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20 de septiembre de 2011

“…llamé y Él me respondió”


En la Parroquia, cuando nos invitaron a trabajar para la JMJ - Madrid nos embargó una emoción grande y de inmediato expresamos nuestro ¡¡¡ SÍ queremos !!!. Dios, no sabíamos en qué nos metíamos, pero como al Señor no es fácil decirle que no, pues venga, con todas las consecuencias Señor.

Los días pasaban y con ellos llegaban las dudas, el cansancio, el desánimo…y a medida que el día de llegada de los primeros Peregrinos se acercaba se presentó el miedo, la falta de confianza en nosotros mismos; aún así seguimos adelante, teníamos la certeza que el Señor estaba con nosotros a nuestro lado, quién contra nosotros?.

Los materiales comenzaron a llegar a cuenta gotas, a deshora, se les esperaba a la hora indicada y el camión de reparto tardaba su tiempo. Pero firmes en la Fe, como lema de nuestra JMJ, al fin y al cabo Dios estaba siempre a nuestro lado.

Por fin lunes 15 de Agosto, el día oficial de inicio de la JMJ; el primer grupo de Peregrinos llegó a nuestra Parroquia con el rostro cansado de tan largo viaje, pero con el corazón henchido, con la Fe, que en boca del Santo Padre, Benedicto XVI, San Pablo nos invitaba; que hermoso de verdad, fue como un abanico de ilusiones que comenzaba a desplegarse y todas las dudas y miedos anteriores fueron desapareciendo. De inmediato una gran cantidad de chicos asignados a la Parroquia inundaron de alegría todos los espacios, paraguayos, húngaros, portugueses, palestinos, venezolanos, españoles, ecuatorianos…deseosos de escuchar la Palabra de Dios a través de su Santidad y de los Pastores en las Catequesis. Nos preguntábamos. ¿Qué fuerza los une?. La respuesta era una: el amor a Cristo y su Iglesia.

En el Colegio que nos fue asignado, el Pablo Sorozábal de Móstoles, 172 jóvenes en perfecto orden y disciplina comenzaron a levantar su Campamento; jóvenes portugueses y brasileños que querían convivir en este tiempo y compartir su Fe; ellos mismos organizaron sus turnos de limpieza, entrega de desayunos, rezos….La Iglesia misma actuando. “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo en medio de ellos”,dice el Señor. Mt 18, 20.

172 jóvenes y ningún disgusto, palabra disonante, contrariedad… qué hermoso cuando Cristo se encuentra en medio de nosotros; el verlo reflejado en el rostro de cada uno de estos jóvenes era la recompensa justa para las dificultades anteriores a la JMJ. Lo que más nos llamó la atención fue el verles llegar a altas horas de la noche y tener fuerzas para reunirse en círculo en medio de la cancha múltiple para rezar Completas y darle gracias al Señor por el día regalado, por las vivencias vividas, por las Catequesis transmitidas y por el Sacramento del Perdón recibido. No estuvimos ajenos a esto, rezábamos pidiendo por esta juventud sana que se levanta, para que afronte los desafíos que el Siglo XXI trae, para que sigan fieles a Jesucristo y su Iglesia. En nuestro hogar y en nuestra Parroquia, tan querida, sembramos para que otros vean el fruto.

“…llamé y Él me respondió”. Gracias Señor pues a pesar de nuestras miserias humanas nos llamaste para trabajar en esta JMJ-Madrid, porque sin ser jóvenes aprendimos de los jóvenes; aprendimos a dar sin esperar recibir nada a cambio. A que el cansancio de nuestro día fuera aliviado con la entrega total a Ti. A que el Peregrinar es orar con los pies. A que nuestra cruz debe ser el manantial de nuestra fuerzas y el secreto de nuestra Paz, como lo señalaba Juan XXIII…; en fin que siempre estás con nosotros.

Llegado el día de despedida y a medida que se montaban en los autocares, nos daban las gracias por las atenciones y nos manifestaban cosas hermosas pero una de ellas nos llamó poderosamente la atención: que habíamos sido durante una semana sus padres españoles.

Seguiremos orando por ellos y siempre estarán en nuestros corazones; gracias Leo, gracias Jorge, gracias Alzira, gracias Ricardo, gracias Pedro, gracias Juan Pablo, gracias María, … gracias a vosotros; ¡Gracias Señor!, gracias a todos por ayudarnos a ser cada día más fieles al Señor….

Edmundo y Nilda
Parroquia Santa María de la Alegría
Móstoles (Madrid) 

10 de septiembre de 2011

Lo que es de Dios siempre da fruto.

Todavía sigue respirándose en el ambiente de nuestros pueblos la Jornada Mundial de la Juventud. Esta fiesta de la fe ha sido un gran evento histórico que no ha podido dejar indiferente a ninguna persona.

Semanas antes de la jornada se escuchaba a través de los medios de comunicación e incluso dentro de ambientes de Iglesia el fracaso que iba a suponer dicha jornada. Sin embargo lo que es de Dios siempre da fruto, en este aparente fracaso el Señor ha querido lucirse y reunir en torno al sucesor de Pedro a 2.000.000 de jóvenes que han mostrado al mundo entero la necesidad y la sed que tienen de Dios. Jóvenes que han dado un grito de esperanza, jóvenes que han pedido a gritos el alimento espiritual que sacia el corazón del hombre, jóvenes que han pedido encontrarse con Jesucristo. Todos ellos buscan respuestas a los interrogantes de sus vidas, a sus inquietudes personales, el Papa nos ha recordado que la Verdad, la Verdad de nuestra vida no es una idea ni una ideología sino una Persona, Jesucristo. Estos jóvenes han acudido con confianza al Sucesor de Pedro para que les muestre el camino que deben de seguir para alcanzar una nueva vida que sea distinta a la que pueden encontrar en el mundo.  
Esta avalancha de la juventud que busca a Cristo nos debe hacer caer en la cuenta de que verdaderamente la gente ama a Cristo y a su Iglesia, necesitan a Dios y lo buscan con toda el alma. Los medios quieren anestesiarnos y mostrarnos una realidad que no es verdad, la Iglesia es una realidad joven, los hombres hoy siguen buscando a Dios, el problema está en que existen cuatro que se les oye más que a nosotros porque se les da mucha más autoridad.

