Señor, Tú que eres fiel para siempre, dame la gracia de la constancia.
Tú sabes cuántas veces empiezo con fuerza y luego me canso, me distraigo, abandono.
Cuántas veces te prometo algo y no llego hasta el final.
Dame un corazón perseverante, que no se rinda ante la dificultad, que no se apague con el desánimo, que no se pierda en la distracción.
Ayúdame a ser constante en la oración, constante en el amor, constante en el bien que quiero hacer, constante en seguirte cada día, aunque no sienta nada, aunque no vea resultados, aunque cueste.
Tú fuiste fiel hasta la cruz. Enséñame esa fidelidad.
Que mi “sí” de hoy sea también mi “sí” de mañana, y el de todos los días de mi vida. Amén.







