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19 de junio de 2022

NUESTRO VERDADERO ALIMENTO ESPIRITUAL

No trates de seguir al Señor simplemente adecuando tu vida a su Voluntad. No es que sea malo, al contrario es bueno, pero no es el camino correcto. El Señor sabe de antemano tus fuerzas, tus cualidades y talentos, y no necesita de ellos. Solo quiere tu confianza y tu disponibilidad.

Mira en María, sencilla, pobre y humilde. Y el Padre hizo maravillas en ellas. Lo mismo hará en ti. ¿Qué tienes que hacer? Ponerte en sus manos y dejarte llevar por el Espíritu Santo. Para ello, lo mejor, acércate al Sacramento de la Eucaristía y Reconciliación y, humildemente, reconociendo que no somos dignos de que el Señor entre en nuestro corazón y que nos basta una Palabra suya, alimentémonos de su Cuerpo y Sangre. Amén.

26 de mayo de 2016

Jóvenes Eucaristicos



Sabemos muy  bien como la  juventud  del siglo XXI tiene  grandes  retos, ya  que en el mundo que vivimos hay tentaciones, pero por el contrario Cristo siempre  nos dice  que seamos fuertes  y  valiente. “Tengan ánimo y  valor, no les teman ni se  asusten ante  ellas, por  el Señor tu Dios va  contigo; no te dejara ni te  abandonara. “ Dt 31,6.

Podemos ver como Dios le  habla  al pueblo de  Israel y  le dice  que no teman ni se asusten porque Dios les  acompaña.  Cada joven no debe considerarse solo ni angustiado,  por el contrario debe  estar lleno de valor y firmeza  para  que cuando la  prueba  y la  tentación vengan él pueda  salir victorioso.

Sabemos que Dios no nos ha  dejado solos que  tenemos el mejor mangar que  se llama  la Eucaristía y en la  palabra  de Dios nos quedara muy claro cuál es  el verdadero pan que  debemos comer  para  seguir adelante  en nuestras  luchas diarias.  “Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo. “
Jn 6, 48-51.

Jesús nos lo deja  muy claro que él es el pan de vida, el que come  de  ese  pan vivirá para  siempre lo que nos dice  es  que  cuando nos acercamos a comulgar nos unimos también  al cielo a la comunión  de los  santos. La  eucaristía no debemos verla como un simple  pan que se nos da sino como ese  alimento que nos da vida en plenitud.

Y sigue diciéndonos “Mi carne es  verdadera comida  y mi sangre es verdadera  bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él“Jn 6, 55-56.
Nos lo vuelve  a  decir  por  si no nos quedó claro mi carne y mi sangre  es  verdadera  comida y bebida, no es cualquier  pan o cualquier vino sino es el mismo Cristo el que comemos y bebemos en la  comunión.  Al final nos dice el que come mi carne y bebe mi sangra  vive  en mí y yo en él, nos convertimos en otros Cristos ya que él nos abraza  y nosotros a él.

Para concluir  unas  últimas  palabras debemos ser jóvenes  eucarísticos  que cuando participemos de la  Eucaristía no pasemos desapercibidos  de tan gran misterio que Dios nos dejó, sino por el contrario debemos participar activamente  de tan gran sacramento que nos salva y vivifica.   

“Tenemos con nosotros el "pan de los peregrinos", el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, que se nos ofrece como fuente inagotable, para sacar de ella fuerza, serenidad, confianza en cada momento de la existencia”. San Juan Pablo  II.

Brandon Carvajal. (San José, Costa Rica)


Autor del Blog Camino de Santidad 

Imagen de la pelicula Mary's Land.

25 de diciembre de 2014

"Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor..."

Vamos a la casa del Señor. Es Jesús, nuestro amigo, pero también es nuestro Rey, nuestro Señor. La iglesia es su casa y entramos con mucho respeto. Su presencia real en la Eucaristía es un misterio y no podemos dejar de admirarnos.
Transmitamos a nuestros hijos este respeto. Con nuestras ropas (¡no vamos a saludar al rey con un chandal o con ropa de playa!) Ya no corremos, hablamos bajito, sólo si es necesario. Jesús nos habla bajito y si nosotros estamos conversando no le oiremos.  

