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13 de marzo de 2015

SÍ, LA VIDA ES IMPORTANTE, PERO AHORA TU VOTO TIENE MAYOR IMPORTANCIA


Sin lugar a duda que la vida es lo más importante. Pero la vida es INTERRUMPIDA cada día porque los señores políticos, que quizás tú les has dado tu voto, lo deciden así. Por eso, tú voto y el mío cobra ahora mayor importancia, y debemos meditarlo mucho y depositarlo en aquello que defiendan la vida.

Y la cuestión es encontrarlo, porque los hay. Yo he votado, años pasados, a AES (Alternativa española), un partido que llevaba en su programa la defensa de la familia y la vida. No lo he oído por ahora, quizás porque no han llegado a estar representados en el Parlamento español, porque los católicos se han dormido y han dado sus votos, o a ninguno, o a los del P.P. Y estos no la defienden como ya hemos visto.

Es posible que el voto resulte inútil, pero eso es solo apariencias, porque de haberlo hecho ya, hoy tomarían algunos partidos medidas para rescatar el voto de los creyentes, que somos muchos. Pero, posiblemente, no somos coherente con nuestra fe. ¿Qué nos pasa? Nuestro voto puede cambiar la ley del aborto, sólo tiene que aparecer.

En el programa de 13 Tv. he oído a Santiago Abascal, del partido VOX que ellos en su programa defienden la vida. Pues le pedimos que nos lo expliquen, y que se personen en la marcha del 14M del domingo en Madrid. Allí pueden ganar muchos votos.

Pero hay que decírselos e invitarlos a la marcha. A ellos y a todos los partidos que defiendan la vida. Y esforzarnos en unirnos porque la familia y la vida es lo más importante. No podemos ser creyentes y actuar como si no lo fuéramos.



Salvador Pérez Alayón

12 de marzo de 2015

EL MES DE MARZO, EL MES DE SAN JOSÉ (II)

El 19 de marzo de 2013, el recién elegido Papa Francisco pronunció su primera y riquísima homilía sobre san José, de la que comenté algunos aspectos en la entrega anterior y ahora quiero seguir comentándola. 
San José no ha sido el amo y señor, sino el custodio del patrimonio, recibido de Dios: Jesús y María. Y los ha sabido custodiar de una manera admirable, porque ha sabido escuchar en cada momento la voz de Dios y se ha dejado dirigir de la mano del Señor en todo. Si Dios le habla en sueños es porque sabe que José está siempre dispuesto a escucharle y por eso ha sido siempre sensibilísimo a las personas que el Padre del cielo le ha confiado. Ha sabido leer con realismo los signos de los tiempos, y ha sabido estar siempre atento a las personas a él confiadas, tomando así las decisiones más sabias. 
En el padre virginal de Jesús, en san José encontramos y descubrimos el modelo de cómo responder a la vocación y a la llamada de Dios, descubrimos las dos cualidades indispensables para responder a la voz de Dios, cuando habla: disponibilidad y presteza. En la llamada para que vaya a Egipto le dice el Señor por el ángel: José, toma a tu mujer y a su hijo y vete a Egipto porque Herodes anda buscándole para matarlo. Se lo dice de noche, en sueños, pero es muy grave lo que le dice, vale la vida del hijo que la suya propia, y sin pérdida de tiempo, sin esperar al amanecer los despierta, lo prepara todo de prisa y se ponen en camino del destierro. 
La prerrogativa principal del obrar de san José fue poner toda su vida al cuidado de su hijo. Se olvidó de sí mismo, de sus proyectos personales, de sus aspiraciones humanas y ha puesto en el centro de todos sus planes el bien de Jesús, Y así nos enseña a nosotros cómo custodiar al prójimo que vive con nosotros en casa, en el trabajo, en la vida ordinaria de cada día. 
El Papa toca otro punto de la misión de san José, aplicándoselo a sí mismo. San José es el modelo del poder, de la autoridad vividos como servicio. San José es el padre de Jesús por su matrimonio con María, es el esposo de María, la cabeza de la sagrada Familia, le colocó Dios al frente de su Familia. Pero él vive esta realidad como puro servicio. Tiene plena conciencia de que se le ha confiado la Familia de Dios no para ser servido sino para servir y lo vive con servicio amoroso y sacrificado. Dice san Juan Pablo II en la Redemptoris custos “San José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús, mediante el ejercicio de su paternidad, de este modo el coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente ministro de la salvación. Ha hecho de su vida un servicio, un sacrificio” a Jesús; “al haber hecho uso de su autoridad legal que le correspondía sobre la Sagrada Familia para hacerle don total de sí, de sus vida y de su trabajo; al haber convertido su vocación humana al amor doméstico con la oblación sobrehumana de sí, de su corazón y de toda capacidad, en el amor puesto al servicio del Mesías, que crece en su casa” (RC 8). Para san José servir es reinar. 
Recuerda el Papa que ha iniciado su ministerio papal en la fiesta de san José y en íntima unión con ella. Este ministerio comporta también poder, pero no debemos olvidar que el verdadero poder es el servicio – la oración dominical y ferial XXVI del tiempo ordinario litúrgico comienza: “Oh Dios,  que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia”- y el Papa debe ejercer su poder en el servicio, que tiene su culmen en la muerte  en la cruz: no he venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por todos (Mt 20,28); debe poner los ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe de san José y como él abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de Dios y acoger con ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres  y necesitados, a los más humildes, a los más pequeños.  
La figura de san José, como custodio de Jesús y de María, lo llena todo en la homilía del Papa. San José es el ideal de virtudes y actitudes que tenemos que ejercitar, como custodios que somos de todos los bienes de Dios, tales como bondad, ternura, amor, esperanza alegre y paciente, servicio permanente, acudiendo especialmente a los más pobres, a los más abandonados, a los más humildes, a los más desvalidos, a los pequeños.  Aprendamos estas virtudes en la escuela gratuita de san José y vivámoslas con entusiasmo en la vida de cada día.   
                                                         P. Román Llamas, ocd 


24 de febrero de 2015

Lapbook 2015 para Cuaresma para niños de 6 a 9 años aprox.





Este es el nuevo Lapbook de Cuaresma que hice para este año, el cual incluye el logo del Año de la Vida Consagrada para que los niños lo conozcan, así como otros cambios que espero les ayuden a los niños a conocer más de su fe.





Si estás familiarizado con este Lapbook, verás que hay dos cosas nuevas:


Un librito para el Evangelio de cada domingo y
la palabra Aleluya que queda guardada hasta el Domingo de Resurrección.
En el librito para el Evangelio, se les puede pedir a los niños que hagan un dibujo para representarlo. Ahí se marcan los pasajes bíblicos.

Para la palabra Aleluya, hay que doblarla y pegarla con un listón para poder abrirla en Pascua.

Para el Miércoles de Ceniza, los niños pueden escoger qué dibujo quieren para señalar que fueron a tomar ceniza.

Del lado izquierdo están unas coronas de espinas que se van moviendo al cuadro que dice "Yo rezo las estaciones de la Cruz" cada viernes.

Como buenos católicos, debemos orar por las intenciones de nuestro Papa Francisco, así que también las sigo incluyendo, tanto para febrero como para marzo.






En mi experiencia, para niños de esta edad, lo mejor es hablarles de qué hacer más y qué hacer menos, cuando hablamos de propósitos. Por eso puse esta tablita sencilla en donde ellos pueden escribir o dibujar lo que quieran hacer.





¡Ah!, me faltó mencionar algo nuevo, además de las otras dos anteriores, y es que incluí esta bella página de Dibujos para Catequesis, para recordarles a los niños que en Cuaresma, Dios nos llama a orar más, a hacer ayuno y a dar limosna. Este dibujo es para colocarse en la parte de atrás del lapbook.


Aquí está mi hijo armando el suyo:





Lapbook Cuaresma 2015 Niños Pequeños
Espero que este Lapbook te sea de utilidad. Pronto voy a publicar otro Lapbook para niños mayorcitos.

¡Todo con la gracia de Dios,nada sin ella!

Xhonané

19 de febrero de 2015

¿Cuál es el significado de los colores litúrgicos en la Misa?

Por Xhonane Olivas

En el lugar en donde vivimos, hay una gran afición por el equipo de futbol local. En la temporada de juegos, sus colores oficiales (negro y amarillo oro) se ven por todos lados, incluso, muchas personas se visten con esos colores para mostrar su apoyo al equipo. Y así como este ejemplo, podemos mencionar otros, en donde el uso del color nos indica algo importante, nos da un mensaje o nos enfatiza un significado especial.

De igual manera, nuestra Iglesia utiliza diferentes colores para cada uno de los misterios de nuestro Señor Jesús, de María y los santos alrededor del año litúrgico para ayudarnos a comprender algo. El uso de estos colores “litúrgicos” es una ayuda visual magnífica que nos da un mensaje y nos invita a entrar al misterio que se está celebrando en la Santa Misa.

Y ¿cuáles son los colores litúrgicos que utiliza nuestra Iglesia? ¿Cuál es su significado? Los principales colores son el morado, el blanco y el verde, pero también se utiliza el rojo y el rosa, para ciertos días. Este es su significado:

Blanco – “para el tiempo de Pascua y Navidad, para las fiestas del Señor, de María, de los ángeles y de los santos no mártires”, también para el sacramento del Bautismo, Comunión, Matrimonio y el Orden Sacerdotal. Simboliza “luz, lo divino, gozo, pureza, gloria, gracia”.

Rojo – “para el Domingo de Palmas, las fiestas del Espíritu Santo, de los apóstoles (excepto la de San Juan el 27 de diciembre),… de los mártires y evangelistas”, Viernes Santo, y la fiesta de la Santa Cruz. Simboliza “martirio, amor”.

Verde – “para el tiempo [ordinario] durante el año (períodos después de la Epifanía y de Pentecostés)”. Simboliza “esperanza”.

Morado – “para la Cuaresma, el Adviento, días penitenciales y [de] difuntos”, para el sacramento de la Penitencia y la Unción de los Enfermos. Simboliza “penitencia”.

Rosa – “para algunos domingos (Gaudete – tercero del Adviento; Laetare – cuarto de Cuaresma) y algunas fiestas especiales de la Virgen María.”


Por lo tanto, en cada misa, las vestimentas del sacerdote y el mantel del altar, tendrán el color de la celebración del día (santo, mártir, María o ángeles) o del tiempo litúrgico. Antes de ir a Misa, trato de preguntarles a mis hijos si saben de qué color va a estar vestido el sacerdote. Esto me ha parecido una manera muy práctica para introducirlos al ciclo del año litúrgico (Adviento, Navidad, Tiempo Ordinario I, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario II), al significado de los colores asignados a cada uno de estos tiempos y a la respuesta que se espera de nosotros en la celebración. Por ejemplo, el color blanco siempre es una fiesta, por lo tanto, nuestra actitud debe ser de alegría y gozo; el morado nos invita a la preparación de la fiesta, por lo que debemos estar en una actitud de oración y recogimiento; el verde se utiliza para continuar lo que se ha vivido en la fiesta, por lo que nos llama a perseverar en nuestra fe.

Por último, también podemos utilizar los colores litúrgicos en nuestro hogar para ayudar a nuestros hijos a conocer mejor nuestra fe, entender lo que se está celebrando y para que se sientan parte de nuestra Iglesia universal.

Bibliografía
Tomás Parra Sánchez, Diccionario Católico.
Alberto Clavell. La Santa Misa, Centro de la Vida del Cristiano. Ed. Hemisferio. 2001

Miguel y Xhonané Olivas. El Año Litúrgico en Familia. 2014

18 de febrero de 2015

SAN JOSÉ, MAESTRO DE ORACIÓN DE SANTA TERESA

         
  Entre las muchas gracias y dones con que Dios enriqueció y agració a san José hay que colocar en primer lugar el don de la oración, Maestro de oración.

