11 de septiembre de 2010

Existe un grupo en face book: bajo el nombre de BLOGUEROS cum PAPA

Querido amigos lectores y seguidores de Blogueros con el Papa. En esta entrada quería sólo daros la noticia de que desde hace un mes existe un grupo en facebook bajo el nombre de BLOGUEROS CUM PAPA. Es un grupo muy pequeño y si no crece convenientemente habrá que plantearse su supresión.

Una vez estuve en una manifestación pro vida en una gran ciudad española, hace muchos años.

Fue un desastre. Todas las televisiones se ensañaron con ella, porque los participantes eran unos pocos centenares. Además, todos querían aprovechar para defender otros propósitos distintos. Abundaban las banderas españolas, imágenes religiosas, y otros símbolos que nada tenían que ver con el asunto que nos convocaba. Este recuerdo me ha venido a la cabeza al ver que este grupo no crece. El crecimiento es necesario, al menos en las primeras fases de la existencia. Mirad a este niño: ¡ que gesto tan pillo el suyo! ¡Ayudémosle a crecer como se merece!

Se creó ese grupo de facebook para apoyar a este blog. Ahora, el grupo pide ayuda a blogueros con el Papa, para que los lectores de esta entrada se suscriban en dicho grupo y lo difundan como les parezca.

Blogueros con el Papa anima también a sus autores, seguidores y lectores a que difundan este blog entre sus amistades y a que sigan rezando por esta iniciativa. Todavía podemos crecer más.

10 de septiembre de 2010

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA


Benedicto XVI: santa Hildegarda de Bingen, teóloga y artista


Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 8 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, en la que continuó con la presentación de la figura de santa Hildegarda de Bingen que había comenzado la semana anterior (Cf. Benedicto XVI: santa Hildegarda de Bingen, poetisa y mística).

* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Quisiera retomar y continuar la reflexión sobre santa Hildegarda de Bingen, importante figura femenina de la Edad Media, que se caracterizó por su sabiduría espiritual y santidad de vida. Las visiones místicas de Hildegarda se parecen a las de los profetas del Antiguo Testamento: al expresarse con las categorías culturales y religiosas de su tiempo, interpretaba a la luz de Dios las Sagradas Escrituras, aplicándolas a las circunstancias de la vida. De este modo, todo los que la escuchaban se sentían invitados a vivir un estilo de existencia cristiana coherente y comprometido. En una carta a san Bernardo, la mística del Palatinado Renano confiesa: "La visión atrae todo mi ser: no sólo veo con los ojos del cuerpo, sino que se me aparece en el espíritu de los misterios... Conozco el significado profundo de lo que se expone en el Salterio, en los Evangelios, en los demás libros, que se me han mostrado en esta visión. Ésta quema como una llama en mi pecho y en mi alma, y me enseña a comprender profundamente el texto (Epistolarium pars prima I-XC: CCCM 91).
Las visiones de Hildegarda están llenas de contenido teológico. Hacen referencia a los principales acontecimientos de la historia de la salvación, y usan un lenguaje principalmente poético y simbólico. Por ejemplo, en su obra más famosa, titulada "Scivias", es decir, "Conoce los caminos", resume en treinta y cinco visiones los eventos de la historia de la salvación, desde la creación del mundo al fin de los tiempos. Con los rasgos característicos de la sensibilidad femenina, Hildegarda, en la parte central de su obra, desarrolla el tema del matrimonio místico entre Dios y la humanidad realizado en la Encarnación. En el árbol de la Cruz se realizan las bodas del Hijo de Dios con la Iglesia, su esposa, llena de gracias y que ha recibido la gracia de ser capaz de dar a Dios nuevos hijos, en el amor del Espíritu Santo (Cf.Visio tertia: PL 197, 453c).
A partir de estas breves referencias vemos ya cómo también la teología puede recibir una contribución peculiar de las mujeres, porque son capaces de hablar de Dios y de los misterios de la fe con su inteligencia y sensibilidad propias. Aliento por este motivo a todas aquellas que desempeñan este servicio a realizarlo con profundo espíritu eclesial, alimentando la propia reflexión con la oración y teniendo en cuenta la gran riqueza, aún en parte inexplorada, de la tradición mística medieval, sobre todo la representada por modelos luminosos, como Hildegarda de Bingen.
La mística renana es autora también de otros escritos, dos de ellos particularmente importantes, porque muestran, como en "Scivias", sus visiones místicas: el "Liber vitae meritorum" (Libro de los méritos de la vida) y el "Liber divinorum operum" (Libro de las obras divinas), también llamado "De operatione Dei". En el primero, se describe una visión única y poderosa de Dios que vivifica el cosmos con su fuerza y con su luz. Hildegarda subraya la profunda relación entre el hombre y Dios y nos recuerda que toda la creación, de la que el ser humano es la cumbre, recibe la vida de la Trinidad. El texto está centrado en la relación entre virtud y vicios, de manera que el ser humano debe afrontar diariamente el desafío de los vicios, que le alejan en el camino hacia Dios y las virtudes que le favorecen. Es una invitación a alejarse del mal para glorificar a Dios y entrar, después de una existencia virtuosa, en la vida "llena de alegría".
En el segundo libro, considerado por muchos su obra maestra, describe la creación en su relación con Dios y la centralidad del hombre, expresando un fuerte cristocentrismo de sabor bíblico-patrístico. La santa, que presenta cinco visiones inspiradas en el Prólogo del Evangelio de san Juan, refiere las palabras que el Hijo dirige al Padre: "Toda la obra que has querido y que me has encomendado, la he cumplido, y yo estoy en ti y tú en mi, y que somos una sola cosa" (Pars III, Visio X: PL 197, 1025a).
En otros escritos, por último, Hildegarda manifiesta una variedad de intereses y el dinamismo cultural de los monasterios femeninos de la Edad Media, a diferencia de los prejuicios que todavía hoy siguen extendiéndose sobre esa época. Hildegarda se dedicó a la medicina y a las ciencias naturales, así como a la música, pues tenía talento artístico. Compuso también himnos, antífonas y cantos, recogidos con el título Symphonia Harmoniae Caelestium Revelationum (Sinfonía de la Armonía de las Revelaciones Celestes), que eran gozosamente interpretados en los monasterios, difundiendo una atmósfera de serenidad, y que han llegado hasta nosotros. Para ella, toda la creación es una sinfonía del Espíritu Santo, que es en sí mismo alegría y júbilo.