Al lado de la puerta encontramos la pila de agua bendita. Como llegamos un poco antes de que empiece la misa podemos explicarles que el agua del bautismo es la puerta del cielo, nos limpia del pecado original. Pero, como nos equivocamos muchas veces, cuando tomamos agua bendita y hacemos la señal de la cruz al entrar en la iglesia, esta nos purifica de nuestros pecados veniales -si nos arrepentimos de ellos- y nos ayuda a preparar nuestro corazón para asistir al Gran Milagro.
Es un buen momento para enseñar a hacer la señal de la cruz y asegurarnos de que no hacen un garabato.

Ya estamos dentro. Miramos al Sagrario y les explicamos que allí está Jesús vivo y que le saludamos, como Señor nuestro, haciendo una genuflexión. La rodilla derecha toca al suelo y la hacemos despacio, sin prisas, saludando a Jesús también con nuestro corazón.
Es bueno que nos situemos en las primeras filas donde ellos puedan ver lo que sucede en el altar. Aunque parezca mentira se portan mejor y si son muy pequeños se les puede llevar una bolsa con juguetes que no hagan ruido o unos cuentos.

Estas son las tres cosas que enseñaré y recordaré a mis hijos esté domingo

Por: Eva Carreras

18 de diciembre de 2014

¡Cantemos, la Misa va a empezar!


Sabemos que la fiesta de la misa empieza cuando comenzamos a cantar el canto de entrada. Entonces todos los que queremos participar en esta fiesta nos pondremos en pie y acompañamos el recorrido del sacerdote desde la sacristía hasta el altar cantando A menudo les recuerdo a mis hijos que desde ese instante del canto de entrada es importante ya no pensar más en lo que hay fuera del templo y disfrutar de cada momento y partes de la celebración
     En muchas parroquias ensayan los cantos antes  de empezar y esto nos ayuda a conocer no solo las letras, sino sus significados. Nuestros hijos estarán más atentos y evitaremos un  niño que se sienta, se pone de cuclillas y otro que baila sobre el reposapiés del banco.
     Como catequista de niños de primera comunión  y madre de dos de once y siete, me sorprende cada vez más ver con qué facilidad nuestros pequeños llegan a comprender cosas que a nosotros los mayores a menudo nos cuesta tanto.
El sacerdote besa el altar ¿porqué?. Porque en él se va a ofrecer  Jesús en sacrificio. Quizás les podríamos contar antes la historia de Noé y el primer altar que edificó para dar gloria a Dios. Y la historia de Abraham...
     Hoy intentaremos dar unas referencias para que nuestros pequeños no se pierdan la importancia del “saludo inicial” y comprendan el verdadero sentido de esa parte de la Eucaristía que a veces, incluso a los mayores se nos pasa un poco por alto si no estamos atentos.
     Para que los niños entiendan el sentido de este gesto me gusta formularles preguntas y poner ejemplos de relaciones cercanas que viven:
¿Qué haces cuando te encuentras con tu mejor amigo después de unos días sin verlo?
¿Le abrazas, le das la mano, le sonríes?
Hacer este tipo de preguntas en casa o en modo de preparatoria entre juegos por el camino, como nos explicaba Eva en post anteriores es un modo fácil para ayudar a los hijos a comprender cada gesto de los diferentes ritos o partes de la misa. De ese modo podrán seguirla, descubriendo sus diferentes significados.
Me ayuda también esta reflexión del libro " la misa de los niños" 
     "Ya sabes que la Misa tiene dos partes principales: primero, la litúrgia de la Palabra y, después , la liturgia eucarística. En la Misa hacemos lo mismo que cuando vamos de visita a una casa: lo primero es saludarnos y, si no nos conocen, nos presentamos"[1]
Por: Sacramento Rosales (Mento)



[1] “La misa de los niños”. Pedro Mº  Reyes y Francisco  Javier Navarro. Editorial Palabra.

11 de diciembre de 2014

Mama en misa ¡Me aburro!

