1 de julio de 2011

BENEDICTO XVI: ¿QUÉ ES LA TEOLOGÍA

 

Discurso en la entrega del “Premio Ratzinger”

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 30 de junio de 2011 (ZENIT.org).– Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI este jueves al conferir por primera vez el “Premio Ratzinger”, instituido por la “Fundación Vaticana Joseph Ratzinger - Benedetto XVI” a los profesores: Manlio Simonetti, italiano, experto de Literatura cristiana antigua y Patrología: Olegario González de Cardedal, español, sacerdote, docente de Teología sistemática; y Maximilian Heim, alemán, cisterciense, abad del monasterio de Heiligenkreuz en Austria y docente de Teología fundamental y dogmática.
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Señores cardenales, venerados hermanos, ilustres señores y señoras:
Ante todo, quisiera expresar mi alegría y gratitud por el hecho de que, con la entrega de su premio teológico, la fundación que lleva mi nombre otorgue reconocimiento público a la obra llevada a cabo a lo largo de toda una vida por dos grandes teólogos, y a un teólogo de la generación más joven le dé un signo de aliento para avanzar por el camino emprendido
Al profesor González de Cardedal me une un camino común de muchos decenios. Ambos iniciamos con san Buenaventura y dejamos que él nos indicara la dirección. Durante su larga vida de estudioso, el profesor González ha tratado todos los grandes temas de la teología, y ello no sólo reflexionando o hablando desde un punto de vista teórico, sino enfrentándose siempre al drama de nuestro tiempo, viviendo e incluso sufriendo de forma totalmente personal las grandes cuestiones de la fe y, con ellas, las cuestiones del hombre de hoy. De esta forma, la palabra de la fe no es algo del pasado, en sus obras se convierte realmente en nuestra contemporánea.

El profesor Simonetti nos ha abierto de una manera nueva el mundo de los Padres. Precisamente al mostrarnos desde el punto de vista histórico, con precisión y atención, lo que dicen los Padres, éstos se convierten en personas contemporáneas nuestras, que hablan con nosotros.

El padre Maximilian Heim ha sido elegido recientemente abad del monasterio de Heiligenkreuz –monasterio de gran tradición en las cercanías de Viena–, asumiendo con ello el cometido de actualizar una gran historia y llevarla hacia el futuro. A este respecto, espero que el trabajo sobre mi teología que nos ha ofrecido pueda serle útil, y que la abadía de Heiligenkreuz logre, en este tiempo nuestro, desarrollar aún más esa teología monástica que siempre ha acompañado a la universitaria, formando con ésta el conjunto de la teología occidental.

Sin embargo, mi tarea no consiste en pronunciar aquí una laudatio de los galardonados, lo que ya ha realizado de manera competente el cardenal Ruini. Ahora bien, quizá la entrega del premio nos depare la ocasión de dedicar unos momentos a la cuestión fundamental de qué es realmente “teología”. La teología es ciencia de la fe, nos dice la tradición. Pero aquí surge inmediatamente la pregunta: ¿Es esto realmente posible? ¿No se trata de una contradicción? ¿Acaso la ciencia no es lo contrario de la fe? ¿La fe no deja de ser fe, cuando se convierte en ciencia? ¿Y no deja tal vez la ciencia de ser ciencia, cuando se ve ordenada o incluso subordinada a la fe? Tales cuestiones, que ya constituían un serio problema para la teología medieval, ante el concepto moderno de ciencia se han vuelto aún más apremiantes, a primera vista incluso sin solución. De este modo puede comprenderse por qué, durante la Edad Moderna, en muchos ambientes la teología se replegara principalmente en el campo de la historia, con el fin de demostrar en él su seria cientificidad. Hay que reconocer con gratitud que de este modo se realizaron obras grandiosas, y que el mensaje cristiano recibió nueva luz, capaz de hacer visible su íntima riqueza. Ahora bien, si la teología se repliega totalmente en el pasado, deja hoy la fe a oscuras. En una segunda fase, el interés se concentró en la praxis para mostrar cómo la teología, puesta en relación con la psicología y la sociología, es una ciencia útil que da indicaciones concretas para la vida. Esto resulta también importante, pero si el fundamento de la teología, la fe, no se convierte al mismo tiempo en objeto del pensamiento; si la praxis sólo se refiere a sí misma o vive únicamente de los préstamos de las ciencias humanas, entonces queda vacía y sin fundamento.

