21 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS. 

 

*ORACION: Quisiera verte, Señor*

Quisiera verte, Señor: En los momentos de incertidumbre y angustia. En los momentos de desconcierto y miedo. En los momentos de noche y tempestad. En los momentos de luz y alegría.

Quisiera verte: En el rostro de los que me persiguen y critican. En el rostro de quien me mira mal y no me quiere. En el rostro de los últimos y despojados. En el rostro de los que comparto mi vida diariamente.

Quisiera verte: Al servir, al amar, al perdonar, al abrazar. Al caer, al quedarme sin fuerzas, al desesperar.

Quisiera verte en todos los momentos, en todos los rostros, en todas las circunstancias. Y poder decir: en todo amar y servir. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

20 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 *ORACION: Deseo de vida plena*

Señor, has puesto en mí un inmenso deseo de felicidad, de vida plena; pero a veces me cuesta entender cuál es el camino hacia esa plenitud.

Te pido, Señor, que hagas brillar tu luz en mi corazón. Que tu luz me guíe, me sosiegue, me dé la certeza de que, más allá de cualquier fracaso, la vida florecerá y será hermosa.

Llévame contigo y condúceme a la cima. No me permitas que renuncie a la vida que Tú me ofreces, por miedo al esfuerzo o al dolor. Ayúdame a afrontar las cuestas arriba; enséñame a confiar en ti.

Señor, desearía tener el coraje que tuviste cuando decidiste caminar decididamente a Jerusalén, para dar tu vida de una vez por todas. Convénceme, Señor, de que el camino de la vida plena es entregar la vida del todo por amor. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

19 de enero de 2022

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Posiblemente, San José tuvo que advertir la forma de actuar de su hijo adoptivo, y quedar sorprendido, como nos dice el Santo Padre, al verle crecer en estatura, sabiduría y Gracia. Seguramente la forma de actuar y comportarse de José, su padre adoptivo, hombre justo y honrado, dejá también en Jesús una sintonía fraterna que, simultaneaente, se transmite de padre a hijo. Pero, ver crecer a Jesús en estatura, sabiduría y Gracia ante su Padre Dios, fue una bendición para José, su padre. 

 


 

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 19 de enero de 2022

[Multimedia]

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Catequesis sobre san José 8. San José padre en la ternura

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera profundizar en la figura de San José como padre en la ternura.

En la Carta Apostólica Patris corde (8 de diciembre de 2020) pude reflexionar sobre este aspecto de la ternura, un aspecto de la personalidad de san José. De hecho, incluso si los Evangelios no nos dan particularidades sobre cómo ejerció su paternidad, podemos estar seguros de que su ser hombre “justo” se tradujo también en la educación dada a Jesús. «José vio a Jesús progresar día tras día “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2,52): así dice el Evangelio. Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer” (cf. Os 11,3-4)» (Patris corde, 2). Es bonita esta definición de la Biblia que hace ver la relación de Dios con el pueblo de Israel. Y la misma relación pensamos que haya sido la de san José con Jesús.

Los Evangelios atestiguan que Jesús usó siempre la palabra “padre” para hablar de Dios y de su amor. Muchas parábolas tienen como protagonista la figura de un padre [1]. Entre las más famosas está seguramente la del Padre misericordioso, contada por el evangelista Lucas (cf. Lc 15,11-32). Precisamente en esta parábola se subraya, además de la experiencia del pecado y del perdón, también la forma en la que el perdón alcanza a la persona que se ha equivocado. El texto dice así: «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente» (v. 20). El hijo se esperaba un castigo, una justicia que al máximo le habría podido dar el lugar de uno de los siervos, pero se encuentra envuelto por el abrazo del padre. La ternura es algo más grande que la lógica del mundo. Es una forma inesperada de hacer justicia. Por eso no debemos olvidar nunca que Dios no se asusta de nuestros pecados: metámonos bien esto en la cabeza. Dios no se asusta de nuestros pecados, es más grande que nuestros pecados: es padre, es amor, es tierno. No se asusta de nuestros pecados, de nuestros errores, de nuestras caídas, sino que se asusta por el cierre de nuestro corazón —esto sí, le hace sufrir—, se asusta de nuestra falta de fe en su amor. Hay una gran ternura en la experiencia del amor de Dios. Y es bonito pensar que el primero que transmite a Jesús esta realidad haya sido precisamente José. De hecho, las cosas de Dios nos alcanzan siempre a través de la mediación de experiencias humanas. Hace tiempo —no sé si ya lo he contado—un grupo de jóvenes que hacen teatro, un grupo de jóvenes pop, “innovadores”, quedaron impresionados por esta parábola del padre misericordioso y decidieron hacer una obra de teatro pop con este argumento, con esta historia. Y lo hicieron bien. Y todo el argumento es, al final, que un amigo escucha al hijo que se había alejado del padre, que quería volver a casa, pero tenía miedo de que el padre lo echase y lo castigase. Y el amigo le dice, en esa obra pop: “Manda un mensajero y di que tú quieres volver a casa, y si el padre te va a recibir que ponga un pañuelo en la ventana, la que tú veas apenas tomes el camino final”. Así lo hizo. Y la obra, con cantos y bailes, sigue hasta el momento en el que el hijo entra en la calle final y se ve la casa. Y cuando alza los ojos, ve la casa llena de pañuelos blancos: llena. No uno, sino tres-cuatro en cada ventana. Así es la misericordia de Dios. No se asusta de nuestro pasado, de nuestras cosas malas: se asusta solamente del cierre. Todos nosotros tenemos cuentas que resolver; pero hacer las cuentas con Dios es algo muy bonito, porque nosotros empezamos a hablar y Él nos abraza. ¡La ternura!

Entonces podemos preguntarnos si nosotros mismos hemos experimentado esta ternura, y si nos hemos convertido en testigos de ella. De hecho, la ternura no es en primer lugar una cuestión emotiva o sentimental: es la experiencia de sentirse amados y acogidos precisamente en nuestra pobreza y en nuestra miseria, y por tanto transformados por el amor de Dios.

Dios no confía solo en nuestros talentos, sino también en nuestra debilidad redimida. Esto, por ejemplo, lleva a san Pablo a decir que también hay un proyecto sobre su fragilidad. Así, de hecho, escribe a la comunidad de Corinto: «Para que no me engreía con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea […]. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”» (2 Cor 12,7-9). El Señor no nos quita todas las debilidades, sino que nos ayuda a caminar con las debilidades, tomándonos de la mano. Toma de la mano nuestras debilidades y se pone cerca de nosotros. Y esto es la ternura. La experiencia de la ternura consiste en ver el poder de Dios pasar precisamente a través de lo que nos hace más frágiles; siempre y cuando nos convirtamos de la mirada del Maligno que «nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo», mientras que el Espíritu Santo «la saca a la luz con ternura» (Patris corde, 2). «La ternura es el mejor modo para tocar lo que es frágil en nosotros.[…]». Mirad cómo las enfermeras, los enfermeros tocan las heridas de los enfermos: con ternura, para no herirles más. Y así el Señor toca nuestras heridas, con la misma ternura. «Por esta razón es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Reconciliación, en la oración personal con Dios, teniendo una experiencia de verdad y ternura. Paradójicamente, incluso el Maligno puede decirnos la verdad: él es mentiroso, pero se las arregla para decirnos la verdad para llevarnos a la mentira; pero, si lo hace, es para condenarnos. En cambio, el Señor nos dice la verdad y nos tiende la mano para salvarnos. Sabemos, sin embargo, que la Verdad que viene de Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona» (Patris corde, 2). Dios perdona siempre: metéoslo, esto, en la cabeza y en el corazón. Dios perdona siempre. Somos nosotros que nos cansamos de pedir perdón. Pero Él perdona siempre, también las cosas más malas.

Nos hace bien entonces mirarnos en la paternidad de José que es un espejo de la paternidad de Dios, y preguntarnos si permitimos al Señor que nos ame con su ternura, transformando a cada uno de nosotros en hombres y mujeres capaces de amar así. Sin esta “revolución de la ternura” —hace falta, ¡una revolución de la ternura!— corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo. Por esto, hoy quiero recordar de forma particular a nuestros hermanos y a nuestras hermanas que están en la cárcel. Es justo que quien se ha equivocado pague por su error, pero es igualmente justo que quien se ha equivocado pueda redimirse del propio error. No puede haber condenas sin ventanas de esperanza. Cualquier condena siempre tiene una ventana de esperanza. Pensemos en nuestros hermanos y nuestras hermanas encarcelados, y pensemos en la ternura de Dios por ellos y recemos por ellos, para que encuentren en esa ventana de esperanza una salida hacia una vida mejor.

Y concluimos con esta oración:

San José, padre en la ternura,
enséñanos a aceptar ser amados precisamente en lo que en nosotros es más débil.
Haz que no pongamos ningún impedimento
entre nuestra pobreza y la grandeza del amor de Dios.
Suscita en nosotros el deseo de acercarnos al Sacramento de la Reconciliación,
para ser perdonados y también capaces de amar con ternura
a nuestros hermanos y a nuestras hermanas en su pobreza.
Está cerca de aquellos que se han equivocado y por esto pagan un precio;
ayúdales a encontrar, junto a la justicia, también la ternura para poder volver a empezar.
Y enséñales que la primera forma de volver a empezar
es pedir perdón sinceramente, para sentir la caricia del Padre.
 


[1] Cf. Mt 15,13; 21,28-30; 22,2; Lc 15,11-32; Jn 5,19-23; 6,32-40; 14,2;15,1.8.


Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los invito a acercarse a una actitud de Reconciliación para experimentar la misericordia y la ternura de Dios, que nos ayuda a superar nuestras caídas, a levantarnos y a aprender a amar según la medida de su Corazón paternal. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.


LLAMAMIENTO

Mi pensamiento va a la población de las Islas de Tonga, golpeadas en los días pasados por la erupción del volcán submarino que ha causado grandes daños materiales. Estoy espiritualmente cerca de todas las personas probadas, implorando de Dios el alivio por su sufrimiento. Invito a todos a unirse a mí en la oración por estos hermanos y hermanas.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis reflexionamos sobre san José como padre en la ternura. Los evangelios no dan detalles del modo en que José ejerció su paternidad, pero podemos intuir que el hecho de haber sido un hombre “justo” influyó en la educación que le dio a Jesús, al que vio crecer «en sabiduría, en estatura y en gracia» (Lc 2,52), como dice el Evangelio. Por otra parte, Jesús usaba con frecuencia la palabra “padre” para hablar de Dios y de la ternura con que nos ama. Y es hermoso pensar que el primero en transmitir a Jesús esta realidad haya sido José, que lo amó con corazón de padre.

En la parábola del Padre misericordioso, Jesús hace referencia a la paternidad de Dios que, sin detenerse en los errores de su hijo, lo acoge con ternura y con alegría, con una actitud desbordante y gratuita de amor y de perdón que supera toda lógica humana. Podemos preguntarnos si dejamos a Dios que nos ame con esa misma ternura para que, llenos de su amor, seamos capaces de amar así a los demás.

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 *ORACION: Amigos de Dios.*

Jesús, Tú me llamas "amigo". Tú me tratas como el mejor amigo. Saliste de tu cielo para mostrarme tu amistad, me buscaste y me buscas en todos mis caminos.

Me abriste tu corazón de par en par. Me descubriste tus secretos más hondos. Nos enseñaste que Dios es Amor, es Padre y que todas las personas -todas- somos hermanos.

Aunque tantas veces descuido nuestra amistad, aunque a veces me aíslo de mis hermanos Tú siempre me ofreces tus brazos abiertos y me animas a abrir los míos a los demás.

Tú nos has mostrado qué es la amistad y el amor: No hay amor más grande que el que da la vida... por los amigos, por los pobres, por los enemigos...El amigo no se conforma con dar. Se da del todo.