Hace días que estoy dando vueltas en mi cabeza. Mi hijo me dió la clave, el punto de partida. Me dijo: "mamá! ¡en misa me aburro! ¿por qué vamos a misa? ¡ yo no quiero ir!"
Y me recordé a mi misma diciéndole algo parecido a mi madre. Me volví a ver sentada en un banco contando las baldosas blancas y negras del suelo de la iglesia, sin entender ni importarme nada de lo que estaba sucediendo en el altar.
Mi madre no se escandalizó cuando le dije que había decidido no ir porque, para aburrirme, mejor me quedaba en casa. Me habló con mucho cariño y me regaló un misal para niños animándome a seguir la misa con él. Le hice caso y supere mi dificultad.
Pero ¿ qué hacer cuándo nuestros hijos tienen dificultades con la lectura?
Necesitamos aprender a leer conociendo las primeras letras. Si cuando apenas distinguimos las vocales nos dan "El Quijote" como libro de cabecera, con toda seguridad no volveremos a coger un libro en la vida. El problema no está en "El Quijote" si no en nuestras dificultades para entenderlo si no nos dan las herramientas para hacerlo.
Lo mismo sucede, salvando las distancias, con la misa. Es un misterio tan grande que debemos ir aprendiendo poco a poco, pasito a pasito, haciéndonos niños con nuestros hijos.
Mi hijo esperaba una respuesta y se la di: "nos aburrimos cuando no entendemos nada”.
Vamos a pensar cada domingo en tres cosas que nos puedan ayudar a comprender mejor. Porque cuando dejas de contar baldosas, el Señor te engancha y ya no se trata de "tener que ir" si no de "desear ir". Tú hazme caso"
Y esta es nuestra propuesta para este año de catequesis para la familiar. Avanzar juntos, domingo a domingo, intentando detenernos en cada detalle, palabra, gesto… que nos ayude a enamorarnos de este sacramento. Porque, que nos aburramos no significa que no queramos a Jesús, significa que necesitamos aprender.


Por: Eva Carreras.

6 de diciembre de 2014

La Misa Comienza en Casa


¡Vamos niños! ¡Vamos a llegar tarde! ¡Corre, ponte los zapatos! Y salimos corriendo y estresados. Nos sentamos, si podemos, en el último banco, resoplando. Y los niños, contagiados y sin ver nada, también se sientan. Resignados a pasar una hora quietecitos y aburridos.
¿Cómo evitarlo?
La misa empieza en casa.
Los niños necesitan de las rutinas para saber lo que va a suceder a continuación, esto les tranquiliza y les da seguridad. Vale la pena intentar, siempre que sea posible, ir siempre a la misma iglesia y a la misma hora.
Dediquemos el tiempo que sea necesario para prepararnos con calma, vestirnos y que se vistan, sin prisas. Sí vamos siempre a la misma hora ya sabremos el tiempo real que necesitamos para no estresarnos. Disfrutemos del momento. Pongámonos guapos porque vamos a estar con Jesús.
Recuerdo que mi padre les ponía una toalla encima de los hombros a mis hermanos mayores, les echaba un litro de colonia y los repeinaba. Este tipo de recuerdos son los que les quiero dejar yo a mis hijos. ¡Alegría, vamos a misa!
Por el camino podemos contarles el evangelio que se va a leer o jugar con ellos a las adivinanzas; ¿de que color irá el sacerdote hoy? ¿Porqué?...
Tres cosas que intento vivir para llegar a la iglesia con alegría y paz.
Nuestro corazón está preparado.


Por: Eva Carreras






24 de noviembre de 2013

Nos vemos en la Eucaristía

José-fina Rojo ha diseñado un logo precioso que expresa uno de los lemas de los blogueros con el Papa. No se trata de un lema oficial.

"Nos encontramos en la Eucaristía" es un deseo profundo con el que Tarihatzi -apodo de Cristina Llano- lleva años despidiéndose de cuantos interlocutores encuentra en la Red. No sé si es por la insistencia con que lo usado o por la fuerza del deseo de ser fuente de comunión bloguera o por la profundidad del mensaje, que expresa el fundamento de toda comunión de personas, el caso es que cada vez son más los blogueros que la imitan usando ese lema o coletilla final.

Si no me equivoco, Cristina suele decir "nos encontramos en la Eucaristía". Joséfina, en cambio, ha preferido otra versión "nos vemos" que es análoga.

Ciertamente, "nos vemos en la Eucaristía" es una frase equívoca, porque permite acentuar dos significados distintos pero complementarios. Y quizá por eso es más acertada.

