4 de marzo de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 

*ORACION CUARESMAL: Regresa*

Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar; a regresar a la casa del Padre.

Toca mi corazón y ayúdame a volver sin miedo, a los brazos anhelantes y expectantes del Padre, rico en misericordia, que me está esperando, con la mano tendida para acogerme y los brazos dispuestos a abrazarme.

Toca mi corazón, ayúdame dejar el camino de la soledad y la tristeza y a volver sin miedo, para participar de la fiesta de los perdonados, para gozar de la vida vida, que nuestro corazón tanto desea.

Toca mi corazón y ayúdame a volver sin miedo, para experimentar la ternura sanadora de Dios, que cura las heridas del pecado, renueva nuestro espíritu y transforma nuestro corazón de piedra en un corazón de carne.

Señor, Jesús, ayúdame a pararme y a mirar; a regresar a la casa del Padre, a tu casa, a mi verdadera casa. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

3 de marzo de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN


*ORACION: Mochila de Cuaresma*

Señor, retomamos el camino contigo. Preparamos la mochila. Como tú.

Quito pasatiempos y añado encuentros.
Quito tecnología y añado oración.
Quito caprichos y añado solidaridad.
Quito comida y añado buenas lecturas.
Quito ruido y añado contemplación.
Quito preocupación y añado confianza.
Quito indiferencia y añado compasión.
Quito engaños y añado búsqueda de la verdad.
Quito prepotencia y añado humildad.
Quito estrategias y añado amor.
 
¿Qué más tengo que quitar, Señor? ¡Dime!
¿Qué debería añadir aún? ¡Te escucho!
 
Señor, retomamos el camino. Contigo.
 Preparamos la mochila. Como tú.
¡Adelante! La Pascua nos espera. Amén.
 
Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

2 de marzo de 2022

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hoy el Papa Francisco nos habla de la longevidad y su relación con la genealogía. La vejez, dice el Papa, impone ritmos más lento. Es una época en la que vemos la vida de otra forma, la realidad de la muerte más cerca y el valor del tiempo de otra manera. Ambas circunstancias, niñez, juventud y vejez desempeñan un papel  en el tiempo que nos sirve para mantenernos unido y relacionados en el amor. Leamos la reflexión del Papa Francisco en la audiencia de hoy.

 


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Paolo VI
Miércoles, 2 de marzo de 2022

[Multimedia]

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Catequesis sobre la vejez 2. La longevidad: símbolo y oportunidad

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

En el pasaje bíblico de las genealogías de los antepasados sorprende enseguida su enorme longevidad: ¡se habla de siglos! ¿Cuándo empieza, aquí, la vejez? Uno se pregunta. ¿Y qué significa el hecho de que estos antiguos padres vivan tanto después de haber generado a los hijos? ¡Padres e hijos viven juntos, durante siglos! Esta cadencia secular de la época, narrada con estilo ritual, otorga a la relación entre longevidad y genealogía un significado simbólico fuerte, muy fuerte.

Es como si la transmisión de la vida humana, tan nueva en el universo creado, pidiera un lenta y prolongada iniciación. Todo es nuevo, en los inicios de la historia de una criatura que es espíritu y vida, conciencia y libertad, sensibilidad y responsabilidad. La nueva vida —la vida humana—, inmersa en la tensión entre sus orígenes “a imagen y semejanza” de Dios y la fragilidad de su condición mortal, representa una novedad completamente por descubrir. Y pide un largo tiempo de iniciación, en el que es indispensable el apoyo recíproco entre las generaciones, para descifrar las experiencias y confrontarse con los enigmas de la vida. En este largo tiempo, lentamente, es cultivada también la calidad espiritual del hombre.

En un cierto sentido, todo paso de época, en la historia humana, nos propone de nuevo esta sensación: es como si tuviéramos que retomar nuestras preguntas sobre el sentido de la vida desde el inicio y con calma, cuando aparece el escenario de la condición humana lleno de preguntas nuevas e interrogantes inéditos. Ciertamente, la acumulación de la memoria cultural aumenta la familiaridad necesaria para afrontar los pasajes inéditos. Los tiempos de la transmisión se reducen; pero los tiempos de la asimilación piden siempre paciencia. El exceso de velocidad, que ya obsesiona todos los pasajes de nuestra vida, hace cada experiencia más superficial y menos “nutriente”. Los jóvenes son víctimas inconscientes de esta escisión entre el tiempo del reloj, que quiere ser quemado, y los tiempos de la vida, que requieren una adecuada “fermentación”. Una larga vida permite experimentar estos largos tiempos y los daños de la prisa.

La vejez, ciertamente, impone ritmos más lentos: pero no son solo tiempos de inercia. La medida de estos ritmos abre, para todos, espacios de sentido de la vida desconocidos para la obsesión de la velocidad. Perder el contacto con los ritmos lentos de la vejez cierra estos espacios para todos. Es en este horizonte que he querido instituir la fiesta de los abuelos, en el último domingo de julio. La alianza entre las dos generaciones en los extremos de la vida —los niños y los ancianos— ayuda también a las otras dos —los jóvenes y los adultos— a vincularse mutuamente para hacer la existencia de todos más rica en humanidad.

Es necesario el diálogo entre generaciones: si no hay diálogo entre jóvenes y ancianos, entre adultos, si no hay diálogo, toda generación permanece aislada y no puede transmitir el mensaje. Un joven que no está vinculado a sus raíces, que son los abuelos, no recibe la fuerza —como el árbol tiene la fuerza de las raíces— y crece mal, crece enfermo, crece sin referencias. Por eso es necesario buscar, como una exigencia humana, el diálogo entre las generaciones. Y este diálogo es importante precisamente entre los abuelos y nietos, que son los dos extremos.

Imaginemos una ciudad donde la convivencia de las diferentes edades forme parte integral del proyecto global de su hábitat. Pensemos en la formación de relaciones afectivas entre vejez y juventud que se irradien en el estilo general de las relaciones. La superposición de las generaciones se convertiría en fuente de energía para un humanismo verdaderamente visible y vivible. La ciudad moderna tiende a ser hostil con los ancianos (y no por casualidad también lo es con los niños). Esta sociedad que tiene este espíritu del descarte y descarta tantos niños no queridos, descarta a los ancianos: los descarta, no sirven y los pone en una residencia para ancianos, ingresados… El exceso de velocidad nos mete en una centrífuga que nos barre como confeti. La mirada de conjunto se pierde por completo. Cada uno se aferra a su propio pedacito, que flota sobre los flujos de la ciudad-mercado, para la cual los ritmos lentos son pérdidas y la velocidad es dinero. El exceso de velocidad pulveriza la vida, no la hace más intensa. Y la sabiduría requiere “perder tiempo”. Cuando tú vuelves a casa y ves a tu hijo, a tu hija pequeña y “pierdes tiempo”, pero este coloquio es fundamental para la sociedad. Y cuando tú vuelves a casa y está el abuelo o la abuela que quizá no razona bien o, no sé, ha perdido un poco la capacidad de hablar, y tú estás con él o con ella, tú “pierdes tiempo”, pero este “perder tiempo” fortalece la familia humana. Es necesario gastar tiempo —un tiempo que no es rentable— con los niños y con los ancianos, porque ellos nos dan otra capacidad de ver la vida.

La pandemia, en la cual estamos todavía obligados a vivir, ha impuesto —por desgracia, muy dolorosamente— un revés para el obtuso culto a la velocidad. Y en este período los abuelos actuaron como barrera ante la “deshidratación” emocional de los pequeños. La alianza visible de las generaciones, que armoniza los tiempos y los ritmos, nos devuelve la esperanza de no vivir la vida en vano. Y devuelve a cada uno el amor por nuestra vida vulnerable, cerrándole el paso a la obsesión de la velocidad, que simplemente la consume. La palabra clave aquí es “perder tiempo”. A cada uno de vosotros os pregunto: ¿sabes perder el tiempo, o estás siempre apurado por la velocidad? “No, tengo prisa, no puedo…”. ¿Sabes perder el tiempo con los abuelos, con los ancianos? ¿Sabes perder el tiempo jugando con tus hijos, con los niños? Este es el punto de referencia. Pensad un poco. Y esto devuelve a cada uno el amor por nuestra vida vulnerable, bloqueando —como he dicho— el camino a la obsesión de la velocidad, que simplemente la consume. Los ritmos de la vejez son un recurso indispensable para captar el sentido de la vida marcada por el tiempo. Los ancianos tienen sus ritmos, pero son ritmos que nos ayudan. Gracias a esta mediación, se hace más creíble el destino de la vida en el encuentro con Dios: un diseño que está escondido en la creación del ser humano “a su imagen y semejanza” y está sellado en el hacerse hombre del Hijo de Dios.

Hoy se verifica una mayor longevidad de la vida humana. Esto nos ofrece la oportunidad de aumentar la alianza entre todas las etapas de la vida. Mucha longevidad, pero debemos hacer más alianza. Y también nos ayuda a crecer la alianza con el sentido de la vida en su totalidad. El sentido de la vida no está solamente en la edad adulta, de los 25 a los 60. El sentido de la vida está en todo, desde el nacimiento a la muerte y tú deberías ser capaz de hablar con todos, también tener relaciones afectivas con todos, así tu madurez será más rica, más fuerte. Y también nos ofrece este significado de la vida, que es integral. Que el Espíritu nos conceda la inteligencia y la fuerza para esta reforma: es necesaria una reforma. La prepotencia del tiempo del reloj debe convertirse en la belleza de los ritmos de la vida. Esta es la reforma que debemos hacer en nuestros corazones, en la familia y en la sociedad. Repito: ¿reformar qué? Qué la prepotencia del tiempo del reloj debe convertirse en la belleza de los ritmos de la vida. Convertir la prepotencia del tiempo, que siempre nos apura, a los ritmos propios de la vida. La alianza de las generaciones es indispensable. Una sociedad donde los ancianos no hablan con los jóvenes, los jóvenes no hablan con los ancianos, los adultos no hablan con los ancianos ni con los jóvenes, es una sociedad estéril, sin futuro, una sociedad que no mira al horizonte, sino que se mira a sí misma. Y se queda sola. Que Dios nos ayude a encontrar la música adecuada para esta armonización de las diferentes edades: los pequeños, los ancianos, los adultos, todos juntos: una hermosa sinfonía de diálogo.


Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Que el Espíritu Santo nos conceda la gracia de experimentar la belleza de cada etapa de la vida, infancia, juventud, adultez, ancianidad, que promueva la necesidad de una alianza entre las generaciones, niños, jóvenes, adultos y ancianos llena de armonía y serenidad. Dios los bendiga. Muchas gracias.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Al escuchar el texto del Génesis, quedamos sorprendidos por la longevidad de los antepasados, cientos y cientos de años vivían. Padres e hijos viven juntos, por siglos, de manera que podemos encontrar un significado simbólico en la relación que existe entre la longevidad y la genealogía. Constatamos que, al inicio de la existencia de una creatura, hay una tensión entre su origen “a imagen y semejanza de Dios” y la fragilidad de su condición mortal. De manera que el apoyo mutuo entre las generaciones es necesario para entender las experiencias vividas y enfrentarse a las grandes preguntas de la vida.

La vejez impone ritmos más lentos, ritmos que crean espacios de reflexión profundos sobre el sentido de la vida, ritmos impensables cuando estamos sometidos a la dinámica obsesiva del tiempo. Hemos visto cómo la pandemia ha obstaculizado el culto frenético a la velocidad; en este tiempo los abuelos se han convertido en una barrera que ha evitado que la vida afectiva de los más pequeños se marchite. Esta alianza visible entre generaciones nos restituye la esperanza de no vivir en vano y también el amor por nuestra vida vulnerable que, asumida por el Hijo de Dios al hacerse hombre, nos asegura que nuestro destino es el de caminar hacia el encuentro con Dios.

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN

 Dios gracias por tanto amor

 *ORACION: Mucho se me ha dado*

Señor, sé que a mí mucho se me ha dado: el primer don: la vida, y además tantos talentos,  posibilidades, experiencias, proyectos, relaciones, personas, dones.

Señor, sé que mucho me has confiado: ser hijo tuyo, ser hermano de todos, ser discípulo tuyo, ser testigo de tu amor, ser profeta en medio del mundo, ser tu palabra y tus manos… ser desde ti.

Sé que a mí mucho se me ha dado y mucho se me ha confiado. Ojalá esté a la altura de tanta generosidad. 

Mucho me has dado, Señor; mucho quiero regalar y entregar, mucho quiero ofrecerte de todo corazón.

Dame la capacidad necesaria para agradecerte cuanto soy y tengo. Concédeme humildad  para no olvidar nunca que todo procede de ti y todo a ti se dirige. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

1 de marzo de 2022

SIMPLEMENTE, UNA ORACIÓN


*ORACION: TODO POR TI, SEÑOR*

Jesús, hoy me acerco y me encuentro ante Ti, tus propuestas me parecen inalcanzables, como al joven rico y los apóstoles. Siento que la propuesta del Evangelio está demasiado alejada de lo que yo puedo hacer, que en la vida real no se puede vivir con esa radicalidad. A veces tengo la sensación que no voy a poder vivir plenamente tu Evangelio.

Jesús, miraste con cariño a aquel joven rico y me miras a mí. Cuando me miras, sabes lo que necesito para seguir creciendo, sabes de mis capacidades y de mis limitaciones, sabes de lo que yo puedo llegar a hacer y a ser. Me animas a ir siempre un paso más allá y me lo pides con cariño, sabiendo de lo que soy capaz, confiando en mí. Que yo sepa mirarme también con cariño y con confianza.

No me resulta fácil desprenderme de todo lo que me da seguridad, riquezas, ideologías, lazos afectivos, pequeñas costumbres que he de cambiar. Te presento mis resistencias y dificultades para seguirte.

Ayúdame a superarlas, Jesús. No siempre me puedo apoyar en mi fuerza de voluntad o en el suelo firme que ya piso. Solo tu mirada y tu aliento puede tirar de mí. No me quiero alejar de Ti, triste, como el joven rico. Que tus deseos y los míos se vayan acercando cada día más y pueda experimentar que, con tu ayuda, todo es posible. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina