Mostrando entradas con la etiqueta servicio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta servicio. Mostrar todas las entradas

25 de julio de 2022

DAME, SEÑOR, LA ACTITUD DE SERVICIO

El servicio se esconde en el amor y no en el poder. Aléjame, Señor, de toda tentación de querer ser servido por mandato y por imposición; por poder y grandeza. Dame la capacidad de, tras el servicio, ser amor para todos los que está a nuestro lado y para todos los que necesitan ser servidos en y por amor.

Dame la fuerzas, Señor, para alejarme del poder por el poder. Del poder de servirme y de actuar pensando en mis intereses y conveniencias. Dame, Señor, la paz para ser paz entre los que me rodean y a los que puedo llegar. Dame, Señor, la sabiduría para ser luz en el camino para aquellos que, junto a mí, caminan. Y, dame, Señor, fortaleza para resistir la seducciones de poder que este mundo me ofrece y estar siempre en actitud de servir para ser grande, y de esclavo para ser primero. Amén.

13 de noviembre de 2013

¿Quieres que te respondamos alguna pregunta o inquietud? Consulta aquí

Blogueros con el Papa, en colaboración con Catholic.net  ofrece un servicio de consultoría referente a la presencia de los católicos en las redes sociales, con especial incidencia en las herramientas y dinámicas evangelizadoras en estos espacios virtuales

María del Rayo Avalos Ferrusquía Hacer consulta
María del Rayo Avalos Ferrusquía
Especialidad: Presencia de los católicos en las redes sociales y dinámicas evangelizadoras
Enfermera y Misionera Mariana. Mexicana. Bloguera y administradora de varios espacios en las redes sociales.




Joan Carreras Rincón Hacer consulta
Joan Carreras Rincón
Especialidad: Herramientas y dinámicas evangelizadoras en estos espacios virtuales
Sacerdote. Doctor en Derecho Canónico. Español, sacerdote especializado en derecho canónico. Bloguero y vicepresidente de la Asoc. Blogueros con el Papa



Néstor Mora Núñez Hacer consulta
Néstor Mora Núñez
Especialidad: Utilización de medios de comunicación, especialmente blogs, webs, redes sociales para la evangelización
Ing. Industrial y Master en E-learning. Profesor Universidad de Cádiz (España) Costarricense. Prof. universitario de Arquitectura de Computadores, Master en TICS y educación. Bloguero y presidente de la asociación Blogueros con el Papa.

19 de junio de 2013

¿Se contagian las periferias?



        ¿Se contagian las periferias? Hace mucho que medito sobre ello. ¿Por qué nos cuesta tanto a todos detenernos de veras en el camino para ponernos en la piel de quien sufre, entrar en comunión con él y ver que es de justicia ayudarle? ¿Por qué las personas que más lo hacen suelen ir yendo de infortunio en infortunio y dejan de ser “triunfadores” (según el concepto del mundo) si es que algún día lo fueron? ¡Qué paradójico que en la vida sucede casi siempre que, cuando nos ponemos a mendigarle a Dios por esto o por aquello, Él nos responde a su vez con una petición. Es lo que Rabindranath Tagore reflejaba en su bello poema incluido en la colección Gitanjali:
“Había estado pidiendo de puerta en puerta por la calle de la ciudad, cuando desde lejos apareció una carroza de oro. Era la del hijo del Rey. Pensé: ésta es la ocasión de mi vida; y me senté abriendo bien el saco, esperando que se me diera limosna sin tener que pedirla siquiera; más aún, que las riquezas llovieran hasta el suelo a mí alrededor. Pero cuál no fue mi sorpresa cuando, al llegar junto a mí, la carroza se detuvo, el hijo del Rey descendió y extendiendo su mano me dijo: «¿Puedes darme alguna cosa?». ¡Qué gesto el de tu realeza, extender tu mano!... Confuso y dubitativo tomé del saco un grano de arroz, uno solo, el más pequeño, y se lo di. Pero qué tristeza cuando, por la tarde, rebuscando en mi saco, hallé un grano de oro, solo uno, el más pequeño. Lloré amargamente por no haber tenido el valor de dar todo.”
            Efectivamente, Dios nos espera en la persona del necesitado para que, haciéndonos la ilusión de ser nosotros los que damos, recibamos de Él grandes gracias. Son las que acompañarán a nuestro nuevo rumbo de vida tras haber optado por el amor.

         El Beato P.Damián de Molokai, tras atender a los leprosos de esa isla, de quienes nadie se atrevía a hacerse cargo, contrajo la lepra. Los discípulos que siguieron al Señor, sufrieron persecución y sufrimientos. Son las marcas de la crucifixión, joya preciada que Jesús obsequia a los que le siguen.
     “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto más a los de su casa?” (Mt 10: 24,25).
      Según el mundo, una locura, pero para Dios, síntoma de bienaventuranza:
       “Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo:«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.” (Mateo 5,1-12)
                   No, no es masoquismo porque la historia no termina aquí. Después, Jesucristo resucitó triunfante y admitirá en su Gloria a todos los que le hayan seguido por el camino de la cruz:
         "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?". (Lc 9, 23-25)
                  En cierto modo, Dios nos sale al encuentro en las periferias esperando que así se nos “contagien” y nos hagan aptos para su Reino:
           “ Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos?, ¿o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos?, ¿o desnudo y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”(Mt 25, 33-40)
                       En la Vigilia de Pentecostés de la "Jornada con los movimientos, las nuevas comunidades, las asociaciones y las organizaciones laicales", el Papa Francisco exhortaba a la Iglesia (nosotros) "no cerrarse en la parroquia, con el movimiento, entre los que pensamos igual". Porque cuando se cierra, "se enferma".

                    Invitó nuevamente a que la Iglesia "salga de sí misma, hacia la periferia, a dar testimonio del evangelio y a encontrarse con los demás", en clara respuesta al mandato de Jesús de "Ir".

                   Y nos dijo algo aún más sorprendente:

             "Prefiero una Iglesia accidentada, a una que está enferma por cerrarse".
                  En efecto, quien se mezcla entre las gentes, quien encarna esa “cultura del encuentro, de la amistad, de hablar aún con los que no piensan como nosotros, incluso con otra fe, porque todos son hijos de Dios" (palabras del Papa), puede resultar también contagiado en ese espíritu del mundo en algunos momentos. Pero, él nos dice que es preferible arriesgar con tal de salvar a las almas, con tal de comunicar el Evangelio.

                  Por supuesto que pondremos los medios materiales y espirituales para conservar nuestra salud física y espiritual. Pero no hasta el punto de volvernos timoratos y, por esa causa dejar de mezclarnos entre nuestros coetáneos, para llevarles a Dios. Realizamos las mismas actividades que ellos, sufrimos los mismos contratiempos, los mismos problemas, pero lo hacemos en Dios.

                    Creo que sí, que, de alguna manera, las periferias se contagian. Dios mismo ha querido “contagiarse” de ellas y tras vernos caídos en desgracia a causa del pecado ha querido quedarse entre nosotros, con la humilde apariencia de un trozo de pan y algo de vino. Tratado como un simple “objeto”, igual que tantas personas lo son, por desgracia, en nuestra sociedad.
            ¡No temamos a las periferias, las periferias son para Dios, son de Dios!
                                                                                                                            


             Pilar V.Padial

            19 de abril de 2013

            El poder genera periferias

            El poder, en cuanto capacidad de someter la voluntad ajena, genera periferias


            El poder humano genera periferias; el servicio, las redime. No se trata de una regla ni pretende ser un principio universal. Se trata simplemente de una reflexión en voz alta.

            El poder humano genera periferias: el servicio, las redime. Una frase que merece una explicación o mejor que pretende ser una explicación de esa idea que está en la mente y en la predicación del Papa Francisco. Porque basta que nos pongamos a pensar en el concepto de "periferias existenciales" y surge una conexión con las nociones de poder y de servicio.

            Si entendemos el poder como la capacidad de vincular la voluntad de los demás, ya sea por la fuerza o por otros medios efectivos, es comprensible que los círculos o ámbitos en donde se ejercita sean limitados, también en el espacio. Allí donde no llega el látigo, allí se sienten expulsados a morar los que no reconocen la legitimidad del poder. No es casualidad que sean las periferias de las grandes ciudades lugares en los que abunda la delincuencia. Tampoco lo es que los Estados se configuren con criterios de territorialidad, que establezcan sus fronteras y determinen las leyes que deben ser cumplidos en su circunscripción jurisdiccional. La jurisdicción es precisamente eso: la posibilidad de hacer justicia en un determinado territorio, es decir, de hacer cumplir la ley, de hacer efectivo el poder.

            La jurisdicción no es universal. Tiene unos límites. Sólo algunos locos han pretendido levantar imperios universales y tener el mundo bajo su bota. Quien osara establecer una jurisdicción mundial o universal sería tildado de loco o de tirano. Y con razón. El poder de los hombres no es universal, por definición. De hecho, ejerce tal fascinación en quienes gozan de él que la filosofía política debe buscar los medios de limitar su ejercicio. Sólo habría una manera de conseguirlo de manera radical. Consistiría en convertir el poder en servicio. Puede parecer una auténtica utopía y probablemente lo sea. No me imagino un poder humano vivido en clave de servicio. En el estado de naturaleza caída, no es posible.

            Sin embargo, es precisamente eso lo que ha planteado el Papa Francisco desde el principio de su pontificado: el poder es servicio. Esa es la vocación de todo poder humano, el sentido de la autoridad conferida por Dios a todos cuantos gozan de algún poder en la Tierra. Y su consecuencia correlativa: el deber de las personas de obedecer a los legítimos gobernantes. Esta obediencia encuentra su fundamento en el hecho de que el poder es por naturaleza un servicio a las personas.

            En el ámbito de la sociedad y de su actual configuración política -el Estado- esta afirmación del Papa es realmente utópica, pero debería reconocerse como un principio hermenéutico del poder. Ahora bien, de lo que habla realmente el Papa Francisco es del poder en la Iglesia: en la medida que ésta es el Reino de Dios en la tierra, su ejercicio debe brillar por su naturaleza ministerial, es decir, de servicio.

            Lo maravilloso es que los últimos Papas han dado un magnífico ejemplo. Han gobernado la Iglesia con un poder que ha brillado como un servicio efectivo a la Iglesia y al mundo. La diferencia está en que el Papa Francisco ha tomado este aspecto como principal objetivo de su pontificado. Todo poder eclesial debe ser comprendido desde su naturaleza más íntima -el servicio- y así debe de ser ejercido. Es una tarea que nos compete a todos: descubrir aquellos ámbitos en los que el poder es ejercido como dominio y control; advertir cuáles son las periferias existenciales en las que este ejercicio ha recluido a muchos fieles. Yo me siento comprometido en esta tarea.

            Este post ha sido precedido por otros que siguen una misma línea argumentativa:

            1. Lo que no va a cambiar el Papa Francisco
            2. Fronteras y periferias
            3. Ni repulsivos ni expulsivos


            Joan Carreras

            19 de marzo de 2013

            La ternura de Francisco


            ¿Cuál es el poder del Papa? Ha preguntado de forma retórica, el Papa Francisco. Y ha respondido él mismo con fuerza: el servicio. En esta palabra está contenido todo su programa. También lo fue del papa Benedicto XVI, que habló de la caridad, del amor. Pero Francisco ha subrayado un aspecto que conviene no olvidar -así lo ha afirmado con fuerza- que el poder es servicio.