Estas vías, por lo tanto, no son suficientes. Por útiles e importantes que sean, se convertirían en subterfugios si la pregunta verdadera quedara sin respuesta. Dicha pregunta es la siguiente: ¿Es verdad lo que creemos o no? En la teología está en juego la cuestión sobre la verdad, que es su fundamento último y esencial. Aquí, una expresión de Tertuliano puede hacernos dar un paso más: escribe que Cristo no dijo: “Yo soy la costumbre”, sino: “Yo soy la verdad”, Non consuetudo sed veritas (Virg. 1, 1). Christian Gnilka ha mostrado que el concepto consuetudo puede hacer referencia a las religiones paganas, que, según su naturaleza, no eran fe, sino “costumbre”: se hace lo que se ha hecho siempre; se observan las formas cultuales tradicionales, esperando mantenerse así en la justa relación con el ámbito misterioso de lo divino. El aspecto revolucionario del cristianismo en la antigüedad fue precisamente su ruptura con la “costumbre” por amor a la verdad. Tertuliano habla aquí basándose sobre todo en el Evangelio de San Juan, en el que se encuentra también la otra interpretación fundamental de la fe cristiana, que se expresa en la designación de Cristo como Logos. Si Cristo es el Logos, la verdad, el hombre debe corresponderle con su propio logos, con su razón. Para llegar hasta Cristo, debe seguir el camino de la verdad. Debe abrirse al Logos, a la Razón creadora, de la que se deriva su propia razón y a la que ésta lo remite. De este modo se comprende que la fe cristiana, por su misma naturaleza, debe suscitar la teología, tenía que interrogarse sobre la razonabilidad de la fe, aunque, naturalmente, el concepto de razón y el de ciencia abarquen muchas dimensiones, por lo que la naturaleza concreta del nexo entre fe y razón debía y debe ser nuevamente evaluada.

Por lo tanto, aun cuando resulta claro, en el cristianismo, el nexo fundamental entre Logos, verdad y fe, la forma concreta de este nexo ha planteado y sigue planteando preguntas siempre nuevas. Está claro que, en este momento, dicha pregunta, que ha ocupado y ocupará a todas las generaciones, no puede tratarse con detalle, ni siquiera a grandes rasgos. Quisiera intentar tan sólo proponer un brevísimo apunte. San Buenaventura, en el prólogo a su Comentario a las Sentencias, habló de un doble uso de la razón: de un uso inconciliable con la naturaleza de la fe y de otro que, por el contrario, es propio de la naturaleza de la fe. Existe, según dice, la violentia rationis, el despotismo de la razón, que se convierte en juez supremo y último de todo. Este tipo de razón es ciertamente inviable en el ámbito de la fe. ¿Qué entiende con ello Buenaventura? Una expresión del Salmo 95, 9 puede mostrarnos de qué se trata. Dice allí Dios a su pueblo: “...en el desierto [...] vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras”. Se alude aquí a un doble encuentro con Dios: ellos han “visto”. Pero no les basta, por lo que ponen a Dios “a prueba”. Quieren someterlo a experimento. Se le somete, por así decir, a un interrogatorio, y a un procedimiento de prueba experimental. Esta modalidad de uso de la razón ha alcanzado la cumbre de su desarrollo durante la Edad Moderna, en el ámbito de las ciencias naturales. La razón experimental se presenta hoy ampliamente como la única forma de racionalidad declarada científica. Lo que no pueda verificarse o falsificarse científicamente cae fuera del ámbito científico. Con este planteamiento se han realizado, como es sabido, obras grandiosas, y nadie se atreverá seriamente a dudar de que sea justo y necesario en el ámbito del conocimiento de la naturaleza y de sus leyes. Pero semejante uso de la razón tiene un límite: Dios no es un objeto de la experimentación humana. Él es Sujeto y se manifiesta tan sólo en la relación de persona a persona, lo que forma parte de la esencia de la persona.

Desde esta perspectiva, Buenaventura alude a un segundo uso de la razón, válido para el ámbito de lo “personal”, para las grandes cuestiones del mismo ser hombre. El amor quiere conocer mejor a aquél que ama. El amor, el amor verdadero, no vuelve ciego, sino vidente. De ello forma parte, precisamente, la sed de conocimiento, de un conocimiento auténtico del otro. De ahí que los Padres de la Iglesia hallaran precursores y adelantados del cristianismo, fuera del mundo de la revelación de Israel, no ya en el ámbito de la religión consuetudinaria, sino en los hombres que buscaban a Dios, que buscaban la verdad: en los “filósofos”, en personas que estaban sedientas de verdad y que, por lo tanto, estaban en camino hacia Dios. Cuando falta este uso de la razón, las grandes cuestiones de la Humanidad caen fuera del ámbito de la razón y quedan abandonadas a la irracionalidad. De ahí la importancia de una teología auténtica. La fe recta orienta a la razón hacia su apertura a lo divino, para que ésta, guiada por el amor a la verdad, pueda conocer a Dios más de cerca. La iniciativa de este camino la tiene Dios, que ha puesto en el corazón del hombre la búsqueda de su rostro. Por lo tanto, forman parte de la teología, por un lado, la humildad que se deja “tocar” por Dios, y, por otro, la disciplina que se vincula al orden de la razón, que preserva al amor de ceguera y que ayuda a desarrollar su fuerza visual.

Soy muy consciente de que con todo esto no se ha dado respuesta a la cuestión acerca de la posibilidad y el cometido de la recta teología, sino que sólo se ha puesto de relieve la grandeza del reto inherente a la naturaleza de la teología. Sin embargo, el hombre necesita precisamente este reto, ya que nos impulsa a abrir nuestra razón interrogándonos acerca de la verdad misma, acerca del rostro de Dios. Por eso damos las gracias a los galardonados, que han mostrado en sus obras que la razón, cuando recorre la pista trazada por la fe, no es razón enajenada, sino razón que responde a su altísima vocación. Gracias.

28 de junio de 2011

UN CLAVEL POR LA VIDA



Un año más, Unidos por la Vida, No más silencio, Vida y Mujer y Apóstoles de la Vida, nos piden que nos unamos a la preciosa iniciativa de llenar las calles y los blogs de claveles blancos hasta el día 5 de julio, aniversario del día en que se legalizó la muerte por aborto en nuestro país.


Desde aquí os pido la máxima difusión de la campaña UN CLAVEL POR LA VIDA y que pongáis un clavel blanco con el enlace en vuestros blogs. Vamos a inundar la blogosfera de claveles blancos, como en años anteriores.


"Este año también pedimos a los españoles que elijan la vida, para que las mujeres sean alertadas a tiempo de la trampa mortal que supone el aborto".  


A todos los que ya han caído, que sepan que siempre pueden contar con la inestimable ayuda de "No más silencio", donde sanan muchas mujeres que han pasado por este terrible trance. 


Que el día 5 de julio cada uno seamos portavoces de uno de los bebés abortados a quienes les han acallado su voz para siempre. Ayudemos a evitar que miles de mujeres sean embaucadas por la mafia del aborto.


Ese día estaremos en la calle Arenal de Madrid esquina Pasadizo de San Ginés de 17 a 22 horas repartiendo claveles blancos, para todo aquél que quiera unirse.


¡TODO LO QUE HAGAMOS ES POCO!

27 de junio de 2011

El impresionante testimonio de una madre de familia


Cuando la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud pasó por Córdoba, una madre de familia dio este impresionante testimonio que me ha hecho llegar un amigo mío. 

Hoy, aquí delante de la Cruz de la Juventud y de Nuestra Madre, la Virgen, vengo a dar mi testimonio de Fe, de que Dios está de nosotros y se manifiesta a diario en nuestras vidas, aunque a veces no nos demos cuenta.

La Fe, según la Biblia, es la garantía de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven.
Por eso las dificultades que se nos presentan a lo largo de la vida nos hacen revelarnos a veces contra Dios, pero es precisamente en los momentos difíciles cuando más lo necesitamos y cuando más tenemos que pedirle que se quede a nuestro lado, que no nos abandone, aunque Él nunca lo hace.
Paso a contaros los testimonios en los que he visto claramente la presencia de Dios.
Hace nueve años el día 23 de marzo de 2002 moría mi hijo mayor con 29 años víctima de un desgraciado accidente. Para mi marido, para mi hijo Nacho y para mí fue un mazazo del que creíamos nunca íbamos a salir, nuestra casa quedó vacía sin él, ya que era muy alegre, simpático y ocurrente y nos alegraba a todos.

A los tres meses de su muerte le detectaron a mi marido un cáncer de pulmón, la entereza con la que lo aceptó fue la primera manifestación de que Dios estaba con nosotros.

La enfermedad nos tuvo muy ocupados durante los tres años que la padeció, quimio-radio-operación, se nos fue pasando el tiempo y así se hizo más llevadera la ausencia de Paco-Pepe aunque nunca lo olvidábamos. Mi marido, al final estaba muy inquieto, había algo que no lo dejaba en paz. Un día vino a visitarnos el capellán de la Cruz Roja por supuesto mandado por Dios ya que al administrarle la Unción de Enfermos mi marido quedó en paz hasta que murió el día 4 de enero de 2005.

El día 24 de febrero mi hijo Nacho sufrió un accidente de coche, no murió en el acto. Los médicos y él lucharon cuanto pudieron, pero sus lesiones eran muy graves y las noticias que nos daban a diario no eran nada alentadoras. Ya se pueden imaginar como me encontraba, era lo único que me quedaba de la familia que yo había formado.
Mi hermana y yo rezábamos sin parar y a todos los santos que nos decían, con decirles que teníamos, además rezando con nosotras gente de toda España incluso conventos enteros.

Un día vino a vernos un sobrino mío y me dijo que le había dicho al padre Fernando que viniera, y así fue, el padre Fernando vino, Dios lo puso en nuestro camino al igual que , en su día, al capellán de la Cruz Roja. Le administró a mi hijo la Unción de Enfermos, y rezaba por él y a mí me dio aliento y ánimo con sus palabras.

