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10 de julio de 2013

‘Lumen Fidei’, una Celebración de la Vida Cristiana


‘Lumen Fidei’ (Luz de la Fe) es la encíclica que está destinada a coronar el Año de la Fe, que fue convocado por el Papa Benedicto XVI mediante un motu propio llamado ‘Porta Fidei’ (Año de la Fe).  El documento constituye una celebración de la fe, como la luz que guía hacia una vida fructífera, que inspira la devoción a Dios, la acción social e ilumina cada aspecto de la existencia humana, incluyendo la filosofía y las ciencias naturales.

                Con este documento, se completa la trilogía de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, dando seguimiento a las encíclicas que ha publicado anteriormente el Papa Benedicto XVI: Deus Caritas Est (2005) y Caritas in Veritate (2009) sobre la Caridad; y Spe Salvi (2007), sobre la esperanza. La publicación de esta encíclica es uno de los eventos más anticipados del Año de la Fe, que inició en Octubre del 2012. Es por eso que el Papa Francisco escribe: “Estas consideraciones sobre la fe, en línea con todo lo que el Magisterio de la Iglesia ha declarado sobre esta virtud teologal, pretenden sumarse a lo que el Papa Benedicto XVI ha escrito en las Cartas encíclicas sobre la caridad y la esperanza. Él ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones. El Sucesor de Pedro, ayer, hoy y siempre, está llamado a « confirmar a sus hermanos » en el inconmensurable tesoro de la fe, que Dios da como luz sobre el camino de todo hombre”…


20 de mayo de 2013

¿Hay Papas “mejores” que otros?



Últimamente se habla mucho del Santo Padre Francisco desde un plano comparativo con sus antecesores.  Lamento la pobreza de algunas comparaciones. Si usa o no zapatos rojos, si la Cruz que lleva puesta, la silla dónde se sienta, etc.. Hay argumentos para ambos lados de las comparaciones; es decir, algunos podrán decir que la pobreza que demuestra el Santo Padre por no utilizar algunos artículos es ejemplar porque se aleja de lo ostentoso. Otros podrán decir que el desapego a las cosas materiales es la verdadera pobreza y, que seguir con la misma cruz, zapatos, pantalones, etc. puede ser apego ya que nada es nuestro y precisamente dejarlo todo demuestra mayor pobreza en ese desprendimiento de lo material. 
Prácticamente todas esas “cosas” que “usan” los Papas no son de ellos, ¿alguien leyó el testamento del Beato Juan Pablo II?  No fue dueño de nada; se sentó en una silla muy “ostentosa” pero de una forma obediente y humilde. Queda claro que entregó hasta la última gota,  quedó exprimido hasta el final ¿quién no lo recuerda intentando hablar? 

Y ¿qué decir de Benedicto XVI? afrontando con humildad y valentía los numerosos embates, temas complicados y muy mediáticos; su calidad de respuestas, cantidad de trabajo, libros,  escritos, homilías, encíclicas, reuniones… que,  con más de 80 años de edad  entregaba al mundo mostraron el camino a más de mil millones de Católicos; la cantidad de oración detrás de cada palabra escrita, de sacrificio, de esfuerzo contra las limitaciones humanas propias de la edad.  No se necesitan más pruebas para ver el acierto del cónclave en “escuchar” al Espíritu Santo y que Benedicto XVI haya sido y sea para toda la Iglesia el mensajero de Dios que es.
Ahora, con el Papa Francisco,  tenemos ejemplo de Caridad  y de acción, es una invitación para que éste sea el momento de actuar de forma constante, como testigos. El Papa Francisco ha recibido y cultivado unas gracias ejemplares que Dios le ha dado para guiarnos, para seguir buscando a las ovejas extraviadas, para invitarnos y motivarnos a ser Cristianos, a recodar que todo se resume en una relación personal con Cristo y por efecto a las obras, al testimonio.
Me parece que las comparaciones, no van de sillas, oro o bordados más o menos vistosos...  vamos, que se trata de seguir a Cristo.  En Blogueros con el Papa: Desde sus orígenes, Blogueros con el Papa ha perseguido como principal finalidad su unión y apoyo incondicional a la persona del Romano Pontífice y al ministerio por él ejercido. Ésta es al mismo tiempo la nota distintiva de los miembros y la finalidad principal de la Asociación.”
Las redes sociales son un medio actual. Una parte cada vez más integral de nuestra vida y hay que usarlas bien, hay que ahogar con “abundancia de Bien” todo el mal que se hace en ellas. Es una forma de comunicación de hoy y medio de evangelización
El Papa Francisco es el Santo Padre, es quien dirige la barca, escogido por el Espíritu Santo que es Dios mismo, vamos a seguirlo, apoyarlo, escucharlo “incondicionalmente” y con mucha alegría igual que se ha seguido a los anteriores y a los que vengan.  

                                                                                                 Mauricio Traeger Mendoza

7 de mayo de 2013

¿Es justo bautizar a los niños?


En una famosa lectio divina que impartió Benedicto XVI el pasado 12 de junio en san Juan de Letrán, el Papa formuló esta pregunta con la que titulamos este post. Y la respuesta que él ofrece proviene de la razón, no tanto de las fuentes de la Revelación.

Benedicto XVI señala que quien se formula esta pregunta ya no ve en el Bautismo la realidad de un nuevo nacimiento. En el momento en que se establece esta relación entre la vida humana y la sobrenatural, entonces la respuesta -como se suele decir- está cantada. Nadie elige vivir. La vida se nos da y por tanto no se nos pide el consentimiento.

Cabría preguntarse con el Papa:
"¿Es justo dar vida en este mundo sin haber obtenido el consentimiento: quieres vivir o no? ¿Se puede realmente anticipar la vida, dar la vida sin que el sujeto haya tenido la posibilidad de decidir?" 
Y la respuesta no tiene desperdicio, sobre todo por las consecuencias que de ella se derivan:
"Yo diría: sólo es posible y es justo si, con la vida, podemos dar también la garantía de que la vida, con todos los problemas del mundo, es buena, que es un bien vivir, que hay una garantía de esta vida es buena, que está protegida por Dios y que es un verdadero don. Sólo la anticipación del sentido justifica la anticipación de la vida". 
Impresionante. Porque si formulamos esta frase en negativo, entonces cabe decir que cuando falta radicalmente la esperanza, cuando se carece totalmente de un sentido de vida, cuando se vive en el convencimiento de que el mal tiene la última palabra, entonces lo justo sería no dar la vida a nadie. Aquí tenemos una radiografía de la cultura de la muerte. Y una justificación psicológica de esa actitud tan propia del maniqueísmo y del catarismo de todos los tiempos. ¿Les suena? El matrimonio es una institución que perpetuaría el mal en el mundo. El peor pecado consistiría en procrear. A los esposos todo les resultaría lícito salvo la procreación que parece un mal menor: lo mejor sería que no hubiera más niños, pero se tolera que algunos sean tan egoístas que prefieran tenerlos, a pesar de que trayéndolos al mundo se les obliga a vivir una vida sin sentido y sin esperanza... truncada ineluctablemente por la muerte. Sin esperanza de salvación, por tanto, habría que dar la razón a todas estas manifestaciones de la cultura de la muerte que proliferan en la sociedad contemporánea.

El mismo Benedicto XVI sostenía que la muerte no es un castigo con el que Dios condenó a la humanidad como consecuencia del pecado de nuestros primeros padres, sino más bien un acto de misericordia respecto a los descendientes de Adán y Eva, los cuales arrastrarían una existencia miserable e inmortal en un mundo hostil: "la eliminación de la muerte, como también su aplazamiento casi ilimitado, pondría a la tierra y a la humanidad en una condición imposible y no comportaría beneficio alguno para el individuo mismo" (Spes Salvi, 11). Porque no debemos olvidar que "la muerte entró en el mundo por envidia del diablo" (Sab 2, 24). Con el pecado entró la muerte en el mundo: ciertamente podría ser una pena infligida a la humanidad pecadora, pero más bien me inclino a considerarla un don de Dios, una medicina sana, que nos permite reaccionar con humildad. En todo caso, lo que el Papa Benedicto XVI ha querido enseñarnos es que la esperanza de la salvación es clave de la existencia humana. Si no hubiera esa esperanza, sería mejor la muerte que la miserable pervivencia -no se le podría llamar vida-  en este mundo.

