16 de noviembre de 2022

EL DON DE LA VIDA, UN REGALO DE DIOS

*ORACIÓN REFLEXIÓN*

Tengo claro que mi vida no me pertenece, es de Dios. La sembró Él en mí un día. Me regaló sangre y huesos. Y un alma grande que a veces descuido. Y una fuerza interior que me asombra cada día. Y también me dio una misión que me supera. Y puso ante mí días que aún no conozco. Sembró en mí la ilusión y el deseo. El sueño y el amor infinito. El ánimo y la esperanza. Y me puso en medio del camino donde me encuentran los hombres. Y a veces me da miedo amar tanto que se me exija de repente tener que dar el alma. Devolver la vida. Amar hasta el extremo. Pero sé que vale más vivir para que otros vivan el regalo de sus vidas que vivir para mi propio sueño.

Pienso en esa entrega, en esta vida que merece la pena ser vivida. La vida siempre vale cuando se entrega por amor. No importa dónde ni cómo. Sólo sé que no quiero tener un alma hueca, sin vida. Sé muy bien que si no amo me vacío. Y he descubierto que si me vacío al amar, me lleno. Cobra vida en mí mi carne muerta. Y estando ya cansado resucito de nuevo cada mañana. He visto que si me desgasto otros poseen más vida. Pero si mi miedo me hace conservar la vida, entonces muero vacío.

Quiero optar por el bien del otro más que por el mío. Quiero dejar de preocuparme de mi tristeza para sembrar alegría en cada desierto que encuentre. Que no me importe tanto si Dios obra en mí milagros. Y me alegre de los milagros ocultos que veo realizar en otros. Elijo el amor que es servicio callado, oculto en la noche. Elijo el amor que sonríe en medio del sufrimiento. Que es consuelo en medio del dolor. Elijo el amor que sabe morir por el que ama. Así es el amor que sueño, no la caricatura de amor que a veces vivo. Elijo amar hasta dar la vida. Elijo amar viviendo. Elijo morir amando. 

(sermonje.eu)

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina.