, ayuda a los que llevan la pesada cruz, a vivir proclamándola.  

Tú, Señor, con la cruz a cuestas recorriendo todos los rincones de la tierra, solidario de todas las miserias.  

Señor, gracias por cargar con la cruz,  por llevar mi cruz,  porque yo soy muchas veces "tu cruz".  

Ayúdame a llevar las contrariedades con la paz de tu mansedumbre; los problemas, con tu humildad. Que la cruz tenga para mí  sabor a redención, a vida que se entrega. Amén. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

11 de marzo de 2024

Lunes 11 de marzo: 1ª Estación: Jesús condenado a muerte

Señor, condenado a muerte, identificado con todo los que, a lo largo de los tiempos, son condenados a muerte.  

Asumes las injusticias de los injustos, como "cordero llevado al matadero". ¿Qué sentías, Señor, al escuchar esa sentencia tan injusta? Condenado a muerte en los niños no nacidos, en los pobres olvidados, en los hambrientos que murieron ayer, que mueren hoy y morirán mañana. Como yo, Señor, como nosotros, condenado a muerte, porque un día nuestra vida acabará y compareceremos delante de ti. Condenado a muerte, en los pecados de ayer  de hoy y de siempre;  en aquellos que no te acogen, en los que te rechazan. Condenado a muerte, Señor, Tú, que eres la vida.  

Condenado a muerte, Señor, ¡Cómo me ayuda mirarte! Amén.  

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

9 de marzo de 2024

ORACIÓN: MI CENTRO

Ayúdame, Señor, a saber esperar sin desmoralizarme, a saber escuchar sin cansarme, a acoger con bondad, a dar con amor, a estar siempre ahí cuando alguien me necesite.

Ayúdame a ser esa presencia segura a la que siempre se puede acudir, a ofrecer esa amistad que pacifica, que enriquece, a través de Ti y en Ti, a transmitir una paz gozosa, tu paz en mi alma, Señor, a estar totalmente centrado en Ti y disponible y acogedor para los otros. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

8 de marzo de 2024

ORACIÓN AL COMIENZO DEL DÍA

Este día que comienza, Señor, lo dejo en tus manos.

Dame el privilegio de descubrirte en los detalles.

Dame la sabiduría necesaria, para sacar lo bueno de aquellas situaciones que me sorprenden.

Dame  creatividad, para encontrar el rumbo frente a lo inesperado que viene a darle un giro a mi día.

Dame paciencia, para escuchar sin apuro, abrazar sin tiempo y hablar sin prisa.

Dame sabiduría para conocer tu voluntad y fortaleza para llevarla  a cabo.

Dame una vista aguda, que sea capaz de ir descubriendo hacia donde me llevan tus caminos.

Dame fuerzas para amar, porque las mías son limitadas.

Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

7 de marzo de 2024

ORACIÓN: GRACIAS POR TU PACIENCIA, SEÑOR

Señor, líbranos de los agobios, prisas e impaciencias. Querríamos alcanzar nuestras metas ya. Nos gustaría quitar nuestros defectos de un día para otro. Deseamos que los demás aprendan y cambien rápidamente.

En cambio, Tú, Señor, sabes que somos barro y tienes una inmensa paciencia con todos: con los que te conocemos y con los que te niegan, con los que hacemos daño a los demás y con los que se conforman con no hacer mal a nadie; con los que retroceden y con los que se paran. Nos invitas a avanzar hacia adelante, pero no nos atropellas con amenazas y prisas.

Señor, dame paciencia conmigo mismo, para que no me hundan mis limitaciones y pecados y me ayuden a crecer en humildad y confianza en ti. Dame paciencia para con los demás, para que sepa aceptarlos y amarlos como son para motivarles a crecer siempre.

Dame paciencia en mis trabajos y compromisos, para que siembre con constancia y esperanza sabiendo que toda semilla da fruto, antes o después, de una manera u otra. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

6 de marzo de 2024

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Diría que la soberbia es la carencia de la humildad. Y es que cuando careces de la humildad tu ego se acrecienta y crees que vales más de lo que realmente vales. Te crees superior a otros y te ensoberbeces exigiendo ser reconocido y alabado por encima de los demás. Te constituyes centro y vanagloria para los demás y hasta llegas a desear ser y compararte con nuestro Padre Dios.  Meditemos pacientemente y humildemente lo que nos dice el Papa Francisco en la audiencia de hoy.





 PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles, 6 de marzo de 2024

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Catequesis. Vicios y virtudes. 10. La soberbia.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario catequético sobre los vicios y las virtudes, llegamos hoy al último de los vicios: la soberbia. Los antiguos griegos lo definían con una palabra que podría traducirse como "esplendor excesivo". En realidad, la soberbia es la auto-exaltación, el engreimiento, la vanidad. El término aparece también en esa serie de vicios que Jesús enumera para explicar que el mal procede siempre del corazón del hombre (cf. Mc 7,22). El soberbio es aquel que cree ser mucho más de lo que es en realidad; aquel que se estremece por ser reconocido como superior a los demás, siempre quiere ver reconocidos sus propios méritos y desprecia a los demás considerándolos inferiores.