La popularidad que rodeaba a Hildegarda llevaba a muchas personas hacerle consultas. Por este motivo, disponemos de muchas de sus cartas. A ella se dirigían comunidades monásticas de hombres y mujeres, obispos y abades. Muchas de las respuestas siguen siendo válidas para nosotros. Por ejemplo, a una comunidad religiosa femenina Hildegarda le escribía: "La vida espiritual debe ser atendida con mucha dedicación. Al inicio el cansancio es amargo. Dado que exige la renuncia a los caprichos, al placer de la carne y a cosas semejantes. Pero, si se deja fascinar por la santidad, un alma santa experimentará como algo dulce y agradable el mismo desprecio del mundo. Sólo es necesario prestar atención inteligentemente a que el alma no se marchite" (E. Gronau,Hildegard. Vita di una donna profetica alle origini dell'età moderna, Milano 1996, p. 402). Y cuando el emperador Federico Barbarroja provocó un cisma eclesial oponiendo tres antipapas al Papa legítimo, Alejando III, Hildegarda, inspirada en sus visiones, no dudó en recordarle que también él, el emperador, estaba sometido al juicio de Dios. Con la audacia que caracteriza a todo profeta, escribió al emperador estas palabras de parte de Dios: "¡Atento, atento a esta malvada conducta de los impíos que me desprecian! ¡Escucha, rey, si quieres vivir! ¡De lo contrario mi espada te traspasará!" (Ibídem, p. 412).
Con la autoridad espiritual de la que estaba dotada, Hildegarda viajó en los últimos años de su vida, a pesar de la edad avanzada y de las penosas condiciones de los desplazamientos. Todos la escuchaban con gusto, incluso cuando utilizaba un tono severo: la consideraban una mensajera enviada por Dios. Exhortaba sobre todo a las comunidades monásticas y al clero a vivir en conformidad con su vocación. En particular, Hildegarda se opuso al movimiento de los cátaros alemanes. Los cátaros, literalmente "puros", propugnaban una reforma radical de la Iglesia, sobre todo para combatir los abusos del clero. Ella les reprendió con fuerza por querer subvertir la naturaleza misma de la Iglesia, recordándoles que una verdadera renovación de la comunidad eclesial no se consigue tanto con el cambio de las estructuras, como con un sincero espíritu de penitencia y un camino de conversión. Este es un mensaje que nunca debemos olvidar.
Invoquemos siempre al Espíritu Santo para que suscite en la Iglesia mujeres santas y valientes, como santa Hildegarda de Bingen, que apreciando los dones recibidos de Dios, aporten su preciosa y peculiar contribución para el crecimiento espiritual de nuestras comunidades y de la Iglesia en nuestro tiempo.
[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
Quisiera continuar en el día de hoy hablando de Santa Hildegarda de Bingen, religiosa benedictina de origen alemán que, en el siglo XII, se distinguió por su santidad y sabiduría espiritual.
Esta santa gozó durante toda su vida de continuas visiones místicas, que una vez reconocidas por la autoridad de la Iglesia, se pusieron por escrito en diversos libros. Éstos rezuman un amplio conocimiento de las Sagradas Escrituras y de los Padres de la Iglesia. Las obras de Santa Hildegarda se centran en la exposición de los principales misterios de la historia de la salvación, presentados con una notable profundidad teológica, y con su peculiar inteligencia y sensibilidad femenina. Además de su producción teológica y moral, Hildegarda abordó temas relativos a la medicina, las ciencias naturales o la música.
Gozó de gran popularidad en su época, por lo que numerosos obispos y abades mantenían correspondencia con ella, consultándole muchos de los problemas que se les planteaban. En los últimos años de su vida, se dedicó también a hablar de Dios a la gente, subrayando especialmente la necesidad de una continua conversión en la vida monástica y sacerdotal.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Diócesis de Tula, en México, que están celebrando el cincuenta aniversario de la creación de esa diócesis; a los médicos y administrativos de la Arquidiócesis de Salta, en Argentina; así como a los demás fieles provenientes de España, México, Panamá, El Salvador, Honduras y otros países latinoamericanos. Invoquemos al Espíritu Santo, para que suscite siempre en la Iglesia mujeres santas que, contribuyan al crecimiento espiritual de nuestras comunidades. Muchas gracias.