Porque hay esperanza, los hombres y mujeres siguen casándose, procreando hijos y educándolos para que sean ciudadanos de provecho y personas de principios. Ese dar la vida no es injusto, precisamente porque se espera que haya un final feliz. Es ciertamente una esperanza humana. No se trata de la virtud teologal de la esperanza cristiana, pero es suficiente para que la procreación pueda ser justificada.

En cambio, los cristianos que bautizan a sus hijos incluso cuando no tienen uso de razón, no sólo tienen esa esperanza humana, sino que en ellos actúa la Esperanza teologal. Así lo explica el Papa en el texto citado más arriba:
"Por lo tanto, el Bautismo de los niños no va contra la libertad; y es necesario darlo, para justificar también el don -de lo contrario discutible- de la vida. Sólo la vida que está en las manos de Dios, en las manos de Cristo, inmersa en el nombre del Dios trinitario, es ciertamente un bien que se puede dar sin escrúpulos". 

Joan Carreras del Rincón 



11 de febrero de 2013

El Papa renuncia ¡Estamos con el Papa!

El Papa renuncia. Estamos con el Papa

Durante el reciente Consistorio de Cardenales el Papa anunció que renuncia al pontificado porque se encuentra falto de fuerzas y por el bien de la Iglesia.

Es una noticia sorprendente por extraordinaria. No ocurría algo parecido desde el año 1415, cuando renunció Gregorio XII.

«Os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice» (fuente).

Han sido ocho años de un pontificado increíblemente fecundo. Benedicto XVI ha sucedido a un gran pontífice: Juan Pablo II el grande. Un pontífice que batió todos los records imaginables de eficacia evangelizadora; un Papa que asombró al mundo por el arrojo y fortaleza de sus primeros años de pontificado, así como por su capacidad de sufrimiento al sobrellevar la enfermedad en sus últimos años. A esto parece aludir Benedicto XVI cuando afirma: "Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando".  Así fueron los últimos años de Juan Pablo II. Fue un ejercicio heroico de las virtudes.

Pero no menos heroico puede ser el acto de renuncia. Las razones que aduce el Papa han sido sopesadas: 
Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
Dos modos muy distintos de reaccionar.

Tan ejemplar es uno como el otro, puesto que en ambos se advierte el gran amor por la Iglesia.

Blogueros con el Papa queremos apoyar a Benedicto XVI, con nuestra oración y con todos los medios a nuestro alcance. En un momento grave que muchos aprovecharán para denostar su figura y lo que ella representa, nos gustaría hacer llegar a todos los rincones del mundo y de la blogosfera estas sencillas palabras:

GRACIAS, BENEDICTO XVI

GRAZIE TANTE, SANTO PADRE.





6 de septiembre de 2012

La Evangelización, fruto y tarea

Hablamos de Nueva Evangelización, pero no es fácil definir con exactitud qué significa "Evangelización". Una vez comprendida esta palabra se puede también entender por qué razón estamos en una "nueva" evangelización. Comparto con vosotros esta voz que he escrito para la wiki de Nupcias de Dios. La reflexión nos servirá para ir preparando el Encuentro de blogueros que tendrá lugar en Santander durante los días 5 a 7 de octubre. 





1. Evangelio y Evangelización

La Evangelización es la tarea y el fruto de la predicación del Evangelio o Buena Noticia. La tarea, porque los cristianos son discípulos de Cristo y han sido enviados por Él hasta los confines de la Tierra: "Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura" (Mc 16, 15). El fruto, porque el Evangelio del Reino tiene una virtud transformadora de la sociedad, que el mismo Jesús expresó con distintas imágenes: la levadura en la masa, la semilla enterrada que da mucho fruto, la construcción de un edificio. La Palabra de Dios es fecunda. 

El Papa Benedicto XVI explica bien qué debe entenderse por Evangelio,  esta palabra griega que literalmente se podría traducir como Buena Noticia, pues se compone de εὐ, «bien» y αγγέλιον, «mensaje»: 

"Recientemente se ha traducido como «Buena Noticia»; sin embargo, aunque suena bien, queda muy por debajo de la grandeza que encierra realmente la palabra «evangelio». Este término forma parte del lenguaje de los emperadores romanos, que se consideraban señores del mundo, sus salvadores, sus libertadores. Las proclamas que procedían del emperador se llamaban «evangelios», independientemente de que su contenido fuera especialmente alegre y agradable. Lo que procede del emperador —ésa era la idea de fondo— es mensaje salvador, no simplemente una noticia, sino transformación del mundo hacia el bien.
Cuando los evangelistas toman esta palabra —que desde entonces se convierte en el término habitual pa ra definir el género de sus escritos—, quieren decir que aquello que los emperadores, que se tenían por dioses, reclamaban sin derecho, aquí ocurre realmente: se trata de un mensaje con autoridad que no es sólo palabra, sino también realidad. En el vocabulario que utiliza hoy la teoría del lenguaje se diría así: el Evangelio no es un discurso meramente informativo, sino operativo; no es simple comunicación, sino acción, fuerza eficaz que penetra en el mundo salvándolo y transformándolo. Marcos habla del «Evangelio de Dios»: no son los emperadores los que pueden salvar al mundo, sino Dios. Y aquí se manifiesta la palabra de Dios, que es palabra eficaz; aquí se cumple realmente lo que los emperadores pretendían sin poder cumplirlo. Aquí, en cambio, entra en acción el verdadero Señor del mundo, el Dios vivo. .El contenido central del «Evangelio» es que el Reino de Dios está cerca. Se pone un hito en el tiempo, sucede algo nuevo. Y se pide a los hombres una respuesta a este don: conversión y fe. El centro de esta proclamación es el anuncio de la proximidad del Reino de Dios; anuncio que constituye realmente el centro de las palabras y la actividad de Jesús. Un dato estadístico puede confirmarlo: la expresión «Reino de Dios» aparece en el Nuevo Testamento 122 veces; de ellas, 99 se encuentran en los tres Evangelios sinópticos y 90 están en boca de Jesús. En el Evangelio de Juan y en los demás escritos del Nuevo Testamento el término tiene sólo un papel marginal. Se puede decir que, mientras el eje de la predicación de Jesús antes de la Pascua es el anuncio de Dios, la cristología es el centro de la predicación apostólica después de la Pascua" (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, p. 27).

2. La Evangelización como tarea

En cuanto tarea, lo principal de la Evangelización es la fidelidad en la comunicación de lo transmitido: no tanto como adecuación perfecta a la doctrina recibida sino más bien como testimonio vital, como seguimiento de una Persona. Los primeros cristianos comprendieron que el cumplimiento de esa misión -"Como el Padre me envió, así también yo os envío a vosotros" (Jn 20, 21)- se reducía a la predicación del kerigma (palabra griega que significa, anuncio o proclama y que ha adquirido un significado técnico. El anuncio de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. "Israelitas, oíd estas palabras: A Jesús el Nazareno, hombre acreditado por Dios ante vosotros por los milagros, signos y prodigios que realizó Dios a través de Él entre vosotros (como bien sabéis), lo matásteis clavándolo por manos impías, entregado conforme al designio previsto y aprobado por Dios. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte (.../..) Por lo tanto, todo Israel esté en lo cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías. (Hch 2, 22-25.36).