            Santa Teresa, para quien la oración es la puerta para entrar en el Castillo interior y para  las grandes mercedes de Dios (V 8,8), y que sabe el demonio que alma que tenga con perseverancia esa oración la tiene perdida (V 10,4), y que muchas veces faltaba al Señor por no ir arrimada a esta fuerte columna de la oración (V 8,1) y que la oración es adonde el Señor da luz para ver verdades F 8,9), sabe que San José es Maestro de oración y esto lo sabe desde su propia experiencia: “no diré cosa que no la haya experimentado mucho” (V18,8). San José no solo le ha enseñado de pasada la oración sino día a día. Ha sido una enseñanza larga. Le ha enseñado su trato de amistad y amor, tratando muchas veces a solas con su Hijo y con su esposa María.

            Sabemos por lo que ella misma nos narra lo trabajosa que fue esta enseñanza (V 4,7-9) “Ahora me parece que procuró el Señor que no hallase quien me enseñase, porque fuera imposible –me parece-  perseverar diez y ocho años que pasé este trabajo, y en estos, grandes sequedades por no poder –como digo-  discurrir. En todos estos, si no era acabando de comulgar, jamás osaba comenzar a tener oración sin un libro, que tanto temía mi alma estar sin él en oración, como si con mucha gente fuera a pelear” (V 4,9).
            En el capítulo 6 de la Vida, el capítulo josefino por excelencia de santa Teresa,  después de recordar que el Santo que ayuda en todas las necesidades de alma y de cuerpo, que no se acuerda haberle pedido cosa que no se la haya concedido, que es cosa que espanta las grandes mercedes que Dios le ha echo por medio de este bienaventurado Santo, y pedir por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y verá por experiencia el gran bien que es el encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. Inmediatamente después sigue: “En especial personas de oración le habían de ser aficionadas…Quien no hallare maestro que le enseñe oración tome a este glorioso santo por maestro y no errara en el camino” (V 6,6). Santa Teresa es persona de oración si las ha habido, y aficionadísima a san José, como lo vemos por toda su vida, y no hubiera sido fiel a sus principios al recomendar a tomar a san José por maestro de oración si no hubiera tomado ella, pues habla desde su propia experiencia. Si recomienda con tanto calor la devoción  a san José, es porque ella es una grandísima devota del santo Patriarca y ha experimentado siempre su ayuda cuando ha acudido a él. Y si recomienda a las personas de oración que tomen a san José por maestro para no errar en el camino es porque ella lo ha experimentado como maestro de oración.


Santa Teresa dice: “Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome a san José por maestro y no errará en el camino”. Es ella la que no lo  ha encontrado “porque yo no hallé maestro –digo confesor-  que me entendiese, aunque lo busqué” V 4,7) “ahora me parece que me proveyó el Señor que yo no hallase quien me enseñase” (V 4,9). Y se sirvió de libros como ayuda en la oración, como el libro de El tercer abecedario del franciscano Francisco de Osuna, que le regaló su tío Pedro, cuando estuvo un tiempo con él en Ortigosa (V 4,7), que trata de enseñar la oración de recogimiento, y otros libros. San José es su maestro que le enseña  por los libros y también directamente.

13 de febrero de 2015

Galletas para celebrar a Santa Ágata o Águeda - 5 de febrero 2014

Santa Ágata o Águeda fue virgen y mártir. Según nuestro libro de santos, ella es santa patrona de los joyeros, alpinistas, mineros y enfermeras. Esto fue algo que nos llamó la atención el año pasado y por eso lo quisimos resaltar en nuestra celebración.

A pesar de que no es una santa muy popular, me ha gustado celebrarla porque es una mujer muy jóven (vivió sólo 21 años) que nos da ejemplo de fidelidad, perseverancia y heroísmo.

Te comparto parte de un sermón de San Metodio que habla sobre Santa Águeda:
"Agueda hizo honor a su nombre, que significa <buena>; ella fue en verdad buena por su identificación con el mismo Dios; fue buena para su divino Esposo y lo es también para nosotros, ya que su bondad provenía del mismo Dios, fuente de todo bien...Águeda, cuyo solo nombre es un estímulo para que todos acudan a ella, y que nos enseña también con su ejemplo a que todos pongamos el máximo empeño en llegar sin demora al bien verdadero, que es sólo Dios." Del Oficio de Lectura para el 5 de febrero.







¡Santa Águeda, ruega por nosotros!

¡Todo por amor a Cristo y a su Iglesia!

Xhonané

12 de febrero de 2015

¡Perdón Señor, hemos pecado!

Y al igual que Moisés, antes de acercarse a la zarza ardiente, antes de entrar en la Presencia divina, ha de descalzarse, porque entra en una tierra sagrada (+Ex 3,5). Nosotros los cristianos, antes que nada, «para celebrar dignamente estos sagrados misterios», debemos solicitar de Dios el perdón de nuestras culpas. Hemos de tener clara conciencia de que, cuando vamos a entrar en la Presencia divina, cuando llevamos la ofrenda ante el altar (+Mt 5,23-25), debemos examinar previamente nuestra conciencia ante el Señor (1Cor 11,28), y pedir su perdón. «Los limpios de corazón verán a Dios» (Mt 5,8).

Vamos a presenciar el Misterio de la Eucaristía.

El acto penitencial tiene tres partes y dentro de los ritos iniciales de la Santa Misa.

Se inicia con una invitación para examinarnos y reconocernos pecadores, luego sigue un momento de silencio. Si enseñamos a los niños a hacer un examen de conciencia por la noche, cuando llegue este momento pedirán perdón por algo concreto y lo mismo tenemos que hacer nosotros. 

Cuando ayudemos a los más pequeños es bueno no hacer sugerencias de pecados, sólo preguntas tipo: qué hemos hecho mal, qué podríamos haber hecho mejor…

Jesús nos perdona los pecados veniales si estamos arrepentidos y para estarlo debemos ser conscientes de ellos. También debemos tener en cuenta que el acto penitencial no sustituye nunca a la confesión sacramental. 

A continuación rezamos la oración en la que pedimos perdón: “Yo confieso ante Dios Todopoderoso...” Nos damos un golpe en el pecho, para manifestar nuestro arrepentimiento y nuestro dolor, mientras decimos: "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa."

Para terminar, el Sacerdote dice "Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna". 

¡Ya estamos preparados!





