13 de mayo de 2014

¿Quién fue Urbano I?


Papa n.º 17 de la Iglesia católica de 222 a 230.
Elegido papa el mismo año en el que el último emperador de la dinastía de los Severos, Alejandro Severo, subió al trono tras el asesinato de Heliogábalo lo que le permitió un pontificado libre de persecuciones y una época de auge del cristianismo en Roma.
Sin embargo tuvo que hacer frente a un grave problema surgido en el seno de la propia Iglesia y que se había originado durante el pontificado Calixto I: el cisma provocado por el Hipólito de Roma quien se había proclamado papa convirtiéndose en el primer antipapa de la historia de la Iglesia.
Muy poco se sabe de la vida de este papa y muchas de las obras que se atribuyen carecen de fundamento histórico como por ejemplo la conversión y bautismo de Santa Cecilia (patrona de los músicos) y que hiciera construir una iglesia en el lugar en que fue martirizada y en el que reposan los restos de la santa, así como los de su predecesor, el papa Calixto I.
En Alemania es el patrono de los vendimiadores, y en la Edad Media se lo invocaba en las tormentas, contra la enfermedad de la gota y contra la embriaguez.

Falleció martirizado el 23 de mayo de 230 cuando en Roma gobernaba el emperador Alejandro Severo.

12 de mayo de 2014

Cristo Si

Hemos estado incluyendo el tema del II Sínodo Extraordinario, en preparación al III Sínodo, porque lo que en la Iglesia sucede no pasa así nomás porque sí. La Iglesia y los Papas siempre llevan una continuidad, digámoslo así, en ascenso…. Lo que pasó antes nos ayuda a subir un escalón más para la comprensión y vivencia de nuestra fe. Y cómo los temas sobre el III Sínodo están tan a la orden del día…. Todos hablan de eso, todos quieren saber, todos hacen sus especulaciones… es entonces que aquí queremos no solo ver qué va a suceder sino que ha sucedido para tener bases y que nos ayuden a entender lo que viene.
CRISTO SÍ, IGLESIA TAMBIÉN
En el centro de la reflexión sobre la Iglesia se situaron las dimensiones de “misterio” y de “comunión” Se interpelaron los sinodales: ¿Si el Concilio hablo tanto y tan bien sobre la Iglesia porque se ha difundido esa desafección hacia ella? ¿tenemos la culpa los Obispos por haber hablado de cambios de las estructuras, cuando había que haber hablado más de Dios y de Cristo? La Iglesia no se inventa a sí misma. Cristo la fundó. No es democrática, sino sacramental.
Se habló así: “Hoy está de moda decir Cristo sí; Iglesia no” El Sínodo ha ayudado a redescubrir que Dios se da al mundo a través de su Iglesia.
Otro tema clarificado fue el del secularismo y la secularización, no hay que confundirlos. La secularización entendida como autonomía de lo creado, es correcta. El secularismo, que pretende una visión  del hombre y del mundo prescindiendo de Dios, no es correcta. Para vencer el secularismo el Sínodo reclama la santidad  de todos los bautizados y exhorta especialmente a los obispos y a la órdenes religiosas. Otras crisis históricas fueron resueltas por la santidad de las órdenes religiosas.
Otra cosa importante que también se trató fue y se insistió fue el “misterio” de la Iglesia, invitando a superar  todas las presentaciones puramente humanas, sociológicas y estructurales de ella.
En cuanto a la Palabra de Dios, la Escritura ha de estudiarse a la luz del Magisterio y la Tradición.
El avance de lo pedagógico en la catequesis no había ido acompañado  de igual progreso en los contenidos, que se habían empobrecido. Juan Pablo II recibió con agrado la petición de todo el Episcopado de un compendio de la doctrina católica. De un catecismo universal.
La Liturgia apareció como uno de los mayores frutos conciliares, aunque se subrayaba la necesidad de no convertirla en espectáculo. No tiene que representar modas, sino el misterio sagrado, y debe hacerlo sin perder el sentido de la belleza.
La única intervención del cardenal Ratzinger durante el debate fue sobre la Iglesia como “comunión”. Dijo que es necesario entender la Iglesia como “misterio” en su trascendencia hacia Cristo, y, en cuanto a la colegialidad, insistió en que es más importante la dimensión espiritual que la jurídica.
La dimensión universal de la Iglesia quedó en primer plano con la presencia de los Patriarcas de las antiguas Iglesias de Oriente a quienes el Sínodo dio prueba de solidaridad mediante la creación del Comité del Líbano.
Durante las dos semanas, el Papa, silencioso y a la escucha en el aula, habló personalmente con todos y cada uno. Por su capilla privada pasaron muchos a concelebrar o asistir a la misa matutina. Los invitó a su mesa por grupos de lenguas, y en el almuerzo masivo y fraternal, de 163 obispos, sin protocolos, que les ofreció el último sábado en Santa Marta, se mostró gozoso y satisfecho y bromeó con todos en medio de una atmósfera abierta y expansiva.
En muy pocas palabras hemos desglosado lo que fue aquel II Sínodo que dio tanto a la Iglesia, así, nos vamos preparando a la llegada de este III Sínodo Extraordinario sobre la Familia, con un corazón unánime: Cristo sí; Iglesia también. Confiando en el Espíritu Santo que nos comunica siempre con su soplo la Verdad, eso le pedimos en oración.