En su famoso discurso en Les Bernadins, Benedicto XVI explicaba cuáles fueron los orígenes de la cultura europea, dirigiéndose precisamente al lugar del que ésta surgió.   "A tenor de la historia de las consecuencias del monaquismo cabe decir que, en la gran fractura cultural provocada por las migraciones de los pueblos y el nuevo orden de los Estados que se estaban formando, los monasterios eran los lugares en los que sobrevivían los tesoros de la vieja cultura y en los que, a partir de ellos, se iba formando poco a poco una nueva cultura. ¿Cómo sucedía esto? ¿Qué les movía a aquellas personas a reunirse en lugares así? ¿Qué intenciones tenían? ¿Cómo vivieron?" (Encuentro con el mundo de la cultura, Colegio les Bernardins, París). Lo curioso del caso es que aquellos hombres no pretendieron hacer una cultura nueva ni tampoco preservar o conservar la antigua. Por poco que se piense, esta afirmación de Benedicto XVI es paradójica e importante. Ellos buscaban únicamente a Dios.   Y para encontrarle siguieron el camino que Dios mismo les había dejado en la Tierra: " El camino era su Palabra que, en los libros de las Sagradas Escrituras, estaba abierta ante los hombres. La búsqueda de Dios requiere, pues, por intrínseca exigencia una cultura de la palabra" (loc. cit.). De ese "culto" a la Palabra surgieron la retórica, la gramática, la literatura, la música...  y casi sin darse cuenta de ello habían puesto las bases de una cultura multisecular. 

3. La Evangelización como fruto del Evangelio

Puesto que el Evangelio consiste en la predicación de una Palabra que es por sí misma eficaz, la tarea evangelizadora da su fruto que es principalmente la santidad de quienes la comunican y la de quienes se dejan transformar por ella y, secundariamente, cultura humana. El mismo san Pablo contemplaba la sociedad -el amplio mundo al que él se dirigía- con esta imagen: "Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros campo de Dios, edificio de Dios" (1 Cor 3, 9). La metáfora es interesante, porque en un campo puede repetirse cíclicamente la labor del campo: roturación, arado, siembra, abono, cosecha... 

Así, en la Historia de las civilizaciones pueden advertirse momentos en los que se aprecia el nacimiento, el desarrollo y el declive de las culturas. Quien confunde la Fe con las ideologías podría estar tentado a pensar en términos de "postcristianismo". Sin embargo, el Evangelio de Cristo no se confunde con la cultura. Es más, esa confusión sería fatal para el Evangelio. 

4. Evangelización y cultura

Ya hemos dicho que el primer fruto de la Evangelización es la santidad personal de quienes acogen el Evangelio, y que secundariamente se refleja en las estructuras temporales, puesto que la fe vivida está llamada a convertirse en cultura. Hasta el punto que en una ocasión Juan Pablo II llegó a afirmar que una fe que no se traduce en cultura es una fe muerta. Es una afirmación fuerte que no debe de entenderse de manera personal, sino social: no significa necesariamente que esté muerta la fe personal de los cristianos que viven en un contexto secularizado y ateo y no logran que brille el Evangelio en las costumbres, instituciones, leyes y valores culturales. Eso sí, desde el punto de vista eclesial una situación de este tipo -que es justo la que estamos viviendo en este comienzo de milenio en Occidente- supone un desafío a la Fe vivida por los cristianos. Entiendo que la distinción entre la tarea y el fruto de la Evangelización puede servirnos para enjuiciar de manera justa esta situación. En un momento en que la cultura cristiana -entendiendo por ella la que los cristianos han levantado como un edificio construido pacientemente durante siglos- ha dejado de servir a la Evangelización, no significa que los cristianos que viven en dicha época carezcan de Fe: incluso puede decirse que su esfuerzo por evangelizar (la tarea) puede ser mayor que en otros tiempos: en este sentido, el fruto de la Evangelización se estaría cumpliendo con creces, puesto que en dichos esfuerzos estarían santificándose a sí mismos y a los demás. Sin embargo, el fruto secundario de tal actividad sería todavía inapreciable. Precisamente, en esos momentos es cuando surge la expresión Nueva Evangelización, la cual no sugiere únicamente en que hay que esforzarse de nuevo en Evangelizar -eso sería absurdo, la tarea es permanente y siempre nueva, pues hay que comunicar la Fe a todas las generaciones y a todos los pueblos- sino más bien en que debe conseguirse un nuevo fruto secundario de la predicación del Evangelio, es decir, que se debería conseguir que la Fe se traduzca en cultura que facilite la comprensión del Evangelio a todos cuantos viven en la sociedad. 

En la encíclica Evangelium nutiandi Pablo VI afirmaba: "se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el Bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su infancia, y para otros muchos" (EN 52). He transcrito en negrita las palabras que me han llamado la atención, porque son un tanto equívocas. Pueden interpretarse de distintos modos, pero entiendo precisamente que se está refiriendo a aquellos intelectuales que descubren la incompatibilidad entre lo que enseña la Fe y "la luz distinta de la enseñanza que recibieron en la infancia", es decir, los valores culturales que pertenecen a la cultura realizada por los cristianos en el pasado. En definitiva, se advierte la necesidad de forjar nuevos parámetros culturales que no sean opacos a la Fe, sino que permitan que llegue a todos abundantemente. 

¿Cómo se ha podido llegar a una situación de este tipo? La perplejidad de los cristianos de nuestro tiempo refleja muy bien el estado de los trabajadores del campo que al levantarse una mañana y observar los sembrados: "los siervos del amo de la casa fueron a decirle: 'Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?" (Mt 13, 27). Es evidente que a esa situación se ha llegado no sólo por la apatía, acedia o sueño de los hijos de la luz, sino también por la acción del príncipe de este mundo: "mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue".

Es paradójico: los monjes que forjaron la cultura occidental lo hicieron sin pretenderlo. Buscaban a Dios y lo encontraron y, de paso, facilitaron que la Humanidad se favoreciese de unos frutos culturales que estaban embebidos por la fe que ellos tenían. Ahora podría decirse que ha ocurrido lo contrario. Durante siglos, los hombres han buscado crear una civilización que pudiera llamarse cristiana en virtud de los valores del Evangelio. Quizá llenos de buena intención, la mayoría construía un edificio que pudiera ser coronado por una cruz. Otros quizá pretendían precisamente lo que buscaban: una sociedad sin Dios. Henri de Lubac describió la situación generada por estos últimos en una gran obra: "el drama del humanismo ateo". Unos porque daban a Dios por supuesto y otros porque lo negaban, parece que el fruto de la desidia de los primeros y la actividad decidida de los segundos explica suficientemente la situación en que nos encontramos. 

En definitiva, en la Nueva Evangelización no podemos dar por supuesto a Dios, sino que debemos buscarlo apasionadamente. ¿Cómo? Dejamos la respuesta para otro momento. 

Joan Carreras
Voz Evangelización en la Wiki de Nupcias de Dios.

28 de enero de 2012

La misión del bloguero ante una profunda crisis de fe que vivimos

Benedicto XVI, en la audiencia a los participantes de la sesión plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 27-1-2012, ha hecho hincapié en el problema de la Fe en mundo contemporáneo: 

«Nos encontramos ante una profunda crisis de fe, una pérdida del sentido religioso que constituye el desafío mayor para la Iglesia de hoy. Por tanto, la renovación de la fe debe ser la prioridad en el empeño de la Iglesia entera en nuestros días»

Pero no podemos quedarnos cruzados de brazos ensimismados en nuestra desesperanza: «que el año de la fe contribuya, con la colaboración cordial de todos los miembros del Pueblo de Dios, a hacer a Dios nuevamente presente en este mundo y a abrir a los hombres el acceso a la fe» 

¿Por qué la Fe desaparece de nuestra sociedad? Desde mi punto de vista la principal causa es que Dios aparece como algo innecesario. El ser humano se ha hecho aparentemente autosuficiente y en esa autosuficiencia descansa toda su esperanza. El estado se encarga de nuestro bienestar, la ciencia de nuestro conocimiento, las oportunidades de ocio, de nuestro tiempo libre. En este esquema ¿Dónde cabe Dios? 

