22 de julio de 2017

MARÍA DE NAZARET

SASSOFERRATO - Virgen rezando (National Gallery, Londres, 1640-50).jpg
María de Nazaret

Cuando me encuentro con tu Palabra, Señor, me acuerdo de tu Madre. Sí, tu, María de Nazaret, te fiaste de la Palabra de Dios. Creíste y te pusiste en sus Manos. Tú, María de Nazaret, te pusiste en camino, para servir a tu prima Isabel, y abrirte así al servicio de la comunidad que tu Hijo formaría más tarde. Tú, María de Nazaret, anunciaste con tu presencia, su Perdona Divina y Humana, llevándolo en tu seno bendito por la Gracia de Dios. Él, el Hijo enviado, contigo, era ya anunciado al mundo.

Su presencia, acompañada de la tuya, María de Nazaret, despertó de gozo y alegría a su primo Juan, que saltó de júbilo y gozo en el seno de Isabel, su madre. Juan, dentro del seno de su madre Isabel, recibió también el aviso de la presencia del Señor.

Tú, María de Nazaret, escuchaste la llamada de Dios, y la llevaste a tu vida. Y la dejaste hacer en tu camino, y la diste a conocer a todos los que a ti se acercaban. Eres la Madre que acompañas y que animas a caminar hacia el encuentro con tu Hijo. Porque, Él es la Vida y la Verdad que encontramos en el camino.

Hoy, día de santa María Magdalena, primera y mujer, que anunció la Resurrección de Jesús, quiero mirar para ti, Madre de Nazaret y del Nazareno, porque tú fuiste la madre que le acogiste y le diste tu seno, para que se hiciera vida en este mundo. Y para que, por tu Sí, nos abriera la puerta de la libertad y de la vida, liberándonos del pecado y salvarnos para la Vida Eterna. Amén.

15 de julio de 2017

MARÍA, REINA DEL MAR

María, Madre de los mares y Madre de todos aquellos que pasan mucho tiempo de sus vidas surcándolos y arriesgando sus vidas. María, Madre a la que invocamos en esos momentos de riesgos y de peligros. María, Madre intercede por todos esos hombres, del color que sean, y ponlos en el camino de tu Hijo, Redentor y Salvador.

María, Madre del Carmen, bajo cuya advocación te veneran los hombres del mar, orienta el rumbo de sus naves por el verdadero camino de salvación, que desemboca en el puerto del Corazón de tu Hijo. María, Madre de todos los marineros y trabajadores del mar, abre los corazones de todos esos hombres y sus familias, para que, siguiendo tus mismos pasos acojan la Palabra de Dios, tal como tú, Madre, lo hiciste, y oriente sus vidas tras el rumbo que conduce a tu Hijo.

María, Virgen del Carmen, que el recuerdo de tu celebridad no sea una fiesta más, sino el comienzo de una nueva travesía. Quizás, la más importante de nuestra vida, y que sea capaz de orientar el rumbo de nuestra vida por el mar del amor y la misericordia que nos lleva al encuentro con tu Hijo Jesús.

Una travesía que, a pesar de las tempestades, embestidas y sacrificios, seamos capaces de sortear y soportar las olas de las tentaciones y sufrimientos hasta llegar al puerto donde podamos encontrarnos con el tu Hijo, nuestro Señor. El Mesías y Salvador del mundo.

María, Madre protectora, que tu fiesta sea una fiesta consecuencia de sabernos protegidos y acompañados por tu amor, y un camino, donde aprendamos de ti esa respuesta sincera, humilde y consecuente que diste al Señor.  Y nos abramos a esa acogida de su Palabra, para responder como tú nos enseñas, con tu vida, a responder. Amén.

8 de julio de 2017

MARÍA, MADRE DE JESÚS

María, porque eres la Madre del Señor, ven a mí. María. María, porque supiste decir Sí y creer en la Palabra del Señor, ven a mí y ayúdame a caminar contigo. María, porque diste tu seno y tu vida para acoger la del Señor, alumbra mi camino. María, porque supiste responder con tu vida a lo que Dios te pedía, fortalece mi vida para que yo también, tomado de tu Mano, responda a lo que el Señor me pide.

María, Madre mía, gracias por tu entrega y humildad. María, Madre de todos los hombres, gracias por ser camino de servicio y de fortaleza, que abres senderos para el encuentro con tu Hijo Jesús. María, gracias por perseverar y, sobre todo, creer y confiar en la Palabra de Dios. María, acompáñame para, fortalecido en tu compañía, saber yo también confiar y esperar apoyado en la Palabra de Dios.

