Mostrando entradas con la etiqueta hipocresía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hipocresía. Mostrar todas las entradas

6 de noviembre de 2013

Necesito exculpar a la Asociación Blogueros con el Papa de toda responsabilidad



El pasado día 24 de junio escribí un post titulado "los desagües". 

Gracias a las observaciones de un amigo que me insistió para que rectificara y reconociera mi error de planteamiento, decidí eliminarlo, dada la dificultad de establecer un diálogo constructivo con quien no tiene voluntad de comprender ni la intención ni las opiniones del otro. Haber eliminado ese post no fue suficiente. Mi amigo me pedía que rectificase y que intentase paliar el grave escándalo que, a buen seguro, habría producido con mi escrito.

Pero no lo hice. Tampoco hablé con él sobre el fondo del asunto, porque entendía yo que un diálogo sólo es posible cuando existe el respeto entre las personas. No habiendo ese respeto, preferí callar y seguir viviendo mi vida.

Mi actitud fue valorada por mi amigo como un desprecio.

Ahora lanza una ofensiva contra el blog Blogueros con el Papa y la Asociación que lo dirige. Tiene razón en una cosa. Este blog no dice expresamente que no se hace responsable de las opiniones vertidas por los autores. Lo da por supuesto: cada uno debe responder por sí mismo y sólo en el caso de que efectivamente las opiniones aquí vertidas fuesen evidentemente contrarias a la doctrina y magisterio de la Iglesia, entonces la junta directiva de esta Asociación debería tomar cartas en el asunto.

He hablado de "ofensiva" porque mi amigo no sólo ataca a la Asociación con un título claramente denigratorio para un católico -Blogueros con el Papa defiende el aborto- sino también porque difunde a través de mail masivos ese post a todos sus contactos y lo intenta extender por las redes sociales.

Hablo ahora yo personalmente, en mi calidad de autor de este blog y con el deseo de exculpar a la Asociación de Blogueros con el Papa.

Sostuve en mi escrito que yo defiendo la libertad de conciencia de una persona que decide llevar a cabo un aborto. Y lo sigo sosteniendo, sabiendo que la teología moral está en mi favor. La conciencia errónea es siempre norma de conducta.

Enseña la encíclica Veritatis splendor, 63:
"La dignidad de la conciencia deriva siempre de la verdad: en el caso de la conciencia recta, se trata de la verdad objetiva acogida por el hombre; en el de la conciencia errónea, se trata de lo que el hombre, equivocándose, considera subjetivamente verdadero. Nunca es aceptable confundir un error subjetivo sobre el bien moral con la verdad objetiva, propuesta racionalmente al hombre en virtud de su fin, ni equiparar el valor moral del acto realizado con una conciencia verdadera y recta, con el realizado siguiendo el juicio de una conciencia errónea. El mal cometido a causa de una ignorancia invencible, o de un error de juicio no culpable, puede no ser imputable a la persona que lo hace; pero tampoco en este caso aquél deja de ser un mal, un desorden con relación a la verdad sobre el bien. Además, el bien no reconocido no contribuye al crecimiento moral de la persona que lo realiza; éste no la perfecciona y no sirve para disponerla al bien supremo".
 Si, a pesar de mis intentos de que una amiga mía -o una hermana o una prima- no logro que ceje en su decisión de cometer un aborto, yo no me apartaré de ella en ese momento. Viviré la misericordia que todo discípulo de Cristo tiene que vivir con los pecadores, siguiendo su maestro. Estaré junto a ella y le diré que tengo un respeto infinito por su conciencia y por su libertad, porque son los mayores dones que Dios nos ha dado. Sin ellos no podríamos caminar ni responder a los otros dones que Dios nos da: la fe, la vocación, la familia. Respetar la conciencia invenciblemente errónea también lo hace Dios, puesto que -como enseña este pasaje de la encíclica- la persona que infringe la ley moral con conciencia invenciblemente errónea no pierde por eso la comunión con Dios, puesto que no es imputable. Ciertamente, no por eso deja de ser un acto gravemente desordenado. Pero no es el objeto del acto lo que está en discusión, sino la conciencia subjetiva de quien lo hace. Eso sólo Dios puede juzgarlo.

Esto es lo que quise decir con mi escrito.

Mi amigo está en desacuerdo conmigo. Si estoy dispuesto a respetar la conciencia de una persona que ha decidido terminar con la vida del hijo que lleva en sus entrañas, ¿cómo no voy a respetar también la conciencia y la libertad de un sacerdote que quiere defender la doctrina de la Iglesia y evitar el escándalo?

Escribo estas líneas porque me siento obligado en conciencia. Él no ha revelado mi nombre ni mis apellidos. Tampoco yo lo haré. Pero cualquiera que haya leído su alegato, podrá oír mi opinión al respecto. Quien piense que yo defiendo el aborto anda muy descaminado. Es un pecado que clama al Cielo.

Pero me sitúo en la línea en la que el Papa ha insistido últimamente: en la Evangelización hay que ir a lo esencial y para mí no entra en esta categoría la insistencia en establecer una ley que condene a las mujeres que abortan a sus hijos. 

En todo caso, para que se sepa qué es lo que publiqué en aquella ocasión, lo he vuelto a reeditar con la fecha de 24 de junio: lo podéis ver aquí si os parece interesante, con los comentarios que siguen.


Joan Carreras del Rincón

24 de junio de 2013

Los desagües



También en otras épocas el aborto y el abandono de los recién nacidos eran prácticas corrientes. El mundo pagano, el mundo de los ídolos, no conocía a Dios. La vida no tenía valor. La insensibilidad era el principal pecado de aquellas sociedades paganas.

También hoy vivimos una situación cultural semejante, especialmente por lo que se refiere a la insensibilidad. Baste pensar en los bebés rescatados en los últimos días, arrojados por sus madres a los desagües. Hace una semana sucedió en China; ayer, en Alicante (España). "No tenía suficiente dinero para abortar", diría la mujer, cuando la detuvo la policía.

"Es una ignorante", comentaba uno, "puesto que el aborto está al alcance de todos los bolsillos".

Ciertamente, ella era una ignorante y también quien hizo ese comentario. El problema no es económico, sino cultural. Es el valor de la vida el que se está siendo arrojando por las alcantarillas. No hay una diferencia radical entre abortar y arrojar al recién nacido por un desagüe. Legalmente la hay, pero no desde el punto de vista moral. La insensibilidad no está sólo en esa joven madre -a la que no se puede juzgar- sino a la sociedad que empuja a las madres a desembarazarse de sus hijos.

Urge una cultura de la vida que no "criminalice" a las madres sino que sacuda las conciencias de todos cuantos contemplan el aborto como algo bueno. "El aborto tiene que existir y son las mujeres las que tienen que decidir", declaraba ayer una actriz en un programa televisivo. Tal como está planteado, parece que se esté animando a las mujeres a elegir bien, es decir, a abortar. Hablan de libertad de elección, pero en ningún momento se les ocurre plantear la posibilidad de animar a las mujeres a que den a luz a sus hijos.

¿Es posible cultivar una cultura pro vida la mismo tiempo que se subraya la libertad de la mujer para decidir? Éste es uno de los puntos clave de la cultura pro vida. Si la respuesta fuese negativa, entonces las campañas en favor de la vida podrían aparecer como un ataque a la libertad de las mujeres. Si la respuesta es afirmativa, cabe entonces defender a la vez la vida y la libertad, como bienes que no se excluyen, sino que se exigen mutuamente.

Hay quien afirma que la vida sería un bien de tal envergadura que no puede ser manipulable ni negociable. Es cierto. La dignidad de la persona consiste precisamente en eso, en la necesidad de ser tratada como un sujeto y nunca como un objeto. Pero es cierto sólo cuando hablamos de la vida de una persona concreta. No podemos jugar con la vida de ninguna persona como moneda de cambio, pero aquí estamos ante otro problema. Estamos intentando precisamente que las mujeres que han engendrado una criatura comprendan y actúen de acuerdo con este principio. No sólo está en juego el bien del nasciturus, sino también el de la madre gestante.

En el terreno moral, es cierto que no podemos decir a esa mujer: "eres libre para abortar", porque la libertad no debe ser nunca presentada como un pretexto para pecar. Se le debe decir, en cambio: "eres libre para acoger la vida que hay en ti" y encontrarás en la sociedad la ayuda que necesitas.

En el terreno de las libertades políticas, es necesario defender la libertad de la mujer para que tome la decisión en conciencia.

Yo acabo de criticar a una actriz por ser hipócrita, al sostener esta tesis: "El aborto tiene que existir y son las mujeres las que tienen que decidir". En realidad no le importa nada la decisión que tome ella: parece más bien defender el aborto y secundar la cultura de muerte y el negocio de sangre que se cela detrás de ella.

En el terreno político, por tanto, no quiero ser hipócrita: defenderé la libertad de la mujer, incluso cuando toma la decisión terrible de abortar. No aplaudiré su conducta ni la legitimaré de ninguna manera. Pero intentaré comprender a la mujer y procuraré estar a su lado, no para recriminarla sino para ser de ayuda y consuelo. Si confundo el terreno moral con el de las libertades políticas, entonces podrán decir de mí que soy un hipócrita: en el fondo no me importaría nada la libertad de la mujer y mi apuesta por la libertad sería simplemente estratégica.

Llevo varios años asombrándome de la hipocresía de algunos políticos. Se les llena la boca con la libertad de la mujer, pero se indignan con la existencia de movimientos pro vida que no sólo buscan promover una cultura de la vida sino también defienden la libertad de las mujeres para que puedan libremente actuar de acuerdo con sus conciencias. Red madre es una de esas magníficas iniciativas en las que se promueve una auténtica cultura pro vida. Contra este tipo de iniciativas sólo los hipócritas pueden estar en contra: los hipócritas de "izquierdas" y los de "derechas". Los primeros porque defienden una libertad para abortar; los segundos, porque toda libertad es para hacer el bien. Esta última afirmación pertenece al ámbito de la ética y no al de la política.

Esta mañana, en facebook, he tenido conocimiento de otra estupenda iniciativa que busca informar a las jóvenes madres gestantes y resuelve las dudas que se les pueden presentar a la hora de tomar esa decisión a la que la cultura de la muerte parece abocarlas: Una página informativa que vale la pena dar a conocer.

Joan Carreras del Rincón