El espacio de Dios es nuestra interioridad. Si tenemos vivimos saturados de estímulos y obligaciones ¿que oportunidad tenemos para el silencio y la reflexión? 

Sin duda, estimado lector, pensarás que la capacidad de reflexión se gana con la madurez. Totalmente de acuerdo. Pero la madurez se va retrasando cada vez más. Nuestros jóvenes se hacen cargo de su vida cada vez más tarde. Incluso diría que muchas personas se independizan (si pueden) muchos años después de dejar la juventud. ¿Podemos reclamar madurez a una sociedad en eterna adolescencia? Sabemos que el comportamiento adolescente es rebelde y cuestionador de todo lo que reclama su responsabilidad. 

¿Cómo comunicar la Fe a quien no la necesita e intenta por todos los medios no necesitarla? Cristo nos dijo: 

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mt 11, 28-30) 

Quien está cansado, necesita donde reponer las fuerzas. Quien siente el vació de la ausencia de sentido, será quien tome el yugo que Cristo nos ofrece y se dará cuenta de la suavidad que tiene y lo ligera que es la carga. 

Quizás los esfuerzos evangelizadores deberían de buscar a las almas que son capaces de entender el la anterior frase de Cristo. Los blogueros tenemos la posibilidad de encontrarnos con este tipo de buscadores cansados del sinsentido de su vida. Seamos especialmente receptivos con ellos.

Néstor Mora

18 de enero de 2012

En qué consiste la Semana por la Unidad de los Cristianos

Durante la audiencia general el Papa explicó en qué consiste la Semana de oración por la unidad de los cristianos que comienza hoy y que la Iglesia católica y otras confesiones cristianas conmemoran todos los años desde hace más de un siglo.



Fuente: www.romereports.com



11 de diciembre de 2011

ADVIENTO


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Audacia y delicadeza: dos claves para el Adviento



Benedicto XVI - Card. Joseph Ratzinger


El siguiente texto corresponde a una homilía del todavía Cardenal Ratzinger, en la que el actual Papa ensaya una reflexión sobre el Adviento, como espera, que golpea al hombre y le exige a éste audacia: la audacia de ir al encuentro de la misteriosa presencia de Dios.


Desde tiempos remotos la liturgia de la Iglesia ha encabezado el Adviento con un salmo en que el Adviento de Israel, la inconmensurable espera de ese pueblo, halla una expresión condensada: «Hacia ti, Señor, elevo el alma mía, en ti, mi Dios, confío» (Sal 25 [24], 1). Tal vez esta frase nos resulte trillada y gastada, puesto que ya estamos desacostumbrados a las aventuras que llevan a los hombres hacia su propia interioridad. Mientras que nuestros mapas se han hecho cada vez más completos, el interior del hombre se ha convertido cada vez más en terra incógnita, a pesar de que en él habría que hacer descubrimientos aún mayores que en el universo visible.

«Hacia ti, Señor, elevo el alma mía»: el sentido dramático que subyace en este versículo se me ha hecho consciente de manera renovada en estos días al leer el relato que publicara el escritor francés Julien Creen sobre el camino de su conversión a la Iglesia católica. Creen narra que en su juventud se hallaba atrapado por los «placeres de la carne». No tenía convicción religiosa alguna que pudiese haberle servido de contención. Y sin embargo, hay en su experiencia algo notable: de cuando en cuando entraba en una iglesia, impulsado por el anhelo -que él no se admitía a sí mismo- de verse súbitamente liberado. «No hubo milagro alguno», continúa Green, «pero sí, desde la lejanía, el sentimiento de una presencia.» Esa presencia tenía algo cálido y prometedor para él, pero todavía le molestaba la idea de que para su salvación tuviese que pertenecer, por ejemplo, a la Iglesia.

Quería la presencia de lo nuevo, pero la quería sin renuncias, casi como por autodeterminación y sin ninguna imposición. Es así como se encontró con la religiosidad india y esperó encontrar a través de ella un camino mejor. No obstante, no faltó la decepción, e inició su búsqueda en la Biblia. Y con tanta intensidad la llevó a cabo que comenzó a aprender hebreo tutelado por un rabino. Un día le dijo el rabino: «El próximo jueves no vendré, pues es feriado». «¿Feriado?», preguntó Green sorprendido. «Es la fiesta de la Ascensión -¿Tendré que decírselo yo a usted?-», fue la respuesta del rabbi. En ese momento, el joven buscador se sintió alcanzado como por un rayo: era como si sobre él llovieran fragorosas las palabras del profeta. «Yo era Israel», dice Green, «a quien Dios clamaba, suplicante, que regresara a El. Sentía que para mí regía la frase: "Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo,- Israel no conoce, mi pueblo no entiende"» (Is 1,3).

Una experiencia tal de la verdad de la Escritura en nosotros mismos sería el Adviento. Esto es lo que quiere significar el versículo del salmo que nos habla de elevar el corazón, un versículo que puede pasar de moneda desgastada a algo novedoso y grande, en una aventura, si uno comienza a adentrarse en su verdad.

Lo que Julien Green cuenta de su agitada juventud reproduce de una forma asombrosamente precisa la lucha a la que también se ve expuesto nuestro tiempo. Es la obviedad del tráfago de la vida moderna, que por un lado nos parece la forma imprescindible de nuestra libertad, pero que al mismo tiempo sentimos como una esclavitud de la que lo mejor sería que nos librara un milagro -pero ciertamente no el camino de la Iglesia, que ha pasado de moda y no nos parece digno de consideración alguna como alternativa: antes que él cuenta en todo caso el extraño atractivo de religiones exóticas-, Y sin embargo, algo decisivo acontece ya en el hecho de no pisotear el anhelo de liberación y que, de cuando en cuando, ese anhelo pueda ejercer su acción en momentos de silencio vividos en la iglesia. Tal disposición a exponerse a una presencia misteriosa, a aceptar lentamente esa presencia, a dejarla entrar en uno mismo, es lo que hace que se dé el Adviento: una primera luz en medio de la noche, por oscura que sea.

En algún momento se hará pasmosamente claro: sí, yo soy Israel. Yo soy el buey que no conoce a su dueño. Y cuando entonces descendemos, estremecidos, del pedestal de nuestra soberbia, sucede lo que dice el salmista: el corazón se eleva, gana altura, y la presencia oculta de Dios penetra más hondamente en nuestra enmarañada vida. Adviento no es ningún milagro súbito, como prometen los predicadores de la revolución y los mensajeros de nuevos caminos de salvación. Dios actúa para con nosotros de forma muy humana, nos conduce paso a paso y nos espera. Los días del Adviento son como una llamada silenciosa a la puerta de nuestra sepultada alma para que tengamos la audacia de ir al encuentro de la presencia misteriosa de Dios, lo único capaz de liberarnos. 

El texto está extraído de la obra reunida por la Editorial Herder, bajo el título: "El resplandor de Dios en nuestro tiempo. Meditaciones del año litúrgico"

4 de agosto de 2011

EL VERANO, TIEMPO PARA PROFUNDIZAR EN LA AMISTAD CON EL SEÑOR.


Hace unos meses, en las audiencias finales antes del verano, el Papa nos dijo que en el verano debíamos profundizar no solo en la amistad con los demás sino profundizar y adentrarnos en la amistad con Dios.

En la audiencia de este miércoles que ha tenido lugar en Castel Galdolfo, el Santo Padre nos ha invitado a profundizar en esta amistad con Dios a través de la lectura de algunos de los libros de la Biblia o a través de uno de los cuatro Evangelios.