El estado de salud de mi hijo era cada día peor, un día nos dijeron que había que amputarle una pierna. Yo me derrumbé, pero seguía rezando, aunque ya siempre rogaba a Dios que fuera lo mejor para él.
A los dos días lo volvieron a bajar a quirófano, y cuando salieron los traumatólogos, otra mala noticia, la otra pierna estaba muy mal y posiblemente, también había que amputar, yo gritaba ¡Señor no, por ahí no puedo pasar! ¿Qué ha hecho mi hijo para esto? Aquella noche me enfadé bastante con Él, lo confieso, pero cuando me calmé y reaccioné seguía pidiéndole lo mejor para él. La otra pierna no llegaron a amputarla, pero a las 7:15 de la mañana del día 24 de marzo falleció. Cuando entramos a verlo su cara reflejaba una sonrisa, la última sonrisa que quiso Dios que me regalara.

Como dijo el padre Fernando en una de sus homilías, a veces, esperamos un milagro, y el milagro no es el que esperamos pero se produce.

A pesar de todo lo que me ha sucedido vivo con la esperanza de que Dios y la Virgen no me han abandonado y tengo plena confianza de que algún día, cuando Dios quiera, me reuniré con ellos.
Por supuesto, también sé que la confianza no nos hace invulnerables a la desgracia, pero esta confianza nos proporciona un apoyo muy importante cuando la vida nos azota de alguna manera, sobre todo si el azote ha consistido en arrebatarte lo que más quieres en este mundo, tus hijos y tu marido.

Pero os aseguro que el no creer en Dios o no tener Fe es mucho peor, pues encontrarnos con Él es lo mejor que nos puede pasar. Necesitamos de Dios y todo se lo debemos a Él.

Y desde aquí y ante esta Cruz digo:
  • Te doy gracias, Señor, por los años que los disfruté y viví junto a ellos.
  • Por haber podido comprobar que tanto mis familiares como mis amigos y amigas me quieren, me apoyan y se preocupan por mí.
Cuando el padre Fernando me invitó a dar mi testimonio de Fe aquí ante la Cruz de la Juventud creí que no iba a ser capaz, ya que nunca había hablado en público, sólo a mi público infantil en mi escuela o a sus padres cuando había reunión, ahora me siento muy contenta por haber podido hacerlo y deseo y pido a Dios que la Fe siempre permanezca en nuestras vidas, no nos arrepentiremos y espero que yo de alguna manera, os haya transmitido algo con mi testimonio.

¡ Adelante, no os rindáis ¡  

26 de junio de 2011

"Que sean pastores de acuerdo con tu propio Corazón"


En el corazón de la Iglesia y en especial en el del Santo Padre brota un deseo profundo, la santificación de todos los sacerdotes. Así lo hemos visto cuando la Congregación para el Clero, por mandato del Santo Padre, proclamó la celebración de un año sacerdotal. El Papa sigue insistiendo a todos los fieles a que recen por sus sacerdotes, a que ofrezcan sus vidas por la santificación de sus sacerdotes. Este deseo del Papa no puede ser menos ya que algo tan grande y tan santo como el sacerdocio solo puede ir en recipientes santos. Los sacerdotes, hombres frágiles escogidos de entre los hombres, necesitan la oración de su pueblo. Esta oración es aquella que le sostiene en los momentos de tribulación y la que le hace caminar hacia delante. El Santo Padre una vez más ha tenido una nueva iniciativa. Esta vez ha escrito una oración pidiendo por los sacerdotes con ocasión de la II retransmisión mundial del Rosario por los sacerdotes. La retransmisión será el día del Sagrado Corazón de Jesús (1 de julio). La preciosa oración de Benedicto XVI pide para que los sacerdotes prediquen el Evangelio con pureza de corazón y conciencia clara. El Papa suplica al Padre del cielo que los sacerdotes sean ejemplos luminosos de una vida santa, sencilla y alegre. Unos 48 santuarios en 35 países de todo el mundo participarán en este rezo del rosario por la santificación del clero. Por ello os invito a que también receis el día del Sagrado Corazón esta oración por los sacerdotes que versa así:  

“Señor Jesucristo, eterno Sumo sacerdote, tú que te ofreciste al Padre en el altar de la Cruz y por la efusión del Espíritu le dio a su pueblo sacerdotal una participación en tu sacrificio redentor. 
Escucha nuestra oración por la santificación de nuestros sacerdotes. Concede a todos los que han sido ordenados al ministerio sacerdotal que sean cada vez más conforme a Ti, Divino Maestro. Que enseñen el Evangelio con el corazón puro y la conciencia clara. 
Que sean pastores de acuerdo con tu propio Corazón, una sola mente en el servicio a Ti y a tu Iglesia y ejemplos luminosos de una vida santa, sencilla y alegre.
A través de las oraciones de la beata Virgen María, tu Madre y nuestra, atrae a todos los sacerdotes y fieles a su cargo, a la plenitud de la vida eterna donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un Dios, por los siglos de los siglos. Amén”.