A veces, parece que la amistad no merece la pena. Con tu resurrección nos abriste a la esperanza: ni el gesto más pequeño de amistad que se pierde, antes o después, produce un reguero de vida y alegría.

Jesús, Tú eres mi mejor "amigo". Gracias, gracias, gracias. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

18 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 *ORACION: ME LLAMAS POR MI NOMBRE*

Me llamas por mi nombre, Señor. No es que me llames como a todos, así, en un mismo saco.

Me llamas como soy, conociendo mis límites y mis talentos, sabiendo de mis dudas y mis certezas.

Me llamas por mi nombre, con mi historia; conoces mis heridas, y mis posibilidades. Tú sabes cuál es mi sueño, y cuál es la meta que pones en mi horizonte.

Tú sabes cuándo me caigo, cuándo te vendo, cuándo te busco y cuándo te rechazo. Y siempre, siempre, me estás llamando por mi nombre.

Me llamas por mi nombre, para que disfrute de tu amistad, para estar siempre contigo.

Me llamas por mi nombre, para enviarme al mundo, comunicar tu palabra y tu amor y hacer realidad, con tu poder, tu sueño de fraternidad. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

17 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

*ORACION: Encontrarán descanso*

Señor Jesús, ¡Cuánto anhelamos el descanso, la serenidad, la paz! En algunas ocasiones suceden cosas tan tristes, tan injustas, tan inhumanas, que siento rabia., mucha rabia. Acompáñame en esos momentos, para que esa rabia se transforme en fuerza, para luchar contra el mal a fuerza de bien. Siempre como Tú y contigo.

Pero en otras ocasiones, yo mismo no me dejo descansar y vivir en paz. Pienso que no me dan lo que merezco. Hago tragedia ante cualquier contratiempo. No acepto mis limitaciones físicas y mentales. Me castigo cuando cometo errores. Quiero ser reconocido por los demás. Pretendo tener razón y defiendo argumentos absurdos. Me paso el día criticando a la familia, a los compañeros, a los políticos. Soy capaz, incluso, de echarte en cara lo mal que conduces el mundo.

Señor, ayúdame a avanzar por el camino de la mansedumbre y la humildad, para encontrar el descanso y la paz. Siempre como Tú y contigo. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco,
D. Juan Carlos Medina Medina

16 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 *ORACION: Escuchar, discernir*

Tú que rezaste al Padre en la noche, antes de elegir a los apóstoles, ¡guíame en mis decisiones! enséñame a hacer silencio y a escuchar, lejos de los ruidos que están fuera y dentro de mí.

Háblame, Señor, con tu infinita dulzura, incluso si no puedo escuchar tus palabras. No te rindas y sigue hablándome, hasta que se abran mis oídos y mi corazón.

Enséñame a escucharte, en cada estremecimiento del corazón, en un pensamiento repentino. en la voz de un amigo, un hermano, un extraño...

Te doy gracias, Jesús, porque en cada acontecimiento y en cada persona me indicas la dirección de la felicidad más grande  el camino en el que podré amar más y mejor. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco,
D. Juan Carlos Medina Medina

15 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

*ORACION AL ESPÍRITU SANTO*

"Ven Espíritu Santo, ven a sanar ese mundo de mis emociones. Mira ese dolor que a veces me carcome el alma, y sánalo.

A veces sufro por el amor que no me dan, por las desilusiones, por las agresiones ajenas, porque a veces no me comprenden, porque no pude comunicarme bien con alguien, porque no me agradecen o no tienen en cuenta mis esfuerzos. No dejes que esos sentimientos me dominen y me quiten la alegría.

Ven Espíritu Santo, toca esas necesidades insatisfechas con tu amor, para que yo no dependa tanto del afecto de los demás. Enséñame a gozar de tu ternura divina, Espíritu de amor, para que mi corazón sea más libre. No dejes que me vuelva esclavo de mis sensaciones y sentimientos que me abruman. Enséñame a disfrutar de tu amor en cada momento, para que la alegría ilumine mi vida. Amén.

 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

14 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 *ORACION: SI QUIERES PUEDES LIMPIARME, SEÑOR*

Señor Jesús, al hacerte humano tocas, abrazas y besas la pobreza de nuestra naturaleza, la debilidad de nuestra carne y de nuestro corazón. Gracias, Jesús, por tocarme, abrazarme y besarme.

Tú nos muestras, Jesús, que la voluntad de Dios Padre es curarnos, purificarnos del mal que nos desfigura y arruina nuestras relaciones, para que vivamos felices, como buenos hijos de Dios Padre, como hermanos de todas las personas. Gracias, Jesús, por curarme, por purificarme, por perdonarme.

Jesús, tomaste sobre ti nuestras enfermedades, te convertiste en «leproso», para que nosotros fuéramos purificados. Gracias por asumir el dolor y la muerte para darnos la salud.

Señor, que tengamos el corazón siempre abierto, para dejarnos tocar y curar por ti, para abrazar y sanar a cuantos nos necesiten. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

13 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

*ORACION: TU MI SALVACIÓN, SEÑOR*

Te doy gracias de todo corazón, Señor, Dios mío, te diré siempre que tú eres amigo fiel. Me has salvado del abismo profundo, y he experimentado tu misericordia. Me has librado de los lazos de la tentación, y he experimentado tu misericordia. Me has hecho revivir, volver al camino, y he experimentado tu misericordia. Has curado la fiebre que me impide servir a los hermanos. Has abierto mis ojos y mis oídos para ver y escuchar a quién me necesita. Sigue protegiendo mi vida. Sálvame. Confío en ti.

Señor, yo me alegro, porque eres un Dios compasivo. Me alegro porque eres piadoso y paciente. Me alegro porque eres misericordioso y fiel.

