7 de abril de 2014

LA SAGRADA FAMILIA EN EL SÍNODO.


El día de la Sagrada Familia, cayó en domingo…. Y el Papa Francisco en el Angelus, en la Plaza de San Pedro, nos habló de la familia con esa simplicidad que lo caracteriza, entro otras cosas dijo: Hoy, nuestra mirada a la Sagrada Familia se deja atraer también por la sencillez de la vida que ella lleva en Nazaret. Es un ejemplo que hace mucho bien a nuestras familias, les ayuda a convertirse cada vez más en una comunidad de amor y de reconciliación, donde se experimenta la ternura, la ayuda mutua y el perdón recíproco. “Dejarnos atraer” esa es la clave, no inventarnos nuestro modo de ser familia, sino dejarnos atraer por el ejemplo de José, María y Jesús.

También hizo el anuncio del Sínodo y además nos regaló una oración. Invitó a los miles de presentes y a quienes lo seguimos por tv a recitarla junto con él. Esta oración nos va a servir para que la vayamos haciendo, si es posible, cada día. 

El Sínodo Extraordinario de la Familia dará mucho de qué hablar, ya está dando de qué hablar.

Unos hablan mal, porque son como decía el Papa Beato Juan XXIII profetas de desastres. Otros lo miran con precaución y otros nos alegramos porque sabemos que el Papa y los Obispos están preparándose para dar respuesta a la Iglesia y al mundo según el querer de Dios. Muchas veces pensamos que esas cosas suceden allá en Roma y somos solo espectadores y receptores de lo que venga, pero en la Iglesia no es así, todos somos protagonistas porque el Espíritu Santo sopla en todos con su poder. Unos aportarán su sabiduría, experiencia, teología, pastoral etc. y todos juntos aportaremos algo importantísimo e imprescindible: LA ORACIÓN.

Vamos pues a orar, no solo por la realización del Sínodo Extraordinario, oremos también por cada una de las familias del mundo….. oremos con alegría, oremos con confianza, con paz…. El Señor nos está preparando algo muy bueno…. Pero muy bueno.

ORACIÓN A LA SAGRADA FAMILIA

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,



Amén.

Josefina Rojo

4 de abril de 2014

La Biblia

La Biblia, la Sagrada Escritura, como piadosamente la conocemos, es una creación ya lejana en el tiempo de gente del antiguo pueblo de Israel y de la primitiva Iglesia. Como creyentes afirmamos la Biblia nos revela lo que Dios ha comunicado a los hombres y ha hecho por ellos. Por eso cuando recitamos el credo confesamos que “el Espíritu Santo habló por los profetas”, que es tanto como decir que, a través de mediadores humanos, habla en lenguaje humano, por eso Jesucristo, al que vieron y oyeron los apóstoles, su vida, su mensaje, es la palabra definitiva de Dios.

La palabra es el medio normal de comunicarse que tenemos los humanos, por eso no es extraño que Dios acepte la palabra como medio de acercase al ser humano. Por la palabra salimos de nosotros mismos y nos acercamos a los demás. Por la palabra me doy al otro a la vez que espero que el me reciba y me descubra su misterio. Sin palabra no hay comunicación y los humanos permanecen alejados los unos de los otros. Si la palabra es donación reclama por parte del otro la atención, la actitud de escucha. Escuchar en el fondo es ofrecer hospitalidad a aquel que me dirige su palabra y se me entrega en ella. El creyente es un verdadero oyente de la palabra, sabe escuchar a Dios allí donde Dios nos ha hablado, en la naturaleza, en la historia, en Jesús, donde nos lo ha dicho todo acerca de sí mismo, él es al que tenemos que escuchar.

A comienzos del siglo XX Paul Claudel afirmaba que “el respeto hacia la Sagrada Escritura no tiene límites: se manifiesta sobre todo estando lejos”.

Debemos tener presente que durante siglos entre los católicos, más concretamente entre los laicos, se dio una cierta lejanía respecto a la Sagrada Escritura, no estaba bien visto que un laico leyese la Biblia. Cosa que quedaba reservada a los clérigos, sería por eso que doctores tiene la santa Madre Iglesia, y que llevaría al poeta León Felipe a hablar del secuestro del salmo: “Y siempre me preguntó al entrar en las iglesias: ¿dónde estará el salmo?, ¿dónde le habrán escondido los canónigos?”