Por: María del Rayo

11 de febrero de 2015

UNA ALABANZA PRECIOSA PARA SAN JOSÉ


Las alabanzas que se han dado san José a lo largo de los tiempos son infinitas: varón justo, santísimo, santificado en el seno de su madre, matado en él el fomes peccati, gloriosísimo, el singular custodio de Jesús y de María, digno esposo de María y digno padre de Jesús, el Hijo de Dios, purísimo, por carpintero modelo de trabajadores, ideal de las genuinas virtudes evangélicas y de todas las virtudes, modelo de los humildes, estaba tan hecho uno con María, que tener que dejarla le arrancaba las entrañas y le rompía el corazón, profundo contemplativo en su silencio, Maestro de oración, depositario singular del misterio de Dios, coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente ministro de la salvación, co-rredentor con Cristo, perteneciente al orden hipostático, Patrono de la Iglesia católica, aliento especial de la evangelización y re-evangelización de la Iglesia, subido en cuerpo y alma la cielo, todo lo alcanza de su Hijo, mi padre y Señor san José.

Quiero ahora referirme a una alabanza de que se hace cargo el recientemente beatificado Pablo VI. En su rica y preciosa homilía del 19 de marzo de 1969, escribe así de san José: 

“San José es el tipo del Evangelio que Jesús, dejando la pequeña oficina de Nazaret y comenzando su misión de profeta y de maestro, anunciará como programa para la redención del mundo”. 

Conforme a estas palabras podemos decir que san José es el ideal de las enseñanzas de Jesús, que José es el Evangelio, la Buena Nueva que predica Jesús. Y así podemos decir que José es el tipo, ideal de las Bienaventuranzas, el discurso paradigmático de Jesús. Es el ideal de los pobres de espíritu que ponen su confianza en solo Dios. Solo Dios basta. De la Virgen María, sus esposa, dice el Concilio Vaticano II que sobresale sobre los humildes y pobres de Yahvé (LG 65), lo mismo digamos de san José, su esposo, en fuerza de las palabras del Beato Pablo VI, ya que Dios dio a José como esposo de María “no solo como compañero de vida, testigo e la virginidad, tutor de la honestidad, sino también para que participase por medio del pacto conyugal en la excelsa grandeza de ella” RC 29)..

San José es el tipo e ideal de los misericordiosos. Se compadecía de los necesitados y miserables. Sin duda Jesús de niño y de joven vio ese comportamiento con los pobres y necesitados, como vio otra serie de virtudes que san José vivía y las aprendió de él.

San José tipo e ideal de los que buscan la paz.. San José es un hombre de paz, pacífico y un hombre pacífico y, sobre todo, con la perfección con que lo era san José, es esencialmente pacificador, pega paz, comunica paz y serenidad y alegría a aquellos con quienes convive. San José nunca se enfadó, nunca dijo algo que molestase a los demás y se le presentarían más de una ocasión en su oficio de carpintero. Y Jesús era testigo de todo este comportamiento pacífico. Nunca perdió la paz Todo lo hizo y lo dijo desde la paz que reinaba en su corazón

San José es el tipo e ideal de los que confían y esperan en la misericordia de Dios Padre. San José confió totalmente en la providencia de Dios y el que confía en el Señor, la misericordia de Dios le rodea (Sal 31.10). Si algo destaca el Evangelio de San José que no habló, pero hizo, es precisamente esa plena y total confianza y esperanza en su Dios. Mucho más perfectas que la de Abraham, paradigma de fe y esperanza en Dios en el A. T.. Baste recordar su huida a Egipto. Ante el mandato del Señor, por medio de su ángel en sueños, se pone en camino de varias jornadas hasta llegar a la nación pagana. En todo el trayecto y durante su estancia en la nación de los Faraones con su esposa la Virgen María y su hijo Jesús, se confía plena y totalmente a Dios, porque sabe que ni un solo cabello se cae de nuestra cabeza sin permiso de nuestro Padre del cielo.

San José es el tipo e ideal de las personas orantes. Jesús da una importancia esencial a la oración en la vida del cristiano. Lo vemos especialmente en el evangelio de Lucas al que se le ha llamado el evangelio de la oración. Orad sin desfallecer (Lc 18,1). Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá (Lc 5,9). Jesús pasaba noches enteras en oración con su Padre del cielo (Lc 6,12) ¿Vio esto en su padre José y su madre María? San José es, sin duda, el tipo de las personas orantes ¿no fue su vida una oración sin desfallecer en su continuo trato con Jesús de niño y de joven y con su esposa María? Porque, ¿qué es la oración sino un trato de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama? (V 8,5). No parece sino que santa Teresa ha sacado esta definición de la oración de la vida de trato de José con Jesús y María.

San José es el tipo e ideal del cristiano sencillo y humilde que se siente el último y el esclavo del Señor se lo inspiró san José con su comportamiento. Si el que se humilla será exaltado ¿quién fue más exaltado que san José después de la Virgen María, su esposa? Como María es la esclava del Señor, san José es el esclavo del Señor. Nada se atribuye a sí mismo. Para él todo es gracia de Dios y como María puede cantar que el Señor ha hecho cosas grandes en él porque ha mirado su humildad; se abaja a los trabajos más humildes y tantas humillaciones que tendría que sufrir en su oficio de carpintero y que Jesús vería. Cuántos, como dice santa Teresita, dejarían de pagarle sus trabajos, cuántos le discutirían el precio y cuantos se los afearían. Y Dios le exalta a ser esposo de María y por su matrimonio con ella a ser padre de Jesús. Cabe mayor exaltación. Y lo exalto con la abundancia de gracia y bendiciones y privilegios únicos que llevan consigo estas dos sublimes y únicas realidades,

Podemos decir que san José está presente en todas las enseñanzas del Evangelio de Jesús, y verle en ellas nos hará más fácil el vivirlas.





10 de febrero de 2015

18 breves reflexiones del Papa para aprovechar la comunicación (y los medios de comunicación) en la familia


Desde hace 49 años la Iglesia católica dedica una jornada al ámbito de las comunicaciones sociales. Para animar esa jornada el Papa escribe un mensaje que profundiza en algún aspecto de la comunicación. Para la edición 2015 el Santo Padre quiso profundizar en el binomio familia y comunicación titulando su mensaje Comunicar la familia: ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor. A continuación un resumen de los 11 principales puntos:

1. [...] la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar. Volver a este momento originario nos puede ayudar, tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista.