Señor, mírame. Ten compasión de mí. Dame fuerza. Protege mi vida. Sálvame. Confío en ti. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

12 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 *ORACION: EN TI MI FUERZA*

Señor Jesús, hay muchas cosas que tiran de mí con mucha fuerza: El trabajo que ocupa hasta el tiempo de descanso y de familia, esa afición en la que paso horas y horas, sin darme cuenta, pensamientos fijos que no me permiten seguir aprendiendo, obsesión por tener más dinero, más poder, más reconocimiento, la posibilidad de que la realidad que pueda ver me exija un cambio de vida, ese temor a que el diálogo con los demás transforme mi forma de pensar, ese miedo a dejarme amar y a asumir el compromiso que conlleva el amor; esa dependencia de la que quisiera liberarme desde hace años, esa pereza en la que “cuanto menos hago, menos quiero hacer”.

Ayúdame a descubrir qué cosas y qué actitudes embotan mi mente. Dame tu mano, para  superarlas contigo, poco a poco; para ensanchar mi capacidad de ver y escuchar; de sentir y de amar, para que no me conforme con sobrevivir, con ir tirando, para que pueda acogerte y acoger la Vida que Tú me ofreces. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

La condición humilde de Jesús – hijo del carpintero – se le presenta como un primer obstáculo a la hora de anunciar la Buena Noticia. No se acepta que un aprendiz de carpintero y obrero de la madera y construcción, tal como nos explica el santo Padre, venga a enseñar el camino de la salvación y a anunciar el Amor Misericordioso del Padre. 

Posiblemente, hoy nos ocurre algo parecido. Al parecer todos sabemos más que la Iglesia sin ni siquiera conocerla. Y, también, hay muchos obreros explotados y sin trabajo que sufren y lo pasan mal. El Papa nos pide oración por todas esas personas del mundo del trabajo.

 



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 12 de enero de 2022

[Multimedia]

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Catequesis sobre san José 7. San José el carpintero

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Los evangelistas Mateo y Marcos definen a José como “carpintero” u “obrero de la madera”. Hemos escuchado hace poco que la gente de Nazaret, escuchando a Jesús hablar, se preguntaba: «¿No es éste el hijo del carpintero?» (13,55; cf. Mc 6,3). Jesús practicó el oficio de su padre.

El término griego tekton, usado para indicar el trabajo de José, ha sido traducido de varias maneras. Los Padres latinos de la Iglesia lo hicieron con “carpintero”. Pero tengamos presente que en la Palestina de los tiempos de Jesús la madera servía, además de para fabricar arados y muebles varios, también para construir casas, que tenían ventanas de madera y techos de terraza hechos de vigas conectadas entre sí con ramas y tierra.

Por tanto, “carpintero” u “obrero de la madera” era una calificación genérica, que indicaba tanto a los artesanos de la madera como a los trabajadores que se dedicaban a actividades relacionadas con la construcción. Un oficio bastante duro, teniendo que trabajar materiales pesados, como madera, piedra y hierro. Desde el punto de vista económico no aseguraba grandes ganancias, como se deduce del hecho de que María y José, cuando presentaron a Jesús en el Templo, ofrecieron solo un par de tórtolas o pichones (cf. Lc 2,24), como prescribía la Ley para los pobres (cf. Lv 12,8).

Por tanto, Jesús adolescente aprendió del padre este oficio. Por eso, cuando de adulto empezó a predicar, sus paisanos asombrados se preguntaban: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?» (Mt 13,54), y se escandalizaban a causa de él (cf. v. 57), porque era el hijo del carpintero, pero hablaba como un doctor de la ley, y se escandalizaban de esto.

Este dato biográfico de José y de Jesús me hace pensar en todos los trabajadores del mundo, de forma particular en aquellos que hacen trabajos duros en las minas y en ciertas fábricas; en aquellos que son explotados con el trabajo en negro; en las víctimas del trabajo ―hemos visto que en Italia últimamente ha habido varias―; en los niños que son obligados a trabajar y en aquellos que hurgan en los vertederos en busca de algo útil para intercambiar... Me permito repetir esto que he dicho: los trabajadores escondidos, los trabajadores que hacen trabajados duros en las minas y en ciertas fábricas: pensemos en ellos. En aquellos que son explotados con el trabajo en negro, en aquellos que dan el sueldo de contrabando, a escondidas, sin la jubilación, sin nada. Y si no trabajas, tú, no tienes ninguna seguridad. El trabajo en negro hoy existe, y mucho. Pensemos en las víctimas del trabajo, de los accidentes en el trabajo; en los niños que son obligados a trabajar: ¡esto es terrible! Los niños en la edad del juego deben jugar, sin embargo, se les obliga a trabajar como personas adultas. Pensemos en esos niños, pobrecitos, que hurgan en los vertederos para buscar algo útil para intercambiar. Todos estos son hermanos y hermanas nuestros, que se ganan la vida así, ¡con trabajos que no reconocen su dignidad! Pensemos en esto. Y esto sucede hoy, en el mundo, ¡esto sucede hoy! Pero pienso también en quien está sin trabajo: cuánta gente va a llamar a las puertas de las fábricas, de las empresas: “Pero, ¿hay algo que hacer?” – “No, no hay, no hay…”. ¡La falta de trabajo! Y pienso también en los que sienten heridos en su dignidad porque no encuentran este trabajo. Vuelven a casa: “¿Has encontrado algo?” ― “No, nada… he ido a Cáritas y traigo pan”. Lo que te da dignidad no es llevar el pan a casa. Puedes tomarlo en Cáritas: no, esto no da dignidad. Lo que te da dignidad es ganar el pan, y si nosotros no damos a nuestra gente, a nuestros hombres y a nuestras mujeres, la capacidad de ganar el pan, esto es una injusticia social en ese lugar, en esa nación, en ese continente. Los gobernantes deben dar a todos la posibilidad de ganar el pan, porque esta ganancia les da dignidad. El trabajo es una unción de dignidad y esto es importante. Muchos jóvenes, muchos padres y muchas madres viven el drama de no tener un trabajo que les permita vivir serenamente, viven al día. Y muchas veces la búsqueda se vuelve tan dramática que los lleva hasta el punto de perder toda esperanza y deseo de vida. En estos tiempos de pandemia muchas personas han perdido el trabajo ―lo sabemos― y algunos, aplastados por un peso insoportable, han llegado al punto de quitarse la vida. Quisiera hoy recordar a cada uno de ellos y a sus familias. Hagamos un momento de silencio recordando a esos hombres, esas mujeres, desesperados porque no encuentran trabajo.