A partir de esta primera descripción, vemos cómo el vicio de la soberbia está muy cerca del de la vanagloria, que presentamos la última vez. Pero si la vanagloria es una enfermedad del yo humano, se trata de una enfermedad infantil en comparación con los estragos que puede causar la soberbia. Analizando las locuras del hombre, los monjes de la antigüedad reconocían un cierto orden en la secuencia de los males: se empieza por los pecados más groseros, como la gula, y se llega a los monstruos más inquietantes. De todos los vicios, la soberbia es la gran reina. No es casualidad que, en la Divina Comedia, Dante lo sitúe en el primer círculo del purgatorio: quien cede a este vicio está lejos de Dios, y la enmienda de este mal requiere tiempo y esfuerzo, más que cualquier otra batalla a la que esté llamado el cristiano.

En realidad, en este mal se esconde el pecado radical, la absurda pretensión de ser como Dios. El pecado de primeros padres, relatado en el libro del Génesis, es a todos los efectos un pecado de soberbia. El tentador les dice: «…Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos; entonces ustedes serán como dioses» (Gen 3,5). Los escritores de espiritualidad están más atentos a describir las repercusiones de la soberbia en la vida de todos los días, a ilustrar cómo arruina las relaciones humanas, a subrayar cómo este mal envenena ese sentimiento de fraternidad que, en cambio, debería unir a los hombres.

He aquí, entonces, la larga lista de síntomas que revelan que una persona ha sucumbido al vicio de la soberbia. Es un mal con un aspecto físico evidente: el hombre orgulloso es altivo, tiene una “dura cerviz”, es decir, tiene el cuello rígido que no se dobla. Es un hombre que con facilidad juzga despreciativamente: por una nadería, emite juicios irrevocables sobre los demás, que le parecen irremediablemente ineptos e incapaces. En su arrogancia, olvida que Jesús en los Evangelios nos dio muy pocos preceptos morales, pero en uno de ellos fue inflexible: no juzgar nunca. Te das cuenta de que estás tratando con una persona orgullosa cuando, si le haces una pequeña crítica constructiva, o un comentario totalmente inofensivo, reacciona de forma exagerada, como si alguien hubiera ofendido su majestad: monta en cólera, grita, rompe relaciones con los demás de forma resentida.

Poco se puede hacer con una persona enferma de soberbia. Es imposible hablar con ella, y mucho menos corregirla, porque en el fondo ya no está presente a sí misma. Sólo hay que tenerle paciencia, porque un día su edificio se derrumbará. Un proverbio italiano dice: “La soberbia va a caballo y vuelve a pie". En los Evangelios, Jesús trata con muchas personas orgullosas, y a menudo fue a desenterrar este vicio incluso en personas que lo ocultaban muy bien. Pedro alardea al máximo su fidelidad: "Aunque todos te abandonen, yo no lo haré" (cf. Mt 26,33). Sin embargo, pronto experimentará que es como los demás, también él temeroso ante la muerte que no imaginaba que pudiera estar tan cerca. Y así, el segundo Pedro, el que ya no levanta el mentón, sino que llora lágrimas saladas, será medicado por Jesús y será por fin apto para soportar el peso de la Iglesia. Antes ostentaba una presunción de la que era mejor no hacer alarde; ahora, en cambio, es un discípulo fiel al que, como dice una parábola, el amo "hará administrador de todos sus bienes” (Lc 12,44).

La salvación pasa por la humildad, verdadero remedio para todo acto de soberbia. En el Magnificat María canta a Dios que dispersa con su poder a los soberbios en los pensamientos enfermos de sus corazones. Es inútil robarle algo a Dios, como esperan hacer los soberbios, porque al final Él quiere regalarnos todo. Por eso el Apóstol Santiago, a su comunidad herida por luchas intestinas originadas en el orgullo, escribe: «Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes les da su gracia" (St 4,6).

Por tanto, queridos hermanos y hermanas, aprovechemos esta Cuaresma para luchar contra nuestra soberbia.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a María que nos ayude a proclamar con nuestra vida el Magníficat, para poder ser testigos de la alegría del Evangelio con humildad y sencillez de corazón. Que Jesús los bendiga. Muchas gracias.
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Resumen leído en español

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestra catequesis de hoy reflexionamos sobre el vicio de la soberbia. Jesús mismo menciona este vicio como uno de los males que provienen del corazón del hombre. La persona soberbia se considera superior a los demás y desea que todos reconozcan sus méritos. Podemos decir que en su interior se esconde la pretensión de querer ser como Dios, tal como vemos en el pecado de Adán y Eva, que nos relata el libro del Génesis.

Este vicio destruye la fraternidad, porque el soberbio no se relaciona con los demás en un plano de igualdad, sino que los trata como inferiores y emite juicios en contra de ellos. En el Evangelio también encontramos ejemplos de personas así, presuntuosas y seguras de sí mismas —como Pedro, que creía que nunca negaría al Maestro—; a esas personas Jesús las medica con el remedio de la humildad. Esto nos enseña que la salvación no está en nuestras propias manos, sino que es un don gratuito que Dios nos quiere regalar.