9 de febrero de 2015

¡AY DE MÍ SI NO ANUNCIO EL EVANGELIO!

En muchos momentos de nuestra vida sentimos cansancio, y supongo que eso no demuestra sino que estamos vivos y que somos seres humanos. El cansancio es una característica del género humano, y lo normal es que nos cansemos. Y sentimos cansancio de escribir y proclamar el Evangelio, más todavía cuando los frutos no parecen verse ni tampoco darse.

También ocurre que esperamos recompensa, y tampoco la vemos. Siempre los mismos comentarios, los mismos aplausos si es que los hay, y los mismos lectores. Pocos cambios y muy poco resultado. Es lógico cansarte, o mejor aburrirte. Puede ser que también nos ocurra eso con nuestros encuentros de blogueros. La misma historia siempre.

La pregunta que flota en el ambiente nos la responde hoy san Pablo en la 1ª carta a los Corintios 9, 16-19. 22-23. ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! 

Descubrir lo bien pagado que estamos cuando, a pesar nuestro seguimos adelante, proclamando día tras día la Palabra de Dios, y dándola de balde y esforzándonos en vivirla y hacerla vida en nuestra propia vida. En eso experimentamos el impulso y la fuerza del Espíritu Santo, y en Él reside también nuestro gozo y nuestra fuerza. Los frutos quedaran para Gloria de Dios, porque será Él quien los recoja.

He tenido la suerte, regalo de Dios, de experimentar algún agradecimiento por rezar o proclamar la Palabra a alguna persona, y he devuelto las gracias respondiendo que el agraciado he sido yo por tener esa oportunidad y posibilidad de hacerlo, incluso superando esfuerzo y desganas.

Queridos hermanos blogueros en la fe, levantemos nuestros corazones junto a Pablo, el apóstol de los gentiles, y demos gracias a Dios por seguir en el camino lanzando al aire de la blogosfera la Palabra de Dios regada con nuestras miserias y pobrezas, pero sustentadas por la Gracia del Espíritu Santo que nos conforta, nos ilumina y nos asiste.

Bendita palabras de Pablo que nos animan a seguir en la brecha y a sentirnos unidos en una misma fe y una misma voz en el Espíritu de Dios para hacer vida y palabra su Mensaje.

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23

Hermanos: 

El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! 

Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. 

Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. 

Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Salvador Pérez Alayón

5 de febrero de 2015

¡Cantemos, la Misa va a empezar!



Sabemos que la fiesta de la misa empieza cuando comenzamos a cantar el canto de entrada. Entonces todos los que queremos participar en esta fiesta nos pondremos en pie y acompañamos el recorrido del sacerdote desde la sacristía hasta el altar cantando A menudo les recuerdo a mis hijos que desde ese instante del canto de entrada es importante ya no pensar más en lo que hay fuera del templo y disfrutar de cada momento y partes de la celebración
     En muchas parroquias ensayan los cantos antes  de empezar y esto nos ayuda a conocer no solo las letras, sino sus significados. Nuestros hijos estarán más atentos y evitaremos un  niño que se sienta, se pone de cuclillas y otro que baila sobre el reposapiés del banco.
     Como catequista de niños de primera comunión  y madre de dos de once y siete, me sorprende cada vez más ver con qué facilidad nuestros pequeños llegan a comprender cosas que a nosotros los mayores a menudo nos cuesta tanto.
El sacerdote besa el altar ¿porqué?. Porque en él se va a ofrecer  Jesús en sacrificio. Quizás les podríamos contar antes la historia de Noé y el primer altar que edificó para dar gloria a Dios. Y la historia de Abraham...
     Hoy intentaremos dar unas referencias para que nuestros pequeños no se pierdan la importancia del “saludo inicial” y comprendan el verdadero sentido de esa parte de la Eucaristía que a veces, incluso a los mayores se nos pasa un poco por alto si no estamos atentos.
     Para que los niños entiendan el sentido de este gesto me gusta formularles preguntas y poner ejemplos de relaciones cercanas que viven:
¿Qué haces cuando te encuentras con tu mejor amigo después de unos días sin verlo?
¿Le abrazas, le das la mano, le sonríes?
Hacer este tipo de preguntas en casa o en modo de preparatoria entre juegos por el camino, como nos explicaba Eva en post anteriores es un modo fácil para ayudar a los hijos a comprender cada gesto de los diferentes ritos o partes de la misa. De ese modo podrán seguirla, descubriendo sus diferentes significados.
Me ayuda también esta reflexión del libro " la misa de los niños" 
     "Ya sabes que la Misa tiene dos partes principales: primero, la litúrgia de la Palabra y, después , la liturgia eucarística. En la Misa hacemos lo mismo que cuando vamos de visita a una casa: lo primero es saludarnos y, si no nos conocen, nos presentamos"[1]
Por: Sacramento Rosales (Mento)



[1] “La misa de los niños”. Pedro Mº  Reyes y Francisco  Javier Navarro. Editorial Palabra.

31 de enero de 2015

"Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor..."


Vamos a la casa del Señor. Es Jesús, nuestro amigo, pero también es nuestro Rey, nuestro Señor. La iglesia es su casa y entramos con mucho respeto. Su presencia real en la Eucaristía es un misterio y no podemos dejar de admirarnos.
Transmitamos a nuestros hijos este respeto. Con nuestras ropas (¡no vamos a saludar al rey con un chandal o con ropa de playa!) Ya no corremos, hablamos bajito, sólo si es necesario. Jesús nos habla bajito y si nosotros estamos conversando no le oiremos.  

Al lado de la puerta encontramos la pila de agua bendita. Como llegamos un poco antes de que empiece la misa podemos explicarles que el agua del bautismo es la puerta del cielo, nos limpia del pecado original. Pero, como nos equivocamos muchas veces, cuando tomamos agua bendita y hacemos la señal de la cruz al entrar en la iglesia, esta nos purifica de nuestros pecados veniales -si nos arrepentimos de ellos- y nos ayuda a preparar nuestro corazón para asistir al Gran Milagro.
Es un buen momento para enseñar a hacer la señal de la cruz y asegurarnos de que no hacen un garabato.