23 de junio de 2011

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA

Benedicto XVI: rezando los Salmos se aprende a rezar


Hoy en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 22 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos la catequesis que Benedicto XVI pronunció este miércoles durante la audiencia general concedida en la Plaza de San Pedro del Vaticano La catequesis forma parte del actual ciclo sobre la oración.
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Queridos hermanos y hermanas:
en las anteriores catequesis nos detuvimos en algunas figuras del Antiguo Testamento, particularmente significativas, en nuestra reflexión sobre la oración. Hablé sobre Abraham que intercede por las ciudades extranjeras, sobre Jacob que en la lucha nocturna recibe la bendición, sobre Moisés que invoca el perdón sobre su pueblo y sobre Elías que reza por la conversión de Israel. Con la catequesis de hoy, quisiera iniciar una nueva etapa del camino: en vez de comentar particulares episodios de personajes en oración, entraremos en el “libro de oración” por excelencia, el libro de los Salmos. En las próximas catequesis leeremos y meditaremos algunos de los Salmos más bellos y más apreciado por la tradición orante de la Iglesia. Hoy quisiera introducir esta etapa hablando del libro de los Salmos en su conjunto.

El Salterio se presenta como un “formulario” de oraciones, una selección de ciento cincuenta Salmos que la tradición bíblica da al pueblo de los creyentes para que se convierta en su (nuestra) oración, nuestro modo de dirigirnos a Dios y de relacionarnos con Él. En este libro, encuentra expresión toda la experiencia humana con sus múltiples caras, y toda la gama de los sentimientos que acompañan la existencia del hombre. En los Salmos, se entrelazan y se expresan la alegría y el sufrimiento, el deseo de Dios y la percepción de la propia indignidad, felicidad y sentido de abandono, confianza en Dios y dolorosa soledad, plenitud de vida y miedo a morir. Toda la realidad del creyente confluye en estas oraciones, que el pueblo de Israel primero y la Iglesia después asumieron como meditación privilegiada de la relación con el único Dios y como respuesta adecuada en su revelación en la historia. En cuanto oración, los Salmos son la manifestación del espíritu y de la fe, en los que uno puede reconocerse y en los que se comunica esta experiencia de particular cercanía a Dios a la que todos los hombres están llamados. Toda la complejidad de la existencia humana se concentra en la complejidad de las distintas formas literarias de los distintos Salmos: himnos, lamentaciones, súplicas individuales y colectivas, cantos de agradecimiento, salmos penitenciales, y otros géneros que se pueden encontrar en estas composiciones poéticas.

No obstante esta multiplicidad expresiva, pueden identificarse dos grandes ámbitos que sintetizan la oración del Salterio: la súplica, ligada al lamento, y la alabanza, dos dimensiones relacionadas y casi inseparables. Porque la súplica está animada por la certeza de que Dios responderá, y esto abre a la alabanza y a la acción de gracias; y la alabanza y el agradecimiento surgen de la experiencia de una salvación recibida, que supone una necesidad de ayuda que la súplica expresa.

En la súplica, el que ora se lamenta y describe su situación de angustia, de peligro, de desolación, o bien, como en los Salmos penitenciales, confiesa la culpa, el pecado, pidiendo ser perdonado.

Le expone al Señor su necesidad con la confianza de ser escuchado, y esto implica un reconocimiento de Dios como bueno, deseoso del bien y “amante de la vida” (cfr Sabiduría 11, 26), preparado para ayudar, salvar, perdonar. Así, por ejemplo, reza el Salmista en el Salmo 31: “Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! […] Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio” (vv. 2.5). Ya en el lamento, por tanto, puede surgir algo de la alabanza, que se preanuncia en la esperanza de la intervención divina y se hace después explícita cuando la salvación divina se convierte en realidad. De modo análogo, en los Salmos de agradecimiento y de alabanza, haciendo memoria del don recibido o contemplando la grandeza de la misericordia de Dios, se reconoce también la propia pequeñez y la necesidad de ser salvados, que es la base de la súplica. Se confiesa así a Dios, la propia condición de criatura inevitablemente marcada por la muerte, si bien portadora de un deseo radical de vida, Por esto el Salmista exclama, en el Salmo 86: “Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes, y tú me libraste del fondo del abismo” (versículos 12-13). De este modo, en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y se funden en un único canto que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina hacia nuestra fragilidad.

Precisamente para permitir al pueblo de los creyentes que se unan en este canto, se entregó el libro del Salterio a Israel y a la Iglesia. Los Salmos, de hecho, enseñan a rezar. En ellos, la Palabra de Dios se convierte en palabra de oración -y son las palabras del Salmista inspirado- y al mismo tiempo se convierte también en la palabra del orante que reza los Salmos. Es esta la belleza y la particularidad de este libro bíblico: las oraciones contenidas en él, a diferencia de otras oraciones que encontramos en la Sagrada Escritura, no se insertan en una trama narrativa que especifica su sentido y la función. Los Salmos se ofrecen al creyente como texto de oración, que tiene como único fin convertirse en la oración de quien lo asume y con ellos se dirige a Dios. Dado que son Palabra de Dios, quien reza los Salmos le habla a Dios con las mismas palabras que Dios nos ha dado, se dirige a Él con las palabras que Él mismo nos da. Así, rezando los Salmos se aprende a rezar. Son una escuela de oración.

Algo análogo sucede cuando el niño comienza a hablar, aprende a expresar sus propias sensaciones, emociones, necesidades con palabras que no le pertenecen de modo innato, sino que aprende de sus padres y de los que viven con él. Lo que el niño quiere expresar es su propia vivencia, pero el medio expresivo es de otros; y él, poco a poco se apropia de este medio, las palabras recibidas de sus propios padres se convierten en sus palabras y a través de las palabras aprende también un modo de pensar y de sentir, accede a un mundo de conceptos, y crece en ellos, se relaciona con la realidad, con los hombres y con Dios. La lengua de sus padres finalmente se convierte en su lengua, habla con palabras recibidas de otros que en este momento se han convertido en sus palabras. Esto mismo sucede con la oración de los Salmos. Se nos presentan para que nosotros aprendamos a dirigirnos a Dios, a comunicarnos con Él, a hablarle de nosotros con sus palabras, a encontrar un lenguaje para el encuentro con Dios. Y, a través de estas palabras, será posible también conocer y acoger los criterios de su actuación, acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos (cfr Isaías 55,8-9), y así crecer cada vez más en la fe y en el amor. Al igual que nuestras palabras no son sólo palabras, sino que nos enseñan un mundo real y conceptual, del mismo modo estas oraciones nos enseñan el corazón de Dios, por lo que no sólo podemos hablar con Dios, sino que podemos aprender quién es Dios y, al aprender cómo hablar con Él, aprendemos lo que significa ser hombre, er nosotros mismos.

Para este propósito, parece significativo el título que la tradición judía ha dado al Salterio. Este es tehillîm, un término judío que quiere decir “alabanza”, de esta raíz verbal viene la expresión “Halleluyah”, es decir, literalmente “alabad al Señor”. Este libro de oraciones, por tanto, aunque es multiforme y complejo, con sus diferentes géneros literarios y con sus articulaciones entre alabanza y súplica, es un libro de alabanza, que nos enseña a dar gracias, a celebrar la grandeza del don de Dios, a reconocer la belleza de sus obras y a glorificar su Nombre Santo. Es esta la respuesta más adecuada ante la manifestación del Señor y la experiencia de su bondad. Enseñándonos a rezar, los Salmos nos enseñan que incluso en la desolación, en el dolor, permanece la presencia de Dios, es fuente de maravilla y de consuelo, se puede llorar, suplicar, interceder, lamentarse, pero con la conciencia de que estamos caminando hacia la luz, donde la alabanza podrá ser definitiva. Como nos enseña el Salmo 36: “ En ti está la fuente de la vida, y por tu luz vemos la luz” (Sal 36,10).

Pero además de este título general del libro, la tradición hebrea ha puesto en muchos Salmos, títulos específicos, atribuyéndolos, en su mayoría, al rey David. Figura de notable profundidad humana y teológica, David es un personaje complejo, que ha atravesado las más distintas experiencias fundamentales de la vida. Joven pastor del rebaño paterno, pasando por alternantes y a veces, dramáticas experiencias, se convierte en rey de Israel, pastor del pueblo de Dios. Hombre de paz, combatió muchas guerras; incansable y tenaz buscador de Dios, traicionó el amor, y esto es característico: siempre fue un buscador de Dios, aunque pecó gravemente muchas veces; humilde penitente, acogió el perdón divino, incluso el castigo divino, y aceptó un destino marcado por el dolor. David fue un rey con todas sus debilidades, “según el corazón de Dios” (cfr 1Samuel 13,14), es decir un orante apasionado, un hombre que sabía lo que quiere decir suplicar y alabar. La relación de los Salmos con este insigne rey de Israel es, por tanto, importante, porque es una figura mesiánica, Ungido por el Señor, en el que se preanuncia en cierto sentido el misterio de Cristo.

Igualmente importantes y significativos son el modo y la frecuencia con la que las palabras de los Salmos son retomadas en el Nuevo Testamento, asumiendo y destacando el valor profético sugerido por la relación del Salterio con la figura mesiánica de David. En el Señor Jesús, que en su vida terrena rezó con los Salmos, encuentran su definitivo cumplimiento y revelan su sentido más profundo y pleno. Las oraciones del Salterio, con las que se habla a Dios, nos hablan de Él, nos hablan del Hijo, imagen del Dios invisible (Colosenses 1,15), que nos revela completamente el Rostro del Padre. El cristiano, por tanto, rezando los Salmos, reza al Padre en Cristo y con Cristo, asumiendo estos cantos en una perspectiva nueva, que tiene en el misterio pascual su última clave interpretativa. El horizonte del orante se abre así a realidades inesperadas, todo Salmo tiene una luz nueva en Cristo y el Salterio puede brillar en toda su infinita riqueza.

Hermanos y hermanos queridísimos, tomemos, por tanto, con la mano este libro santo, dejémonos enseñar por Dios para dirigirnos a Él, hagamos del Salterio una guía que nos ayude y nos acompañe cotidianamente en el camino de la oración. Y pidamos también nosotros, como discípulos de Jesús, “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11,1), abriendo el corazón y acogiendo la oración del Maestro, en el que todas las oraciones llegan a su plenitud. Así, siendo hijos en el Hijo, podremos hablar a Dios, llamándolo “Padre Nuestro”. Gracias.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Colombia, Venezuela y otros países latinoamericanos. Os invito a que aprendáis de los Salmos a hablar con Dios y, repitiendo la súplica de los apóstoles, Señor, enséñanos a orar, abráis el corazón para acoger la plegaria del Maestro, en la que toda oración llega a su culmen. Muchas gracias.

20 de junio de 2011

Por Cristo, ve a las Jornadas.

Un buen amigo de Córdoba me envía el siguiente testimonio invitándonos a participar en la próxima Jornada Mundial de la Juventud. Como bien dice Emilio será un momento de gracia y bendición para todos aquellos que participaremos de este encuentro. ¡Que el Señor derrame abundantes gracias de conversión!



Por Cristo, ve a las Jornadas.



Del 6 al 12 de Junio nos visitó en Córdoba la Cruz del Papa, la Cruz de los jóvenes, y fue un verdadero y auténtico acontecimiento de Gracia. Al igual que en otras diócesis de España, miles de jóvenes acompañaron a este símbolo humilde pero elocuente del cristiano como en un testimonio sincero de Fe. Fue una experiencia extremadamente inolvidable. Pero hubo algunos, muy pocos, que defendían que aquellas multitudinarias manifestaciones de lo que es ser cristiano eran consecuencia de los colegios concertados católicos o de la obligatoriedad por la pertenencia a determinados movimientos eclesiales. No es verdad.

A lo largo de mi vida como cristiano, donde reconozco mi indignidad y torpeza, he descubierto asombrado la vivencia de muchísimos jóvenes que, en torno a Cristo, destellan un entusiasmo y una fuerza que sólo puede venir de lo Alto. Me sobrecoge esa visión tan real que nos demuestra lo viva que está la Iglesia por mucho que quieran ver en ella una Iglesia muerta. La Iglesia está viva y la Iglesia está con los jóvenes, no contra los jóvenes.

Ahora nos visita el Vicario de Jesucristo en la convocatoria que nos hace a todos nosotros para las Jornadas Mundiales de la Juventud. Y esto sí que es una explosión que desconcertará a muchas mentes enturbiadas. Madrid será el epicentro del cristianismo, Madrid será el manantial de Aguas de Vida Eterna que regarán las tierras secas de una España secularizada. Serán los jóvenes de todo el mundo quienes proclamen a la Sociedad la hermosura de seguir y amar a Jesucristo dentro de la Iglesia. Yo nunca he visto a un joven más alegre y más pleno que aquél que vive su vida por Jesucristo y en su Iglesia. Jesucristo, decía un buen amigo mío, no es una alternativa; es la solución, es nuestra meta, es nuestro punto y nuestra referencia. Es verdaderamente hermoso.

No vayamos a las Jornadas a ver al Papa. No. Que sea por Cristo, que sea por Dios. Os aseguro que allí experimentaréis algo tremendamente nuevo, algo tremendamente transformador, algo que os hará distintos. Sentiréis como os toca el corazón el Señor y cómo os dirá que cuenta con vosotros, que vosotros tenéis mucho que decir y que hacer en la Iglesia de la que, eso sí,  el Papa es Cabeza y es Pastor. No desaprovechéis esta oportunidad única porque merece la pena. Allí veréis que no estáis solos, allí recibiréis la fuerza que se puede repetir en cada encuentro con el Señor y que os hará “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la Fe”. Os necesita la Iglesia, os necesita el mundo, os necesita Cristo.

Aquél que ha tenido un encuentro personal con el Señor es una persona nueva y esa persona nueva irradia tal vida que hace posible que muchos que tienen miedo, vean en él un referente que les dice que esto es posible. No tengas miedo. Dios es mayor que tu conciencia y si tu conciencia te acusa, nada ni nadie podrá separarte del amor de un Dios que se entregó a la Cruz por ti y que tiene en sus palmas escrito tu nombre. Es importante, no eres cualquier cosa.

Ten ánimo, asiste con los jóvenes del mundo a las Jornadas Mundiales de la Juventud, experimenta el gozo de pertenecer a la Iglesia de Jesucristo. Sobre ti tiene el Señor proyectos maravillosos, y cuenta contigo porque te quiere, porque te necesita, porque te espera.