Muchas veces los cristianos tenemos un conocimiento muy pobre y superficial de la Biblia, debemos empaparnos cada día de la Palabra de Dios para que el corazón no lo pongamos en los criterios del mundo, en las cosas superficiales, sino que lo  pongamos en las cosas del cielo, que día tras días vayamos asumiendo en nuestra vida los criterios evangélicos que corresponden con lo que nuestro corazón anhela. 

Algunos de estos libros que el Papa nos invita a leer son:

El libro de Tobías
El libro de Ester
El libro de Rut
El libro del Eclesiastés

Que la Palabra de Dios que se hizo carne en medio de nosotros, habite verdaderamente en nuestros corazones.




1 de junio de 2011

“Para que los sacerdotes, unidos al Corazón de Cristo, siempre sean verdaderos testigos del amor solícito y misericordioso de Dios”.

Dentro de unos días hará un año que Benedicto XVI clausuró el año sacerdotal en Roma. Ha sido un año muy duro para el Santo Padre y para todos los sacerdotes, pero tenemos que decir que ha sido un año de gracia y florecimiento para todos.

Primeramente hemos dado gracias a Dios por nuestra vocación y hemos renovado nuestro deseo, ante el Señor, de ser santos, porque a pesar de nuestra debilidad sigue llamando a hombres de este mundo para el ejercicio del ministerio sacerdotal.

Durante todo este año la Iglesia, consciente de la misión y de la necesidad del sacerdote, ha estado suplicando en la oración y en la Eucaristía por la santidad y perseverancia de todos aquellos que se están preparando en los seminarios y por aquellos que ya están ejerciendo el ministerio en el mundo como sacerdotes.

Nosotros, por nuestra parte, también hemos suplicado al Padre del Cielo que nos conceda un corazón sacerdotal como el suyo, que nos enseñe a ser verdaderos sacerdotes, que nos conceda las mismas actitudes de su corazón, para que de esta forma seamos testigos valientes de su misericordia en el mundo y nunca seamos impedimento alguno para que otras personas se acerquen a este Corazón que mana.

En las intenciones del Santo Padre para este mes de junio, mes dedicado al Sagrado Corazón, ha pedido a todos los cristianos que recen por la santidad y fidelidad de todos los sacerdotes y lo ha pedido de esta forma: “Para que los sacerdotes, unidos al Corazón de Cristo, siempre sean verdaderos testigos del amor solícito y misericordioso de Dios”.

Pidamos al dueño de la mies que envíe obreros a su mies, que envíe sacerdotes santos según su corazón para que en todos los rincones de la tierra suene la Palabra del Evangelio que corresponde con lo que el corazón humano busca y desea. 

26 de abril de 2011

¿Cómo podemos encontrar al Señor y hacernos cada vez más sus auténticos testigos?

Estas son las palabras que dirigió Benedicto XVI este "Lunes del Ángel" (Lunes de Resurrección), en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, al rezar la oración mariana del Regina Caeli junto a varios miles de peregrinos.


Queridos hermanos y hermanas:

Surrexit Dominus vere! Alleluja! La Resurrección del Señor implica una renovación de nuestra condición humana. Cristo ha vencido la muerte, causada por nuestro pecado y nos devuelve la vida inmortal. De este acontecimiento brota toda la vida de la Iglesia y la existencia misma de los cristianos. Lo leemos precisamente hoy: Lunes del Ángel, en el primer discurso misionero de la Iglesia naciente: "A este Jesús- proclama el apóstol Pedro- Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen" (Hechos 2, 32-33). Uno de los signos característicos de la fe en la resurrección es el saludo entre los cristianos en el tiempo pascual, inspirado en el antiguo himno litúrgico: "¡Cristo ha resucitado! ¡ Verdaderamente, ha resucitado¡". Es una profesión de fe y un compromiso de vida, tal y como les sucedió a las mujeres descritas en el Evangelio de san Mateo: "De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alegraos". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron ante él. Y Jesús les dijo: "No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán" (Mateo 28, 9-10). "Toda la Iglesia --escribe el siervo de Dios Pablo VI-- recibe la misión de evangelizar, y la obra de cada uno es importante para el todo. Esta queda como un signo junto a lo opaco y luminoso de una nueva presencia de Jesús, de su partida y de su permanencia. Esta la prolonga y lo continúa" (exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, 8 diciembre 1975, 15: AAS 68, 14)

¿Cómo podemos encontrar al Señor y hacernos cada vez más sus auténticos testigos? San Máximo de Turín afirma: "Quien quiere alcanzar al Salvador, primero lo debe poner con la propia fe a la derecha de la divinidad y colocarlo con la persuasión del corazón en los cielos", por lo tanto, debe aprender a dirigir constantemente la mirada de la mente y del corazón hacia lo alto de Dios, donde Cristo ha resucitado. Entonces, en la oración, en la adoración, Dios encuentra al hombre. El teólogo Romano Guardini observa que "la adoración no es algo accesorio, secundario....se trata del interés último, del sentido y del ser. En la adoración el hombre reconoce aquello que vale en sentido puro, simple, y santo". Sólo si sabemos dirigirnos a Dios, rezarle, nosotros podemos descubrir el significado más profundo de nuestra vida y el camino cotidiano es iluminado por la luz del Resucitado.

Queridos amigos, la Iglesia, en Oriente y en Occidente, hoy festeja a San Marcos evangelista, sabio anunciador del Verbo y escritor de las doctrinas de Cristo, como era definido en la antigüedad. Él es también patrono de la ciudad de Venecia, adonde, si Dios quiere, iré en visita pastoral el 7 y 8 de mayo próximo. Invoquemos ahora a la Virgen María, para que nos ayude a cumplir fielmente y con alegría la misión que el Señor Resucitado confía a cada uno de nosotros.

23 de abril de 2011

RESPUESTAS DEL PAPA A PREGUNTAS EN UN PROGRAMA DE TELEVISIÓN

-Santo Padre, quiero agradecerle su presencia que nos llena de alegría y nos ayuda a recordar que hoy es el día en que Jesús demuestra su amor de la manera más radical, muriendo en la cruz como inocente. Precisamente sobre el tema del dolor inocente es la primera pregunta que viene de una niña japonesa de siete años, que le dice: "me llamo Elena, soy japonesa y tengo siete años. Tengo mucho miedo porque la casa en la que me sentía segura ha temblado mucho, y porque muchos niños de mi edad han muerto. No puedo ir a jugar al parque. Quiero preguntarle: ¿por qué tengo que pasar tanto miedo? ¿por qué los niños tienen que sufrir tanta tristeza? Le pido al Papa, que habla con Dios, que me lo explique".


--Benedicto XVI: Querida Elena, te saludo con todo el corazón. También yo me pregunto: ¿por qué es así? ¿Por qué tenéis que sufrir tanto, mientras otros viven cómodamente? Y no tenemos respuesta, pero sabemos que Jesús ha sufrido como vosotros, inocentes, que Dios verdadero se muestra en Jesús, está a vuestro lado. Esto me parece muy importante, aunque no tengamos respuestas, aunque permanezca la tristeza: Dios está a vuestro lado, y tenéis que estar seguros de que esto os ayudará. Y un día podremos comprender por qué ha sucedido esto. En este momento me parece importante que sepáis que "Dios me ama", aunque parezca que no me conoce. No, me ama, está a mi lado, y tenéis que estar seguros de que en el mundo, en el universo, hay muchas personas que están a vuestro lado, que piensan en vosotros, que hacen todo lo que pueden por vosotros, para ayudaros. Y ser conscientes de que, un día, yo comprenderé que este sufrimiento no era algo vacío, no era inútil, sino que detrás del sufrimiento hay un proyecto bueno, un proyecto de amor. No es una casualidad. Siéntete segura. Estamos a tu lado, al lado de todos los niños japoneses que sufren, queremos ayudaros con la oración, con nuestros actos, y debéis estar seguros de que Dios os ayuda. Y de este modo rezamos juntos para que os llegue la luz cuanto antes.