Por una parte, parece la despedida de unos parroquianos con que se citan recíprocamente para volverse a ver en la celebración eucarística. Es allí donde se ven y se encuentran. Allí es donde quedan para celebrar juntos el misterio de nuestra fe católica. La Eucaristía es la vida de la Iglesia y lógicamente lo es también de cada uno de sus miembros. Vivimos por y para la Eucaristía.

En este sentido, "nos vemos en la Eucaristía" porque es allí donde nos encontramos. Es más, o nos encontramos en la Eucaristía o no nos encontraremos nunca.

Por otra parte, "nos vemos"  subraya  el sentido de que allí es donde, quienes se despiden, se reconocen como feligreses de una misma Iglesia. Pueden verse como hermanos, porque la suya es la comunión de Cristo, expresada en la Eucaristía.

Ya sólo por estas consideraciones valía la pena escribir este post. Pero el motivo principal por el que me he animado a hacerlo es porque este lema o slogan puede producir en algunas personas un dolor. Me lo dijo una vez un amigo mío, que vive en una situación matrimonial irregular y que no puede acercarse a la comunión sacramental. Estas palabras le producen mucho dolor. Sería algo así como poner el dedo en la llaga abierta o como estar comiendo copiosamente ante la presencia de un muerto de hambre. Quien usa esta expresión no pretende ni remotamente producir ese sufrimiento en quien lo escucha, pero de hecho así puede suceder. Aquél le desea algo muy bueno... pero el otro piensa para sus adentros: "sí, eso quisiera yo, pero no podremos vernos allí, porque yo no puedo comulgar".

Es perfectamente comprensible este dolor. Y no creo que lo que yo escriba a continuación pueda servir para eliminarlo del todo, pero sí espero que por lo menos pueda paliarlo de algún modo.

La Eucaristía y la Comunión no son palabras equivalentes. La Eucaristía es la fuente de la Comunión y de toda comunión de personas, porque es la Vida de la Iglesia -tanto dentro como fuera de sus límites visibles-, puesto que la salvación de los hombres nos llega a través de ella. La Eucaristía no es otra cosa que la celebración del misterio pascual de Cristo. Los teólogos suelen hablar de esos tres aspectos de la Eucaristía: como sacramento, sacrificio y comunión.

En la práctica, muchos fieles reducen todo a un significado muy personal: "recibir la comunión sacramental", es decir, comulgar. Ciertamente para ellos ese momento es el decisivo y, por eso, se sienten excluidos e incluso rechazados por la Iglesia. Sin embargo, lo importante no es recibir sacramentalmente a Jesús sino estar realmente en comunión con Él. Es decir, lo importante no es el signo sino lo significado. La prohibición de comulgar tiene un fundamento jurídico: siendo el matrimonio signo de la Eucaristía, es decir, de la unión esponsal de Cristo con su Iglesia, quien vive en situación irregular se encuentra en una contradicción objetiva.
"La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio" (Familiaris consortio, 84).
No es por una razón moral ni mucho menos penal. No se difama a nadie por excluirlo de la Comunión eucarística. Son dos hechos públicos y exteriores que entran en conflicto: la Eucaristía no encuentra correspondencia con la vida sexual del fiel que está en situación matrimonial irregular. La contradicción no tiene por qué ser necesariamente subjetiva. La vida es tan complicada que son infinitas las situaciones y la valoración moral que deba atribuirse a cada una.

Precisamente por eso, y también por la Misercordia divina, la Iglesia que es Madre no cesa de insistir a sus hijos a que no consideren excluidos de la comunión divina y eclesial. Particularmente significativas son las declaraciones de los dos últimos Papas:

En el año 2005, el Papa Benedicto XVI se extendió sobre este tema en un famoso discurso dirigido al clero del valle de Aosta, al que pertenecen estas palabras:
"Aunque no pueden acudir a la Comunión sacramental, no están excluidos del amor de la Iglesia y del amor de Cristo. Ciertamente, una Eucaristía sin la Comunión sacramental inmediata no es completa, le falta algo esencial. Sin embargo, también es verdad que participar en la Eucaristía sin Comunión eucarística no es igual a nada; siempre implica verse involucrados en el misterio de la cruz y de la resurrección de Cristo. Siempre implica participar en el gran Sacramento, en su dimensión espiritual y pneumática; también en su dimensión eclesial, aunque no sea estrictamente sacramental". 
Más recientemente, Francisco tuvo una rueda de prensa en el avión en que regresaba a Roma después de la celebración de la JMJ de Río de Janeiro '13.
"Es un tema que vuelve siempre. Creo que ha llegado el tiempo de la misericordia, este cambio de época en el que hay muchos problemas incluso en la Iglesia, incluso en el testimonio no tan bueno de algunos sacerdotes. El clericalismo ha herido a mucha gente y hay que ir a curar a estos heridos con la misericordia. La Iglesia es mamá, y en la Iglesia se debe encontrar misericordia para todos. Y no hay que esperar a los heridos, hay que ir a encontrarlos. Creo que ha llegado el momento de la misericordia, como había intuido Juan Pablo II que instituyó la fiesta de la Divina Misericordia. Los divorciados pueden hacer la comunión, son los divorciados en segunda unión los que no pueden. Hay que ver el tema en la totalidad de la pastoral matrimonial. Abro un paréntesis: los ortodoxos, por ejemplo, siguen la teología de la economía y permiten una segunda unión. Cuando se reúna el grupo de los ocho cardenales, en los primeros tres días de octubre, trataremos sobre cómo seguir adelante en la pastoral matrimonial. Estamos en camino para una pastoral matrimonial más profunda. Mi predecesor en Buenos Aires, el cardenal Quarracino, siempre decía: “Para mí, la mitad de los matrimonios son nulos, porque se casan sin saber que es para siempre, porque lo hacen por conveniencia social, etc...”. También debemos estudiar el tema de la nulidad" (Rueda de prensa en el avión).
En definitiva, con este post querría ser de consuelo para todos aquellos que sufren al oír las palabras "nos vemos en la Eucaristía". Este puede ser también su lema, porque realmente lo que en él se significa es la comunión de los santos, incoada aquí en la Tierra y plenamente consumada en el Cielo cuando Cristo sea todo en todos.

Joan Carreras

18 de octubre de 2010

Arraigados en Cristo


En la convocatoria de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Benedicto invita a los jóvenes a intensificar su camino de fe, a tener unas raíces sólidas sobre las que construir su vida, especialmente hoy, en que parece que vivimos en un mundo donde hay un ‘eclipse de Dios’. Y así, el encuentro de Madrid tendrá por lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7).

¿Dónde están los jóvenes? Pensaba sobre ello esta tarde en Misa, contemplando al resto de los fieles que nos habíamos reunido para asistir al gran Misterio de la Eucaristía. Los más ‘jóvenes’ del lugar rondábamos los cuarenta y tantos. La mayor parte de los presentes superaba los setenta. No os extrañará si os digo que, en mi pueblo, las Misas de la tarde son Misas ‘concelebradas’ entre el sacerdote y varias buenas señoras ancianas que para mí que andan un poco sordas, por lo que, lo que rezan para sí, lo oímos todos. Después de la bendición, el cura nos pidió oraciones para los grupos de jóvenes que a continuación iban a tener una reunión para ir preparando la JMJ. A la salida, me encontré con varios chicos y chicas con guitarras, papeles con letras de canciones, listas de voluntariado, carteles y más material sobre el tema. No digo que todas estas cosas no sean importantes, pero me pregunto si no están dejando de lado lo principal: echar raíces y ‘arraigarse’ a Cristo.

Si algún joven lee esto, no quiero que piense que el entusiasmo sobra. Todo lo contrario. Pero si no queremos que el entusiasmo se quede en algo pasajero, en el ‘viva el Papa, oooeee, viva el Papa, oooeee’, tenemos que empezar a echar raíces desde ya. A prepararnos, los jóvenes y los que ya no lo somos tanto, para que nuestra alegría sea una alegría auténtica de conversión.

Pienso que la mejor preparación es encontrarnos con el Señor en la oración, en la confesión y en la Eucaristía. En este sacramento, no recibimos un regalo de parte del Señor, lo recibimos a Él mismo y pedimos para convertirnos en aquello que hemos recibido de manera que podemos decir con San Pablo: «Vivo, pero no yo; es Cristo quien vive en mí». Lo sé, yo tampoco pretendo comprender este don desde un punto de vista meramente humano; es un gran misterio. Sin embargo, hemos sido invitados a este banquete. El Señor nos dice: «Quien me come, vivirá por Mí». ¿Hay alguna otra fuerza que pueda lograr que vivamos arraigados y edificados en Cristo, y firmes en la fe?