Rezo por ti que me lees para que lo vivas. Se valiente y, una vez allí, cuando recibas al Señor Eucarístico, acuérdate de este humilde pecador que hoy te escribe. Que seas bueno y feliz.

Emilio Francisco Amo Urbano
Acólito

17 de junio de 2011

Hoy comienza la cuenta atrás

Quedan sólo dos meses para el Primer Encuentro Internacional de Blogueros con el Papa. Ayer comenzó la campaña de prensa, con el envío a las agencias de la nota que os transcribo a continuación. Hoy comienza la cuenta atrás. 


En www.cumpetro.com encontraréis la información necesaria acerca de ese encuentro. 


A cuantos durante este año habéis participado en las actividades de este blog os animo a que apoyéis con entusiasmo esta iniciativa. El entusiasmo es contagioso. Queremos llegar a unir a muchos blogueros en esa Jornada Mundial de la Juventud: será la manera en que nosotros, los blogueros, apoyaremos mejor al Papa, manifestando nuestra proximidad física y moral, aprendiendo unos de otros al comunicarnos nuestras experiencias y al inundar la blogosfera con nuestras impresiones de esos días madrileños. 


La campaña de prensa es fundamental si queremos llegar a reunir unos centenares de blogueros en Madrid. Lo que podemos hacer desde este blog es poco, si se tiene en cuenta su audiencia. Pero os pido por favor que hagáis ese poco que está en nuestras manos. 


1. En primer lugar, rezar y ofrecer sacrificios a Dios por esta intención.
2. Inscribiros en el Encuentro: aquí.
3. Escribir en los blogs personales alguna entrada o post en la que os hagáis eco de esta invitación y hagáis pública vuestra inscripción en el Encuentro y las mesas en las que os gustaría participar.
4. Invitar personalmente a vuestros amigos blogueros: especialmente a aquellos a los que os gustaría conocer.
5. Utilizar el logo del Encuentro en vuestra imagen o perfil de usuario: es fácil y basta seguir las instrucciones.
5. Si conocéis alguna persona que pueda colaborar en la financiación del Encuentro, invitarle a que sea sponsor.








UNIR A LOS BLOGUEROS Y MOSTRAR SU APOYO AL SANTO PADRE, OBJETIVOS DEL I ENCUENTRO INTERNACIONAL DEL BLOGUEROS CON EL PAPA

Se celebrará el próximo 17 de agosto en Madrid, coincidiendo con la Jornada Mundial de la Juventud

Unir a los blogueros de todo el mundo que aprecian la labor y la misión del Papa Benedicto XVI y mostrarle públicamente su apoyo, tanto de forma física como a través de la red. Este es el objetivo de una singular iniciativa denominada “blogueros con el Papa” que se concretará en el I Encuentro Internacional, que tendrá lugar el próximo 17 de agosto en Madrid, coincidiendo con la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud.

El objetivo, tal y como explica el Rev. don Joan Carreras, promotor de esta iniciativa, es “apoyar de forma explícita al Santo Padre, desde una perspectiva novedosa”. La celebración del Vatican Blog Meeting el pasado mes de mayo ha puesto en evidencia el trabajo de muchos católicos que defienden su fe y apoyan al Papa a través de sus blogs. La Jornada Mundial de la Juventud ofrece otra ocasión para que “los blogueros, siempre jóvenes en espíritu y en capacidad de iniciativa, hagan oir su voz unánime de apoyo al Santo Padre”.

El I Encuentro Internacional de Blogueros con el Papa se configura así como un momento para “conocer y abrazar a aquellos compañeros de viaje con los que compartimos creencias e ilusiones a través de la red”. El Rev. don Joan Carreras se ha mostrado enormemente satisfecho tanto con el número de visitas que ya ha recibido la página web (http://www.interservice.es/bp/) que contiene la información técnica como con la previsión de blogueros procedentes de todo el mundo que, durante un día, se darán cita en Madrid.

El programa de este I Encuentro cuenta con conferencias, mesas de trabajo y ponencias cuyo objetivo es profundizar en la misión evangelizadora, compartir experiencias y establecer caminos de encuentro que confluyan en apoyar al Papa. En este sentido, se abordarán cuestiones relacionadas con la Familia 2.0, las claves de la comunicación y los desafíos de la interacción de las redes.

Los blogueros participarán a través de la red y de sus blogs y físicamente, ya que formarán parte de las mesas de trabajo aportando sus perspectivas. El Encuentro se ofrecerá en streaming a través del blog creado para el evento (http://bloguerosconelpapa.blogspot.com/) y podrá ser twiteado.

Los organizadores han asegurado que el número de solicitudes que ya se ha inscrito en este I Encuentro está superando las expectativas inicialmente previstas, especialmente, por el interés que la iniciativa ha desperado en países de Latinoamérica, de donde proceden la mayor parte de los inscritos hasta ahora.