María, porque hiciste de la Palabra de Dios, tu camino y tu esperanza, guardando todo lo que no entendías en tu corazón. Y sufriendo, esperanzada, todas las dificultades, que encontrabas en el camino y seguimiento a tu Hijo, perseveraste y te sostuviste firme en la roca de la fe. María, Madre de la fe, que respondes a la llamada que Dios te hace y, a pesar de no entenderla, fuiste fiel a su Palabra. María, ¿qué hacer para responder como tú a la llamada del Señor?

Madre, quiero cantarte un canto de gracias y venerar tu fidelidad a la Palabra. Porque, por ti entró la salvación en este mundo, y, por ti, encontramos el camino para llegar a tu Hijo, verdadero y único salvador del mundo, que, por la Misericordia del Padre, nos perdona y nos salva. María, Madre de Jesús, intercede por nosotros, para que, junto a ti sepamos recorrer el camino que nos lleva al encuentro con tu Hijo. Amén.

1 de julio de 2017

MARÍA, MADRE DE LOS CREYENTES


Tú, María, eres la Madre de la fe. Porque tu fe nos ha traído al Salvador del mundo. Tú, María, por la fe entregaste tu vida y todo tu ser, para, acogiendo a tu Hijo, nuestro Señor Jesús, se hiciese Hombre y diese su Vida por todos nosotros. Tú, María, Madre de Dios y Madre nuestra.

María, Madre nuestra, enséñanos a creer y a fiarnos de tu Hijo Jesús. Enséñanos a mirarlo y observarlo. Enséñanos también a amarlo, y estar dispuestos a dar la vida por Él. Enséñanos a fiarnos de su Palabra, y también a obedecerle. Porque, tú eres maestra en todo eso. Maestra y Madre. Y, como Madre, estás siempre con tus hijos, cuidándolos y enseñándoles el mejor y recto camino para seguirle y llegar a Él.

María, Madre obediente, que a pesar de no entender muchas cosas, las guardabas en tu corazón confiado y abandonado a los brazos del Señor, tu Dios. Enséñanos, Madre, a ser obedientes con los mandatos del Señor, y, a pesar de no se de nuestro agrado, o de no entender muchas cosas, a confiar en la sabiduría y bondad del Señor. Porque la obediencia es el signo de la fe más característico e importante. Obedecer confiados como hacen los niños con sus padres.

María, Madre creyente, intercede por todos nosotros, para que nuestra fe no se estabilice, ni se instale, sino que crezca y camine detrás y al ritmo de la Gracia de tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

28 de junio de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Es muy importante lo que el Papa Francisco nos dice hoy. Un cristiano sin esperanza deja de ser cristiano. Porque el creyente vive de la esperanza. Una esperanza de Vida Eterna en plenitud de amor. Somos personas, como nos dice el Papa Francisco, "contracorriente". Y eso significa que vamos contra los criterios del mundo. Mientras que el mundo emplea la violencia para imponer, corregir o hacer justicia, el cristiano, salvo ser astuto y prudente, como nos dice el Papa, nunca puede responder con violencia.

El cristiano tiene que tener muy claro su meta. Y esta es la cruz, su propia cruz, que debe ser puesta a los pies de la Cruz de su Maestro y Señor. Y esa cruz, la suya, es el resultado de sus propios pecados y testimonio de amor a Dios y al prójimo. Una cruz que muchas veces le llevará a dar su vida por amor. Si no sabe que ese es su camino, fallecerá y se desviará fácilmente. Porque su esperanza se muere y no le mantiene firme, alegre y confiando en la Palabra del Señor.




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 28 de junio de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre la esperanza cristiana como fuerza de los mártires. Jesús advierte a sus discípulos que serán odiados por seguirle. Los cristianos son hombres y mujeres «contracorriente», que siguen la lógica del Evangelio, que es la lógica de la esperanza. Esto se traduce en un estilo de vida concreto: deben vivir la pobreza, recorriendo su camino con lo esencial, y con el corazón lleno de amor; deben ser prudentes y a la vez astutos; pero jamás violentos. El mal no se puede combatir con el mal.

La única fuerza del cristiano es el Evangelio. En el momento de la prueba el cristiano no puede perder la esperanza, porque Jesús está con nosotros; él ha vencido el mal y nos acompaña en todas las circunstancias que nos toca vivir.

Desde los primeros cristianos, se ha denominado la fidelidad a Jesús con la palabra «martirio», es decir, testimonio. Los mártires no viven para sí, no combaten para afirmar sus propias ideas, sino que aceptan morir solo por la fidelidad al Evangelio. Por eso, no se puede utilizar la palabra mártir para referirse a los que cometen atentados suicidas, porque en su conducta no se halla esa manifestación del amor a Dios y al prójimo que es propia del testigo de Cristo. 