Josefina Rojo

10 de mayo de 2014

EL AMOR NO ES POR RACHA


Cuando se oye decir que se ha acabado el amor, se entiende que el amor es por racha. Ahora hay una racha de amor y nos casamos, aprovechamos para tener hijos porque los deseamos y vivimos a tope ese amor. Pero, resulta que llega la época de las vacas flacas y se acaba el amor, ¿y qué hacemos ahora? No pasa nada, lo rompemos y cada uno por su lado.

No es fantasía ni ciencia ficción, sino la realidad de lo que acontece hoy en nuestro mundo. Por doquier nos encontramos con los efectos de muchos amores acabados, consumidos, y las consecuencias afectan a toda la sociedad. Y cuando eso ocurre, los gobiernos deben tomar parte en el asunto, porque sus consecuencias inciden en todo el entramado social.

Es cuestión prioritaria reflexionar sobre el amor en los areópagos actuales más importantes, porque se hace necesario y fundamental dar a conocer el verdadero amor. No es el amor un sentimiento, ni tampoco un afecto o emoción, porque de ser así diríamos que estamos de acuerdo en que se acabe. Los sentimientos, afectos y emociones entran y salen como el viento, y lo que hoy me emociona y atrae, mañana puedo sentirlo de otra forma.

El amor es un compromiso, un compromiso responsable donde también juegan los sentimientos y afectos, pero que se amarran en el compromiso libre y voluntario de servicio, respeto, justicia y mucho amor. Amor que se descubre cuando más se necesita de él, pues amar cuando todo va sobre rueda no exige esfuerzo sino dejarse llevar por la corriente.

No se puede amar ahora que tengo tiempo y puedo, y más tarde rechazarlo. El amor exige madurez y entrega al ser amado. El amor no es ahora, y más tarde ya no es, porque eso será sentimiento. El amor es siempre, incluso es más cuando más fuerte es la prueba. Por lo tanto, amar al niño dentro del vientre y fuera; ahora que molesta y después que es un campeón; en el momento inoportuno y en el oportuno; con defecto o perfecto; en la vida o en la muerte. Siempre está presente el amor, así que quien se evade es irresponsable y egoísta.

Y en lo que respecta a los niños concebidos en el seno de sus madres, rechazarlos equivale a matarlos. No hay otra forma de entenderlo.

Salvador Pérez Alayón.

9 de mayo de 2014

Santidad

La Iglesia, desde sus comienzos, ha tenido conciencia de ser una comunidad de santo, aunque en su interior siempre hubo fallos, conductas mediocres, hipócritas y egoístas de sus miembros. También sabemos que desde los primeros tiempos de la vida de la Iglesia algunos se plantearon, hoy se lo siguen planteando, el restringir el círculo de los redimidos a un pequeño número. Aunque siempre en el interior de la Iglesia existió y existe la tentación de un cierto elitismo espiritualista, siempre lo rechazó afirmando que todos son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, que en esto consiste la salvación. Ya San Pablo llama Santos a todo bautizado, lo cual para algunos puede parecer una perogrullada. Sería una gran pobreza que la santidad solo quedase reducida a aquellos que son canonizados, declarados santos por la Iglesia como modelos para los cristianos. En fin que podemos considerar como santo a aquella persona que, desde su fe en Dios, y sin que se le reconozca la oficialidad de la santidad, ha vivido con seriedad su compromiso ante la vida, su entrega a los demás y no se ha creído en el monopolio de la verdad, d ella bondad y de la perfección. 