9 de septiembre de 2010

Las peregrinaciones y la JMJ

Estoy suscrito a una página web  -Historias de luz y sabiduría- que cada miércoles me envía una historia o cuento edificante. Ayer recibí ésta que transcribo a continuación:



Abd Mubarak iba hacia La Meca cuando, cierta noche, soñó que estaba en el cielo. Allí pudo escuchar la conversación entre dos ángeles.
-¿Cuántos peregrinos han venido este año a la ciudad sagrada?- preguntó uno de ellos.
-Seiscientos mil- respondió el otro.
-Y de todos estos, ¿a cuántos se les ha aceptado su peregrinación?
-A ninguno. No obstante, hay en Bagdad un zapatero llamado Ali Mufiq que no caminó, pero al que se le aceptó su peregrinación, y cuyas gracias beneficiaron a los seiscientos mil peregrinos.
Al despertar, Abd Mubarak fue a la zapatería de Mufiq, y le contó el sueño.
-A costa de grandes sacrificios, logré reunir 350 monedas- dijo, llorando, el zapatero-. Sin embargo, cuando estaba listo para ponerme en marcha hacia La Meca, descubrí que mis vecinos tenían hambre. Repartí el dinero entre ellos, sacrificando mi peregrinación.


No sé quiénes son los inventores de las peregrinaciones. Supongo que es algo que está en la estructura misma del ser humano, que desea realizar un viaje a lugares sagrados o significativos. Esos viajes son un trasunto de nuestra vida, que no encuentra sentido en esta tierra que habitamos, sino en la Vida eterna que Dios nos ofrece y para la que hemos sido creados. En todo caso, la historia me ha hecho pensar en las Jornadas Mundiales de la Juventud. ¡Cuántas personas quedarán sin poder ir a Madrid el próximo agosto! 


La moraleja de la historia tiene sus aspectos positivos y negativos. 


Tomada en sentido absoluto, podría incluso pensarse que todas las peregrinaciones son superfluas, puesto que siempre se debería aplicar el dinero para subvenir a las necesidades del prójimo. Ésta es una explicación insuficiente e infundada. Ya Jesucristo advirtió la posible hipocresía que puede celarse detrás de este tipo de argumentos. Cuando en Betania recibió la unción por parte de María, Judás criticó esa acción aduciendo que con el valor del frasco de perfume podría alimentarse a muchas personas. Jesús alabó la acción de María y explicó: "pobres los tendréis siempre entre vosotros". El dinero que se dedica al culto nunca está mal empleado, porque es demostración del primero de los mandamientos. ¿Cómo podríamos decir que amamos a Dios sobre todas las cosas si no dedicáramos a su culto lo mejor que tenemos?
Aunque también es verdad lo contrario: ¿Cómo podríamos tener la conciencia tranquila si junto a los templos cristianos abundara la miseria? Es evidente, que no se pueden sacar conclusiones generales y que aquí entra en juego siempre la virtud de la prudencia. 


El zapatero de la historia hizo algo muy bueno, un sacrificio que no pasó inadvertido en el cielo, pero de ahí no se debe generalizar ninguna norma vinculante y menos aún considerar superfluas e inútiles todas las peregrinaciones. 


En agosto de 2011 habrá muchas personas que no podrán estar en Madrid con el Papa. Muchas porque ya no se consideran jóvenes. Otras muchas porque estarán impedidas por las circunstancias: la enfermedad, la penuria económica u otras ocupaciones. Sin embargo, todas pueden realizar una peregrinación interior ofreciendo a Dios sus sacrificios y sus buenas obras.


El éxtito de la Jornada Mundial de la Juventud no se mide por el número de participantes, sino por los frutos de santidad que producirá con el concurso de todos: de los que concurrirán allí y de los que se quedarán en casa, apoyando con su oración y su sacrificio. 

7 de septiembre de 2010

El mensaje del Papa (primera parte)




"Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cf. Col 2, 7)

Queridos amigos
Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia.
Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7).
Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.
(Para leer el mensaje completo, consultar aquí: almudi.org)
El Papa invita a sus amigos a encontrarse con Cristo en la JMJ Madrid 2011 y en sus primeras palabras centra el propósito de ese encuentro. Revivir de nuevo la experiencia fuertemente sentida en los anteriores encuentros; redescubrir las raíces cristianas de Europa; proponer el lema de este año -Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe- y dejar sentado su íntimo deseo: que los participantes en la JMJ tengan la experiencia de Jesús resucitado. 
Un amigo bloguero nos sugirió que publicáramos este mensaje. Y me parece a mí que vale la pena hacer algún breve comentario a los distintos puntos, que pueda ayudar a asimilar y comprender mejor su contenido. Así lo haremos en los próximos días, publicando y comentando el resto del mensaje.

