10 de septiembre de 2026

BIENAVENTURANZAS

Señor Jesús, Tú que en el monte llamaste bienaventurados a los pobres, a los que tienen hambre, a los que lloran y a los que son rechazados por tu nombre, ayúdame a mirar la vida con tus ojos y no con los del mundo.

Enséñame a no poner mi seguridad en lo que tengo, ni mi alegría en lo que otros piensan de mí, ni mi paz en estar siempre satisfecho.

Recuérdame que tu Reino pertenece a los que se saben necesitados de ti, y que la verdadera dicha no está en la abundancia ni en el aplauso fácil, sino en un corazón confiado en tu providencia.

Dame fuerza para sostener a los que sufren, para acompañar a los que lloran y para no avergonzarme de seguirte aunque eso traiga incomprensión o rechazo. Que no busque las riquezas, los halagos o la comodidad como metas de mi vida, sino que ponga mi confianza solo en ti.

Convierte mi corazón, Señor, para que viva según tus bienaventuranzas y no según las promesas vacías de este mundo.

Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina