Señor, enséñame a ver que no se trata de “cómo moriste”, sino de “cómo viviste”.
Que no se trata de “cuánto ganaste”, sino de “cuánto diste”.
Enséñame que no se trata de “tener dinero”, sino de “tener corazón”
Que sepa preguntarme al final de cada día si tuve siempre una palabra amable, una sonrisa, si supe enjugar una lágrima de un hermano, si estuve al lado de quien me necesitó, si fui fiel a mi corazón.
Enséñame, Señor, a ver las verdaderas cosas que importan; no permitas que me deje ganar por las cuestiones del mundo, sino con las preguntas que me llevan a ser una mejor persona, y sobre todo, Señor, que sepa interpelarme todos los días si supe amar como Tú nos enseñaste. Amén.






