Señor, yo te amo, porque tú eres mi fortaleza.
Tú me amaste primero y me sostienes cuando me siento débil.
Enséñame a amarte con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente.
Que ese amor no se quede en palabras, sino que se vea en mi manera de tratar al prójimo.
Dame ojos para ver al forastero, al pobre, a la viuda y al huérfano, y un corazón compasivo como el tuyo, que escucha el clamor de los que sufren.
Aleja de mí todo lo que ocupa tu lugar en mi vida, para que te sirva solo a ti, Dios vivo y verdadero.
Aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad, y haz que ame lo que tú nos mandas. Amén.