Ya estamos dentro. Miramos al Sagrario y les explicamos que allí está Jesús vivo y que le saludamos, como Señor nuestro, haciendo una genuflexión. La rodilla derecha toca al suelo y la hacemos despacio, sin prisas, saludando a Jesús también con nuestro corazón.
Es bueno que nos situemos en las primeras filas donde ellos puedan ver lo que sucede en el altar. Aunque parezca mentira se portan mejor y si son muy pequeños se les puede llevar una bolsa con juguetes que no hagan ruido o unos cuentos.

Estas son las tres cosas que enseñaré y recordaré a mis hijos esté domingo


Por: Eva Carreras

6 de enero de 2015

Soy parte de Blogueros con el Papa. Diego García

En este video, Diego García, de Colombia, nos comenta qué es para el Blogueros con el Papa y cómo ve que la evangelización en la redes se ha convertido en un espacio vivo y vibrante de nuestra misión.

Pueden seguir sus blogs y cuenta twitter aquí:
https://twitter.com/diegodfgo
http://manantialvidadialoguemos.blogspot.com.es/

¡Gracias Diego!

17 de diciembre de 2014

SANTA TERESA DIO A SAN JOSÉ EL CAPÍTULO VI DE LA VIDA (V)

     
Las personas de oración especialmente deben ser devotas de san José,
Las relaciones de santa Teresa con san José es un caso típico para ver hasta qué punto una devoción sincera puede llegar a hacerse experiencia sobrenatural, en la terminología de la Santa, que lleva  a penetrar en la intimidad más familiar y profunda con la persona de quien se es devota. Así llega santa Teresa  a entrar en la comunión mas íntima con san José, experimentando especialmente su paternidad y su poder.  Desde esta experiencia  grita a todas las almas que sean devotas de san José y que se encomienden a él,  que se verán muy favorecidas y aprovechadas en la virtud,
 “En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas… quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no erraré en el camino” (V 6,8).
Para santa Teresa los que se dedican a la oración forman una categoría especial en la Iglesia de Dios, son los siervos del amor (V 11,1); a ella pertenecen sus hijas las carmelitas descalzas  y los carmelitas descalzos y cuantos se dedican de lleno a la oración. Para estas  san  José es un maestro consumado.
            La oración mental, según santa Teresa,  es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (V 8,5). ¿Quien es ese que sabemos que nos ama? Es Jesucristo humanado. Para ella la Humanidad sacratísima de Jesús,  - toda mi vida había sido tan devota de Cristo- es por quien nos vienen  todos los bienes (V 22,4.6.7), el libro verdadero donde ha visto y aprendido las verdades (V 26,2), con quien tenemos que entablar, mantener, fomentar y cuidar al máximo la verdadera intimidad interior. Nunca debemos apartarnos de ella. Sí, que Jesús es el amigo verdadero al lado que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo (V22,7), compañero nuestro en el Santísimo Sacramento, que no parece fue en su mano apartarse un momento de nosotros, no queramos otro camino que Él (V 22,7),  que en verlo cabe nosotros vemos todos los bienes.
            El camino de la oración debe llevarnos a encontrar y vivir en comunión íntima con Jesús. De ahí la llamada de la Santa: “Pues que mejor que la del mismo Maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto a vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando; y creedme, mientras pudiereis, no estéis sin tan buen amigo…¿Pensáis que es poco un tan buen amigo al lado? C 26,1)
            La Santa, convencida por la propia experiencia, que la oración es tanto más auténtica y santificadora cuanto es un encuentro más íntimo con Jesús,  un encuentro en el que el alma “le está hablando y regalándose con él” (V 13,11), exhorta ardiente y amorosamente a ocuparse” en que mire que le mira y le acompañe y hable y pida y se humille y regale con Él y acuérdese que no merecía estar allí…; hace muchos provechos esta manera de oración” /V 13,22)
            Esta es la oración teresiana y en la compañía e  intimidad  con Jesús humanado debe desarrollarse en sus diversas etapas.”Acostumbrarse y enamorase mucho de su sagrada Humanidad y traerle siempre consigo y hablar con él…Traer la preciosa compañía de Jesús humanado con nosotros aprovecha en todos los estados y un medio segurísimo para  crecer en el amor e ir aprovechando en el primero y llegar en breve al segundo grado de oración y para los postreros  andar seguro de los peligros que el demonio puede poner” (V 12,3). Así fue la trayectoria de su oración, de la que es  Maestra insuperable. (V 13,22) Por eso, aconseja que, aunque se medite en otras verdades, pero es a condición de que no se deje muchas veces la Pasión y la Vida de Cristo que es de donde nos han venido y nos vienen todos los bienes (V 13,13)-
Si esto es la oración para la Madre Teresa se explica y se comprende que proponga a san José como Maestro insuperable de este camino. La vida de san José, su predestinación,   su vocación , su misión está totalmente en la perspectiva de la compañía de Jesús y se concretan en estarle siempre al lado, hablarle, regalarse con él. pedirle, servirle. Toda la razón de su existencia es la vida de Jesús y para Jesús. Su verdadero desposorio con María fue en atención a Jesús. La vida de José tiene su  razón de ser solamente en Jesús: recibirle y acogerle en el. seno de su esposa María y cuando nazca, ponerle el nombre tan sublime de Jesús, cuidarle y velar por él, alimentarle, enseñarle, vivir en su compañía e intimidad y defenderle ¿Quién podrá  comprender la intimidad dulce y suave, gozosa y dolorosa que vivió con Jesús? ¿Quién podrá vislumbrar los la intensidad de amistad que se desarrolló entre ellos y con María? Es un aspecto particularísimo de la vida de san José que, desde san Bernardo, han tocado de mil ,maneras todos los que han escrito sobre el santo Patriarca; los predicadores lo predicaban desde los púlpitos. Santa Teresa, tan amiga de sermones,  lo oyó mas de una vez, “que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles, en el tiempo que tanto paso con el niño Jesús, que no den gracias a san José, por lo bien que les ayudó en ellos” (V 6,8).
Si  en la oración, como trato de amistad con Cristo, es aspecto esencial escuchar las palabras de Jesús, ver verdades, san José escuchó muchas veces las palabras de su hijo Jesús, como María, que le calaban hondo en el corazón y le iban  santificando más y más. Si a  los apóstoles, por ser sus amigos, (Jn 15,15) Jesús les descubre sus secretos ¿qué secretos y verdades no descubriría a su Padre san José. Y ¡como escucharía san José las palabras llenas de vida y de calor de Jesús! ¡Con que docilidad las asimilaría, con qué amor las metería y las meditaría en su corazón! ¡qué conversaciones mantendrían entre los dos y con María!