No se tiene lo suficientemente en cuenta el hecho de que el trabajo es un componente esencial en la vida humana, y también en el camino de santificación. Trabajar no solo sirve para conseguir el sustento adecuado: es también un lugar en el que nos expresamos, nos sentimos útiles, y aprendemos la gran lección de la concreción, que ayuda a que la vida espiritual no se convierta en espiritualismo. Pero lamentablemente el trabajo es a menudo rehén de la injusticia social y, más que ser un medio de humanización, se convierte en una periferia existencial. Muchas veces me pregunto: ¿con qué espíritu hacemos nuestro trabajo cotidiano? ¿Cómo afrontamos el esfuerzo? ¿Vemos nuestra actividad unida solo a nuestro destino o también al destino de los otros? De hecho, el trabajo es una forma de expresar nuestra personalidad, que es por su naturaleza relacional. El trabajo es también una forma para expresar nuestra creatividad: cada uno hace el trabajo a su manera, con el propio estilo; el mismo trabajo, pero con un estilo diferente.

Es hermoso pensar que Jesús mismo trabajó y que aprendió este arte propio de san José. Hoy debemos preguntarnos qué podemos hacer para recuperar el valor del trabajo; y qué podemos aportar, como Iglesia, para que sea rescatado de la lógica del mero beneficio y pueda ser vivido como derecho y deber fundamental de la persona, que expresa e incrementa su dignidad.

Queridos hermanos y hermanas, por todo esto hoy deseo recitar con vosotros la oración que san Pablo VI elevó a san José el 1 de mayo de 1969:

Oh, san José,
patrón de la Iglesia,
tú que junto con el Verbo encarnado
trabajaste cada día para ganarte el pan,
encontrando en Él la fuerza de vivir y trabajar;
tú que has sentido la inquietud del mañana,
la amargura de la pobreza, la precariedad del trabajo;
tú que muestras hoy el ejemplo de tu figura,
humilde delante de los hombres,
pero grandísima delante de Dios,
protege a los trabajadores en su dura existencia diaria,
defiéndelos del desaliento,
de la revuelta negadora,
como de la tentación del hedonismo;
y custodia la paz del mundo,
esa paz que es la única que puede garantizar el desarrollo de los pueblos. Amén

 


Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los animo a reflexionar sobre el sentido que damos al propio trabajo, a verlo como un servicio, como un modo de ayudar a los demás con nuestro esfuerzo. Que el Señor los bendiga y bendiga todas sus tareas, de modo que sean siempre para la mayor gloria de Dios. Muchas gracias.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos en nuestra catequesis sobre el trabajo de san José, que era “artesano”, un obrero de la madera que podría ocuparse tanto de la fabricación de utensilios y muebles como de la construcción de las casas. Un trabajo duro y poco retribuido, que Jesús aprendió de su padre.

Esta condición de obrero pobre provoca escándalo entre los coetáneos de Jesús, que no aceptan su enseñanza y no se explican las obras extraordinarias que realiza. También hoy existen muchas personas que sufren a causa del trabajo, personas explotadas o que no encuentran un trabajo digno. Hoy quiero rezar por todas ellas y por sus familias. Debemos recuperar el sentido del trabajo, como elemento esencial que dignifica al hombre y coopera a su santificación. Trabajar, como lo hicieron José y Jesús, más allá de darnos la posibilidad de ganarnos la vida y de sostener a nuestras familias, nos permite realizarnos concretamente, sentirnos útiles y colaborar en un proyecto que a fin de cuentas es el proyecto de Dios.

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 *ORAR CON EL EVANGELIO DE HOY*

Señor Jesús, Tú me llamas, como llamaste a Simón, Andrés, Santiago y Juan, cuando estaban trabajando en sus barcas. Y yo quiero responderte como ellos, sin excusas, sin dejarlo para mañana, con prontitud, inmediatamente. Quiero responder a tus llamadas, a las llamadas de la conciencia y del corazón, a las llamadas de los más cercanos y de los más pobres.

Señor, tu cercanía, tu amor, tus palabras cambiaron radicalmente la vida de aquellos primeros discípulos. Ayúdame a estar cerca de ti, a acoger tu Palabra y tu amor, para que mi vida cambie, como se transforma el barro en manos del alfarero.

Señor, Tú hiciste y haces de tus discípulos pescadores de hombres. Que mis palabras y nuestros compromisos, nuestra alegría y nuestra esperanza anuncien a todos que Tú, Jesús, eres el Amor que siempre nos acompaña y nos salva y el Camino que nos conduce a la Felicidad más grande. Amén. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 *ORACION FIESTA BAUTISMO DEL SEÑOR*

Gracias, Cristo, porque al nacer, te acercaste a nuestro mundo; y en tu Bautismo te haces solidario con nosotros, pecadores, para cargar con el peso de nuestras culpas, para darnos tu fuerza.

Gracias, Cristo, porque no has venido a ser servido, sino a servir, a servirme; porque no quebrarás la caña cascada, ni apagarás la mecha vacilante; porque cuentas con la fuerza de los débiles, con la riqueza de los pobres, con la bondad de los pecadores, con la sabiduría de los ignorantes, con la grandeza de los pequeños. No te sirven los que se creen fuertes, ricos, santos, sabios y grandes. Gracias por contar conmigo, a pesar de mis contradicciones.

Gracias, Padre, porque en nuestro bautismo y cada vez que abrimos el corazón nos dices: "Tú eres mi hijo amado. Tú eres mi hijo más querido". Gracias por tu amor de Padre, por tu ternura de Madre. Amén.

 
Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medida Medina

11 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

*ORACION: CORAZÓN DE PASTOR*

Señor Jesús, tienes compasión de los que no te encuentran y te acercas a todos. Tienes compasión de los que te tememos y te haces pequeño. Tienes compasión de los que somos demasiado duros y te manifiestas como ternura. Gracias, Jesús.