4 de marzo de 2024

ORACIÓN: ¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma!

¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma, acompáñame en este tiempo por el silencio de la oración y guíame por el desierto cuaresmal para que pueda evadirme del mundanal ruido, de los barullos de este mundo, por las tentaciones de la sociedad! 

¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma, ayúdame a abrir el corazón cada mañana para estar dispuesto a transitar por el desierto de la Cuaresma con fe, con oración, con servicio y con ayuno!

 ¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma, hazme ver todo aquello que tiene que ser cambiado, esa interminable sucesión de defectos e imperfecciones que debo mejorar! 

¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma, condúceme por la senda de la santidad para luchar contra aquello que endurece mi corazón! 

¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma, concédeme la gracia de vivir en el silencio para aislarme de los ruidos que me apartan de la verdad! 

¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma, ayúdame a adentrarme en la luz para ser capaz de descubrir a Cristo en el prójimo! 

¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma, guíame en todo momento para que abriendo mi corazón e interiorizándolo todo aprenda a saber que cosas, que actitudes y que actos son los que tengo que purificar y transformar! 

¡Espíritu Santo que iluminas la Cuaresma, haz que este tiempo de Cuaresma se convierta en un verdadero tiempo de conversión interior para estar más cerca del Señor! Amén.

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

"Ven Espíritu Santo. Porque yo fui creado para encontrar la felicidad, la verdadera paz, el gozo más profundo, pero todo eso sólo se encuentra en ti. Las cosas de este mundo me dan alguna felicidad, pero al final siempre me dejan vacío y necesitado. 

Por eso te ruego, Espíritu Santo, que me des la gracia de abrirte mi interior y de amarte con todo mi ser, para alcanzar el gozo que vale la pena. Quiero gozar de tu amistad, tu cariño, tu abrazo de amor, tu fuego santo. No permitas que me absorban las cosas del mundo y tócame con la caricia suave y feliz de tu ternura. 

Ven Espíritu Santo, para que pueda entrar en el corazón de Jesús, para que sienta el llamado del Padre Dios que siempre me espera.

Ven Espíritu Santo. Amén."

Desde mi parroqua, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

3 de marzo de 2024

ORACIÓN: DIÁS GRISES

Hay días en que extraño todo y a todos, hay días en que me invade la nostalgia, esos días en los que me toma preso la melancolía. Son esos inevitables días en lo que no dejo de pensar en que todo tiempo pasado fue mejor.

Hay días en que quisiera tornar atrás y olvidar todo. Empezar desde cero, recomenzar desde el fondo. 

Señor, dame tu gracia, dame tu paciencia, dame luz, dame tu paz.

Une en Ti todos mis dispersos pensamientos, mis desordenados deseos y mi desparramados sentimientos.

Dame tu amor, dame tu gracias, te lo ruego y te prometo que no pediré más. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

2 de marzo de 2024

ORACIÓN: LLAMAS A MI PUERTA

Tú, Señor, cada mañana llamas a mi puerta y me dices ven. Yo quiero seguirte con todas mis fuerzas, que se haga tu voluntad. Sabes que no tengo nada que soy muy débil y pecador, mi vida te ofrezco, mis planes, mis manos, te entrego mi corazón.

Tú, Señor, has tomado todo lo que soy, me seduce tu evangelio y tu verdad, tu amor y tu amistad. Tú, Señor, me has mostrado un modo de vivir, un camino de renuncia y caridad, contigo soy feliz. Tú me has hecho nuevo,  libre, capaz de amar.

María me enseña a ser sencillo, viviendo en fidelidad. Tú me has puesto entre los demás como un testigo de tu verdad, ser sal de la tierra, ser luz del mundo, tu fuerza me bastará. Amén.

Desde mi parroqyia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.

1 de marzo de 2024

ORACIÓN: EL DON DEL SILENCIO

Señor, dame el don del silencio, para poder oírte a Ti y escucharme a mí. para reconocer El don de saber oírte a Ti y de poder auscultarme a mi; de poder detectar tu Voluntad y de saber hallar mi debilidad peligrosa; de llenarme de perdón, de abrirme a tus misterios y de librarme de este otro misterio de mi pecado.

Hazme hallar, Señor, ese silencio de plenitud, que es la Palabra tuya, la que debe ser oída en eterno silencio. Hazme andar al unísono con Ella. Hazme sentir con su propio latido.

Haz, Señor, que con tu Verdad y tu Amor me llene de ti. Dame de tu silencio, Oh Dios; ábreme los oídos interiores para que te metas Tu por toda mi alma, para que en esa invasión sea yo libre, y en tu Luz se me apaguen todas las voces del exterior.

Señor, si me das el silencio me conoceré y te conoceré... y yo quisiera que fuese así, Señor, porque quisiera comenzar a ser, de veras, hijo tuyo... Amén." 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.