Toda la vida de san José fue oración porque fue una vida en compañía    de Jesús, de intimidad y familiaridad singular con él. Nadie supo más y mejor que él de la oración trato de amistad con Jesús, que por tanto tiempo trató con Jesús y María en una comunión y comunicación única de amistad y de amor. José, como padre cuando era niño,  como amigo y compañero cuando fue mayor, vivió en una intimidad singular con él. Toda su vida fue contemplación, porque escuchaba y acogía, meditaba y contemplaba las verdades de Jesús en su corazón. Toda sus vida fue oración y contemplación vivida.. San José, dice el gran devoto de san José el P.Gracián,  aprendió la oración de los dos más aventajados espíritus que jamás se pueden imaginar, que son Jesús y María; en su compañía oraba, y a los mismos que mandaba como a súbditos, rogaba como a Dios  y Madre de Dios, que este privilegio de oración ninguno lo alcanza. Realmente san José es Maestro insuperable de oración

26 de noviembre de 2014

SANTA TERSA DA A SAN JOSÉ EL CAPÍTULO 6 DE LA VIDA (II)


La bondad paternal de san José.

            Doctrinalmente santa Teresa condesa en dos páginas autobiográficas, cuando escribe este capítulo, la doctrina que los predicadores de la época y los tratadistas explican con muchas hojas, con la ventaja de que las suyas son la exposición de unas vivencias espirituales muy hondas y comprensivas.
            Dado el momento vital y espiritual que está viviendo la santa y en el que relee la historia de la salvación de su alma, lo que embarga su espíritu es la bondad paternal  y el pode singular de san José para ayudar en todas las necesidades, Cuando la Santa redacta este capítulo ha experimentado ya la mano paternal y poderosísima  de san José en momentos cruciales de su vida y de su obra de fundadora: curación milagrosa, fundación del convento de san José, liberación de los peligros del alma y ayuda en momentos de duras pruebas… y todavía le quedan muchos años de vida en los que la bondad de San José se va a ir dejando sentir palpablemente. Escribe el libro de la Vida en el 1565.
            Santa Teresa no tiene referencias ni hace reflexiones sobre la bondad  de san José, como lo hace de la bondad de Dios Padre en el Camino, exponiendo la invocación  de la oración del Padre nuestro; sencillamente llama a san José Padre, Padre mío: :este padre y señor (V 6,6),mi verdadero padre y  señor (V 33,11), mi glorioso padre y señor san José (F, prol 5), glorioso padre mío san José (V 30,7), mi padre glorioso san José (V 36,6), mi padre san José (V 33,14; 36,11), el glorioso padre nuestro san José (V 36,5). ¿Nos damos cuenta de toda la carga de amor, de bondad, de ternura que encierran estas palabras, referidas  al santo Patriarca, como expresión de la  experiencias josefinas de la Santa?.
            Hay que añadir aquí lo que ella afirma de su padre, de su gran piedad y caridad (V 1,2), del tan demasiado amor que mi padre me tenía (V 2,7) que faltarme él, era faltarme todo bien y regalo y se me arrancaba el alma, cuando le veía morir porque le quería mucho (V 7,14); con la añadidura de unas experiencias de amor y bondad por parte del padre que hacen más  bellos y sentidos estos valores, como cuando la lleva a las Agustinas de Gracia de la ciudad para librarle de los peligros de alma  en que encontraba. En la enfermedad que se le presentó no mucho tiempo después de entrar en al Encarnación, con todo cuidado  de mi regalo mi padre y mi hermana me llevaron a casa de esta en Catellanos de la Cañada y después de tres  meses con grandísimos trabajos. Su padre volvió a traerla, la trataron médicos y la cosa iba de mal  a peor; de abril a la Asunción de la Virgen duró la enfermedad, los últimos meses con dolores  incomportables que día ni noche ningún sosiego podía tener y como la  cura era más  recia de lo que pedía mi complexión, degeneró en un paroxismo que duró cuatro días. Todos la deban por muerta (en el convento de la Encarnación ya habían abierto la sepultura) sino era su padre que siempre decía: mi hija no está para sepultar. Su amor de padre no se equivocó..
            Pensemos también en lo que dice de la paternidad de Dios sobre nosotros en el comentario del Padre nuestro. Es tanto lo que da junto en la primera palabra que si el entendimiento lo comprendiera plenamente, ocuparía de modo la voluntad que no podía hablar palabra (C 27,1-2). Le dice la santa al Hijo, a Jesucristo que “nos da todo lo que se puede dar, pues obliga a su Padre a tenernos por hijos, que su palabra no puede faltar, y así no es pequeña carga, pues en siendo padre nos ha de sufrir, por grandes que sean nuestra ofensas. Si nos tornamos a él, como el hijo prodigo, hanos de perdonar, hanos de consolar en nuestros trabajos, hanos de sustentar, como lo da de hacer un tal Padre, que forzado ha de ser mejor que todos los padres del mundo, porque en él no puede haber sino todo bien cumplido; y después de todo esto hacernos partícipes y herederos de Vos” (C 27,2).
            San José es la sombra de Dios Padre en la tierra. En él ha puesto el Espíritu Santo la condición de Dios Padre  de la manera más perfecta que puede recibirla un hombre en la tierra. San José en este aspecto de bondad es el Rostro de Dios en la tierra  Así lo fue para Santa Teresa. Por eso, podemos aplicarle, con las debidas reservas, lo que la Santa dice  de la bondad de Dios Padre. Por ejemplo: “¡Oh bondad infinita de mi Dios… que toda querría, cuando esto veo, deshacer en amaros! ¡Oh, que buen amigo hacéis, Señor, cómo la vais regalando y sufriendo y esperáis a que se haga a vuestra condición, tan de mientras la sufrís Vos la suya!” (V 8,6) Apliquemos estas palabras al comportamiento de san José para con ella..
            “Fiad de su bondad que  nunca falta a sus amigos” (V 11,12). Fiad de san José que nunca faltó a sus fieles devotos. Miremos a la misma santa Teresa que no recuerda haber pedido alguna cosa a san José que no se la haya concedido: es lo que le decimos en la oración del Acordaos. Acordaos, oh purísimo Esposo de la Virgen María, mi padre y señor gloriosísimo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección y pedido vuestra ayuda no haya sido escuchado y consolado.
            “¡Oh, Señor mío, qué bueno sois! Que dais como quien sois con gran largueza y magnanimidad” (V 18,3). ¡Qué buenos eres san José!, exclama santa Teresita del Niño Jesús. Ella también experimentó a lo largo de su corta vida la protección y la ayuda de san José. Ya a los dos meses de edad le salvó san José milagrosamente de una situación extrema. Su madre se arrodilló delante de una imagen de san José con  el  Niño que tenían en la habitación y le pidió confiadamente que le curase a su hija y la  curó Toda la familia lo tuvo como un milagro del santo Patriarca y la misma santa Teresita cuando se lo contaron.
            En el viaje a Roma se encomendó especialmente a José, rezándole la oración “San José, padre y protector de las vírgenes”, que le rezaba todos los días.
            Santa Teresa dice: “Si va algo torcida la petición, él la endereza para mayor bien mío” (V 6,7).

