Señor, Dios mío, todo lo que soy y todo lo que tengo viene de ti. Mi vida, mi tiempo, mi trabajo y mi familia son un don de tu bondad.
Hoy quiero darte lo que es tuyo: mi corazón, para amarte sobre todas las cosas; mi mente, para buscar tu verdad; mis manos, para servir a quien me necesita; mis palabras, para hablar siempre con sinceridad y ternura.
Perdóname por las veces que he dado a las cosas pasajeras el lugar que solo a ti te corresponde.
Libérame del orgullo, del egoísmo y de la prisa que me alejan de tu presencia. Enséñame a reconocer tu imagen en mí y en cada hermano, y a vivir de modo que todo lo que haga sea para tu gloria.
Que mi vida entera sea una ofrenda agradable ante ti. Amén.