5 de septiembre de 2010

Anecdotario de un amigo (5)


Los que han conocido a Benedicto XVI en su etapa académica cuentan que, pese a ser una autoridad mundialmente conocida en las materias que impartía, no era excesivamente exigente con los alumnos y tendía a elevar sus notas.

En esto me ha recordado al fallecido sacerdote Pablo Domínguez, profesor y Rector de la Facultad San Dámaso de Madrid, al que muchos han conocido a raíz de la estupenda película “La última cima”, una película que habla bien de los curas. Resulta que Don Pablo fue profesor de mi hermano cuando era seminarista y este me cuenta que a pesar de no ser muy buen estudiante le puso un 9 en su asignatura.

Al respecto, tengo la teoría de que los seres que están cerca de Dios valoran más a los otros y eso explica las notas excelentes que el profesor Ratzinger y Pablo Domínguez daban a sus alumnos.

Esta benignidad adquirida en el trato con Dios de Benedicto XVI debió sufrir horrores en su penúltima etapa vital como Cardenal Prefecto para la Doctrina de la Fe. Creo que le tuvo que ser muy difícil sancionar doctrinas de colegas y compañeros teólogos a los que, en muchos casos, conocía y apreciaba: Hans Kung y Leonardo Boff son quizás los más conocidos. El primero, además de compatriota, fue quien propuso al doctor Ratzinger para la cátedra en la Universidad de Tubinga y mantuvieron durante años una relación de aprecio mutuo y de respeto a pesar de las diferencias académicas entre ambos. El otro, Leonardo, fue discípulo de Ratzinger en la Universidad de Munich.


Sin duda, Joseph Ratzinger era el hombre más preparado en la Iglesia para discernir la recta doctrina. Pero, a la vez, era el menos riguroso de los censores. Solo su inmenso amor a la Iglesia de Cristo le hizo sobreponerse a la magnitud e ingratitud del cargo y desempeñarlo con una caridad y una insobornabilidad absolutas.

A pesar de ello, el estereotipo que nos trasladaban los medios era la de una persona intransigente y dura. Nada más lejos de la realidad, como estamos comprobando los cristianos que disfrutamos actualmente de su pontificado.

Para ilustrarlo, traemos una anécdota que Josep Ignasi Saranyana cuenta en”Diálogos Almudí 2006” y que transcribimos a continuación:

“Leonardo Boff tuvo un encontronazo en 1984 con el cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. De oficio el cardenal Ratzinger tuvo que tomar una medida disciplinaria importante con respecto a Leonardo, imponiéndole como pena medicinal un año de silencio, a raíz de la publicación de un libro de Boff muy sesgado. Me refiero al famoso libro Igreja: carisma e poder, aparecido en 1981. Pues bien, los periodistas acudieron a Boff a raíz de la elección pontificia y le preguntaron: "¿Usted qué opina de la elección de Ratzinger?", esperando que Boff respondiera que era el hombre que le había perseguido y que le redujo a silencio durante un año, etc. Y Boff se limitó a recordar que era la única persona que le había echado una mano cuando lo necesitaba, siendo él estudiante en Munich; que fue el profesor Ratzinger quien le asesoró en la redacción de su tesis doctoral. De las palabras de Boff podía incluso deducirse que Ratzinger pagó de su bolsillo la publicación de la tesis o, al menos, contribuyó a ella. En la edición de El País, de 6 de julio 2006, se afirmaba que entregó 14.000 DM a Boff para que editase inmediatamente su trabajo doctoral”.

En definitiva, calificar a Benedicto XVI de intransigente es un insulto a la inteligencia o, peor aún, un atentado contra la verdad. Quién lo quiera ver así o no tiene luces o proyecta sombras para hacer caer a los demás y está, por tanto, en las antípodas de Benedicto, cuya doctrina es luminosa, cuya persona esta pronta a levantar y acompañar a quien lo necesita.