Reproducimos hoy este post publicado en Háblales de Jesús por Joan Carreras. Hoy en día la Fe en la resurrección de la carne se está difuminando o diluyendo. La fiesta de la Asunción es un buen momento para celebrar este aspecto completo de nuestra Fe cristiana. En la Virgen María se anticipa lo que será también nuestra resurrección.
Con las palabras "resurrección de la carne" la Iglesia ha querido evitar las posturas demasiamos evanescentes acerca de la resurrección de los muertos. No han faltado herejías que pretendían negarle a los cuerpos personales ese destino glorioso para el que han sido creados. Y ya desde los primerísimos tiempos la Iglesia acuñó esta expresión para que quede claro que resucitaremos con todo nuestro ser, alma y cuerpo.
Sin embargo, en la actualidad hay quien prefiere abandonar dicha expresión clásica y sustituirla por la más inteligible de "resurrección de los muertos", aunque detrás de estos intentos parece latir un deseo de restablecer esas corrientes espiritualizantes que acabarían por negar lo que se pretende subrayar: que eseste cuerpo que tenemos en su identidad el que resucitará al final de los tiempos (1). No es de extrañar que la Congregación para la doctrina de la fe haya insistido en mantener la expresión tradicional, ante los intentos de cambio producidos en las traducciones del Símbolo apostólico a las lenguas vernáculas, poco después del Concilio Vaticano II.