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Saludo también al grupo argentino que ha trabajado sobre la encíclica Laudato si’ y el diálogo interreligioso, y al integrante islámico de ese grupo: ¡feliz cumpleaños!
Mañana celebraremos la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, que dieron su vida por amor a Cristo. Pidamos a Dios por su intercesión que nos conceda el don de la fortaleza para seguirle y ser sus testigos viviendo la esperanza cristiana, sobre todo en ese martirio continuo y escondido de hacer bien y con amor nuestras obligaciones de cada día.

Muchas gracias.

24 de junio de 2017

MARÍA ESTABA ATENTA A LA LLAMADA DE DIOS

María estaba atenta a la Voz de Dios. Fue sorprendida, ¿y quién no? al advertir la presencia del Arcángel Gabriel. Lo mismo le ocurrió a Zacarías al ver al ángel del Señor. Quedó sorprendido y lleno de temor. Pero, a diferencia de Zacarías, que dudó de la palabra del ángel, María se rindió, sin comprender nada de lo prometido, a la Voluntad de Dios. Su respuesta no deja duda: "Hágase en mí según tu Palabra"-Lc 1, 26-38-.

Y su respuesta tuvo enseguida respuesta, valga la redundancia, de acción. Inmediatamente se dispuso a servir a su prima Isabel, pues el Arcángel Gabriel le había comunicado el estado de embarazo de ella -Lc 1, 39-56-. Esa prontitud de actuar descubre la fe y la confianza de María en lo que el Arcángel Gabriel le había dicho. No lo dudó, pues quien duda no se lanza a la caminata, proeza dura en aquellos tiempos, arriesgando su vida ante los peligros de aquellos camino y tomándose el tiempo, pacientemente, que le exigía la distancia y el camino. Su fe quedó, como la de Abrahán en el sacrificio de su hijo Isaac -Gn 22, 1-9-, totalmente probada.

Si María es Madre y enseña el camino a sus hijos, conviene preguntarnos: ¿Emprendemos también nosotros el camino que Dios nos ha señalado? ¿No lo sabemos? ¿Estamos a la escucha? Porque, seguro que Dios nos habla, y nos ha encargado algo. Lo que no es seguro si nosotros escuchamos. Estamos en este mundo para algo. Seguramente para subir, como María, nuestra propia montaña, la de nuestra vida, y alcanzar llevar nuestra cruz, la de nuestro camino. 

Y experimentamos que solos, nos es harto difícil, sino mejor, imposible. Necesitamos el concurso de nuestra Madre. Su ejemplo y testimonio; su intercesión y su humildad, para, abiertos a la Gracia de Dios, y auxiliados por el Espíritu Santo, emprender el camino hacia la misión que Dios ha pensado y guarda para cada uno de nosotros. Tengamos confianza y pidamos a nuestra Madre su auxilio e intercesión, para que nuestra agua sea transformada en puro vino y vivamos injertados en su Hijo Jesús. Amén.

23 de junio de 2017

PARÁBOLAS DE MISERICORDIA


De entrada hay que decir que el hecho de que Jesús hable en parábolas ya denota por sí la misericordia de Dios hecho hombre, que se abaja a nuestra condición, y nos habla tal como nosotros hablamos, se explica para que le entendamos. Y se le entiende. 


La Parábola del Hijo Pródigo debiera ser llamada con mucha más frecuencia La Parábola del Padre que ama y perdona. Porque lo que muestra de manera excelsa, a modo de cuadro escénico, es la Misericordia del Padre, siempre dispuesto a perdonar todo. 

“Siempre” y “todo” los podemos considerar sinónimos. Si se perdona todo, se perdona siempre y si se perdona siempre, se perdona todo.

La Parábola también nos muestra la falta de misericordia de los hijos. Del pequeño cuando “decide” que su padre está muerto (las herencias solo se reciben de los muertos). Del mayor porque no quiere perdonar a su hermano, rechaza la invitación a ser misericordioso como el Padre.

La Parábola del Buen Samaritano nos muestra como hacer efectiva esa misericordia. No basta con tener buenas intenciones que se quedan en eso, ni basta con lamentarse de lo mal que está todo y sentir lástima por aquellos a los que les va mal… esas actitudes no son cristianas.

Jesús no formuló un “Tuve hambre y te dio lastima de mí”, “Tuve sed y apagaste la televisión porque no resistías ver mi sufrimiento”, “Fui forastero y me dijiste que una lógica prudencia no te permitía abrirme la frontera y darme acogida”… 

Jesús, qué es el Buen Samaritano, mira con ojos de misericordia y esa mirada la hace efectiva: se acerca, baja de la seguridad de su cabalgadura y se entrega al necesitado. ¿Acaso no es lo que hizo por cada uno de nosotros haciéndose hombre y aceptando por nosotros la Cruz?

La Parábola del Rico Epulón y el Pobre Lázaro nos quiere hacer pensar sibre las consecuencias de nuestra falta de misericordia. Si se nos ha advertido que el Juicio será sobre nuestro amor, bondad y misericordia (Mateo 25), no nos ha de extrañar que el Evangelio muestre una enorme gravedad en nuestras graves omisiones. 

La Parábola de la Oveja Perdida, o quizá de la oveja descarriada, presenta el amor (y perdón) del Buen Pastor que no se conforma con ninguna perdida disimulada en una fría estadística favorable. Como decía el Cardenal Van Thuan, “Dios no sabe de matemáticas”, Él ama y ama.

QUIQUE FERNÁNDEZ

21 de junio de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hoy, por causas ajenas a nuestra voluntad, no hemos podido publicar la audiencia del Papa Francisco. Lo hacemos ahora, aunque un poco tarde, para todos aquellos que quizás por falta de tiempo o cualquier otra causa no han podido leerla y reflexionarla. Con esa intención y buena voluntad lo hacemos.

El Papa nos habla hoy de la importancia de la comunidad. Un comunidad donde los santos, hombres como nosotros, fieles a Jesucristo, han dado su vida y su obrar en el Señor intercediendo también, por la Gracia del Señor, por todos nosotros. Experimentamos esa intercesión en nuestro propio camino, animados por ellos que también, como nos dice el Papa, lo han recorrido descubriéndonos que, siendo fieles y auxiliados en el Espíritu Santo, podemos también recorrerlo nosotros.






PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 21 de junio de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

Nuestra vida como cristianos está marcada por la presencia poderosa de la mano de Dios que nos sostiene. Y, también, por la asistencia discreta de los santos, que son hermanos y hermanas «mayores» que han recorrido nuestro mismo camino, que han sufrido nuestras mismas penalidades y que viven ya para siempre con Dios. Su existencia nos asegura que la vida cristiana no es un ideal inalcanzable, sino que es posible con la gracia de Dios.

La carta a los Hebreos define la presencia de los santos en nuestra vida con la expresión: «una nube ingente de testigos». Ellos nos rodean invisiblemente, y su compañía e intercesión se hace evidente en los momentos culminantes de nuestro caminar cristiano: como en el Bautismo, donde por primera vez se invoca su intercesión para que Dios nos ayude en la lucha contra el mal. En el matrimonio, para que conserve en el amor y la fidelidad a los esposos que inician el «viaje» de la vida conyugal. En la Ordenación sacerdotal, donde toda la Asamblea, guiada por el Obispo, implora su intercesión en favor del candidato. Y así, también en otras circunstancias de nuestra peregrinación.

Somos polvo, pero amasados con el amor de Dios, y que fieles a esta tierra amada por Jesús, caminamos decididamente hacia la patria definitiva, guiados por una sólida esperanza.

Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que el Señor nos conceda la gracia de ser santos, de convertirnos en imágenes de Cristo para este mundo, tan necesitado de esperanza, de personas que rechazando el mal, aspiren a la caridad y a la fraternidad. Que Dios los bendiga.


17 de junio de 2017

MARÍA, CRUCIFICADA CON CRISTO

Lo que el creyente en Jesús tiene que saber, y tenerlo muy claro es la meta de su vida. Porque, seguir a Jesús es conocer el camino a recorrer y a donde nos lleva. Porque, sin saber a dónde va, no podrá tener las fuerzas necesarias para crecer y avanza. Entre otras cosas, porque no tiene sentido el esfuerzo si no sabe que pretende alcanzar.

María, nuestra Madre, supo desde el principio cual era su camino, y, decidió responder a la llamada de Dios, comprometiéndose según su Voluntad. Sus primeras palabras tras la Anunciación fueron: 'He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.'  Y María desde ese momento decidió y comprendió el camino a seguir. Quizás no sabía el recorrido ni el final, pero se fió de Dios y se dispuso a hacer su Voluntad. Posiblemente no sabría la forma no como iba a terminar esa misión a la que Dios la llamaba, pero había decidido responder y seguir el camino junto a su Hijo, al que una madre nunca abandona.

Y María no falla. Camina al lado de su Hijo hasta el Calvario, y crucifica su vida al pie de la Cruz, junto a su Hijo. No fue su cuerpo clavado en una cruz, ni atravesado por clavos como a su Hijo, ni tampoco flagelado con punzadas de látigo, pero su dolor atravesó su fatigado y cansado corazón. María crucificó su vida por amor a Dios y a su Hijo. María, la Madre que no se cansó de esperar y de continuar el mismo camino de su Hijo. María, la Madre corredentora, al lado y con su Hijo, de la redención de todos los hombres. María, Madre dolorida y sufriente al pie de la Cruz. 

Madre, intercede por todos nosotros, para que recibamos del Espíritu Santo esa fuerza que nos fortalece y nos da la vitalidad de responder a la llamada de tu Hijo, para en Él crucificar también nuestra vida. Amén.

14 de junio de 2017

JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
19 de noviembre de 2017

No amemos de palabra sino con obras

1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.

2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).

«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? [...] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).

3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.

Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).
Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.

5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.
6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.

7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.

En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.
8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.

Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

Vaticano, 13 de junio de 2017
Memoria de San Antonio de Padua
Francisco


http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/poveri/documents/papa-francesco_20170613_messaggio-i-giornatamondiale-poveri-2017.html

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

El Papa Francisco toca hoy la fibra del corazón humano: "El amor". Sin amor nadie puede vivir. Si reflexionamos un poco, de manera serena y tranquila, descubrimos que lo que nos mueve en la vida es el amor. Todo lo que hacemos está dirigido a llamar nuestra atención, a ser valorado y querido. Es decir, a ser amado. Y por eso damos también nosotros amor.

Porque sólo el amor es la puerta que se abre para también recibir amor. Amor que se corresponde. Y, como el Papa hermosamente describe y narra, sólo el amor genera y da esperanza. El amor siempre está a la espera de cambiarte, de recibir tu respuesta también de amor. Dios no espera, nos ha creado por amor. Hemos sido creados siendo en el mismo instante amados por Dios. Y continúa amándonos sin condición en espera de tu respuesta. En ella te va la vida. Esa es nuestra esperanza.


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PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 14 de junio de 2017





Queridos hermanos:

En la catequesis de hoy consideramos cómo la certeza de la esperanza se funda en que somos hijos amados de Dios. Nadie puede vivir sin amor. En cierto modo, detrás de muchas reacciones de odio y violencia se esconde un gran vacío interior, un corazón que no ha sido amado verdaderamente. Lo único que puede hacer feliz a una persona es la experiencia de amar y de ser amado.

El primer paso que da Dios hacia nosotros es su amor anticipado e incondicionado. Dios nos ama antes de que nosotros hayamos hecho algo para merecerlo. Él es amor, y el amor tiende por naturaleza a difundirse, a donarse. Como una madre, que no deja nunca de amar a su hijo, aunque haya cometido un error y deba cumplir con la justicia, así Dios nunca deja de amarnos, porque somos sus hijos queridos.

El amor llama al amor. Para cambiar el corazón de una persona, en primer lugar hay que abrazarla, que sienta que es importante para nosotros y que es querida. Así comenzará a despuntar también en ella el don de la esperanza.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Pidamos a la Virgen María que nos dejemos guiar  siempre por el amor de su Hijo. Que sepamos transmitir a los demás ese amor de Dios, para que se encienda en todos una esperanza nueva. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

10 de junio de 2017

MARÍA DEJÓ TODO EN SU BANDEJA

María no se guardó nada. Elegida y anunciada por el ángel Gabriel, depositó toda su vida en la bandeja que Dios le puso para recoger su propia vida y concebir en su seno a su Hijo amado, enviado para la salvación del mundo. Sí, María, la Madre de Dios, puede ser muy bien la imagen de aquella pobre viuda, que dejó todo en la bandeja.

Porque, María, dejó su vida en manos del Dios para que Él dispusiera y llenará, según su Voluntad, de su Gracia y su Amor. ¡Cuántas preguntas podemos hacernos ante el testimonio de la vida de nuestra Madre celestial María. Ella nos sirve de modelo en todo y cada uno de los aspectos de nuestra vida. Porque su vida fue depositada enteramente en las manos de Dios. Porque su piedad y relación con Dios, fue sostenida en la humildad, en la sencillez, en lo oculto, en el silencio y, sobre todo, en la generosidad.