La Iglesia no es la comunidad de los santos en función de la vida de sus miembros, sino de la unión de estos con Cristo, con Dios, que es el único bueno y santo : Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación. Es Dios el que santifica a la Iglesia y a los miembros que la componen, ya que ella, y en ella los bautizados, están llamados a ser testigo en medio del tiempo de la bondad y de la santidad del mismo Dios.

Cristo, el rostro de Dios, enseñó que debíamos ser perfecto como el padre del cielo es perfecto, lo que es lo mismo, aunque la santidad no depende de lo que nosotros hacemos o dejamos hacer por Dios, sino de los que Dios es capaz de hacer en nosotros, es don y gracia de parte de Dios, implica una cierta exigencia moral, la vivencia de la virtudes y de los valores humanos, de todo aquello que nos hace ser más y mejor personas, pero buscando siempre vivir lo que caracteriza la perfección de Dios: el amor, el perdón, la bondad, la caridad como primacía de toda vida cristiana, la cual no siempre coincide con ciertas posturas legalistas, en el cumplimiento de normas, reglamentos, tradiciones o ejercicios ascéticos, que no siempre llevan a Dios y que, con harta frecuencia, se olvidan de la vivencia de los valores humanos y evangélicos, que no se excluyen, sino que se complementa, y ello porque el mismo Cristo con su encarnación nos ha redimido asumiendo todo lo que de humano hay en nuestra vida, y asumiendo esa misma postura es como nosotros, unidos a Cristo debemos intentar ser perfecto como lo es el padre del cielo. 

A lo largo de la historia han existido dis tintos modelos de santidad canonizada, de santidad oficial, esa santidad que la Iglesia presenta como modelo de cristiano. Desde el mártir, el héroe por antonomasia de la fe cristiana que ha vivido la plena unión con Cristo hasta el extremo de dar su vida por el mismo Cristo y el evangelio, pasando por el asceta, el monje, donde resalta como prototipo de su santidad la ascesis, el desprendimiento de todo, lo penitencial, la pobreza, la ruptura con la sociedad como lugar donde se hace cada vez más difícil vivir el idea de vida cristiano o el desprecio a sí mismo considerándose estiércol basura y creyendo que muchos son los llamados, pero pocos los escogidos; los pastores y jerarcas en los que se destaca su fidelidad a la Iglesia; los dedicados a tareas benéfico asistencial o de enseñanza, en los que sobresale la preocupación por el necesitado en el cual se pretende ver el rostro del Cristo pobre buscando organizar la caridad para hacerla más eficaz y metódica ; y en los últimos momentos vemos como comienzan a adquirir importancia en el catálogo de santos oficiales los laicos, los cristianos que han vivido en medio del mundo y de sus ocupaciones. Desde ciertos movimientos cristianos vemos como se intenta que se reconozca como modelo de cristianos a tantos hombres y mujeres que desde su fe se han entregado, dando incluso su vida, por el hombre y las causas que buscan devolver dignidad a la misma vida, creyendo que así, y no estaban por ello equivocados, trabajaban por el Reino de Dios.

Como podemos ver tipos de santidades canonizadas han existido muchas, no todas son válidas para el cristiano de hoy que no se identifica para nada, o muy poco, con aquellos cristianos que fueron propuestos como modelos en su tiempo por su ruptura con el mundo, visto como malo y pernicioso, por el amor excesivos a los ejercicios penitenciales, o por su fidelidad robótica al cumplimiento con la observancia, entendiendo por tal conjunto de normas, leyes, ritos, tradiciones, a través de las cuales querer agradar a Dios. Por el contrario le gustaría tener como modelo de santidad, a cristianos que impulsados por su fe, teniendo a Cristo como modelo y siendo en todo momento obedientes a la voluntad de Dios, hayan sido capaces de casar su fe y su fidelidad al mundo, a los valores laicos, a la lucha por conseguir una mundo mejor en donde desaparezca todo aquello que quita dignidad y hermosura a la vida misma. Busca como modelos a creyentes que hayan hecho todo lo posible, desde su fe, por dar un sentido más humano al mundo y a la historia y es que la santidad debe suscitar, como nos enseña el concilio Vaticano II, un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena.