--La segunda pregunta nos pone delante de un calvario, porque se trata de una madre que está junto a la cruz de un hijo. Es italiana, se llama María Teresa y le pregunta: "Santidad, el alma de mi hijo, Francesco, en estado vegetativo desde el día de Pascua del 2009, ¿ha abandonado su cuerpo, dado que está totalmente inconsciente, o está todavía en él?

--Benedicto XVI: Ciertamente el alma está todavía presente en el cuerpo. La situación es algo así como la de una guitarra que tiene las cuerdas rotas y que no se puede tocar. Así también el instrumento del cuerpo es frágil, vulnerable, y el alma no puede "tocar", por decirlo en algún modo, pero sigue presente. Estoy también seguro de que este alma escondida siente en profundidad vuestro amor, a pesar de que no comprende los detalles, las palabras, etc., pero siente la presencia del amor. Y por esto vuestra presencia, queridos padres, querida mamá, junto a él, horas y horas cada día, es un verdadero acto de amor muy valioso, porque esta presencia entra en la profundidad de esta alma escondida y vuestro acto es un testimonio de fe en Dios, de fe en el hombre, de fe, digamos de compromiso a favor de la vida, de respeto por la vida humana, incluso en las situaciones más trágicas. Por esto os animo a proseguir, sabiendo que hacéis un gran servicio a la humanidad con este signo de confianza, con este signo de respeto de la vida, con este amor por un cuerpo lacerado, un alma que sufre.

--La tercera pregunta nos lleva a Irak, entre los jóvenes de Bagdad, cristianos perseguidos que le envían esta pregunta: "Saludamos al Santo padre desde Irak --dicen--. Nosotros, cristianos de Bagdad, somos perseguidos como Jesús. Santo Padre, ¿cómo podemos ayudar a los miembros de nuestra comunidad cristiana para que se replanteen el deseo de emigrar a otros países, convenciéndoles de que marcharse no es la única solución?

--Benedicto XVI: Quisiera en primer lugar saludar con todo el corazón a todos los cristianos de Irak, nuestros hermanos, y tengo que decir que rezo cada día por los cristianos de Irak. Son nuestros hermanos que sufren, como también en otras tierras del mundo, y por esto los siento especialmente cercanos a mi corazón y, en la medida de nuestras posibilidades, tenemos que hacer todo lo posible para que puedan resistir a la tentación de emigrar, que --en las condiciones en las que viven-- resulta muy comprensible. Diría que es importante que estemos cerca de vosotros, queridos hermanos de Irak, que queramos ayudaros y cuando vengáis, recibiros realmente como hermanos. Y naturalmente, las instituciones, todos los que tienen una posibilidad de hacer algo por Irak, deben hacerlo. La Santa Sede está en permanente contacto con las distintas comunidades, no sólo con las comunidades católicas, sino también con las demás comunidades cristianas, con los hermanos musulmanes, sean chiíes o sunníes. Y queremos hacer un trabajo de reconciliación, de comprensión, también con el gobierno, ayudarle en este difícil camino de recomponer una sociedad desgarrada. Porque este es el problema, que la sociedad está profundamente dividida, lacerada, ya no tienen esta conciencia: "Nosotros somos en la diversidad, un pueblo con una historia común, en el que cada uno tiene su sitio". Y tienen que reconstruir esta conciencia que, en la diversidad, tienen una historia común, una común determinación. Y nosotros queremos, en diálogo precisamente con los distintos grupos, ayudar al proceso de reconstrucción y animaros a vosotros, queridos hermanos cristianos de Irak, a tener confianza, a tener paciencia, a tener confianza en Dios, a colaborar en este difícil proceso. Tened la seguridad de nuestra oración.

--La siguiente pregunta es de una mujer musulmana de Costa de Marfil, un país en guerra desde hace años. Esta señora se llama Bintú y envía un saludo en árabe que se puede traducir de este modo: "Que Dios esté en medio de todas las palabras que nos diremos y que Dios esté contigo". Es una frase que utilizan al empezar un diálogo. Y después prosigue en francés: "Querido Santo Padre, aquí en Costa de Marfil, hemos vivido siempre en armonía entre cristianos y musulmanes. A menudo las familias están formadas por miembros de ambas religiones; existe también una diversidad de etnias, pero nunca hemos tenido problemas. Ahora todo ha cambiado: la crisis que vivimos, causada por la política, esta sembrando divisiones. ¡Cuántos inocentes han perdido la vida! ¡Cuántos refugiados, cuántas madres y cuántos niños traumatizados! Los mensajeros han exhortado a la paz, los profetas han exhortado a la paz. Jesús es un hombre de paz. Usted, en cuanto embajador de Jesús, ¿qué aconsejaría a nuestro país?"

--Benedicto XVI: Quiero contestar al saludo: que Dios esté también contigo, y siempre te ayude. Y tengo que decir que he recibido cartas desgarradoras de Costa de Marfil, donde veo toda la tristeza, la profundidad del sufrimiento, y me entristece porque podemos hacer tan poco. Siempre podemos hacer algo: orar con vosotros, y en la medida de lo posible, hacer obras de caridad, y sobre todo queremos colaborar, según nuestras posibilidades, en los contactos políticos, humanos. He encargado al cardenal Tuckson, que es presidente de nuestro Consejo de Justicia y Paz, que vaya a Costa de Marfil e intente mediar, hablar con los diversos grupos, con las distintas personas, para facilitar un nuevo comienzo. Y sobre todo queremos hacer oír la voz de Jesús, en el que usted también cree como profeta. Él era siempre el hombre de la paz. Se podía pensar que, cuando Dios vino a la tierra, lo haría como un hombre de gran fuerza, que destruiría las potencias adversarias, que sería un hombre de una fuerte violencia como instrumento de paz. Nada de esto: vino débil, vino solo con la fuerza del amor, sin ningún tipo de violencia hasta ir a la cruz. Y esto nos muestra el verdadero rostro de Dios, y que la violencia no viene nunca de Dios, nunca ayuda a producir cosas buenas, sino que es un medio destructivo y no es el camino para salir de las dificultades. Es una fuerte voz contra todo tipo de violencia. Invito apremiantemente a todas las partes a renunciar a la violencia, a buscar las vías de la paz. Para la recomposición de vuestro pueblo no podéis usar medios violentos, aunque penséis que tenéis razón. El único camino es la renuncia a la violencia, volver a entablar el diálogo, tratar de encontrar juntos la paz, una nueva atención de los unos a los otros, la nueva disponibilidad para abrirse el uno al otro. Y este, querida señora, es el verdadero mensaje de Jesús: buscad la paz con los medios de la paz y abandonad la violencia. Rezamos por vosotros para que todos los componentes de vuestra sociedad sientan esta voz de Jesús y así vuelva la paz y la comunión.

--Santo Padre, la próxima pregunta es sobre el tema de la muerte y la resurrección de Jesús y llega desde Italia. Se la leo: "Santidad: ¿Qué hizo Jesús en el tiempo que separó a la muerte de la resurrección? Y, ya que en el Credo se dice que Jesús después de la muerte descendió a los infiernos: ¿Podemos pensar que es algo que nos pasará también a nosotros, después de la muerte, antes de ascender al Cielo?

--Benedicto XVI: En primer lugar, este descenso del alma de Jesús no debe imaginarse como un viaje geográfico, local, de un continente a otro. Es un viaje del alma. Hay que tener en cuenta que el alma de Jesús siempre está en contacto con el Padre, pero al mismo tiempo, este alma humana abraza hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido baja a las profundidades, hasta los perdidos, hasta todos aquellos que no han alcanzado la meta de sus vidas, y trasciende así los continentes del pasado. Este descenso del Señor a los infiernos significa, sobre todo, que Jesús alcanza también el pasado, que la eficacia de la redención no comienza en el año cero o en el año treinta, sino que llega al pasado, abarca el pasado, a todas las personas de todos los tiempos. Dicen los Padres de la Iglesia, con una imagen muy hermosa, que Jesús toma de la mano a Adán y Eva, es decir a la humanidad, y la encamina hacia adelante, hacia las alturas. Y así crea el acceso a Dios, porque el hombre, por sí mismo, no puede elevarse a la altura de Dios. Jesús mismo, siendo hombre, tomando de la mano al hombre, abre el acceso. ¿Qué acceso? La realidad que llamamos cielo. Así, este descenso a los infiernos, es decir, a las profundidades del ser humano, a las profundidades del pasado de la humanidad, es una parte esencial de la misión de Jesús, de su misión de Redentor y no se aplica a nosotros. Nuestra vida es diferente, el Señor ya nos ha redimido y nos presentamos al Juez, después de nuestra muerte, bajo la mirada de Jesús, y esta mirada en parte será purificadora: creo que todos nosotros, en mayor o menor medida, necesitaremos ser purificados. La mirada de Jesús nos purifica y además nos hace capaces de vivir con Dios, de vivir con los santos, sobre todo de vivir en comunión con nuestros seres queridos que nos han precedido.

--También la siguiente pregunta es sobre el tema de la resurrección y viene de Italia: "Santidad, cuando las mujeres llegan al sepulcro, el domingo después de la muerte de Jesús, no reconocen al Maestro, lo confunden con otro. Lo mismo les pasa a los apóstoles: Jesús tiene que enseñarles las heridas, partir el pan para que le reconozcan precisamente por sus gestos. El suyo es un cuerpo real de carne y hueso, pero también un cuerpo glorioso. El hecho de que su cuerpo resucitado no tenga las mismas características que antes, ¿qué significa? ¿Y qué significa, exactamente, "cuerpo glorioso? Y en nuestra resurrección, ¿nos sucederá lo mismo?".

--Benedicto XVI: Naturalmente, no podemos definir el cuerpo glorioso porque está más allá de nuestra experiencia. Sólo podemos interpretar algunos de los signos que Jesús nos dio para entender, al menos un poco, hacia donde apunta esta realidad. El primer signo: el sepulcro está vacío. Es decir, Jesús no abandonó su cuerpo a la corrupción, nos ha enseñado que también la materia está destinada a la eternidad, que resucitó realmente, que no ha quedado perdido. Jesús asumió también la materia, de manera que la materia está también destinada a la eternidad. Pero asumió esta materia en una nueva forma de vida, este es el segundo punto: Jesús ya no vuelve a morir, es decir: está más allá de las leyes de la biología, de la física, porque los sometidos a ellas mueren. Por lo tanto hay una condición nueva, diversa, que no conocemos, pero que se revela en lo sucedido a Jesús, y esa es la gran promesa para todos nosotros de que hay un mundo nuevo, una nueva vida, hacia la que estamos encaminados. Y, estando ya en esa condición, para Jesús es posible que los otros lo toquen, puede dar la mano a sus amigos y comer con ellos, pero, sin embargo está más allá de las condiciones de la vida biológica, como la que nosotros vivimos. Y sabemos que, por una parte, es un hombre real, no un fantasma, vive una vida real, pero es una vida nueva que ya no está sujeta a la muerte y esa es nuestra gran promesa. Es importante entender esto, al menos por lo que se pueda, con el ejemplo de la Eucaristía: en la Eucaristía, el Señor nos da su cuerpo glorioso, no nos da carne para comer en sentido biológico; se nos da Él mismo; lo nuevo que es Él , entra en nuestro ser hombres y mujeres, en el nuestro, en mi ser persona, como persona y llega a nosotros con su ser, de modo que podemos dejarnos penetrar por su presencia, transformarnos en su presencia. Es un punto importante, porque así ya estamos en contacto con esta nueva vida, este nuevo tipo de vida, ya que Él ha entrado en mí, y yo he salido de mí y me extiendo hacia una nueva dimensión de vida. Pienso que este aspecto de la promesa, de la realidad que Él se entrega a mí y me hace salir de mí mismo, me eleva, es la cuestión más importante: no se trata de descifrar cosas que no podemos entender sino de encaminarnos hacia la novedad que comienza, siempre, de nuevo, en la Eucaristía.


--Santo Padre, la última pregunta es sobre María. A los pies de la cruz, hay un conmovedor diálogo entre Jesús, su madre y Juan, en el que Jesús dice a María: "He aquí a tu hijo" y a Juan : "He aquí a tu madre". En su último libro, "Jesús de Nazaret", lo define como "una disposición final de Jesús". ¿Cómo debemos entender estas palabras? ¿Qué significado tenían en aquel momento y que significado tienen hoy en día? Y ya que estamos hablando de confianza. ¿Piensa renovar una consagración a la Virgen en el inicio de este nuevo milenio?

--Benedicto XVI: Estas palabras de Jesús son ante todo un acto muy humano. Vemos a Jesús como un hombre verdadero que lleva a cabo un gesto de verdadero hombre: un acto de amor por su madre confiándola al joven Juan para que esté tranquila. En aquella época en Oriente una mujer sola se encontraba en una situación imposible. Confía su madre a este joven y a él le confía su madre. Jesús realmente actúa como un hombre con un sentimiento profundamente humano. Me parece muy hermoso, muy importante que antes de cualquier teología veamos aquí la verdadera humanidad, el verdadero humanismo de Jesús. Pero por supuesto este gesto tiene varias dimensiones, no atañe sólo a ese momento: concierne a toda la historia. En Juan, Jesús confía a todos nosotros, a toda la Iglesia, a todos los futuros discípulos a su madre y su madre a nosotros. Y esto se ha cumplido a lo largo de la historia: la humanidad y los cristianos han entendido cada vez más que la madre de Jesús es su madre. Y cada vez más personas se han confiado a su madre: basta pensar en los grandes santuarios, en esta devoción a María, donde cada vez más la gente siente: "Esta es la madre." E incluso algunos que casi tienen dificultad para llegar a Jesús en su grandeza de Hijo de Dios, se encomiendan a su madre sin dificultad. Algunos dicen: "Pero eso no tiene fundamento bíblico". Aquí me gustaría responder con San Gregorio Magno: "En la medida que se leen -dice--, crecen las palabras de la Escritura." Es decir, se desarrollan en la realidad, crecen , y cada vez más en la historia se difunde esta Palabra. Todos podemos estar agradecidos porque la Madre es una realidad, a todos nos han dado una madre. Y podemos dirigirnos con mucha confianza a esta madre, que para cada cristiano es su Madre. Por otro lado la madre es también expresión de la Iglesia. No podemos ser cristianos solos, con un cristianismo construido según mis ideas. La madre es imagen de la Iglesia, de la madre Iglesia y confiándonos a María, también tenemos que encomendarnos a la Iglesia, vivir la Iglesia, ser Iglesia con María.

Toco ahora al tema de la consagración: los papas --Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II-- hicieron un gran acto de consagración a la Virgen María y creo que , como gesto ante la humanidad, ante María misma, fue muy importante. Yo creo que ahora es importante interiorizar ese acto, dejar que nos penetre, para realizarlo en nosotros mismos. Por eso he visitado algunos de los grandes santuarios marianos del mundo: Lourdes, Fátima, Czestochowa, Altötting ..., siempre con el fin de hacer concreto, de interiorizar ese acto de consagración, para que sea realmente un acto nuestro. Creo que el acto grande, público, ya se ha hecho. Tal vez algún día habrá que repetirlo, pero por el momento me parece más importante vivirlo, realizarlo, entrar en esta consagración para hacerla verdaderamente nuestra. Por ejemplo, en Fátima, me di cuenta de cómo los miles de personas presentes eran conscientes de esa consagración, se habían encomendado, encarnándola en sí mismos, para sí mismos. Así esa consagración se hace realidad en la Iglesia viva y así crece también la Iglesia. La entrega a María, el que todos nos dejemos penetrar y formar por esa presencia, el entrar en comunión con María, nos hace Iglesia, nos hace, junto con María, realmente esposa de Cristo. De modo que, por ahora, no tengo intención de una nueva consagración pública, pero sí quisiera invitar a todos a unirse a esa consagración que ya está hecha, para que la vivamos verdaderamente día tras día y crezca así una Iglesia realmente mariana que es madre, esposa e hija de Jesús.