            “Fíe de la bondad de Dios que es mayor que todos los males que podamos hacer…Nunca se cansa de dar ni se pueden agitar sus misericordias” (V 19,15)Así es san José. Su bondad está muy por encima de todos nuestros males, no desoye a ninguno que acude a él, aunque sea el más pobre y miserable y nunca de cansa de alcanzar gracias de su Hijo a todo el que le invoca con amor. Sus misericordias no se agotan y goza en atender y cuidar de todos. ¡Qué bueno es san José!    

19 de noviembre de 2014

SANTA TERESA DA A SAN JOSÉ EL CAPÍTULO 6 DE SU VIDA


            El capítulo 6 de la Vida de santa Teresa, el libro de las misericordias de Dios sobre ella, “su alma”, es un panegírico vivo breve, pero muy denso sobre san José. La exposición sencilla, realista de una de las grandes misericordias de Dios para con ella. Dios hizo cosas grandes en ella. Que le regaño por medio de san José, su Padre y Señor. para mí el mejor panegírico que se ha escrito en lengua española en honra de san José. Y loes porque está escrito desde una experiencia singularísima de la protección y ayuda de san  José. Como ella dice: “No dirá nada que no haya experimentado mucho” (V 18,8). Ella cundo escribe esta pagina autobiográfica ha experimentado mucho a san José, su presencia, su ayuda, su protección: “no recuerdo hasta ahora haberla suplicado cosa que la haya dejado de hacer” (v 6,), “Paréceme ha algunos años que cada años en su vida, le pido una cosa y siempre la veo cumplida”(V,6,7).
            Y entre las cosas, las gracias que le concedió encontramos la curación de una gravísima enfermedad. Para ver la grandeza del milagro es necesario leer la descripción que ella anos hace de su enfermedad: “Quedé de estos cuatro días de paroxismo de manera que solo el Señor puede saber los incomportables sufrimientos que sentía en mí. La lengua hecha pedazos de mordida, la garganta de no haber pasado nada y d la gran flaqueza que me ahogaba, que aún el agua no podía pasar. Toda me parecía estaba desconyuntada, con grandísimo desatino en la cabeza; toda encogida, hecha un ovillo, porque en esto paró el tormento de aquellos días, sin poderme menear ni brazo ni pie ni mano ni cabeza, más que si estuviera muerta, si no me meneaban; solo un dedo me parece podía menar de la mano derecha. Pues llegar a mí no había cómo, porque todo estaba tan lastimado que no lo podía sufrir. En una sábana, una de untado y otra de otro, me meneaban” (V 6,1). Di luego tan grabo risa de irme al monasterio, que me hice llevar así. A la que esperaban muerta,  (ya la habían abierto la sepultura en el monasterio en los cuatro días de paroxismo en que todos,  menos su padre la tenían por muerta), la recibieron con alma, pero el cuerpo peor que muerto para dar pena verle. El extremo de flaqueza no se pede decir, que solo los huesos tenía ya. Digo que el así me duró más de ocho meses, el estar tullida, aunque iba mejorando, más de tres años…Cuando comencé a andar a gatas alababa a Dios.. Todo lo pasé con gran conformidad, y si no fue estos principios, con gran alegría., porque todo se me hacía nonada comparado con los dolores y tormentos del principio (V 6,5-6).
            En situación tan angustiosa y dramática ¿a quién acude? “Como me ví tan tullida y en poca edad  (213-24 años) y cuál me habían dejado  los médicos de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanasen…. Y tomé por abogado y señor al glorioso san José y encomendéme mucho a él” (V 6,5-6).

            Aquel acontecimiento singular se tuvo como un milagro de san José. Así en varias declaraciones para su beatificación y Canonización. Y, sin duda, la primera que lo tuvo como un milagro de su Padre y Señor  san José fue la misma santa Teresa, y con ese milagro se le aumentó al cubo la devoción a san José. Según María de san José, “de esta enfermedad y dolores salió con la devoción  san José” (Libro e Recreaciones, 8,72). Salió con la devoción a san José reforzada, aumentada, sublimada y contagiosa, como se desprende de  las expresiones referidas a san José en este  capítulo 6 de la Vida, porque devota de san José ya lo era desde su niñez, se había aumentado en el convento de la Encarnación y si se encomienda y mucho a san José es porque le es ya muy devota.