Su vida fue una constante renuncia a sí misma, para darse a los demás. Nunca guardó nada para sí misma, sino que fue partiéndose por y para entregarse, por amor, al compromiso de cumplir la Voluntad de Dios. María, nuestra Madre, no sólo nos acompaña y cuida, sino que también nos enseña el camino que nos lleva a encontrarnos con su Hijo.

Ella es un hermoso libro abierto que nos ayuda a comprender cada día el amor de su Hijo; que también nos trae, cada día, una lección de testimonio y cumplimiento de la Voluntad de Dios. Gracias, Madre del Cielo, porque cogidos de tu Mano recorremos el camino más seguro y vamos más directo hacia el único y verdadero Camino, Verdad y Vida que es tu Hijo Jesús. Amén.

7 de junio de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hoy el Papa Francisco nos habla de la oración. Una oración diferente, hecha por Jesús y fuera de los criterios humanos. Una oración que resume la relación amorosa de un Padre con sus hijos. Una oración cercana, humana y en la que, como nos dice el Papa, podemos llamar a Dios nuestro "papá". Y en la que nos sentimos amados, protegidos y acompañados. 

Jesús, nuestro Señor, nos enseña y nos revela, como continúa diciéndonos el Papa, el Amor del Padre. Un Amor que se dibuja en la parábola del Hijo pródigo, o también, del Padre amoroso. Su Misericordia nos salva y nos perdona, y eso nos da esperanza y confianza para levantarnos y, a pesar de nuestros errores, caídas y pecados, emprender confiados el regreso a su Casa.




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 7 de junio de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

El modo de rezar de Jesús atraía la atención de sus discípulos y un día le pidieron que les enseñase cómo hacerlo. Él les enseñó el «Padre Nuestro», la oración cristiana por excelencia. En la sencilla invocación «Padre» se resume todo el misterio de nuestra oración.

Con Jesús podemos llamar a Dios: «Abba», que es un término que muestra confianza y cercanía, y que podríamos traducir por «papá». Dios es nuestro «papá», y llamarlo así nos pone en estrecha relación con él, como un niño que se siente amado y protegido por su padre.

Jesús en la parábola del padre misericordioso nos presenta a Dios como un Padre bueno. No actúa al modo humano, sino a la manera divina, «amando» de forma diferente. Cuando el hijo pródigo vuelve a casa, después de haber derrochado todos sus bienes, el padre sale a recibirlo y no le aplica criterios de justicia humana, sino que lo perdona y lo abraza, mostrándole cuánto ha sentido su ausencia. Este es el misterio insondable de Dios que no puede dejar de amar a sus hijos. Esta certeza es la base de nuestra esperanza.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.
Los invito a dirigirse a Dios, nuestro Padre, en todo momento y circunstancia. No nos encerremos en nosotros mismos, sino que acudamos con confianza a él, que como Padre bueno nos mira con amor y nunca nos abandona.

Muchas gracias.

3 de junio de 2017

MADRE DEL ROSARIO

El veintidos de mayo, un grupo de mi parroquia con el párroco a la cabeza, han visitado el santuario de nuestra Señora de Fátima, con motivo del Centenario de las apariciones. Y nos han traido esta hermosa estampa y oración, que hoy quiero compartir con todos los blogueros de la Asociación.



ORACIÓN JUBILAR DE CONSAGRACIÓN

¡Salve, Madre del Señor,
Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres,
eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual,
eres la honra de nuestro pueblo,
eres el triunfo sobre la marca del mal.

Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Nueva del Hijo,
Señal del Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñaños, en este valle de alegrías y dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.

Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Inmaculado Corazón,
sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce hacia Dios.

Unido/a a mis hermanos,
en la Fe, la Esperanza y el Amor,
a ti me entrego.
Unido/a a mis hermanos, por ti, a Dios me consagro,
oh Virgen del Rosario de Fátima.

Y, en fin, envueltos/a en la Luz que de tus manos proviene,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos. Amén.

31 de mayo de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hoy, nuestro querido Papa Francisco, nos alienta a caminar y a seguir firmes en el Señor. Él es un ejemplo de esos apóstoles, del que es sucesor directo, que nos animan al camino y a la esperanza. Hoy nos alienta a seguir el soplo del Espíritu Santo, que permanece y está con nosotros, y que nos asiste y fortalece, para que nuestros pasos sean seguros y confiados en la esperanza de que nuestro Señor está con nosotros.

¡Hermanos!, agarrados a las palabras de nuestro Papa Francisco, y confiados en el Espíritu Santo que le mueve y nos mueve también a nosotros, abramos nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo que nos alienta, nos conforta y nos guía hacia la Casa del Padre.





PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 31 de mayo de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

Ante la solemnidad de Pentecostés, he deseado presentar hoy la relación que existe entre el Espíritu Santo y la esperanza.

El Espíritu Santo sopla y mueve la Iglesia, camina con ella, por eso, del mismo modo que la Escritura paragona la esperanza a un ancla, que asegura el barco en medio del oleaje, también podemos compararla con una vela que recoge ese viento del Espíritu para que empuje nuestra nave.

Cuando decimos: «Dios de la esperanza» no significa solamente que Dios es el objeto de nuestro anhelo, algo que deseamos alcanzar en la vida eterna; sino que también Dios es quien nos colma hoy y en cualquier lugar de su alegría y de su paz, de su esperanza.

Hermanos, estemos seguros de que nuestra esperanza no quedará defraudada, porque el Espíritu ha derramado en nuestros corazones el amor de Dios y da testimonio de que somos sus hijos. Llenos de confianza, seremos capaces de afrontar cualquier tribulación y de ser sembradores de esperanza entre nuestros hermanos, consolando, defendiendo y asistiendo a todos, como el Paráclito nos enseña y nos guía.

Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los que han venido para participar en la Vigilia de Pentecostés con ocasión de los 50 años de la Renovación Carismática Católica, así como a los demás grupos provenientes de España y Latinoamérica. Los exhorto a perseverar en la oración, junto con María, Nuestra Madre, pidiendo a Jesús que el don del Espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza.

27 de mayo de 2017

MARÍA, MADRE DE LA FE



¡Madre!, enséñame a tener una fe como la tuya. Una fe humilde y sencilla, abierta y disponible, confiada y abandonada en la Palabra de nuestro Padre Dios. Una fe paciente e incondicional capaz de seguir adelante, a pesar de la oscuridad e incertidumbre del camino y de los acontecimientos que no puedo entender. ¡Madre, una fe a prueba de dolor y sacrificio, de incertidumbre y oscuridades; de misterios y dudas que sabía guardar en tu corazón confiando y esperando su providencia por su Amor y Misericordia.

¡Madre!, una fe capaz de cambiar mi vida como la cambiaste tú. ¡Madre!, una fe ciega, como la de un niño en la presencia de Dios y abandonado a su intervención. Tal y como tú, Madre, te abandonaste a su Voluntad y a su Amor. 

¡Madre!, ¿cómo se hace eso?, pues yo también quiero hacerlo y vivirlo. ¡Madre!, intercede como Madre de Dios, para que el Padre aumente la fe de todos tus hijos y nos fortalezca nuestra voluntad para vivirla de forma incondicional y disponible como tú has hecho. 

¡Madre!, gracias por estar ahí, cercana y atenta a todos tus hijos, y dispuesta a acompañarnos y a escucharnos, para con tu ejemplo y fortaleza servirnos de testimonio y ánimo para llevarnos a la presencia de tu Hijo. ¡Madre!, intercede por todos nosotros para que, por la Gracia del Padre, nuestra fe de cada día sea más grande y más firme.

Porque, sólo con fe, Madre nuestra, seremos capaces de buscar y vivir en el gozo del Señor, a pesar de los avatares y vicisitudes de cada día; a pesar de nuestras debilidades, tentaciones y pecados, que nos derrumban y nos sumen en el fracaso y el abandono. Y esa fe, de la que tú eres un claro ejemplo y testimonio, sólo nos puede venir como don gratuito del Padre Dios. 

Y Tú, Madre,  aparte de enseñarnos el camino y darnos ánimo, nos llevas a tu Hijo, para que, por Él y su Amor, el Padre nos conceda el don de la fe para vivir en su esperanza y seguimiento. Amén.

25 de mayo de 2017

EL SAGRADO Y MISERICORDIOSO CORAZÓN DE JESÚS


Hace no demasiados años todos teníamos en la pared de la cabecera de la cama una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Algunas de esas imágenes estaban más logradas que otras y las había, cabe reconocerlo, algunas “muy mejorables”.
Abro un paréntesis para decir que cuando decimos que una imagen de Jesús o de María es fea se ha de entender, lógicamente, que nos referimos no a lo que representa sino a como lo representa, es decir, al arte o falta de él que ha tenido el artista o el bienintencionado pero muy poco artista. Aclarado queda.
Pues bien, lo más importante de esas imágenes era que nos representaba a Jesucristo, Hijo de Dios, con corazón de hombre. Cuando en la Biblia se habla del corazón nos referimos no solo a la válvula que nos permite vivir porque bombea la sangre, ni tampoco solo al corazón que se enamora y ama a otra persona, sino también del lugar simbólico donde se toman las grandes decisiones y, también, el lugar de acogida al débil y necesitado, al pequeño o al diferente. Así pues, cuando de alguien decimos que “no tiene corazón” no nos referimos a que no posea la válvula, o cuando hablamos del Corazón de Jesús no lo hacemos refiriéndonos a lo que le bombea la sangre.
Esa realidad del Corazón de Jesús, tradicionalmente se ha designado precedida de la expresión “Sagrado”. No quisiera yo menoscabar para nada que Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios verdadero, es Santo y Sagrado todo Él y, por tanto, también su corazón. Pero, me atrevo a completar esa denominación con el adjetivo “misericordioso” porque, sin duda, tras el Año de la Misericordia y, en especial, después de toda la predicación que de ello nos ha ofrecido el Papa Francisco, creo que así se completa de manera necesaria la comprensión de qué es el Sagrado y Misericordioso Corazón de Jesús.
Un Corazón que ama, perdona y se compadece. Recordemos como siente y actúa ese Corazón ante la multitud de personas que le han seguido para escucharles. Jesús había aprendido de su Madre el “no tienen vino”, es decir, el fijarse en qué es necesario y, sobre todo, en quién está necesitado. Así, ahora, Jesús se fija en que “no tienen pan” y desde su mirada compasiva, como hizo al convertir el agua en vino, ahora convierte lo poco en mucho. Porque el Sagrado y Misericordioso Corazón de Jesús es un lugar de acogida generosa.

24 de mayo de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hermosas, !la verdadera esperanza pasa por el fracaso y el sufrimiento", palabras del Papa Francisco. Y hermosas porque, de alguna manera, resumen la vida de toda persona: "Un camino de alegrías y tristezas que madura en la medida que experimenta la pobreza y el dolor". Ese es el único y verdadero camino de nuestra vida, aprender de nuestros fracasos, de nuestros errores y pecados.

Y de alguna manera, nos dice nuestro Papa, todos somos experiencia de Emaús. ¿Quién no experimenta la tristeza, el fracaso y la desilusión? ¿Y quién no siente y experimenta el impulso de volver al camino, levantarse y continuar la marcha? Es el Señor que nos alienta y nos llena de esperanza, porque detrás de todo dolor y sufrimiento nace la esperanza de un mañana mejor, que en el Señor se hace gozoso y eterno.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 24 de mayo de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

La lectura del Evangelio de san Lucas que hemos escuchado nos narra la experiencia de los dos discípulos que, después de la muerte de Jesús, huyen de Jerusalén sin esperanza, desilusionados y llenos de amargura por la derrota del Maestro, hacia la tranquilidad de Emaús.

En ese caminar hacia su aldea, mientras conversan con paso triste y desesperanzado, se les une un desconocido. Los ojos de ellos, velados aún por el fracaso de sus expectativas humanas, no reconocen que es Jesús. El Señor camina con ellos, y aunque conoce el motivo de su desilusión, no se impone, sino pregunta y escucha. Comienza su «terapia de la esperanza». Les deja el tiempo necesario para que hagan un recorrido interior y lleguen al fondo de su amargura. Y ellos pronuncian aquellas palabras: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel»; palabras que trasudan tristeza, decepción, derrota, y que son un retrato de la existencia humana que nos es común.

Jesús camina, de manera discreta, junto a todas las personas desalentadas, y logra darles de nuevo la esperanza. Como a los discípulos de Emaús, él habla a través de las Escrituras, manifestando cómo la verdadera esperanza pasa por el fracaso y el sufrimiento. Y al final del camino cumplido en su compañía, Jesús se hace reconocer en la Fracción del pan, gesto fundamental de la Eucaristía, don de su amor total, de donde brota la vida de la Iglesia y del cristiano.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que Jesús resucitado nos conceda descubrirlo presente y vivo en su Iglesia donde, saliendo a nuestro encuentro y caminando junto a cada uno, nos conduce con su amor infalible y su presencia vivificante por el camino de la esperanza. Que Dios los bendiga.


22 de mayo de 2017

UN MILLÓN DE VISITAS

UN RINCÓN PARA ORAR

"Despojado de toda distracción y riqueza. Sólo desde la humildad de nuestro corazón, junto a María, llegará nuestra oración al PADRE

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Según las estadísticas de Blogger nuestro blog "Un Rincón para orar" sobrepasa la cifra de visitas de un millón. No sabemos la certeza de esta cifra, pero nos congratulamos que al menos se aproxime y nuestros esfuerzos de llevar la oración a mucha gente sea una realidad.

Gracias a todos y un fuerte abrazo en el Señor.