            Una magnífica homilía para un pontificado que no deja indiferente a nadie.

            Muchos quizá desearían que el Papa fuera aperturista en la doctrina moral. Los medios de comunicación airean y proclaman a los cuatro vientos esos afanes de libertad que no son otra cosa que efluvios de la cultura de la muerte. El Papa Francisco es fuerte en la verdad cristiana. No será la doctrina de Cristo la que él quiere cambiar.

            Las normas jurídicas de la Iglesia están al servicio de la verdad, del bien de las personas, de la salvación de las almas. Es precisamente aquí, en mi opinión, donde debe hacerse el esfuerzo de interpretación y de aplicación de las normas canónicas. Realmente todo el Derecho canónico debe estar realmente -no sólo en teoría, sino también en la práctica- al servicio de la verdad y de las personas. Incluso cuando prohíbe algo o cuando exige con imposición de penas, esas normas son servicio al bien común de la Iglesia. Sin embargo, quizá es necesario poner de manifiesto esta vinculación de manera que resplandezca en todo el ejercicio de la potestad eclesiástica no sólo la caridad, sino incluso la ternura. De la ternura de san José ha hablado el Papa. Y esa ternura no es débil. Más aún, es signo de gran fortaleza.

            Una lección para todos cuantos deben ejercer un poder: que lo hagan con ternura. Así, casi con seguridad, resplandecerá el carácter de servicio de toda potestad.

            Es todo un programa para un Pontificado.

            Joan Carreras del Rincón

            11 de julio de 2010

            El carisma bloguero

            Un carisma, enseñan los viejos tratados de teología, es una "gracia gratis data". Se trata de una redundancia con la que se señala un don recibido gratuitamente de Dios para el beneficio de los demás. Todo carisma es un regalo del Espíritu Santo para edificación de la Iglesia de Cristo.

            Quienes contemplamos admirados el nacimiento de este blog, advertimos que aquí está pasando algo especial. Se palpa un entusiasmo y una alegría que son típicos de quienes son conscientes de haber recibido un regalo grande. A mayor grandeza del don, mayor también el gozo.

            Este proyecto -blogueros con el Papa- está ayudando a despertar la conciencia cristiana de algunos blogueros, es decir, a reconocer que tenemos un carisma propio.

            Hace muchos siglos, san Pablo escribió a los corintios advirtiéndoles la multiplicidad de carismas que había en la Iglesia de Cristo: doctores, profetas, lenguas, etc. A mí me gusta pensar en que nos hubiera puesto también a nosotros entre los que gozamos de un carisma. Somos el gremio de los blogueros. Tenemos un carisma propio para la edificación de la Iglesia.

            ¿De qué carisma se trata?

            Pues tiene un poco de todo:

            Algo de hablar en lenguas, porque escribimos cada uno en la suya, pero luego nos lee cualquiera y con el traductor nuestras palabras le llegan y quizá le convierten el corazón (es siempre el Espíritu Santo, eso es evidente).

            Algo de profecía, no tanto porque adivinemos el futuro, sino porque tenemos únicamente ante nosotros la verdad y nuestra responsabilidad cristiana. No queremos alinearnos a ninguna ideología, pues todas se caracterizan por ser de "pensamiento único" y de lo "políticamente correcto".

            Algo de doctores y de mártires. Con la ciencia que cada uno tiene y con su testimonio, aportamos nuestro granito de arena. La verdad no es una realidad abstracta, sino que se hace presente en el mundo a través del amor y del servicio.

            Quizá durante siglos los cristianos hemos dejados solos a los Obispos para que defendieran la Verdad cristiana en el mundo. Ha llegado la hora de que los demás fieles les apoyemos con nuestro testimonio. No defendemos la vida ni la santidad de la familia porque nos lo manden los Obispos, sino porque se trata de verdades humanas fundamentales en las que creemos libremente.