25 de marzo de 2011

11 preguntas sobre Jesús de Nazaret

El último libro del Papa en formato preguntas y respuestas
jesus_de_nazaret-2Madrid, 15 de marzo de 2011.- Benedicto XVI ha escrito el segundo volumen sobre Jesucristo: ‘Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección’. Esta segunda parte está centrada en la pasión y resurrección de Jesús. Si bien se trata de un libro de  rigurosa investigación teológica, se plantean también las preguntas interesantes para todo cristiano: ¿es Jesús Dios?, ¿Qué importancia tiene la resurrección de Jesús?, ¿por qué Dios no se reveló a los poderosos del mundo, y sólo a un pequeño grupo de discípulos?, ¿qué sentido tiene la confesión?...

El periodista Marc Argemí ha resumido el nuevo libro del Papa en un formato de preguntas y respuestas. Aquí te ofrecemos 11 de ellas. (Fuente: Marc Argemí http://bxvi.wordpress.com)

1.    ¿Qué busca Joseph Ratzinger-Benedicto XVI con este nuevo libro?
“Podría decirse, exagerando un poco, que quería encontrar al Jesús real (…) he tratado de desarrollar una mirada al Jesús de los Evangelios, un escucharle a él que pudiera convertirse en un encuentro; pero también, en la escucha en comunión con los discípulos de Jesús de todos los tiempos, llegar a la certeza de la figura realmente histórica de Jesús”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Madrid 2011, Ediciones Encuentro. Página 9

2.    ¿Es Jesús Dios?
“En Jesús, Dios se ha hecho hombre. Dios ha entrado en nuestro mismo ser. En Él, Dios es realmente el ‘Dios-con-nosotros’ (…). Dar a conocer a Cristo significa dar a conocer a Dios”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Página 113

3.    ¿Cómo es posible que Jesús fuera recibido con alabanzas en Jerusalén y al cabo de pocos días fuera crucificado?
“La escena del homenaje mesiánico a Jesús tuvo lugar al entrar en la ciudad, y (…) sus protagonistas no fueron los habitantes de Jerusalén, sino los que acompañaban a Jesús entrando con Él en la Ciudad Santa (…) Algo se había oído hablar del profeta que venía de Nazaret, pero no parecía tener ninguna relevancia para Jerusalén, no era conocido. La multitud que homenajeaba a Jesús en la periferia de la ciudad no es la misma que pediría después su crucifixión”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Páginas 18-19

jesus_ingles14.    ¿Qué quería Jesús cuando se puso a lavar los pies a sus discípulos?
“Jesús presta a sus discípulos un servicio propio de esclavos (…) Con un acto simbólico, Jesús aclara el conjunto de su servicio salvífico. Se despoja de su esplendor divino, se arrodilla, por decirlo así, ante nosotros, lava y enjuga nuestros pies sucios para hacernos dignos de participar en el banquete nupcial de Dios (…). El gesto de lavar los pies expresa precisamente esto: el amor servicial de Jesús es lo que nos saca de nuestra soberbia y nos hace capaces de Dios, nos hace ‘puros’.”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Página 73

5.    Pedro promete ser fiel a Jesús, pero Jesús le anuncia su triple negación ¿Qué falló ve Jesús en su planteamiento?
Al ser contrario a la cruz, [Pedro] no puede entender la palabra resurrección y quisiera el éxito sin la cruz. Él confía en sus propias
fuerzas. ¿Quién puede negar que su actitud refleja la tentación constante de los cristianos, e incluso también de la Iglesia, de llegar al éxito sin la cruz? Por eso se le ha de anunciar su debilidad, su triple negación. Nadie es por sí mismo tan fuerte como para recorrer hasta el final el camino de salvación”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Página 180

6.    ¿Por qué el arrepentimiento de Judas acaba mal?
“Su arrepentimiento se convierte en desesperación. Ya no ve más que a sí mismo y sus tinieblas, ya no ve la luz de Jesús, esa luz que puede iluminar y superar incluso las tinieblas. De este modo, nos hace ver el modo equivocado del arrepentimiento: un arrepentimiento que ya no es capaz de esperar, sino que ve únicamente la propia oscuridad, es destructivo y no es un verdadero arrepentimiento. La certeza de la esperanza forma parte del verdadero arrepentimiento, una certeza que nace de la fe en que la Luz tiene mayor poder y se ha hecho carne en Jesús”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Páginas 87-88

7.    ¿Qué importancia tiene la resurrección de Jesús?
“La fe cristiana se mantiene o cae con la verdad del testimonio de que Cristo ha resucitado de entre los muertos. Si se prescinde de esto, aún se pueden tomar sin duda de la tradición cristiana ciertas ideas interesantes sobre Dios y el hombre, sobre su ser hombre y su deber ser -una especie de concepción religiosa del mundo-, pero la fe cristiana queda muerta (…) Sólo si Jesús ha resucitado ha sucedido algo verdaderamente nuevo que cambia el mundo y la situación del hombre. Entonces Él, Jesús, se convierte en el criterio del que podemos fiarnos. Pues, ahora, Dios se ha manifestado verdaderamente”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Páginas 281-282

8.    ¿Cómo encuentra el hombre la vida eterna, según Jesús?
“El hombre ha encontrado la vida cuando se sustenta en Él, que es la vida misma. Entonces, muchas cosas en el hombre pueden ser abandonadas. La muerte puede sacarlo de la biosfera, pero la vida que la transciende, la vida verdadera, ésa perdura (…). Lo que da esa vida que ninguna muerte puede quitar es la relación con Dios en Jesucristo”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Páginas 104-105

jesus_checo9.    ¿Por qué Dios no se reveló a los poderosos del mundo, y sólo a un pequeño grupo de discípulos?
“Es propio del misterio de Dios actuar de manera discreta. Sólo poco a poco va construyendo su historia en la gran historia de la humanidad. Se hace hombre, pero de tal modo que puede ser ignorado por sus contemporáneos, por las fuerzas de renombre en la historia. Padece y muere y, como Resucitado, quiere llegar a la humanidad solamente mediante la fe de los suyos, a los que se manifiesta. No cesa de llamar con suavidad a las puertas de nuestro corazón y, si le abrimos, nos hace lentamente capaces de ‘ver’. Pero ¿no es éste acaso el estilo divino? No arrollar con el poder exterior, sino dar libertad, ofrecer y suscitar amor”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI,Jesús de Nazaret. Segunda parte.Página 321

10.    ¿Qué sentido tiene la confesión, el sacramento de la penitencia?
“De lo que se trata en el fondo es de que la culpa no debe seguir supurando ocultamente en el alma, envenenándola así desde dentro. Necesita la confesión. Por la confesión la sacamos a la luz, la exponemos al amor purificador de Cristo (cf. Jn 3, 20s). En la confesión el Señor vuelve a lavar siempre nuestros pies sucios y nos prepara para la comunión de mesa con Él”
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Página 93

11.    Jesús dice: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20) ¿Cómo lo consigue? ¿Dónde está?
“El Señor viene en su Palabra; viene en los sacramentos, especialmente en la santa Eucaristía; entra en mi vida mediante palabras o acontecimientos. Pero hay también modalidades de dicha venida que hacen época”.
Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Páginas 337