Tienes compasión de los que tenemos hambre y te conviertes en pan de vida. Tienes compasión de los que no te entendemos y te haces Palabra. Tienes compasión de los que nos sentimos solos y perdidos y te haces nuestro compañero de camino. Gracias, Jesús.

Tienes compasión de los que sufren en su cuerpo o su alma y te presentas como nuestro médico y medicina. Tienes compasión de los que somos perezosos para servir y te haces nuestro esclavo. Tienes compasión de los que pecamos y cargas con las consecuencias de nuestros errores. Gracias, Jesús.

Tienes compasión de los que nos cuesta entregarnos y te ofreces por nosotros en la cruz. Tienes compasión de los que tenemos la muerte y con tu resurrección abres las puertas de la Vida eterna. Tienes compasión de los  somos cobardes y miedosos y nos regalas la fuerza de tu mismo Espíritu.Gracias, Jesús. Amén.
 
Desde mi parrquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 *Oración continua*

Señor, tanto si me respondes como si no, quiero seguir invocándote sin cesar, bajo las bóvedas de la asidua oración.

Tanto si vienes como si no vienes, quiero seguir confiando en Ti: sabiendo que entras en mi interior a poco que abra el corazón a ti y al hermano.

Tanto si me hablas como si no, no permitas que me canse de invocarte. Aunque no me des la respuesta que espero, que no dude de que, de un modo u otro, discretamente, te dirigirás a mí.

En la oscuridad de mis oraciones más profundas, sé que estás cerca, aunque no te sienta.

En medio de la danza de la vida, de la enfermedad y de la muerte, ayúdame a invocarte sin descanso, sin caer en la desconfianza por tu aparente silencio,

Dame una fe recia para esperar tu palabra, tu presencia, tu paz. Amén. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

7 de enero de 2022

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO - 05-01-2022

Hoy el Papa Francisco nos habla sobre la paternidad de san José y de la importancia de su misión y papel como padre de Jesús, el Hijo de Dios. Nos dice el Papa de lo frecuente que era la paternidad adoptiva en esos tiempos y como san José la ejerció, obedeciendo la Voluntad de Dios que, a través del ángel - incluso el nombre - se le había indicado.
Recemos para que muchas familias se decidan, tal como sugiere el Papa Francisco, a tomar la adopción de tantos ñiños que necesitan unos padres que oriente, cuidan y protejan sus vidas. Amén. 
 



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 5 de enero de 2022

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Catequesis sobre san José 6. San José, el padre putativo de Jesús

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy meditaremos sobre san José como padre de Jesús. Los Evangelistas Mateo y Lucas lo presentan como padre putativo de Jesús y no como padre biológico. Mateo lo precisa, evitando la fórmula “engendró”, utilizada en la genealogía para todos los antepasados de Jesús; pero lo define como «el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo» (1,16). Mientras que Lucas lo afirma diciendo que era padre de Jesús «según se creía» (3,23), es decir, aparecía como padre.

Para comprender la paternidad putativa o legal de José, es necesario tener presente que antiguamente en Oriente era muy frecuente, más de lo que es en nuestros días, el instituto de la adopción. Pensemos en el caso común en Israel del “levirato”, así formulado en el Deuteronomio: «Si varios hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará fuera con un hombre de familia extraña. Su cuñado se llegará a ella, ejercerá su levirato tomándola por esposa, y el primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto; así su nombre no se borrará de Israel» (25,5-6). En otras palabras, el padre de ese hijo es el cuñado, pero el padre legal sigue siendo el difunto, que atribuye al neonato todos los derechos hereditarios. El objetivo de esta ley era doble: asegurar la descendencia al difunto y la conservación del patrimonio.

Como padre oficial de Jesús, José ejerce el derecho de imponer el nombre al hijo, reconociéndolo jurídicamente. Jurídicamente es el padre, pero no generativamente, no lo engendró.

Antiguamente, el nombre era el compendio de la identidad de una persona. Cambiar el nombre significaba cambiarse a sí mismos, como en el caso de Abram, cuyo nombre Dios cambia en “Abraham”, que significa “padre de muchos”, «porque –dice el Libro del Génesis– serás padre de una muchedumbre de pueblos» (17,5).  Así para Jacob, que es llamado “Israel”, que significa “el que lucha con Dios”, porque luchó con Dios para obligarlo a darle la bendición (cf. Gn 32,29; 35,10).

Pero sobre todo dar el nombre a alguien o a algo significaba afirmar la propia autoridad sobre lo que era denominado, como hizo Adán cuando dio un nombre a todos los animales (cf. Gn 2,19-20).

José sabe ya que para el hijo de María hay un nombre preparado por Dios ―el nombre a Jesús se lo da el verdadero padre de Jesús, Dios― el nombre “Jesús”, que significa “El Señor salva”, como le explica el Ángel: «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Este aspecto particular de la figura de José nos permite hoy hacer una reflexión sobre la paternidad y sobre la maternidad. Y esto creo que es muy importante: pensar en la paternidad, hoy. Porque nosotros vivimos en una época de notoria orfandad. Es curioso: nuestra civilización es un poco huérfana, y se siente, esta orfandad. Que la figura de San José nos ayude a entender cómo se resuelve el sentido de orfandad que hoy nos hace tanto daño.

No basta con traer al mundo a un hijo para decir que uno es padre o madre. «Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él» (Carta ap. Patris corde). Pienso de modo particular en todos aquellos que se abren a acoger la vida a través de la vía de la adopción, que es una actitud muy generosa y hermosa. José nos muestra que este tipo de vínculo no es secundario, no es una alternativa. Este tipo de elección está entre las formas más altas de amor y de paternidad y maternidad. ¡Cuántos niños en el mundo esperan que alguien cuide de ellos! Y cuántos cónyuges desean ser padres y madres y no lo consiguen por motivos biológicos; o, incluso teniendo ya hijos, quieren compartir el afecto familiar con quien no lo tiene. No hay que tener miedo de elegir la vía de la adopción, de asumir el “riesgo” de la acogida.  Y hoy con la orfandad también hay un cierto egoísmo. El otro día, hablaba sobre el invierno demográfico que hay hoy: la gente no quiere tener hijos, o solamente uno y nada más. Y muchas parejas no tienen hijos porque no quieren o tienen solamente uno porque no quieren otros, pero tienen dos perros, dos gatos… Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos. Sí, hace reír, lo entiendo, pero es la realidad. Y este hecho de renegar de la paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad. Y así la civilización se vuelve más vieja y sin humanidad, porque se pierde la riqueza de la paternidad y de la maternidad. Y sufre la Patria, que no tiene hijos y ―como decía uno de manera un poco humorística― “y ahora que no hay hijos, ¿quién pagará los impuestos para mi pensión? ¿Quién se hará cargo de mí?”: reía, pero es la verdad. Yo le pido a san José la gracia de despertar las conciencias y pensar en esto: en tener hijos. La paternidad y la maternidad son la plenitud de la vida de una persona. Pensad en esto. Es cierto, está la paternidad espiritual para quien se consagra a Dios y la maternidad espiritual; pero quien vive en el mundo y se casa, debe pensar en tener hijos, en dar la vida, porque serán ellos los que les cerrarán los ojos, los que pensarán en su futuro. Y, si no podéis tener hijos, pensad en la adopción. Es un riesgo, sí: tener un hijo siempre es un riesgo, tanto si es natural como si es por adopción. Pero es más arriesgado no tenerlos. Más arriesgado es negar la paternidad, negar la maternidad, tanto la real como la espiritual. A un hombre y una mujer que voluntariamente no desarrollan el sentido de la paternidad y de la maternidad, les falta algo principal, importante. Pensad en esto, por favor.

Deseo que las instituciones estén siempre listas para ayudar en este sentido de la adopción, vigilando con seriedad, pero también simplificando el procedimiento necesario para que se pueda cumplir el sueño de tantos pequeños que necesitan una familia, y de tantos esposos que desean donarse en el amor. Hace tiempo escuché el testimonio de una persona, un doctor ―importante su labor― no tenía hijos y con su mujer decidieron adoptar uno. Y cuando llegó el momento, les ofrecieron uno y les dijeron: “Pero no sabemos cómo irá la salud de este. Tal vez puede tener alguna enfermedad”. Y él, que lo había visto, dijo: “Si usted me hubiera preguntado esto antes de entrar, tal vez le hubiera dicho que no. Pero lo he visto: me lo llevo”. Este es el deseo de ser padre, de ser madre, también con la adopción. No temáis esto.

Rezo para que nadie se sienta privado de un vínculo de amor paterno. Y aquellos que están enfermos de orfandad, que vayan adelante sin este sentimiento tan feo.  Que san José pueda ejercer su protección y su ayuda sobre los huérfanos; e interceda por las parejas que desean tener un hijo. Por ello, recemos juntos:

San José,
tú que has amado a Jesús con amor de padre,
hazte cercano a tantos niños que no tienen familia
y desean un padre y una madre.
Sostén a los cónyuges que no consiguen tener hijos,
ayúdalos a descubrir, a través de este sufrimiento, un proyecto más grande.
Haz que a nadie le falte una casa, un vínculo,
una persona que cuide de él o de ella;
y sana el egoísmo de quien se cierra a la vida,
para que abra el corazón al amor. Amén.


Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En estos primeros días del año, pido al Señor, por intercesión de san José, que todos puedan experimentar el amor de un padre y de una madre, y también que proteja y ayude a los niños huérfanos y a los esposos que desean tener un hijo. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre san José como padre de Jesús. Los evangelios lo presentan como padre adoptivo, no como padre biológico. Tengamos en cuenta que, antiguamente, la paternidad adoptiva o legal era muy frecuente en Oriente. De ese modo, José, como padre oficial de Jesús, ejerció el derecho de ponerle nombre, reconociéndolo jurídicamente. Al mismo tiempo, él sabía que para el hijo de María había un nombre preparado por Dios, como se lo había dicho el Ángel en sueños. Ese nombre, que le daba identidad, era “Jesús”, que significa “el Señor salva”.

Contemplando a san José como padre, quisiera destacar el ejemplo de quienes han decidido adoptar un hijo, viviendo así una de las formas más sublimes de maternidad y paternidad. Por otra parte, quisiera animar a las instituciones para que faciliten los procesos de adopción, y que así se pueda cumplir el sueño de los niños que necesitan una familia, y de los esposos que desean acogerlos en sus hogares y brindarles su amor.

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 

*ORACION: Quisiera verte.*

Yo también quisiera verte, Señor:

En los momentos de incertidumbre y angustia.

En los momentos de desconcierto y miedo.

En los momentos de noche y tempestad.

En los momentos de luz y alegría.

Quisiera verte:

En el rostro de los que me persiguen y critican.

En el rostro de quien me mira mal y no me quiere.

En el rostro de los últimos y despojados.

En el rostro de los que comparto mi vida diariamente.

Quisiera verte:

Al servir, al amar, al perdonar, al abrazar.

Al caer, al quedarme sin fuerzas, al desesperar.

Quisiera verte

en todos los momentos,

en todos los rostros,

en todas las circunstancias.

Y poder decir: en todo amar y servir. Amén.

 Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

6 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

*ORACION: MEJOR CALLAR*

Quisiera ver con la transparencia de tu mirada.

Quisiera escuchar con la empatía de tus oídos.

Quisiera tocar como tus manos acariciaban.

Quisiera latir como tu corazón se conmovía.

Toca mis oídos para que pueda escuchar tu voz en lo hondo de mi alma, en la voz de mis hermanos, en el grito de los pobres.

Toca mis ojos para que pueda contemplarte en la creación siempre renovada, en las luchas cotidianas de cada ser humano, en ese poco de pan y de vino sobre la mesa desnuda.

Toca mis manos para que pueda tenderlas generosamente a quien me encuentre en el camino en ofrenda y servicio. Yo te he oído, te he visto, te he tocado. Pero no sabría cómo explicarlo. ¿Acaso el amor tiene explicación?