En este alejamiento de los fieles frente a la Biblia juegan distintos factores. Hay que tener en cuenta que hasta bien época contemporánea era sólo minoría la que sabía leer y escribir, y la lectura es indispensable para tener un acercamiento directo al texto bíblico. Debemos señalar como causa del alejamiento de la Biblia el precio prohibitivo de los libros, que son caros y no estaban al alcance de todos, y la Biblia es un libro, o con junto de libros. No hay que dejar en el olvido que a partir de la Edad Media se dio una cierta desconfianza de la jerarquía eclesiástica hacia la lectura de la Biblia por parte de los laicos, el mundo del espíritu queda reservado a clérigos y monjes, mientras que el laicos tiene por tarea las cosas del mundo, el trabajo cotidiano. San Juan Crisóstomo en su Homilía sobre San Mateo sale al paso de este alejamiento del pueblo de la Escritura. Frente a aquellos que decían: “No es asunto mío el conocer a fondo la Escritura, sino de los que están separados del mundo y viven en las cumbres de los montes”, Juan Crisóstomo afirmaba que “lo que ha echado todo a perder es que pensáis que la lectura de las divinas Escrituras conviene sólo a los monjes, cuando a vosotros os es más necesaria que a ellos. A los que se revuelven en medio del mundo, a los que día tras día reciben heridas, a ésos más que a nadie son necesarias las medicinas. Así, peor que no leer las Escrituras, es pensar que su lectura es cosa ociosa. Tal excusa es de satánica malicia”.

Esta desconfianza se va a mantener a raíz de la Reforma protestante que promovía el contacto directo de todo creyente con la Sagrada Escritura, lo que llevará a en la Iglesia católica que los papas Pablo IV, 1559, y Pío IV, 1564, al promulgar el índice de libros prohibidos, prohibiese imprimir y tener biblias en lengua vulgar, a no ser con un permiso especial. Esto es lo que nos explica el cabreo que se cogió santa Teresa cuando prohibieron las versiones de la Biblia en la lengua vulgar, la del pueblo. La pasión que ella siente por la lectura de la escritura, más concretamente por el evangelio, traduce el enamoramiento que siente por la persona del mismo Jesucristo. Para ella esa prohibición era como haber perdido al mismo Señor, y es, como ella dice, “siempre he sido aficionada y me han recogido más las palabras de los evangelios que libros muy concertados”


El Vaticano II fue toda una revolución en cuanto al aprecio que recomienda tener a la Sagrada escritura. En la constitución dogmática Dei Verbum se afirma la Iglesia, lo mismo que ha hecho con el cuerpo y sangre, la Eucaristía, ha venerado siempre la Sagrada Escritura, sobre todo en la liturgia. En el capítulo VI de esta misma constitución, que lleva por título La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia, enuncia un principio fundamental: “Toda la predicación de la Iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritura”. A continuación aplica este principio, recomendando la traducción de la Biblia a las lenguas modernas, la lengua del pueblo, a partir de los textos originales y, si es posible, en colaboración ecuménica. Afirma la necesidad de profundizar en el estudio de los textos sagrados por parte de los exegetas y señala la importancia de la Sagrada Escritura en la teología: “la Escritura debe ser el alma de la teología”. Recomienda la lectura de la Sagrada Escritura a los sacerdotes, a los diáconos y catequistas, y pide que la predicación se alimente de la Sagrada Escritura. Finalmente recomienda la lectura de la Biblia a todos los fieles para “adquirir la ciencia suprema de Jesucristo”. Invita a los fieles a que “acudan de buena gana al texto por medio de la llamada lectura piadosa”, lectura que debe ir acompañada de la oración, para que pueda realizarse el coloquio entre Dios y el ser humano, ya que en expresión de San Ambrosio “a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras”.

Javier de la Cruz

2 de abril de 2014

¿Quién es el Papa San Sixto I?

San Sixto I, Roma (115-125) Romano. Elegido en el 115, murió en el 125. Enterrado en la Acrópolis de Alatri (Frosinone). Prescribió que el retazo del cáliz fuese de lino y ordenó que el cáliz y paramentos sagrados fuesen tocados solamente por los sacerdotes. Estableció se cantase el Trisagio antes de la Misa.

Era Romano por nacimiento, y su padre se llamaba Pastor. Según el "Liber Pontificalis", pasó las tres ordenanzas siguientes: 
1.- que no se le permita a nadie excepto por los sacerdotes tocar los Vasos Sagrados 
2.- que los obispos que han sido convocados a la Santa Sede, no sean recibidos por su diócesis hasta que presenten las Cartas Apostólicas 
3.- que después del prefacio en la Misa, el sacerdote recite el Sanctus junto con los fieles. 

El Catálogo Feliciano de Papas y los varios martirologios le dan el título de mártir. Su fiesta se celebra el 6 de abril. Fue enterrado en el Vaticano junto a la tumba de San Pedro. Se dice que sus reliquias fueron transferidas a Alatri en 1132, aunque O Jozzi (Il corpo di S. Sisto I., papa e martire rivendicato alla basilica Vaticana, Roma, 1900) sostiene que todavía están en la Basílica Vaticana. Butler (Vidas de los Santos, 6 de abril) dice que el Papa Clemente X le dio algunas de sus reliquias al Cardenal de Retz, quien las puso en la Abadía de San Miguel en Lorena. El Sixto a quien se conmemora en el Canon de la Misa es el Papa San Sixto II, no Sixto I.

