Señor Jesús, sube a la barca de mi vida. Como Pedro, a veces me canso de trabajar toda la noche sin encontrar nada. Me desanimo cuando mis esfuerzos parecen no dar fruto. Enséñame a confiar en tu palabra, aunque no la entienda del todo: “Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.”
Dame la humildad de Pedro, que reconoció su pequeñez ante tu grandeza: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” Y dame también su valentía para dejarlo todo y seguirte cuando me llamas.
No permitas que el miedo me paralice. Repíteme hoy lo que le dijiste a Simón: “No temas.” Ayúdame a confiar en que Tú tienes un propósito para mi vida, aun en medio de la incertidumbre.
Haz de mí un pescador de hombres, alguien que, con su vida y sus palabras, atraiga a otros hacia ti. Que como los primeros discípulos, deje mis redes —mis seguridades, mis rutinas, mis miedos— para seguirte sin reservas. Amén.