Ante esta realidad que se encontró el Papa, emocionado y feliz, invitó a los jóvenes a ir a las parroquias para encontrar esa nueva vida que sacia el corazón el hombre. Allí encontrareis a Cristo que dará sentido a vuestras vidas. Abridle las puertas de vuestro corazón – decía el Papa -.


Efectivamente muchos han hecho caso a estas palabras del Papa, cuántas personas están volviendo otra vez a las parroquias a confesarse, a empezar de nuevo esta relación de amistad después de tantos años de relación apagada, quieren incorporarse en los grupos para empaparse de su palabra, todos ellos vienen con un deseo claro, volver a encontrarse con Jesucristo. ¡Cuántas gracias a Dios debemos de dar por ello!.
El mensaje que el Papa nos ha traído, como hemos podido comprobar, no está destinado solo para la juventud, es un mensaje para toda la Iglesia. Son pautas para vivir nuestro camino de fe y llegar así a estar arraigados y edificados en Cristo Jesús.


Lo primero que debemos de hacer, dice el Papa, es poner en Cristo el fundamento de nuestras vidas, construir nuestra casa en una piedra solida, que ninguna riada ni ninguna corriente de aire pueda destruir. Si ponemos nuestro fundamento en Cristo encontraremos nuestro puesto en el plan de Dios.

La segunda cosa necesaria que debemos hacer para cultivar nuestra vida espiritual es empaparnos de su Palabra a través de la meditación personal, a través del contacto intimo con Jesucristo en la oración. Solo así los criterios de nuestro corazón serán los criterios de Cristo. Que su Palabra sea siempre la norma de nuestra vida. Elemental es también para vivir la relación con Cristo la participación en la Eucaristía dominical y la recepción frecuente del sacramento del perdón, esto debe ser siempre una necesidad en nuestra vida. 
Este gran tesoro que hemos descubierto y que nos ha cambiando la vida no puede quedarse solo en nuestro interior “lo que habéis recibido gratis dadlo gratis” – dice el Señor- . Debemos de dar siempre y en todo momento testimonio de todo lo que ha ocurrido en nuestra vida.


Queridos amigos, el Papa nos recuerda que frente al relativismo y la mediocridad, en torno a una sociedad que intenta anestesiar a Dios, surge la necesidad de la radicalidad, de la fidelidad. Tenemos que ser radicales y fieles a Cristo. No antepongamos nada al amor de Dios, no dejemos que Jesús sea siempre el segundo plato. Nuestra vida espiritual tiene que estar nutrida por ese encuentro precioso de intimidad personal con Cristo, si no es así nuestra fe acaba muriéndose.
Tanto esfuerzo y tanta dificultad durante estos días de preparación han merecido la pena.


Acabo con las palabras del papa: “La Iglesia necesita de vosotros y vosotros tenéis necesidad de la Iglesia”. “La Iglesia necesita de vuestra fidelidad arraigada y edificada en Cristo Jesús”.

19 de agosto de 2011

ENCUENTRO CON RELIGIOSAS JÓVENES, SALUDO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


 
Queridas jóvenes religiosas:

Dentro de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos celebrando en Madrid, es un gozo grande poder encontrarme con vosotras, que habéis consagrado vuestra juventud al Señor, y os doy las gracias por el amable saludo que me habéis dirigido. Agradezco al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid que haya previsto este encuentro en un marco tan evocador como es el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Si su célebre Biblioteca custodia importantes ediciones de la Sagrada Escritura y de Reglas monásticas de varias familias religiosas, vuestra vida de fidelidad a la llamada recibida es también una preciosa manera de guardar la Palabra del Señor que resuena en vuestras formas de espiritualidad.

Queridas hermanas, cada carisma es una palabra evangélica que el Espíritu Santo recuerda a su Iglesia (cf. Jn 14, 26). No en vano, la Vida Consagrada «nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida. En este sentido, el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte en “exégesis” viva de la Palabra de Dios... De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión cada regla, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evangélica» (Exh. apostólica Verbum Domini, 83).

La radicalidad evangélica es estar “arraigados y edificados en Cristo, y firmes en la fe” (cf. Col, 2,7), que en la Vida Consagrada significa ir a la raíz del amor a Jesucristo con un corazón indiviso, sin anteponer nada a ese amor (cf. San Benito, Regla, IV, 21), con una pertenencia esponsal como la han vivido los santos, al estilo de Rosa de Lima y Rafael Arnáiz, jóvenes patronos de esta Jornada Mundial de la Juventud. El encuentro personal con Cristo que nutre vuestra consagración debe testimoniarse con toda su fuerza transformadora en vuestras vidas; y cobra una especial relevancia hoy, cuando «se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza» (Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 1).Frente al relativismo y la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la consagración como una pertenencia a Dios sumamente amado.

Dicha radicalidad evangélica de la Vida Consagrada se expresa en la comunión filial con la Iglesia, hogar de los hijos de Dios que Cristo ha edificado. La comunión con los Pastores, que en nombre del Señor proponen el depósito de la fe recibido a través de los Apóstoles, del Magisterio de la Iglesia y de la tradición cristiana. La comunión con vuestra familia religiosa, custodiando su genuino patrimonio espiritual con gratitud, y apreciando también los otros carismas. La comunión con otros miembros de la Iglesia como los laicos, llamados a testimoniar desde su vocación específica el mismo evangelio del Señor.

Finalmente, la radicalidad evangélica se expresa en la misión que Dios ha querido confiaros. Desde la vida contemplativa que acoge en sus claustros la Palabra de Dios en silencio elocuente y adora su belleza en la soledad por Él habitada, hasta los diversos caminos de vida apostólica, en cuyos surcos germina la semilla evangélica en la educación de niños y jóvenes, el cuidado de los enfermos y ancianos, el acompañamiento de las familias, el compromiso a favor de la vida, el testimonio de la verdad, el anuncio de la paz y la caridad, la labor misionera y la nueva evangelización, y tantos otros campos del apostolado eclesial.

Queridas hermanas, este es el testimonio de la santidad a la que Dios os llama, siguiendo muy de cerca y sin condiciones a Jesucristo en la consagración, la comunión y la misión. La Iglesia necesita de vuestra fidelidad joven arraigada y edificada en Cristo. Gracias por vuestro “sí” generoso, total y perpetuo a la llamada del Amado. Que la Virgen María sostenga y acompañe vuestra juventud consagrada, con el vivo deseo de que interpele, aliente e ilumine a todos los jóvenes.

Con estos sentimientos, pido a Dios que recompense copiosamente la generosa contribución de la Vida Consagrada a esta Jornada Mundial de la Juventud, y en su nombre os bendigo de todo corazón. Muchas gracias.

FIESTA DE ACOGIDA DE LOS JÓVENES, DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


Queridos amigos:

Agradezco las cariñosas palabras que me han dirigido los jóvenes representantes de los cinco continentes. Y saludo con afecto a todos los que estáis aquí congregados, jóvenes de Oceanía, África, América, Asia y Europa; y también a los que no pudieron venir. Siempre os tengo muy presentes y rezo por vosotros. Dios me ha concedido la gracia de poder veros y oíros más de cerca, y de ponernos juntos a la escucha de su Palabra.

En la lectura que se ha proclamado antes, hemos oído un pasaje del Evangelio en que se habla de acoger las palabras de Jesús y de ponerlas en práctica. Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida. Sin esto, se quedan vacías y se vuelven efímeras. No nos acercan a Él. Y, de este modo, Cristo sigue siendo lejano, como una voz entre otras muchas que nos rodean y a las que estamos tan acostumbrados. El Maestro que habla, además, no enseña lo que ha aprendido de otros, sino lo que Él mismo es, el único que conoce de verdad el camino del hombre hacia Dios, porque es Él quien lo ha abierto para nosotros, lo ha creado para que podamos alcanzar la vida auténtica, la que siempre vale la pena vivir en toda circunstancia y que ni siquiera la muerte puede destruir. El Evangelio prosigue explicando estas cosas con la sugestiva imagen de quien construye sobre roca firme, resistente a las embestidas de las adversidades, contrariamente a quien edifica sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, podríamos decir hoy, pero que se desmorona con el primer azote de los vientos y se convierte en ruinas.

Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros «espíritu y vida» (Jn 6,63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida. Bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí.

Aprovechad estos días para conocer mejor a Cristo y cercioraros de que, enraizados en Él, vuestro entusiasmo y alegría, vuestros deseos de ir a más, de llegar a lo más alto, hasta Dios, tienen siempre futuro cierto, porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser. Hacedla crecer con la gracia divina, generosamente y sin mediocridad, planteándoos seriamente la meta de la santidad. Y, ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia.

Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes. A tantos que se contentan con seguir las corrientes de moda, se cobijan en el interés inmediato, olvidando la justicia verdadera, o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos.

Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios. Nosotros, en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación. Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con Él y amarle. Por Cristo  lo podemos conseguir verdaderamente y, arraigados en Él, damos alas a nuestra libertad. ¿No es este el gran motivo de nuestra alegría? ¿No es este un suelo firme para edificar la civilización del amor y de la vida, capaz de humanizar a todo hombre?

Queridos amigos: sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. Él murió por nosotros y resucitó para que tuviéramos vida, y ahora, desde el trono del Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amor por cada uno de nosotros.

Encomiendo los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Santísima Virgen María, que supo decir «sí» a la voluntad de Dios, y nos enseña como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que siguió hasta su muerte en la cruz. Meditaremos todo esto más detenidamente en las diversas estaciones del Via crucis. Y pidamos que, como Ella, nuestro «sí» de hoy a Cristo sea también un «sí» incondicional a su amistad, al final de esta Jornada y durante toda nuestra vida. Muchas gracias.

FIESTA DE ACOGIDA DE LOS JÓVENES, SALUDO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


Queridos amigos:

Es una inmensa alegría encontrarme aquí con vosotros, en el centro de esta bella ciudad de Madrid, cuyas llaves ha tenido la amabilidad de entregarme el Señor Alcalde. Hoy es también capital de los jóvenes del mundo y donde toda la Iglesia tiene puestos sus ojos. El Señor nos ha congregado para vivir en estos días la hermosa experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud. Con vuestra presencia y la participación en las celebraciones, el nombre de Cristo resonará por todos los rincones de esta ilustre Villa. Y recemos para que su mensaje de esperanza y amor tenga eco también en el corazón de los que no creen o se han alejado de la Iglesia. Muchas gracias por la espléndida acogida que me habéis dispensado al entrar en la ciudad, signo de vuestro amor y cercanía al Sucesor de Pedro.

Saludo al Señor Cardenal Stanislaw Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, y a sus colaboradores en ese Dicasterio, agradeciendo todo el trabajo realizado. Asimismo, doy las gracias al Señor Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, por sus amables palabras y el esfuerzo de su archidiócesis, junto con las demás diócesis de España, en preparar esta Jornada Mundial de la Juventud, para la que se ha trabajado con generosidad también en  tantas otras Iglesias particulares del mundo entero. Agradezco a las autoridades nacionales, autonómicas y locales su amable presencia y su generosa colaboración para el buen desarrollo de este gran acontecimiento. Gracias a los hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, seminaristas, personas consagradas y fieles que están aquí presentes y han venido acompañando a los jóvenes para vivir estos días intensos de peregrinación al encuentro con Cristo. A todos os saludo cordialmente en el Señor y os reitero que es una gran dicha estar aquí con todos vosotros. Que la llama del amor de Cristo nunca se apague en vuestros corazones.

Saludo en francés

Chers jeunes francophones, vous avez répondu nombreux à l’appel du Seigneur à venir le rencontrer à Madrid. Je vous en félicite ! Bienvenue aux Journées Mondiales de la Jeunesse ! Vous portez en vous des questions et vous cherchez des réponses. Il est bon de chercher toujours. Recherchez surtout la Vérité qui n’est pas une idée, une idéologie ou un slogan, mais une Personne, le Christ, Dieu Lui-même venu parmi les hommes ! Vous avez raison de vouloir enraciner votre foi en Lui, de vouloir fonder votre vie dans le Christ. Il vous aime depuis toujours et vous connaît mieux que quiconque. Puissent ces journées riches de prière, d’enseignement et de rencontres vous aider à le découvrir encore pour mieux l’aimer. Que le Christ vous accompagne durant ce temps fort où, tous ensemble, nous allons le célébrer et le prier!

[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua francesa. Os felicito porque habéis venido en gran número a este encuentro de Madrid. Sed bienvenidos a las Jornadas Mundiales de la Juventud. Tenéis interrogantes y buscáis respuestas. Es bueno buscar siempre. Buscar sobre todo la Verdad que no es una idea, una ideología o un eslogan, sino una Persona, Cristo, Dios mismo que ha venido entre los hombres. Tenéis razón de querer enraizar vuestra fe en Él, y fundar vuestra vida en Cristo. Él os ama desde siempre y os conoce mejor que nadie. Que estas jornadas llenas de oración, enseñanza y encuentros, os ayuden a descubrirlo para amarlo más. Que Cristo os acompañe durante este tiempo intenso en el que todos juntos lo celebreramos y le rezaremos].

Saludo en inglés

I extend an affectionate greeting to the many English-speaking young people who have come to Madrid. May these days of prayer, friendship and celebration bring us closer to each other and to the Lord Jesus. Make trust in Christ’s word the foundation of your lives! Planted and built up in him, firm in the faith and open to the power of the Spirit, you will find your place in God’s plan and enrich the Church with your gifts. Let us pray for one another, so that we may  be joyful witnesses to Christ, today and always. God bless you all!

[Traducción española : Dirijo un saludo afectuoso a los numerosos jóvenes de lengua inglesa que han venido a Madrid. Que estos días de oración, amistad y celebración os acerquen entre vosotros y al Señor Jesús. Poned en Cristo el fundamento de vuestras vidas. Arraigados y edificados en él, firmes en la fe y abiertos al poder del Espíritu, encontraréis vuestro puesto en el plan de Dios y enriqueceréis a la Iglesia con vuestros dones. Recemos unos por otros, para que hoy y siempre seamos testigos gozosos de Cristo. Que Dios os bendiga].

Saludo en alemán

Liebe Freunde deutscher Sprache! Sehr herzlich grüße ich euch alle. Ich freue mich, daß ihr so zahlreich gekommen seid. Gemeinsam wollen wir in diesen Tagen unseren Glauben an Jesus Christus bekennen, vertiefen und weitergeben. Immer wieder erfahren wir: Er ist es, der unserem Leben wirklich Sinn gibt. Öffnen wir Christus unser Herz. Er schenke uns allen eine frohe und gesegnete Zeit hier in Madrid.

[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua alemana. Os saludo con afecto y me alegra que hayáis venido en tan gran número. En estos días, juntos confesaremos, profundizaremos y transmitiremos nuestra fe en Cristo. Tendremos nuevamente esta experiencia: es Él quien da verdadero sentido a nuestra vida. Abramos nuestro corazón a Cristo. Que aquí en Madrid Él nos conceda un tiempo colmado de gozo y bendición].

Saludo en italiano

Cari giovani italiani! Vi saluto con grande affetto e mi rallegro per la  vostra partecipazione così numerosa, animata dalla gioia della fede. Vivete queste giornate con spirito di intensa preghiera e di fraternità, testimoniando la vitalità della Chiesa in Italia, delle parrocchie, delle associazioni, dei movimenti. Condividete con tutti questa ricchezza. Grazie!

[Traducción española: Queridos jóvenes italianos. Os saludo con gran afecto y me alegro por vuestra participación tan numerosa, animada por el gozo de la fe. Vivid estos días con espíritu de oración intensa y de fraternidad, dando testimonio de la vitalidad de la Iglesia en Italia, de las parroquias, asociaciones, movimientos. Compartid con todos esta riqueza. Gracias].

Saludo en portugués

Queridos jovens dos diversos países de língua oficial portuguesa e quantos vos acompanham, bem-vindos a Madrid! A todos saúdo com grande amizade e convido a subir até à fonte eterna da vossa juventude e conhecer o protagonista absoluto desta Jornada Mundial e – espero – da vossa vida: Cristo Senhor. Nestes dias ouvireis pessoalmente ressoar a sua Palavra. Deixai que esta Palavra penetre e crie raízes nos vossos corações, e sobre ela edificai a vossa vida. Firmes na fé, sereis um elo na grande cadeia dos fiéis. Não se pode crer sem ser amparado pela fé dos outros, e pela minha fé contribuo também para amparar os outros na fé. A Igreja precisa de vós, e vós precisais da Igreja.

[Traducción española: Queridos jóvenes de los diversos países de lengua oficial portuguesa, y todos cuantos os acompañan, sed bienvenidos a Madrid. Os saludo con gran amistad y os invito a subir hasta la fuente eterna de vuestra juventud y conocer al protagonista absoluto de esta Jornada Mundial y, espero, de vuestra vida: Cristo Señor. En estos días, escucharéis resonar personalmente su Palabra. Dejad que esta Palabra entre y eche raíces en vuestros corazones y, sobre ella, edificad vuestra vida. Firmes en la fe, seréis un eslabón en la gran cadena de los fieles. No se puede creer sin estar amparado por la fe de los demás, y con mi fe contribuyo también a ayudar la fe de los demás. La Iglesia necesita de vosotros y vosotros tenéis necesidad de la Iglesia].

Saludo en polaco

Pozdrawiam młodzież z Polski, rodaków błogosławionego Jana Pawła II, inicjatora Światowych Dni Młodzieży. Cieszę się waszą obecnością tu w Madrycie! Życzę wam dobrych dni, dni modlitwy i umocnienia więzi z Jezusem. Niech Boży Duch was prowadzi.

[Traducción española: Saludo a los jóvenes procedentes de Polonia, compatriotas del Beato Juan Pablo II, el iniciador de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Me alegra que estéis aquí en Madrid. Os deseo unos días felices, días de oración y de fortalecimiento de vuestros lazos con Jesús. Que os guíe el Espíritu de Dios].

CEREMONIA DE BIENVENIDA, DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


Majestades, Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,Señores Cardenales,Venerados hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio,Distinguidas Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales, Querido pueblo de Madrid y de España entera


Gracias, Majestad, por su presencia aquí, junto con la Reina, y por las palabras tan deferentes y afables que me ha dirigido al darme la bienvenida. Palabras que me hacen revivir las inolvidables muestras de simpatía recibidas en mis anteriores visitas apostólicas a España, y muy particularmente en mi reciente viaje a Santiago de Compostela y Barcelona. Saludo muy cordialmente a los que estáis aquí reunidos en Barajas, y a cuantos siguen este acto a través de la radio y la televisión. Y también una mención muy agradecida a los que con tanta entrega y dedicación, desde instancias eclesiales y civiles, han contribuido con su esfuerzo y trabajo para que esta Jornada Mundial de la Juventud en Madrid se desarrolle felizmente y obtenga frutos abundantes.

Deseo también agradecer de todo corazón la hospitalidad de tantas familias, parroquias, colegios y otras instituciones que han acogido a los jóvenes llegados de todo el mundo, primero en diferentes regiones y ciudades de España, y ahora en esta gran Villa de Madrid, cosmopolita y siempre con las puertas abiertas.

Vengo aquí a encontrarme con millares de jóvenes de todo el mundo, católicos, interesados por Cristo o en busca de la verdad que dé sentido genuino a su existencia. Llego como Sucesor de Pedro para confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Para impulsar el compromiso de construir el Reino de Dios en el mundo, entre nosotros. Para exhortar a los jóvenes a encontrarse personalmente con Cristo Amigo y así, radicados en su Persona, convertirse en sus fieles seguidores y valerosos testigos.
¿Por qué y para qué ha venido esta multitud de jóvenes a Madrid? Aunque la respuesta deberían darla ellos mismos, bien se puede pensar que desean escuchar la Palabra de Dios, como se les ha propuesto en el lema para esta Jornada Mundial de la Juventud, de manera que, arraigados y edificados en Cristo, manifiesten la firmeza de su fe.

Muchos de ellos han oído la voz de Dios, tal vez solo como un leve susurro, que los ha impulsado a buscarlo más diligentemente y a compartir con otros la experiencia de la fuerza que tiene en sus vidas. Este descubrimiento del Dios vivo alienta a los jóvenes y abre sus ojos a los desafíos del mundo en que viven, con sus posibilidades y limitaciones. Ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad, tanta corrupción. Y saben que sin Dios sería arduo afrontar esos retos y ser verdaderamente felices, volcando para ello su entusiasmo en la consecución de una vida auténtica. Pero con Él a su lado, tendrán luz para caminar y razones para esperar, no deteniéndose ya ante sus más altos ideales, que motivarán su generoso compromiso por construir una sociedad donde se respete la dignidad humana y la fraternidad real. Aquí, en esta Jornada, tienen una ocasión privilegiada para poner en común sus aspiraciones, intercambiar recíprocamente la riqueza de sus culturas y experiencias, animarse mutuamente en un camino de fe y de vida, en el cual algunos se creen solos o ignorados en sus ambientes cotidianos. Pero no, no están solos. Muchos coetáneos suyos comparten sus mismos propósitos y, fiándose por entero de Cristo, saben que tienen realmente un futuro por delante y no temen los compromisos decisivos que llenan toda la vida. Por eso me causa inmensa alegría escucharlos, rezar juntos y celebrar la Eucaristía con ellos. La Jornada Mundial de la Juventud nos trae un mensaje de esperanza, como una brisa de aire puro y juvenil, con aromas renovadores que nos llenan de confianza ante el mañana de la Iglesia y del mundo.

Ciertamente, no faltan dificultades. Subsisten tensiones y choques abiertos en tantos lugares del mundo, incluso con derramamiento de sangre. La justicia y el altísimo valor de la persona humana se doblegan fácilmente a intereses egoístas, materiales e ideológicos. No siempre se respeta como es debido el medio ambiente y la naturaleza, que Dios ha creado con tanto amor. Muchos jóvenes, además, miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro. Hay otros que precisan de prevención para no caer en la red de la droga, o de ayuda eficaz, si por desgracia ya cayeron en ella. No pocos, por causa de su fe en Cristo, sufren en sí mismos la discriminación, que lleva al desprecio y a la persecución abierta o larvada que padecen en determinadas regiones y países. Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública, y silenciando hasta su santo Nombre. Pero yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor. Él no ha tenido reparo en hacerse uno como nosotros y experimentar nuestras angustias para llevarlas a Dios, y así nos ha salvado.

En este contexto, es urgente ayudar a los jóvenes discípulos de Jesús a permanecer firmes en la fe y a asumir la bella aventura de anunciarla y testimoniarla abiertamente con su propia vida. Un testimonio valiente y lleno de amor al hombre hermano, decidido y prudente a la vez, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras legítimas opciones y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias.

Majestad, al reiterar mi agradecimiento por la deferente bienvenida que me habéis dispensado, deseo expresar también mi aprecio y cercanía a todos los pueblos de España, así como mi admiración por un País tan rico de historia y cultura, por la vitalidad de su fe, que ha fructificado en tantos santos y santas de todas las épocas, en numerosos hombres y mujeres que dejando su tierra han llevado el Evangelio por todos los rincones del orbe, y en personas rectas, solidarias y bondadosas en todo su territorio. Es un gran tesoro que ciertamente vale la pena cuidar con actitud constructiva, para el bien común de hoy y para ofrecer un horizonte luminoso al porvenir de las nuevas generaciones. Aunque haya actualmente motivos de preocupación, mayor es el afán de superación de los españoles, con ese dinamismo que los caracteriza, y al que tanto contribuyen sus hondas raíces cristianas, muy fecundas a lo largo de los siglos.

Saludo desde aquí muy cordialmente a todos los queridos amigos españoles y madrileños, y a los que han venido de tantas otras tierras. Durante estos días estaré junto a vosotros, teniendo también muy presentes a todos los jóvenes del mundo, en particular a los que pasan por pruebas de diversa índole. Al confiar este encuentro a la Santísima Virgen María, y a la intercesión de los santos protectores de esta Jornada, pido a Dios que bendiga y proteja siempre a los hijos de España. Muchas gracias.

7 de agosto de 2011

«Quisiera convencer a estos jóvenes de que ser cristiano es algo muy hermoso»

El cardenal Stanislaw Rylko, de 66 años, es un hombre tranquilo y sonriente que desempeña una tarea clave en la Curia vaticana. Como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, es el superior jerárquico de más de 150 movimientos y nuevas comunidades, algunas muy recientes, que llevan a cabo buena parte de la evangelización en el mundo contemporáneo. Es, además, el responsable de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que ha visto nacer de la mano de su amigo y padre espiritual Karol Wojtyla, quien le acogió en el seminario de Cracovia en 1963 y le ordenó sacerdote en 1969. Juan Pablo II le llamó a Roma en 1987 para organizar las Jornadas Mundiales de la Juventud: Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993)… Desde entonces ha sido un colaborador directísimo de Juan Pablo II tanto en la secretaría de Estado como en el Pontificio Consejo para los Laicos, que preside desde el 2003. Ha sido, pues, el máximo responsable de las JMJ de Colonia
(2005), Sydney (2008) y, naturalmente, de la de Madrid.

—Eminencia, esta JMJ es la más conocida mundialmente a través de redes sociales, páginas Web, etc.…
—Sí. Las JMJ se han vuelto parte integrante de la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, estos encuentros con el sucesor de Pedro atraen la atención mundial porque son un gran signo de esperanza, no sólo para la Iglesia sino para el mundo entero.
—¿Qué espera el Papa de la JMJ de Madrid?
—Benedicto XVI da una gran importancia a esta cita en España, es decir, en Europa. En su mensaje de convocatoria el Papa decía que Europa necesita redescubrir sus raíces cristianas y necesita el testimonio de la fe de los jóvenes: una fe llena de entusiasmo frente a los desafíos de la secularización y del laicismo.
—¿Cómo se ha preparado el Santo Padre?
—El Santo Padre es un maestro de la fe y también un maestro de la Palabra, por eso da tanta importancia a los discursos y homilías que pronunciará en Madrid. A mí me impresiona su capacidad de comunicar con los jóvenes, en parte gracias a su larga experiencia como profesor. En cuando al mensaje, recordaré lo que dijo antes de su primera JMJ en Colonia: «Quisiera convencer a estos jóvenes de que ser cristiano es algo muy hermoso». Creo que esto será también su objetivo en Madrid.
—El Papa volvió feliz de Colonia en el 2005 y de Sydney en el 2008. ¿Puede Madrid superar esos éxitos?
—¡Las JMJ no son competiciones deportivas entre unas y otras! Es algo mucho mas serio y mas profundo. Están pensadas como instrumento de evangelización. La Iglesia piensa en todos los jóvenes del mundo pero, al mismo tiempo, en cada uno de los participantes. La JMJ se desarrolla en el corazón de cada joven que participa. Es en esa intimidad interior donde se produce el éxito o el fracaso.
—¿Se puede esperar que el encuentro de Madrid ayude también a los españoles que ya no son jóvenes?
—Las JMJ son un regalo para los jóvenes pero también para toda la Iglesia, que muestra al mundo su rostro juvenil. De cada JMJ se benefician los jóvenes pero también toda la sociedad pues permite ver que los jóvenes de hoy no son tan sólo los que salen en la prensa por motivos penosos como la violencia o la alienación. Hay muchos jóvenes que buscan el sentido más profundo de la vida, y que están dispuestos servir a los demás por amor a Jesucristo.
—Usted es el máximo experto en las JMJ como organizador de las de Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993), y supervisor de las presididas por Benedicto XVI. ¿Cómo ha ido la preparación de la de Madrid?
—La colaboración con el comité organizador de Madrid ha sido excelente. Esto se debe a que España organizó ya una JMJ hace veinte años y a que el cardenal Rouco, que nos acoge ahora, era precisamente arzobispo de Santiago de Compostela en 1989. Le conozco desde entonces. El buen entendimiento y el entusiasmo han sido compartidos al cien por cien.
—En su carta de convocatoria del 6 de agosto del 2010, el Papa recuerda su propia vocación sacerdotal y también sus dudas en los tiempos difíciles de la guerra. ¿Está invitando a reflexionar sobre una posible vocación?
—Me parece que sí. Cada JMJ tiene una fuerte dimensión vocacional pues invita a los jóvenes a ver su vida como un don que reciben del Señor. Es lógico que en este encuentro se plantee la cuestión de «¿Qué quiere el Señor que yo haga de mi vida?». Muchos jóvenes encuentran el momento oportuno para decidirse, ya sea por el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio cristiano. Muchos matrimonios jóvenes me han dicho: «Nuestra boda y nuestra familia es fruto de la JMJ». En Sidney, una ministra del Gobierno australiano me dijo: «Yo soy americana pero conocí a mi marido, que es australiano, precisamente en Czestochowa. Y así hemos creado un matrimonio cristiano y una hermosa familia».
—Hay una novedad en Madrid. El Papa irá al Parque del Retiro a confesar…
—Es un gesto muy significativo. Desde la JMJ de Roma hemos descubierto la importancia de la reconciliación sacramental. La JMJ invita a un cambio de vida y esa conversión recibe la forma sacramental en el sacramento de la Reconciliación, insuficientemente valorado en el mundo occidental.
—Hay también otra primicia: el encuentro del Papa con los profesores jóvenes…
—Esto responde al interés del Santo Padre por mostrar la armonía entre fe y razón, un gran desafío en nuestra época. El testimonio de estos jóvenes investigadores que viven su fe en plena sintonía con su investigación científica ofrece un mensaje muy fuerte a la cultura postmoderna, que a veces excluye la fe por motivos «científicos».
—¿Qué significa el encuentro con los discapacitados?
—Es un momento muy importante. Queremos llevar nuestro mensaje de esperanza a todos los jóvenes, incluidos los enfermos y los discapacitados. Por eso cada JMJ les dedica un encuentro para que se sientan parte de este bellísimo mundo de la juventud cristiana.
—Juan Pablo II, el «inventor» de estas Jornadas vuelve ahora como patrono...
—Vuelve de una forma nueva: como intercesor celestial, como patrono. La JMJ responde a tres apuestas de Juan Pablo II que han sido proféticas para la Iglesia. Apostó por los jóvenes, cuando muchos desconfiaban. Apostó por los grandes encuentros cuando algunos los consideraban demasiado «triunfalistas». Y apostó por poner la Cruz en el centro de la JMJ, yendo a contracorriente de la cultura contemporánea, que detesta la exigencia. Juan Pablo II decía: «Yo soy amigo de los jóvenes, pero soy un amigo exigente». A los jóvenes les gusta que les desafíen.
Fuente: http://www.abc.es/20110807/sociedad/abci-benedicto-entrevista-stanislaw-rylko-201108070004.html

6 de agosto de 2011

CRISTO NO QUITA NADA, LO DA TODO.