Brandon Carvajal

1 de abril de 2014

San José el filósofo

A más de uno extrañara este título dado a San José. Se lo da san Juan Crisóstomo (344?-407) un santo Padre de la Iglesia de Oriente del siglo IV. Repetidas veces le da el título de filósofo y repetidas veces habla de la filosofía de San José. “Pues el que filosofaba por encima de la ley (puesto que dejar a la Virgen y dejarla en secreto, era de quien filosofaba por encima de la ley) ¿cómo podría obrar algo contra la ley sin que necesidad alguna le forzara a ello?” (Hom. in Mat, 2,4:PG57,28).

Ante el misterio de la preñez de María por obra del Espíritu santo afirma que San José no solo no quiso castigarla, sino tampoco entregarla al público deshonor. “Ahí tienes a un varón filósofo, libre de la más tiránica de las pasiones”. Obra por encima de la ley; ante ese misterio José dio muestras de la más alta filosofía, pues no acusó ni deshonró a la Virgen, sino que solo pensó en abandonarla en secreto (Hom. in Mat, 4,4; PG 57,43-44).

Para poder comprender todo el sentido y contenido de estas palabras aplicadas a san José, es necesario recorrer los muchos lugares en que habla de la filosofía de otros personajes de la Biblia y aún de la hagiografía cristiana o de la filosofía cristiana... Así presenta a como modelo de una alta filosofía en su comportamiento ante las persecuciones del rey Saúl. “Y lo que hizo con Saúl no una ni dos veces, sino muchas ¡cómo muestra el culmen de la filosofía!

Hablando de los tres jóvenes hebreos echados por orden de Nabucodonosor en el horno de fuego, contrapone su condición de estar desprovistos de todo a la conducta y boato del rey que tiene riquezas, oro, fausto… dice que “les basta su filosofía y esta sola, la cual les hace brillar más que al que se ciñe de diadema y viste de púrpura y está rodeado de todo, a ellos que no tienen nada de esto” (Hom.in Mat. 4,3; PG 57,39). En medio de Babilonia exhibieron una suma filosofía.

Habla de la filosofía de Juan Bautista en el desierto y cuando baja a las ciudades baja como un ángel de los cielos, atleta en piedad, campeón del orbe y filósofo con una filosofía digna del cielo.

Al hablar de la filosofía de los Magos dice que ofrecen dones propio de la filosofía eclesiástica: el reconocimiento, la obediencia y la caridad al Niño Dios. (Hom. in Mat. 8,1;PG 57,83)

Recomienda la Vida de San Antonio Abad, escrita por san Atanasio y dice que “de ella se saca mucha filosofía (Hom. in Mat. 8,5; PG 57,88).

Afirma que una fuerza divina penetraba a los apóstoles y evangelistas para escribir lo que escribieron. “Porque de no ser así ¿cómo habrían podido enseñar tan alta filosofía un alcabalero, un pescador y un iletrado?” (Hom. in Mat. 1,4; PG 57,18). Claramente nos dice que la alta filosofía es la doctrina evangélica y la enseñanza evangélica. El Evangelio es la más alta filosofía. Por eso hablado de las enseñanzas de Cristo en breves y claras sentencias que nos enseñan lo que es justo y honesto y provechoso y todas las virtudes, dice que allí puede verse la altísima filosofía y que las armas de los soldados de Cristo “no están compuestas de acero y de hierro, sino de verdad, de justicia, de fe, de toda filosofía” (Hom in Mat. 1,6; PG 57.20).

Para él la humildades madre de todos los bienes, “es el principio de toda filosofía, igual que la soberbia es fuente de toda maldad” (Hom. in Mat. 3,6; PG 57, 38). Claramente nos dice que toda filosofía equivale a toda bondad.

De todos estos textos y otros semejantes podemos concluir razonablemente que cuando San Juan Crisóstomo habla de san José filósofo de su filosofía se refiere a su santidad de vida, a su bondad, a su grandeza espiritual. Quiere decir que San José ha vivido la enseñanza del Evangelio, su entraña y su esencia con una fidelidad y una intensidad únicas, que ha vivido a Dios Padre, a Jesús y María y a todos los hombres hasta el martirio. Ha vivido la justicia, en el sentido bíblico de misericordia, bondad, fidelidad, salvación, compasión, de una manera singular, ha vivido el reconocimiento de su Hijo como Salvador y Redentor y de su esposa como madre y virgen, la obediencia, sometimiento total del entendimiento y de la voluntad, al Padre del cielo con una intensidad y perfección íntegras. Ha llegado a la cima de la santidad evangélica, tal como la propone el Evangelio. En una palabra, San José poseyó y vivió en grado perfecto todas las virtudes excelsas, sencillas y evangélicas. Un santo en todo virtuoso, un santo en todo perfecto y cabal. Esta es la altísima filosofía de san José sobre todos los demás santos, después de la Virgen María, su esposa.

P. Román Llamas ocd

Evangelio de hoy comentado por Manuel Robles



Texto del Evangelio (Jn 5,1-3.5-16): Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?». Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda». Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. 

Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla». Él le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’». Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor». El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.