10 de abril de 2025

IX ESTACIÓN. TERCERA CAÍDA

Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. (Isaías 53,7) 

Caer una vez más es el más humano de los actos, compañero de la fragilidad de la vida humana. Y tú caíste de nuevo, Dios muy humano, que te has hecho hombre, para habitar incluso las profundidades de su necesidad de vida, de fuerza, de luz… Así, tu victoria es la nuestra, tú das esperanza a nuestras caídas, y tu amor nos ayuda, más allá de cada caída, a superar la prueba y a vencer el silencio de la muerte. ¡Señor, ten piedad!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

9 de abril de 2025

VIII ESTACIÓN. LAS MUJERES

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.  (Lucas 23,27) 

Las mujeres de Jerusalén tenían el don de las lágrimas, te siguieron golpeándose el pecho por el pecado del mundo. Y su llanto fue el de todos los seres humanos, de todos los nacidos de mujer, caminantes desde el grito del nacimiento hasta el de la última agonía. Ellas lloraban por ti, Hijo de Dios, que hecho hombre has venido para llevar el dolor de todos. Lloraron por los hijos de todas las mujeres, para que su cruz se una a la tuya, y para que por tu cruz les llegue la luz de la vida. Mira su dolor y escucha su oración, eco también de nuestro dolor. ¡Ten piedad de todos, Crucificado Amor!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

8 de abril de 2025

VII ESTACIÓN. SEGUNDA CAÍDA

Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello: me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente.  (Salmo 69,2-3) 

Aplastado, caes bajo el peso de la cruz, impregnado del mal del mundo, del dolor del ser humano. Así es, compañero de nuestra debilidad, cargado con nuestras culpas, silenciosamente nos hablas de tu amor más grande. No nos amas porque te hayamos amado, sino solo para que contigo podamos, amados, aprender a amar bajo el peso del antiguo y siempre nuevo madero de todas las cruces que oprimen la vida y la historia. ¡Señor, ten piedad!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

6 de abril de 2025

IV ESTACIÓN LA VERÓNICA

Despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado.

(Isaías 53,3) 

Una mujer, un gesto de manos compasivas para limpiarte el rostro, empapado de sudor y sangre. Un pobre lienzo, manchado por la huella de tu sufrimiento por nosotros, reliquia preciosa de tu amor por los hombres, carta púrpura dirigida a todo nacido de mujer, para decirnos que tú, el Hijo, has venido entre nosotros para habitar y para consolar el dolor que nos oprime, para vencer a la muerte y para darnos la vida ¡Ayúdanos, Señor, ¡con tu misericordia! Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

V ESTACIÓN. EL CIRINEO

Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

 (Lucas 23,26)  

Que te moviera la piedad o bien la orden del soldado romano, nunca lo sabremos, poco importa, Simón de Cirene. Lo que importa es el gesto, aquel momento de proximidad, de camaradería con el Hijo del hombre cargado con la cruz. Cireneo del Calvario, allí donde te hagas presente sea bendito tu nombre desconocido, benditos tus brazos misericordiosos, bendito tu camino bajo el mismo peso. El Señor que ayudaste, nos ayude a ser como tú, cercanos y solidarios para llevar la Cruz de los que sufren. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina