28 de febrero de 2014

El Domingo, Día del Señor

El domingo, en una sociedad secular como la nuestra, es un día sin referencia religiosa, y no sólo para el que pasa de la religión, sino para muchos que se dicen cristianos. El domingo es para gran parte de la gente un día oportuno para el descanso, hacer deporte, para estar con la familia, o disfrutar de la compañía de los amigos. En principio que sea así no está mal, conviene no sacralizar demasiado el tiempo y el espacio y todo porque lo único santo es Dios. Además si nos fijamos bien en el actuar de Cristo nos encontramos que no sacralizó ni el tiempo ni el espacio, no afirmó que algún día de la semana fuese más santo que otro, y eso que fue un piadoso judío de su tiempo, incluso fue acusado de pecar contra el día sagrado de los judíos, el sábado.

Desde está óptica “profanar” el día sagrado no entra de lleno dentro de los pecados, y eso que la Iglesia en el correr de los tiempos introdujo un mandato para los fieles en la línea de lo que era el tercer mandamiento del decálogo, “santificar las fiestas”, mandato que pedía a los fieles el descanso y la asistencia a misa. 

Siguiendo con los ejemplos nos encontramos que los cristianos de los primeros tiempos, y con la importancia que concedieron al domingo, no convirtieron este día en un día sagrado, y eso que en este día solían reunirse comunitariamente para celebrar el recuerdo de la resurrección del Señor con la oración y la eucaristía, aunque en todo lo demás, siguiesen en este día las pautas del resto de sus contemporáneos y se dedicasen al trabajo.

Entonces ¿dónde radica la importancia que los cristianos damos al Domingo? Por supuesto no en un mandato de la Iglesia que pide a los fieles que santifiquen ese día con el descanso y la participación en la Eucaristía. La fe es un acto personal que trasciende a todo lo que es ley, norma, mandato, todo lo cual se intenta escaquear y si no se cumple para evitar las posibles represalias. Y tenemos que tener en cuenta que primero fue el domingo con su celebración de la eucaristía y después vino el mandato o precepto de la Iglesia sobre la práctica del mismo.

La importancia del domingo, al menos para mi, radica en la conciencia que tiene el cristiano de que la resurrección del Señor funda la fe, la confianza que depositamos en el Dios que se nos revela en Jesucristo. Y es esto lo que recordamos en el domingo o día del Señor. En segundo lugar la importancia del domingo radica en la conciencia de pertenecer a una comunidad de hombres y mujeres que creen en Jesús, que apuestan por su estilo de vida y que sienten la necesidad de reunirse para sentirse, por encima de determinaciones sociales, económicas o culturales, miembros de la Iglesia, como comunidad creyente que vive, o al menos lo intenta, un mismo proyecto de vida, el evangelio, y que celebran la fe, ya que somos conscientes que la comunidad es el ámbito de la presencia misteriosa del Señor entre nosotros, al menos eso fue lo que él nos dijo: “donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo”. En tercer lugar la importancia del domingo radica en la necesidad de mantener vivo el mandato del Señor: “Haced esto en memoria mía” y “esto” es la eucaristía, que es recuerdo de una vida y de una presencia la del Señor en medio de su comunidad.

De hecho desde comienzos del cristianismo el domingo se convierte en el día de la celebración de la eucaristía, entendida como lectura de la palabra de Dios, celebración del perdón y comida del pan eucarístico y, como recordaba el apóstol Pablo a sus comunidades, compartir los bienes con los necesitados a través de la colecta.

Desde lo que llevamos dicho no entiendo a un cristiano a quien el domingo no le diga nada, que no sea capaz de celebrar la eucaristía y de sentir la pertenencia a la comunidad de discípulos del Señor, y no porque así esté mandado, sino como expresión de una fe viva y de una necesidad de mantener vivos los gestos que a lo largo de los tiempos han expresado esa fe.

Algo tiene que fallar entre los cristianos ya que la participación en la eucaristía dominical nace no de una exigencia de vivir y expresar la fe comunitariamente, sino de un mandato, de una obligación, como si fuera algo que nos viene impuesto por un poder externo que penaliza el no cumplimiento del mismo como un pecado más o menos grave. 

Necesitamos madurar en responsabilidad, educar nuestra fe para que las exigencias de la vida cristiana nazcan no de cumplir con algo que nos es mandado desde fuera, sino de una necesidad de expresar y celebrar los misterios de la fe que dan sentido a nuestra vida y nos hacen revivir la historia de salvación, como historia de amistad de Dios con nosotros.


Javier de la Cruz





27 de febrero de 2014

CON LA VIDA NO SE JUEGA

No se ha contado con ninguno de nosotros para traernos al mundo, se ha dado la vida sin ni siquiera pensarlo. Sí, es verdad que en muchos casos se ha buscado y se ha pensado en engendrar vida, pero hay también muchos que no. De cualquier forma la vida es algo que no depende de nosotros sino que está en nosotros la capacidad de darla porque así nos ha venido dado.

Regalamos vida tal y como nos la han regalado a nosotros sin ser los dueños y señores de esas vidas. Es la capacidad reproductiva que tenemos y que debemos respetar y cuidar. No podemos jugar con la vida para beneficio propio. El amor no son sentimientos de placer para usarlos según nuestros caprichos, sino instintos pasionales que nos estimulan y nos atraen para dar vida y proteger esa vida. 

Y que nos responsabilizan para crear circunstancias donde esa vida pueda crecer y desarrollar con todos sus derechos y posibilidades. Son los nidos, las familias, a los que toda criatura tiene derecho. Nadie tiene derecho aunque así lo crean y lo vivan, a jugar con sus cuerpos y a generar vida que luego al no ser querida desean matarla. No hay punto de discusión porque la verdad es apabullante. El hombre y la mujer se convierte en auténticos asesinos.

Ocurre de forma perfecta en los animales y así se reproducen por sus instintos procreativos que garantizan las especie y el equilibrio natural. Ocurre que siempre es el hombre quien lo estropea todo queriendo incluso dominarlos y utilizarlos para beneficio propio.

Pero en la persona humana es diferente, porque hablamos de uno igual a él, con la misma dignidad que él. Y si el hombre tiene derechos y deberes, esos seres humanos, personas como ello, también tienen derechos y deberes. Aunque hay un matiz que mientras vivan en el seno de sus madres y sean dependientes de ellos, siempre tendrán más derechos que deberes.

Por lo tanto, si te precias de ser persona, se responsable y no juegues con la vida.

Salvador Pérez Alayón.

26 de febrero de 2014

San José en la presentación del niño jesús en el templo

Hasta la reforma litúrgica del Vaticano II la solemnidad que la Iglesia celebra en la fiesta del 2 de febrero era la de la Purificación de la Virgen María. Era una fiesta Mariana. A partir de esa reforma la fiesta se denomina Presentación del Niño Jesús en el templo y es una fiesta de Cristo. En la Iglesia oriental se la llamó Hipapante= encuentro con el Señor y se celebraba cuarenta días después de la Epifanía. La liturgia occidental respetó y conservo ese nombre por algún tiempo y solo a partir del siglo X y XI comenzó a llamarse La purificación de María.. Con la reforma del vaticano II ha recuperado su sentido original.

La fiesta del la Presentación de Jesús en el templo es su manifestación como Luz del mundo y Sol resplandeciente desde los brazos de José y de María que le llevan al templo, donde se manifiesta a su pueblo y al mundo entero.

¿Qué papel juega San José en la Presentación del Niño Jesús en el templo a los cuarenta días de su nacimiento? En primer término, tenemos la expresión que sus padres le llevaron a templo para presentarlo al Señor. La Presentación es un término litúrgico que significa poner delante del Señor al hijo para que le sirva de por vida. Y en esta Presentación Lucas afirma por dos veces que lo hacen para cumplir con lo mandado en la Ley de Dios en las Escrituras (Lc 2,22-23.27) para resaltar que José y María son fieles cumplidores de la ley del Señor en todo. La Presentación la hace San José, ya que era oficio propio del padre y la Virgen María se unió íntimamente a los gestos y sentimientos de José, ofreciendo a su hijo al servicio total de Dios.

Esta Presentación la hicieron en lugar del rescate que estaba prescrito en la Ley (Ex 13,13), por que en la Iglesia del tiempo de Lucas el rescate de los primogénitos no tenía ningún sentido, al igual que la circuncisión. Todo primogénito es pertenencia de Dios (Ex 13.12) y para que pudiese dedicarse la vida civil tenía que ser rescatado. Cinco siclos era el precio del rescate (Núm. 18,16). Pero José y María, inspirados por el Espíritu Santo del que estaban llenos, ateniéndose a las palabras que el ángel había dicho a María en la anunciación: Y lo que nacerá de ti será santo y será llamado Hijo de Dios (Lc 1,15), determinaron que esa consagración como hijo de Dios, esa pertenencia a Dios se continuase; en vez de rescatarle, le consagraron. Así había hecho Ana, la mujer de Elcana, en el A.T., consagrando a su primogénito al servicio de Dios en el templo de Silo, a Samuel, el gran profeta del Señor. (1Sam 1,24-28) 

El Papa Pío IX, que declaró a San José patrono de la Iglesia universal el 8 de diciembre de 1870, siendo todavía sacerdote, predicó una novena a san José y, en un sermón sobre la Presentación del Niño Jesús en el templo, expone así el papel de San José en aquel acto: “Fue conducido allí a una con su esposa este ministro de nuestra salud (San José) para hacer ante el altar la presentación legal del niño salvador: Ofrece, José. dice san Bernardo, al Señor el sacrificio de alabanza, el sacrificio matutino…José, pronto y generoso en su obediencia, levantó en sus brazos la eterna hostia del sacrificio, y `he aquí, exclama, Padre eterno, he aquí este niño que vos me distéis en lugar de hijo, yo amo más que a mí mismo a este amable, a este querido hijo, yo le adoro profundamente y le reconozco con suma reverencia como a mi Dios; en él solo vivo y en él me muevo, en él únicamente existo en este momento; pero vos queréis que esta querida y adorada prenda sea sacrificada por la salud de los hombres. Vos le queréis muerto para satisfacer a vuestra justicia irritada; yo inclino, aunque con sumo dolor, inclino reverente mi frente y callo a dorado vuestros decretos´.) En Estudios josefinos, 27 (1973) p.21).

Al entrar en el templo José y Maria con el niño, el anciano Simeón, hombre justo y piadoso y lleno del Espíritu Santo, lo toma de sus brazos y bendice a Dios, diciendo que puede dejarle marchar en paz porque ha visto su salvación, Luz para la revelación de las naciones y gloria del pueblo de Israel. José y María se maravillaban de lo que decía del Niño. Algo parecido a cuando los pastores fueron al establo y decían del Niño lo que les habían dicho que era el Salvador del mundo (Lc 2,17-18).

A continuación se cambian las tornas, la admiración por lo que decían del Niño se cambia en dolor, por lo que también oyen del Niño. Simeón, dirigiéndose a María, le dice: Mira, este está puesto para la caída y puesta en pie de muchos en Israel, para ser un signo de contradicción, y en cuanto a ti: Una espada te traspasará el alma (Lc 2,31.35). Estas palabras no solo traspasan el alma de María sino también la de José, Sin duda estas palabras le traen a la memoria la profecía de Isaías sobre el Siervo de Yahvé en la que describe con detalles sorprendentes la pasión y muerte que ha de sufrir este Siervo para salvar muchedumbres y ve cumplida en su hijo esta profecía y a su madre sufriendo juntamente con el hijo y una espada traspasa su alma, porque ama a su hijo y a su esposa más que a su propia vida. Sufre anticipadamente el dolor de la pasión y muerte de su hijo y de su esposa y se une íntimamente a ellos, ofreciéndolo por la salvación del mundo. Y así en los albores mismos de la vida de Jesús aparece ya en lontananza su pasión y muerte. Todos los momentos de la vida de Cristo son redentores. 

P. Román Llamas, ocd

25 de febrero de 2014

La Cajita de oraciones. Únase a nosotros.


¿Qué le parecería que miles de personas le acompañaran en sus oraciones? ¿Por qué no utilizar las redes sociales para conseguir ese milagro?

Cuando pensamos en las redes sociales, normalmente pensamos en el intercambio de enlaces, comentarios, noticias, gráficos o música, pero las redes sociales pueden ser los cimientos de una red de oración.

La oración es también una actividad comunicativa. Por una parte nos comunicamos con Dios, al que alabamos, agradecemos o solicitamos una necesidad, pero a través de la oración también nos comunicamos con otras personas. ¿Cómo? A través de la Comunión de los Santos. Cuando oramos por una persona, estamos estableciendo un vínculo con ella. Un vínculo que tiene toda la fuerza tener a Dios como parte del triángulo comunicativo.

Si pensamos que la oración puede ser compartida por personas de todo el mundo, nos daremos cuenta de la inmensa capacidad de unirnos en nuestras alegrías y en nuestras penas.

Una red de oración no tiene porque se complicada de poner en funcionamiento. De hecho hay muchos grupos en las redes sociales que tienen este fin como objetivo principal. También existe la red May Feelings que es un universo de orantes entrelazados.

Hay muchas personas que no necesitan estar en más de una red social. No es necesario tener redes especializadas sino vínculos fuertes que creen una comunidad virtual donde compartir y ayudarnos.

En Blogueros con el Papa hemos puesto en marcha una iniciativa para conseguir que no sólo estemos unidos por nuestra misión evangelizadora en las redes. ¿Qué mejor que crear una Cajita de Oraciones en la que compartir nuestras alabanzas y plegarias?

Lo hemos hecho realidad a través de un Gadget de blogspot que se puede insertar a través de código HTML. Es muy sencillo. Copiar el código, pegarlo en el Gadget HTML darle a Ok. Pueden ver una explicación más detallada en este enlace: Pasospara incluir la cajita de oración en su blog.

¿Cómo solicitar el código para insertarlo en su blog?. Es muy sencillo, solo tiene que solicitarlo a través del mismo formulario de petición de inclusión de oración que está en el siguiente enlace: http://www.bloguerosconelpapa.com/p/formulario-oracion.html

En un periodo entre 24 y 48 horas recibirá su gadget y podrá colocarlo en si blog. Cualquier problema que tenga, lo puede comentar en nuestra Escuela de Blogueros de Facebook y le daremos una solución.


Pero como toda red social, es interesante que nuestras oraciones se difundan de manera que otras personas se unan a nuestra plegaria, por eso las oraciones también se comunicarán en un grupo exclusivo en Facebook y por Twitter. Le parece interesante y le gustaría unirse a nosotros.
No lo dude, es bienvenido.

Papa Clemente I

¿Quién es San Clemente I?

Tercer Sucesor de Pedro (Cuarto Papa)
Padre Apostólico, mártir c.97AD
Fiesta: 23 Noviembre

Escribió una importante carta a los corintios, carta que tenía por objeto restablecer entre ellos la paz y la concordia. 

Nacido en Roma, fue elegido en el 88?, murió mártir en el 97?. 
Exiliado por el emperador Trajano del Ponto, fue arrojado en el mar con un áncora al cuello.

Restableció el uso de la Confirmación según el rito de san Pedro. Empieza a usarse en las ceremonias religiosas la palabra Amén. 

Escribe, como obispo de Roma, a la Iglesia de Corinto en referencia a la desobediencia de algunos fieles hacia los presbíteros (C. 95AD). Su intervención en un asunto particular de otra Iglesia indica la preeminencia de Roma.

Se le atribuyó falsamente una segunda carta (Pseudo clementina).


S.S. Benedicto XVI sobre el Papa Clemente Romano

Audiencia, 7 marzo de 2007

San Clemente, obispo de Roma en los últimos años del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto. El testimonio más importante sobre su vida es el de san Ireneo, obispo de Lyón hasta el año 202. Él atestigua que Clemente «había visto a los apóstoles», «se había encontrado con ellos» y «todavía resonaba en sus tímpanos su predicación, y tenía ante los ojos su tradición» («Adversus haereses» 3, 3, 3). Testimonios tardíos, entre los siglos IV y VI, atribuyen a Clemente el título de mártir.