La primera quincena de julio, peregriné con la parroquia al norte de Italia. Comenzamos en Milán y acabamos llegando a la ciudad eterna, a la ciudad de la bella Italia, Roma. Ciudad donde millones de Cristianos han derramado su sangre por la fe en el único Dios vivo y verdadero. Para mi, peregrinar a esta ciudad es recordar siempre lo que Cristo hizo en mi vida hace 11 años aproximadamente. Allí el Señor cambió mi vida y cada vez que me pongo en frente de la Basílica de San Pedro del Vaticano supone un renovar mi deseo de ser solamente de Cristo.

Esta experiencia de conversión puede ocurrir en cada uno de vosotros si os fiais de él, si dejáis que él sea quien guie las riendas de vuestra vida. La próxima Jornada Mundial de la Juventud en Madrid puede ser una gran oportunidad para renovar con sinceridad de corazón vuestra entrega generosa a Cristo. Os aseguro que Cristo no defrauda, que Cristo no quita nada sino todo lo contrario nos da lo que necesitamos para vivir cada día.

Nos ha tocado vivir en una sociedad difícil, sociedad que no llena el corazón, que nos deja insatisfecho, que nos hace preguntarnos el ¿Por qué tener que vivir así? Se nos propone cada día un modo de vivir superficial centrado solo en el consumismo, en el dinero y en afán de poseer y de ser, es un afán de querer disfrutar mucho de las cosas y de los otros de manera inmediata y sin ningún esfuerzo, muchas veces con grandes dosis de egoísmo pensando muchas veces en nosotros mismos y no en el bien de los demás. Buscamos nuestros propios gustos y bienestar y no nos damos cuenta de que vivimos en una sociedad conjunta. Una vida así entendida solo produce un gran vacío interior y un gran malestar porque no sacia el corazón del hombre. En el corazón de todo joven hay una gran riqueza interior y una gran capacidad de generosidad. Pero esta capacidad de cosas grandes esta anulada por esta sociedad que intenta quitar a Cristo de en medio y poner el apoyo en el hombre, en la razón, pensando que el hombre por sí solo puede vivir. Cristo nos lo dice muy claramente en el Evangelio “sin mi no podéis hacer nada”.

El papa Juan Pablo II nos ha invitado a los jóvenes a ser Sal de la tierra y Luz del mundo. La función de la sal es dar sabor y la función de la luz es alumbrar. En esta sociedad que vacía al hombre, que hace que el hombre camine en tinieblas, nosotros los cristianos estamos llamados a ser esa luz y esa sal que dé sabor y que muestre al mundo una vida nueva, distinta, marcada no por los criterios mundanos sino por los criterios del Evangelio. Nosotros vivimos en el mundo pero no somos del mundo, somos enviados por el Señor no para proclamar verdades abstractas. El Evangelio no es una teoría o una ideología. El Evangelio es vida. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación”. Si os fuera preguntando a cada uno de vosotros cómo fue vuestra conversión vital a Cristo, seguro que me diríais: Porque viví un acontecimiento (peregrinación, jornada, retiro, campamento...) y me encontré con una persona que me llevó a Cristo. Y ese encuentro con Cristo cambió mi vida. Y me sentí muy feliz porque al fin encontré lo que durante mucho tiempo venía buscando. Y me sucedió lo que a aquel hombre que un día descubrió en el campo un tesoro y vendió todo lo que tenía y no paró hasta poder comprar ese campo y quedarse con el tesoro. Ese campo es la Iglesia. Y ese tesoro es Jesucristo. Y ese hombre eres tú. Y como tú hay muchos jóvenes que buscan también ese tesoro, pero no son capaces de encontrarlo porque lo buscan mal: lo buscan en campos vacíos y estériles.

Ser cristiano es descubrir a Cristo como el gran tesoro de mi vida. Un tesoro que ya nadie me podrá arrebatar. Pero un tesoro que no quiero disfrutar yo sólo. Se puede ser cristiano y moderno a la vez, decía Juan Pablo II. 

Jesucristo es el tesoro que tenemos que llevar a todos los hombres. El os elige y os envía porque os necesita. Necesita brazos y corazones para trabajar en su mies. En nuestras parroquias hay muchos jóvenes que anhelan con toda su alma una vida más digna, más feliz, una vida que les llene más. No os fijéis sólo en lo exterior, en lo que digan o dejen de decir sobre la Iglesia. Hay bastante ignorancia y bastantes tópicos sobre la Iglesia y sobre su mensaje. Fijaos en lo que hay en su interior; fijaos en sus búsquedas, en sus inquietudes y sobre todo en sus profundos deseos de amar y de ser amados; fijaos en el vacío de valores en el que, con mucha frecuencia, se mueven sus vidas y en su gran anhelo, muchas veces no expresado verbalmente, de una vida más auténtica. ¡Ojalá!, el mundo actual que busca, a veces con angustia, a veces con esperanza, pueda así recibir la Buena Noticia, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de evangelizadores, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino y de implantar la Iglesia en el mundo”.

Es fundamental, que ayudéis a vuestra generación a recuperar la unidad interior que está tan amenazada por la falsa cultura de la fragmentación, que produce sujetos débiles tanto en el plano moral como psicológico, y que es fruto de la pervivencia del pecado a través de la Historia. Por eso pedid al Señor los días de la Jornada Mundial que os conceda un verdadero encuentro personal con el Señor para que seáis en medio del mundo Evangelio viviente, que los Santos Patronos de esta jornada mundial intercedan por nosotros en este camino tan bello como es el camino de Santidad.