Javier de la Cruz

7 de mayo de 2014

SAN JOSE MODELO DE TRABAJADORES


            Ya el Papa León XIII en su encíclica Quamquam pluries (Aunque muchas veces)  del 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María, de 1889 sobre la devoción a san José, hace una llamad a los trabajadores, invitándoles a mirar y acudir a San José. “en cuanto a los trabajadores, artesanos y personas de menor grado su recurso a san José es un derecho especial y su ejemplo está para su particular imitación. Pues José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres y considerado el padre de Dios, pasó su vida trabajando y ganó con las fatigas del artesano el necesario sustento para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene nada en sí de vergonzoso y el trabajo del obrero no solo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido.” (n 4).
            Por medio de estas consideraciones los pobres y aquellos que viven con el trabajo de sus manos han de ser de buen corazón y aprender a ser  justos…Que los pobres, entonces, si han de ser sabios no confían en las promesas de los hombres sediciosos, sino más bien en el ejemplo y patrocinio del bienaventurado José y en la maternal caridad de la Iglesia que cada día tiene mejor comprensión con ellos” (n 5).
            Llamada que luego harán otros Papas, sobre todo Pío XII, que instituyó el 1 de mayo de 1955 la fiesta de San José Obrero, en el día del trabajo, y dijo a los obreros reunidos en la Plaza de san Pedro en aquellos momentos: : “el humilde obrero de Nazaret además de encarnar  delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”.Y las llamadas de los dos últimos Papas, recién canonizados el 27 de abril de 2014, en el domingo de la misericordia.
Cuando hablo de trabajadores me refiero a toda clase de trabajos, porque el trabajo es inherente a la naturaleza humana. Cuando Dios creo al hombre y le puso en el jardín del Paraíso, le dijo que le ponía allí para que lo trabajase y o cultivase (Gen 2,15) Y después del pecado le dice que tiene que trabajar la tierra, porque con el sudor de su frente tiene que comer el pan (Gen 3,19). Y más tarde dirá San Pablo a los fieles de Tesalónica que “él no comió de balde el pan de nadie, sino que día y noche con fatiga y cansancio trabajó para no ser gravoso a ninguno y que cuando estaba entre ellos les mandaba esto: si alguno no quiere trabajar que tampoco coma. A los que no trabajan les exhortamos por nuestro Señor Jesucristo que trabajen para comer su propio pan” .(2Tes 3,9-11).
Es el trabajo que se realiza en el campo, en la casa, en el taller, en la fábrica,  en la oficina… De todo este trabajo es modelo san José. Y es que, como escribe San Juan Pablo II: “el trabajo es una experiencia cotidiana de amor en la vida de la familia de Nazaret” (RC 22), y la familia de Nazaret el el ideal modélico de las familias de toda la tierra.
San José es modelo de los trabajadores en primer lugar porque trabajaba realmente en el oficio de carpintero; “palabra, dice San Juan Pablo II, que abarca toda la vida de san José” (RC 22). La primera condición del trabajador es que rinda en el trabajo, que trabaje, que aproveche la máximo el tiempo del trabajo. San José es la más alta expresión del nuevo enseñamiento que nos trae Jesús, que al hacerse en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, asumió, consiguientemente, el trabajo y lo santificó, que para eso asumió la naturaleza humana para redimirla y santificarla en todas sus dimensiones. Y por eso san José es el más grande ejemplo para los trabajadores. No es ejemplo de vagos, holgazanes o pasotas ni de los que dejan el trabajo para los demás. San José trabajó, se consagró de lleno al trabajo, porque esa era para él la voluntad del Padre del cielo, sudó e hizo, sin duda, muchas horas extra
.  San José no pedió un minuto de trabajo. San Juan XXIII escribe de si mismo: “uno de mis defectos principales es no haber encontrado todavía la justa medida del tiempo, Debo hallar el modo de hacer muchas cosas en poco tiempo; a este respecto pondré gran cuidado en no perder ni un solo minuto en cosas inútiles, como conversaciones sin una finalidad concreta, etc.”( En los ejercicios espirituales del 1 al 7 de septiembre de 1907 (fue ordenado en 1904), DA). Y en los ejercicios de  del 13 al 19 de octubre de 19 17 escribió:” Pero si el Señor quiere estoy dispuesto a esto (las muchas cosas que le ha encomendado la obediencia) y más. El descanso llegará en el cielo. Estos son los años del esfuerzo. El Señor Obispo me da ejemplo de trabajar más que yo. He de ser escrupuloso en no perder nunca ni un minuto de tiempo” (DA)..
Si esto dice de si mismo un santo, por grande que sea, que no diría y haría san José santísimo, inmensamente más santo que todos los demás santos por su condición de esposo de María y padre virginal de Jesús. San José no perdía ni un solo minuto de trabajo Modelo prefecto de traba para  los trabajadores.. (Sigue)


                                                            P.  RománLlamas, ocd