Señor Jesús, en este pasaje veo a una madre que no se rindió ante el silencio, que no se rindió ante el rechazo, que insistió con humildad y con fe hasta conseguir lo que pedía para su hija.
Enséñame a orar así: con la confianza de quien sabe que tú escuchas, aunque parezca que callas; con la perseverancia de quien no se ofende ante las pruebas del camino; con la humildad de reconocer que todo lo que tengo es gracia tuya.
Señor, tengo también mis propias súplicas, las cosas que llevo en el corazón y que a veces siento que no llegan a ti. Dame la fe de esta mujer: una fe que no se cansa, una fe que insiste, una fe que se humilla, pero no se rinde.
Tú le dijiste: “Grande es tu fe”. Quiero que un día me digas lo mismo.
Aumenta mi fe, Señor, para que en medio de mis pruebas sepa buscarte, insistir en la oración y confiar en que tu tiempo es siempre el mejor tiempo. Amén.