22 de marzo de 2011

LAS JORNADAS MUNDIALES DE LA JUVENTUD: ENCUENTRO PERSONAL CON CRISTO.

Una de las muchísimas cosas que el papa Juan Pablo II nos ha dejado como legado, han sido sin duda alguna, las Jornadas Mundiales de la Juventud. Estas han sido para toda la Iglesia momentos de gracia y bendición y para muchos jóvenes ocasión de encuentro personal con Cristo y con su Iglesia. En estos encuentros el Señor ha mostrado la vocación a la vida consagrada y al sacerdocio ministerial a muchísimos jóvenes. Las Jornadas mundiales han reunido a muchos chavales que sedientos de Cristo acudían en  busca de respuestas a todos los interrogantes de la vida. Y es que es verdad que solo Cristo tiene palabras de vida eterna que corresponden con lo que el corazón humano desea. Cristo sacia el corazón, quien bebe de su corazón nunca más tendrá sed, porque Él viene a saciar los anhelos del corazón del hombre.

La primera Jornada Mundial de la Juventud tuvo lugar el domingo de Ramos de 1986 en Roma, con Juan Pablo II,  y desde ese momento hasta el día de hoy con Benedicto XVI no se ha dejado de llevar a cabo estos grandes encuentros mundiales.

Los Jóvenes de nuestro tiempo tienen que descubrir que la Iglesia está viva y que viene a transmitir un mensaje joven, un mensaje que sacia el corazón del hombre. Esta Iglesia, que es la Iglesia de Cristo, es joven y necesita la ayuda de la juventud para llevar a los demás el rostro de Cristo.

Muchos de nosotros hemos podido contemplar en estos encuentros el Rosto de Cristo que nos llama al seguimiento. Cristo nos dice a cada uno ¡Sígueme! y en la respuesta a esta invitación está el secreto de la verdadera felicidad. Cristo sale a nuestro encuentro a través del sucesor de Pedro.

Es un error pensar que el Cristianismo es algo desfasado o que es para las personas mayores, el Papa Juan Pablo II, en su visita a España en el 2003 nos recordaba que se puede ser moderno y Cristiano a la vez, no es algo incompatible.  

La juventud está llamada a ser sal y luz de la tierra. Están llamados a anunciar a Aquel que es la única promesa de felicidad, nuestra misión es dar sabor a un mundo que cada día más se apaga debido al pecado. Los jóvenes, en sus lugares de trabajo y estudio, deben iluminar a la luz del Evangelio los sufrimientos de todos los hombres.

El Papa Benedicto XVI visitará España este verano para confirmarnos en la fe, para alentarnos y animarnos en el anuncio del Evangelio, sobre todo en estos momentos en los que se hace difícil y cuesta arriba el anuncio, en que la persecución se hace cada más presente.  A pesar de todo él nos dice resistidle firmes en la fe. La fe no puede apagarla la persecución sino acrecentarla y tenemos que estar arraigados en Cristo Jesús que es la piedra angular. Quien está anclado en Cristo nada tendrá que temer, pues él es quien nos dará la fuerza del Espíritu Santo para resistir al llamamiento del mundo.

Recemos para que este encuentro traiga a España la conversión y que muchísimas personas vuelvan a camino de Cristo Jesús, camino que lleva a la salvación eterna. 

5 de marzo de 2011

¡Seréis luz para el mundo!


Las religiosas de Iesu Communio dan testimonio de lo que para ellas significó en su momento participar en la Jornada Mundial de la Juventud.

18 de octubre de 2010

Arraigados en Cristo


En la convocatoria de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Benedicto invita a los jóvenes a intensificar su camino de fe, a tener unas raíces sólidas sobre las que construir su vida, especialmente hoy, en que parece que vivimos en un mundo donde hay un ‘eclipse de Dios’. Y así, el encuentro de Madrid tendrá por lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7).

¿Dónde están los jóvenes? Pensaba sobre ello esta tarde en Misa, contemplando al resto de los fieles que nos habíamos reunido para asistir al gran Misterio de la Eucaristía. Los más ‘jóvenes’ del lugar rondábamos los cuarenta y tantos. La mayor parte de los presentes superaba los setenta. No os extrañará si os digo que, en mi pueblo, las Misas de la tarde son Misas ‘concelebradas’ entre el sacerdote y varias buenas señoras ancianas que para mí que andan un poco sordas, por lo que, lo que rezan para sí, lo oímos todos. Después de la bendición, el cura nos pidió oraciones para los grupos de jóvenes que a continuación iban a tener una reunión para ir preparando la JMJ. A la salida, me encontré con varios chicos y chicas con guitarras, papeles con letras de canciones, listas de voluntariado, carteles y más material sobre el tema. No digo que todas estas cosas no sean importantes, pero me pregunto si no están dejando de lado lo principal: echar raíces y ‘arraigarse’ a Cristo.

Si algún joven lee esto, no quiero que piense que el entusiasmo sobra. Todo lo contrario. Pero si no queremos que el entusiasmo se quede en algo pasajero, en el ‘viva el Papa, oooeee, viva el Papa, oooeee’, tenemos que empezar a echar raíces desde ya. A prepararnos, los jóvenes y los que ya no lo somos tanto, para que nuestra alegría sea una alegría auténtica de conversión.

Pienso que la mejor preparación es encontrarnos con el Señor en la oración, en la confesión y en la Eucaristía. En este sacramento, no recibimos un regalo de parte del Señor, lo recibimos a Él mismo y pedimos para convertirnos en aquello que hemos recibido de manera que podemos decir con San Pablo: «Vivo, pero no yo; es Cristo quien vive en mí». Lo sé, yo tampoco pretendo comprender este don desde un punto de vista meramente humano; es un gran misterio. Sin embargo, hemos sido invitados a este banquete. El Señor nos dice: «Quien me come, vivirá por Mí». ¿Hay alguna otra fuerza que pueda lograr que vivamos arraigados y edificados en Cristo, y firmes en la fe?

14 de octubre de 2010

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