¿Acaso se pueden encontrar palabras? Mejor callar y que mis ojos, mis oídos, mis manos, mi corazón, sigan contemplando tu amor palpitando aquí tan dentro.

(Fermín Negre)

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlor Medina Medina

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 *ORACION DÍA DE REYES*

Señor, has puesto en nuestro corazón el deseo de ser felices, la esperanza de disfrutar cada día un amor más grande, el sueño de vivir en un mundo nuevo, en el que reine la paz. Sólo Tú, Señor, puedes darnos esa felicidad, ese amor y esa paz.

Somos la obra de tus manos, Señor. Nos hiciste para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Ti.

Para encontrarte, hay que dejar comodidades, rutinas y egoísmos y ponernos en camino, como los magos de Oriente; hay que estar atentos para descubrir las estrellas que brillan en nuestro corazón y nuestro mundo; hay que tener unos ojos limpios, para reconocerte en un bebé, en cada persona, en cada acontecimiento, en el pan que comulgamos.

Danos un corazón agradecido y generoso que sepa adorarte, que sepa reconocer tu grandeza en el niño más pequeño y pobre y ofrecerte con amor lo que sabemos, lo que tenemos, lo que somos. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

5 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

*ORACION: Tú estás conmigo, Señor*

Tú estás presente en mi vida, Señor, y mi corazón se goza al saber que eres Padre. Tú eres mi refugio y mi alcázar, Dios mío, en ti confío. No temo a las tinieblas de la noche, ni el calor duro de medio día. Porque contigo sé que mis enemigos caerán por tierra y la victoria será segura.

Yo he hecho de ti mi refugio, te he tomado, Señor, por defensa. La desgracia, contigo, no entrará en mi casa, porque tú me guardas en todos mis camino.

Tú me cubrirás con la palma de tu mano, y no dejarás que mi pie tropiece. Caminaré sin cansarme hacia la meta con la seguridad de que tú serás mi recompensa.

Porque sé que me quieres, me librarás. Porque sé que me tratas personalmente me protegerás. A ti te puedo invocar porque sé que siempre me escuchas.

Tú estás siempre conmigo aunque mi corazón se olvide de que me amas. Tú estás siempre conmigo aunque mi corazón te falle y comience de nuevo. Tú estás siempre conmigo aunque mi corazón se canse de seguir tus pasos. Tú estás siempre conmigo aunque mi corazón a veces no lo sienta.

Señor, mi vida te pertenece. Que mi corazón no tema aunque el camino sea duro. Tú estás conmigo y mi vida es cosa tuya. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

4 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

*ORACION: La Palabra se hizo carne*

Verdaderamente es digno y justo que nosotros, convocados por tu palabra, te honremos y demos gracias usando precisamente el don de palabra que nos diste.

Te reconocemos ante el mundo como nuestro Padre, el progenitor de la humanidad y de toda la creación.

Mediante tu palabra existió todo y sin tu palabra no existió cosa alguna. Tu palabra contenía la vida y al hacernos partícipes de tu palabra, nos comunicaste vida y luz, una luz que brilla siempre, aun en la tiniebla.

Te bendecimos, Padre, porque has querido habitar en lo hondo de nuestro ser y nos hablas y quieres que nos comuniquemos contigo y también entre nosotros.

Por todo ello, nos unimos a los profetas y a cuantos dieron testimonio de Ti en este canto de alabanza. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

3 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 *ORACION*

Señor, dame un corazón humilde y confiado, como el de Simeón y Ana, como el de María.

Ellos no tenían nada y, precisamente por eso, se acercaban a Ti, ponían en Ti toda su confianza, cumplían tu voluntad, observaban la ley.

Señor, líbrame de la idolatría de las riquezas, no dejes que tenga otro Dios fuera de Ti y ayúdame a vivir siempre atento a Ti y a tu palabra.

No permitas que confíe demasiado en las personas, ni siquiera en mis propias fuerzas. Qué sólo confíe plenamente en Ti.

Ayúdame  a estar siempre disponible para caminar hacia Ti, para compartir todo lo que tengo con total generosidad, sin dejarme atar por ninguna propiedad.

Dame sabiduría y fuerza para ser libre de verdad, para renunciar a todo lo que me aparte de Ti, para estar abierto del todo a la plenitud de tu Amor. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

2 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

*ORACIÓN SANTOS INOCENTES*

Señor, contemplamos tu bondad y tu ternura, en la pobreza y humildad del portal de Belén. Y nuestro corazón se llena de paz y alegría.

Pero hasta la ternura a veces es mal recibida.

Herodes te recibió con miedo y violencia. Tu bondad resultó peligrosa para muchos y acabaste colgado en el madero de la cruz.

Nos parece increíble, pero esto sigue pasando: muchas personas que aman son incomprendidas, porque su bondad supone una denuncia de la maldad, porque preferimos la mediocridad a la santidad.

Señor, no dejes que otros paguen mis temores y enfados. Perdona el mal que hacemos a muchas personas buenas. Danos fuerza para compensar con amor nuestros errores y para defender a los Santos Inocentes de este tiempo. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

1 de enero de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

 

 *ORACION AÑO NUEVO*

Al estrenar el año, queremos desearnos lo mejor. También Dios nos felicita. Apoyándonos en las lecturas de la Misa de hoy, bien pudiera ser ésta la felicitación de Año Nuevo de nuestro Dios:_

Yo te creé por amor en las entrañas de tu madre.

Te protegeré en el año nuevo y todos los días de tu vida.

No temas, porque no me alejaré de ti, mis pasos no se separarán de los tuyos.

Te protegeré, hasta cuando tú no me sientas cercano.

Te protegeré, también cuando te alejes de mí.

Te protegeré cuando hagas daño a tus hermanos, mis hijos, y me hagas sufrir.

Te protegeré incluso cuando te sientas probado y machacado.

Te protegeré hasta cuando veas sufrir con impotencia a las personas que quieres.

Siempre estaré contigo. Acércate a mí. Déjate proteger.

Y haz con tus hermanos lo mismo que yo hago y haré contigo. Amen