Jesús, aquí estoy. Con mis planes, mis dudas y mi corazón lleno de preguntas.
Tú dices “sígueme”, y yo a veces quiero seguirte, pero con todo asegurado: mi comodidad, mi imagen, lo que dirán los demás.
Tú no tenías dónde recostar la cabeza, y aun así caminabas libre. Enséñame esa libertad.
Ayúdame a no dejar para mañana lo que hoy me pides con tanto amor.
Cuando me pese el pasado, mis errores o lo que dejé atrás, no permitas que me quede mirando hacia atrás. Dame valentía para seguir adelante, aunque no lo tenga todo claro.
Hoy te digo “sí”, aunque sea pequeño y tembloroso. Tómalo tú y hazlo grande. Amén.






